lunes, 16 de julio de 2012

Los testimonios ovnis

   Nuestro estudio comienza con el resumen de Luis Alfonso Gámez sobre el origen del fenómeno ovni y el estudio de Ismael PérezLuces en los cielos, 65 años del mito OVNI.
  
     Los defensores de las visitas extraterrestres suelen basarse en testimonios sin aceptar lo que nos dice la investigación científica sobre lo falible que somos los humanos. La investigación psicológica ha puesto de relieve que nuestra memoria no es fiable, pues podemos recordar  cosas que en realidad no sucedieron o que simplemente no eran así. También se sabe que nuestra percepción depende de nuestros conocimientos: lo que para un lego pueda ser una pelota de golf amarilla, para un botánico experto es una fruta tropical. En 1974 Elizabeth Loftus realizó un estudio sobre la memoria, utilizando a sus propios estudiantes. Para ello les mostró una película donde se ve un accidente de coches en un cruce. Les pasó dos cuestionarios diferentes, preguntando cómo iban de rápido los coches que se “estrellaron”, mientras que en el otro ponía “golpearon”. Los estudiantes de los coches que se "estrellaron" realizaron una estimación de la velocidad mayor que la realizada en el otro grupo de estudiantes. Por lo tanto, el simple y sencillo hecho de preguntar de una manera u otra cambia la respuesta que se obtiene.

      Semanas después Loftus les pregunta si había cristales rotos en la escena del accidente. Los estudiantes de los coches "estrellados", contestaron afirmativamente, pero la película no había ningún cristal roto.  Semanas más tarde Loftus les pregunta sobre la velocidad a la que iba el coche que se saltó la señal de stop. Tiempo después Loftus les muestra dos fotografías del cruce donde se había producido el accidente, en una de ellas hay una señal de stop y en la otra no. Una vez visionadas dichas fotografías, Loftus procede a preguntar qué fotografía es la autentica. Una abrumadora mayoría selecciona la del stop como la foto verdadera. Pero la realidad es bien distinta, en el cruce no había ninguna señal de stop.

       El estudio de Loftus pone en evidencia la falibilidad humana y el hecho de que no podamos recordar con total fidelidad sucesos pasados. Los testimonios no son fiables independientemente de quien sea la persona que da el testimonio. Hay una creencia muy extendida según la cual, el testimonio de un piloto es más fiable que el que puede dar cualquier otra persona, pero un piloto sigue siendo un ser humano, por lo tanto, sigue estando sometido a las limitaciones de nuestra memoria y de nuestra psicología, un piloto no lo habría hecho mejor que el resto en el estudio de Loftus.

El caso más famoso de la mitología ovni

        Si ha habido un caso dentro de la fenomenología ovni que ha hecho correr ríos de tinta, ese, sin lugar a dudas, es el caso de Rosswell. Una vez más tenemos que remontarnos hasta mediados de junio de 1947. El ranchero Mac Brazel encuentra unos extraños restos, a unos 13 kilómetros de la población de Rosswell, de lo que parece haber sido un accidente aéreo. El descubrimiento de Brazel sucede varios días antes de que Kenneth Arnold tuviera su famoso avistamiento. Brazel vivía sin radio y sin acceso a medios de comunicación por lo que el incidente de Arnold le paso en principio completamente desapercibido. 


Mac Brazel

      Días después, al acudir a un pueblo cercano, Brazel se enteró que el ejército ofrecía recompensas a quien pudiera informar sobre los restos de algún ovni, pues en realidad creían que eran aparatos soviéticos. La noticia de que un ranchero había entregado los restos de un ovni al ejército no tarda en llegar a los medios de comunicación, formándose un gran revuelo, por lo que el general Ramey se ve obligado a hacer una declaración a los medios para aclarar la situación y calmar los ánimos, diciendo que los restos pertenecían a un globo meteorológico de gran altura. Con este desmentido del ejército estadounidense, el caso pasó al olvido, al menos, durante los treinta años siguientes.

      En los años noventa vuelve el caso Rosswell pues un testimonio asegura que ha visto los restos de un cuerpo en lo que parecía ser otro accidente aéreo a unos 150 kilómetros de donde Brazel había encontrado los restos del primer accidente. La prensa sensacionalista habla de que se están efectuando autopsias a extraterrestres.



