viernes, 26 de octubre de 2012

La Gran Diosa neolítica

      Durante el Neolítico (10.000 al 5.500 a.C.) y el Calcolítico, también llamado Edad del Bronce que se extiende del 5.500 a.C. hasta el 3.5000 a.C., la Diosa Madre era el foco espiritual de la cultura megalítica de Europa occidental, así como de las culturas neolíticas de la Vieja Europa y de Çatal Hüyük, en el Oriente Medio.



Danza de la Diosa Abeja, de The Goddesses and Gods of Old Europe
©
 Marija Gimbutas 


      Una de las consecuencias de la llamada Revolución Neolítica fue que la humanidad se liberó de la necesidad de vivir de acuerdo con lo que la naturaleza le ofrecía o se negaba a conceder. El hombre intervino en los misterios de los procesos de crecimiento, mediante la agricultura y la ganadería. El ser humano aprende a tejer telas, construir recipientes para contener la comida, edificar casas y aldeas. La vida, después de la desaparición de los últimos glaciares, se asentó en los fértiles valles de los ríos y en los verdes pastos del interior de los continentes.




Reconstrución de una aldea neolítica

      La evolución fue lenta. En el 12-10.000 a.C., con la llegada de un clima más suave, se abandona estacionalmente la cueva para cazar, pues con la disminución del frío se hace posible vivir en moradas de verano, que acabarán ocupándose todo el año. En una de estas moradas, situadas en el Valle Fértil del Próximo Oriente comenzó la Revolución Neolítica.

     En esta época se produce la llegada a Europa de las distintas estirpes indoeuropeas que traen consigo una nueva religión masculina, surgida por la estructura de su sociedad patriarcal con instituciones sociales y especialización social por la presencia de guerreros; sociedad guerrera y por tanto poblados fortificados en lugares altos y predominantemente estratégicos.




Invasiones indoeuropeas en Asia

      Nos cuenta resumidamente Roberto Lérida Lafarga en  Proyecto Clío, que esta gente eran los griegos, latinos, celtas, germanos y eslavos, quienes se impusieron y se mezclaron con los antiguos habitantes de la cuenca del Mediterráneo: léleges, tírsenos, etruscos y paleo(eteo)cretenses -en la península Balcánica-, vascos, íberos y tartesios -en la península Ibérica-, ligures, retios y pictos -en la península Itálica.



Etnias y lenguas en la Península Ibérica

    Según Hesíodo los griegos procedían de las regiones actualmente conocidas como los Balcanes, al norte de la Grecia clásica, precisamente del Épiro y también de Tesalia; allí habitaba Helén, que da nombre a todos los griegos: helenos; Helén tuvo tres hijos: Juto, Eolo y Doro… Kretschmer, a principios de siglo, llevó más allá el mito de Helén y enunció una de las tesis tradicionales de la historia de los griegos: atendiendo a las tres estirpes adujo lo que podríamos llamar helenización escalonada de la Hélade en tres migraciones sucesivas: los jonios lo harían hacia el 2000-1900 a. C., los eolios o aqueos hacia el 1600 y los dorios hacia el 1200. Cuando Kretschmer hizo esta teoría no estaba descifrado el micénico y Schliemann comenzaba a excavar Micenas comenzaba a ser explotada arqueológicamente por Schliemann. Pronto se descifró el micénico y el Lineal B, lo que nos permitió entrever que la mayoría de los rasgos dialectales son posteriores al micénico, es decir, que la diferenciación dialectal tal y como la conocemos de jonio, eolio y dorio es posterior al 1200 a. C., lo que conlleva la caída de la tesis arriba enunciada, así como la teoría de las tesis las migraciones; actualmente, entre los historiadores, existe una corriente anti-migracionista que reducen al mínimo las migraciones: sí hay movimientos de pueblos constantes, pero no oleadas de migraciones masivas que comporten cambios culturales.

     Los griegos son indoeuropeos que llegaron a Gracia hacia el 2000 a. C. en plena Edad del Bronce. Ni son los habitantes autóctonos de Grecia ni siquiera los primeros indoeuropeos que llegaron a estos lugares, pues las primeras poblaciones neolíticas llegarón allí hacia el 7000 a. C.




Gente preindoeuropea, en este caso del pueblo etrusco, donde se ven pelos negros, rubios y pelirrojos



Próculo y su esposa, procedente de una casa de Pompeya, y fechada en el siglo I, entre los años 50 y 74 a.C.

     Las destrucciones del final del III milenio se asocia arqueológicamente con una fuerte destrucción e incendios en la Argólide y el Ática, también visibles en Troya II, en el sur de Anatolia (en Beicesultán) e incluso Palestina. Tales destrucciones se suelen asociar a la llegada de dos pueblos inmigrantes de forma paralela, hablantes unos de una forma primitiva de griego para Grecia y hablantes otros de lenguas anatolias (luvita, hetita y palaíta) surgidas del Imperio Hitita famoso en el siglo XVIII a.C.