      Entre 1994 y 1997, el ejército estadounidense hace público sus informes sobre el caso Roswell. Ahí descubrimos que el general Ramey había mentido en sus declaraciones, los restos que había encontrado Brazel en 1947 no pertenecían a un globo meteorológico. Dichos restos pertenecían a un artefacto del proyecto Mogul. La finalidad de este proyecto era espiar las pruebas nucleares que pudieran estar llevando acabo los soviéticos. Mirado en retrospectiva la mentira del general Ramey hace un flaco favor ya que fomenta el pensamiento conspiracionista. De todos modos resulta comprensible que por aquel entonces el general Ramey mintiera. Recordemos que estamos en plena guerra fría, que un general de los EEUU salga en los medios de comunicación reconociendo que tienen un proyecto para espiar el programa nuclear soviético, no parece buena idea.


El general Ramey, junto con su ayudante, el coronel Dubose, mostrando los restos del Globo Sonda a la prensa, en la Base Aérea de Roswell, desmintiendo totalmente la información acerca de un Ovni estrellado

     El Proyecto Mogul fue un proyecto de alto secreto en el que se utilizaban una serie de globos a grandes alturas, cuyo objetivo principal era recabar información sobre las pruebas atómicas de la Unión Soviética. Estos globos detectaban las ondas sonoras producidas en la atmósfera debido a las explosiones. Este proyecto fue dirigido por el Dr. James Peoples, asistido por el Dr. Albert P. Crary. Eestos globos mantenían una altitud relativamente constante durante un período prolongado de tiempo. El diseño se demostró útil para otros objetivos. El Proyecto Mogul era el precursor del programa Skyhook (también compuesto por globos e iniciado a finales de los años 40), y también de otro programa de espionaje que implicaba el sobrevuelo y la foto vigilancia de la Unión Soviética a principios de los años 50, el proyecto llamado Moby Dick. Los primeros globos Mogul estaban formados por grandes racimos de globos meteorológicos de goma. Sin embargo, al poco tiempo, fueron sustituidos por enormes globos hechos de polietileno. Estos últimos duraban más, perdían menos helio, y estaban mejor preparados para mantenerse a una altitud constante.

    Los datos de informes de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos desclasificados del Proyecto Mogul, parecerían confirmar que lo estrellado era el vuelo nº 4, puesto en el aire el 4 de junio de1947, que se estrelló cerca de RoswellNuevo México, y que el deseo de mantener el secretismo sobre este proyecto provocó el supuesto incidente ufológico. Los globos del Proyecto Mogul llevaban paneles reflectores de onda radar para facilitar su rastreo.

       En cuanto a los supuestos cuerpos de extraterrestres todo parece indicar que en realidad eran dummies que se utilizaron durante el proyecto Excelsior, el cual se llevó acabo entre 1954 y 1959. La finalidad de dicho proyecto era realizar saltos de gran altura para estudiar un nuevo sistema de paracaídas.



Fig. 6. y Fig. 7. Varios maniquíes o dummies; y un dummie junto a los oficiales Eugene M. Schwartz (izquierda) y Raymond A. Madson (derecha).(Fotografías: "The Roswell Report: case closed", U.S. Air Force, Washington, D.C., 1997)


Los contactos

      El primero en mantener un contacto con un extraterrestre fue el cocinero de un puesto de hamburguesas de monte Palomar, George Adamski, quien afirmó haber divisado un platillo volante en 1946 y presenciar las evoluciones de una escuadrilla de 184 naves interestelares en 1947- A continuación contactó con Orthon, un venusiano, en el desierto californiano el 20 de noviembre de 1952. El extraterrestre le manifestó la preocupación del vecindario cósmico por la «radiación de nuestras pruebas nucleares» [Story, 1980]. Para desgracia de Adamski, el propio Ray Palmer reconoció en más de una ocasión que el cocinero le había ofrecido ya esta historia a finales de los años 40 para publicarla como un cuento de ciencia ficción en Amazing Stories.



Adamski y sus aspiradoras


       Adamski se dedicó a fotografiar tapas de aspiradoras y hacerlas pasar como ovnis. En la cara oculta de la luna  decía haber visto ríos y florecientes ciudades pobladas por paisanos de Orthon, Firkon y Ramu, venusiano, marciano y saturniano, respectivamente. Todo el sistema solar estaba preocupado por el futuro de la humanidad, y el cocinero aprovechó la revelación para abandonar la carne picada y dedicarse a impartir conferencias bien remuneradas. Murió de ataque cardiaco en 1965, poco antes de que las primeras fotografías mostraran una cara oculta de la Luna desolada y las sondas automáticas no encontraron rastro de civilización alguna ni en Venus ni en Marte ni en Saturno.

      Fotografías de Adamski, según él tomadas cerca de Monte Palomar, con una Kodak Brownie junto con un telescopio de seis pulgadas. Si esto hubiera sido cierto, un objeto gigante fotografiado a gran distancia tendría enfocada sólo una de las partes, permaneciendo el resto desenfocado. Admanski retocó sus fotografías y se negó a facilitar los negativos. Al final, los estudiosos determinaron que las fotos eran primeros planos de una farola de una planta de incubación artificial, con tres pelotas de ping-pong en el fondo simulando un tren de aterrizaje.






Fotos del “ovni” de Adamski, en realidad una farola para la incubación de huevos

     A pesar de ello, para algunos ufólogos, hay que «conceder a Adamski el beneficio de la duda, si no en la totalidad de sus afirmaciones, al menos en parte de ellas» [Ribera, 1982]. Sus dos obras, Flying saucers have landed (1953) e Inside the space ships (1955), sirvieron de inspiración a otros espabilados y místicos que convirtieron la década de los 50 en la época de mayor esplendor del movimiento contactista.





    «¡Prepárate! Vas a ser la voz del Parlamento interplanetario», escuchó George King una mañana de mayo de 1954. Según supo después el contactado británico, el mensaje telepático provenía de Aetherius, un venusiano de 350 años. El alienígena había elegido a King para recomendar a los terrestres el abandono de la energía nuclear y la vuelta a las «leyes cósmicas» predicadas por grandes maestros como Jesús, Buda o Krishna, que también habían llegado a la Tierra procedentes de otros planetas. La vida en el resto del sistema solar era poco menos que idílica -no hay guerras, ni indigencia ni enfermedades...- y los tripulantes de los platillos volantes tenían como misión proteger al ser humano de otros extraterrestres hostiles. La humanidad, decía Aetherius, procede de un planeta que se desintegró en una guerra nuclear y dio lugar al cinturón de asteroides. En la teología de King, no faltaban referencias a la reencarnación, Atlántida y Lemuria -destruidas en otra conflagración atómica-, el Diablo -que ha gobernado el mundo durante eones- y el masivo futuro desembarco alienígeno.



George King y sus leyes cósmicas

      Daniel Fry aseguraba en 1966 que los visitantes le habían informado de una supercivilización terrestre que había perecido en una hecatombe nuclear hacia 30.000 años. El contactado decía haber entrado el 4 de julio de 1950 en una sonda automática extraterrestre estacionada cerca de Las Cruces, en Nuevo México. Mientras hacía en media hora un viaje de ida y vuelta a Nueva York, A-Lan le enviaba mensajes telepáticos desde una nave nodriza situada en órbita terrestre. Después de la catastrófica guerra entre Atlántida y Lemuria -el extraterrestre había leído seguramente los panfletos de la Sociedad Aetherius, creada por George King- los supervivientes se habían refugiado en Marte. Ahora regresaban para -¡cómo no!- advertirnos del peligro atómico.

      Pueden leer (si les sobra el tiempo) el libro de Daniel Fry, El Incidente de White Sands. Traducción de la Dra. Magdalena L. de Castagnino. Editorial Más Allá de la Cuarta Dimension. Gaona 1312, 1974.





Frank Scully y Daniel Fry en mayo/junio de 1995

      Los extraterrestres de Truman Bethurum, íntimo amigo de Adamski, vivían en un mundo paradisiaco, donde no existían ni las guerras ni el divorcio ni los impuestos. El planeta Clarión estaba situado tras la Luna, en órbita paralela a la del satélite terrestre. Los habitantes de Venus, Marte, Júpiter y Saturno que visitaban a Howard Menger viajaban en naves sospechosamente parecidas a las tapas de aspiradora utilizadas por los hermanos cósmicos del cocinero de monte Palomar, ironiza Luis Alfonso Gámez; los alienígenas de Orfeo Angelucci provenían de otra realidad, pero eso no impidió al contactado contraer matrimonio místico con Lyra, una de las viajeras estelares, y los guías extraterrestres animaron a Gabriel Green a dedicarse a la política y logró 171.000 votos en las elecciones para el Senado celebradas en California en 1962. La lista de contactados llega hasta nuestros días de la mano del Instituto Peruano de Relaciones Interplanetarias (IPRI) y de la italiana Fraternidad Cósmica. El mensaje es siempre apocalíptico y genera pingües beneficios a los embajadores humanos de los extraterrestres. Sin embargo, los elegidos nunca traen nada consigo a la vuelta de sus viajes de turismo interplanetario. ¿Tanto cuesta hacerse con un ventilador venusiano, un mondadientes marciano, un peine joviano o un anillo saturniano? -se pregunta Alfonso Gámez-.







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