     De esta manera descubrimos que la concepción de una raza común indoeuropea con temperamento, costumbres e instituciones específicas, que fueron barriendo pueblos y ocupando países, es muy romántica, pero errónea.

     Los propios griegos nos han dejado constancia de que hubo antes otros moradores del suelo heleno, gentes a los que denominaban pelasgos, tírsenos, léleges, carios y eteocretenses. De los carios sabemos que son de origen anatolio y su lengua se emparenta con el luvita, hetita y en menor medida con el palaíta, misio y lidio; los tírsenos se relacionan con los etruscos (Mar Tirreno) y habitaron en la isla de Tasos y anteriormente en el Ática; los pelasgos habitaban al parecer por gran parte del territorio heleno y en época de Tucídides habitaban parte de la península Calcídica, hablando su propia lengua; los eteocretenses habitaban en Creta y se piensa que eran descendientes de los originarios cretenses o miceno-cretenses; de los léleges no hay información.




Aspecto probable de la Dama d’Elx, una sacerdotisa de la diosa de la vida y la muerte

        En medio de la gran confusión que presentan estos pueblos pregriegos, lingüistas e indoeuropeístas de gran talla han estudiado el vocabulario “no griego” del griego, es decir, términos de sustrato y adstrato que hay en la lengua griega, centrándose sobre todo en la toponimia, para aclararnos el espeso y complejo panorama que se nos ofrece. Se han enunciado por ahora cuatro posibles lenguas de sustrato o adstrato para el griego; estos son sus resultados: sustrato anatolio (parecer ser cario); el sustrato denominado pelásgico representaría una lengua indoeuropea no conocida y en un principio no relacionable con ninguna otra lengua indoeuropea conocida; sustrato griego-psi (nombre convencional dado por W. Merlingen a la lengua indoeuropea no conocida que detectó y caracterizada por que *p> /ps/ ); sustrato pelástico (nombre convencional dado por Budimir a una lengua con afinidades con el eslavo).



De izquierda a derecha: reproducciones de Emile Gilliéron  de las "Damas de Azul" fresco de Cnosos (detalle); frontispicio para el palacio de Minos en Knossos que muestra el relieve de estuco pintado del "Rey-Sacerdote" de Knossos; reproducción de una pintura al fresco con una mujer que llevaba una píxide de marfil de Tirinto.


    Todos estos sustratos que se han detectado son indoeuropeos y anteriores al griego en cuanto a antigüedad en la zona. Ello nos lleva a pensar que los griegos en efecto no fueron los primeros indoeuropeos que arribaron a la península Balcánica; no obstante, salvo el cario, ninguno de ellos es atribuible a un pueblo conocido.

    La teoría global de la extensión de pueblos indoeuropeos por Europa y Asia (y, por tanto, por Grecia) es la de la arqueóloga lituana Marija Gimbutas, enunciada entre los años 60 y 70. Para ella el primer rasgo definitorio de la "cultura indoeuropea" es lo que ella llama kurganes (palabra eslava que designa tumbas, aplicada ésta a unas tumbas enterradas y cubiertas que forman un montículo); pues bien, situado el punto de origen de los pueblos indoeuropeos en el sur de las estepas de la actual Rusia, Bielorrusia y Ucrania, las gentes de estas tumbas se fueron extendiendo paulatinamente en diferentes oleadas de migraciones.




El tumulus o cairn de Dissignac (Loire-Atlantique), en los alrededores de Saint-Nazaire, ciudad portuaria en la desembocadura del río Loira en el Atlántico.



Kurgan es la palabra eslava que designa tumbas, aplicada ésta a unas tumbas enterradas y cubiertas que forman un montículo

    La llegada de primeras poblaciones indoeuropeas al Egeo y a los Balcanes se produce hacia el 3000-2800 a. C.; su vida es seminómada y vivían en casas semisubterráneas y de estructura muy sencilla; sin embargo, de éstos no queda nombre que los identifique (concuerda con lo antes explicado); los pueblos indoeuropeos que se pueden identificar con hablantes de lenguas históricas conocidas no aparecerán hasta el final del III milenio (los griegos). Al mismo tiempo el Egeo recibiría población indoeuropea no desde el Norte, sino desde el Este, desde Anatolia, como lo demuestra la presencia del cario (y para algunos otros también del luvita) en futuro territorio griego.




Expansión de los pueblos kurganeses según Marija Gimbutas

      Respecto a las oleadas de avance Colin Renfrew supone una visión distinta de la indoeuropeización de Europa y Grecia; para él los indoeuropeos provendrían de la zona llamada Creciente Fértil (en la zona cercana a Mesopotamia, en los ríos Tigris y Éufrates); el mecanismo de migración es lo que él denomina oleada de avance, basada ésta en la agricultura: una vez descubierta la agricultura y sedentarizado el hombre, con la aplicación de las nuevas tecnologías de la agricultura, el aumento de la producción y el aumento subsiguiente de la población, se iba haciendo más necesaria la búsqueda de nuevos territorios; entonces parte de la población, los más jóvenes, iban a buscarlos a una distancia muy próxima para abastecer más población; se creaba un nuevo poblado y el ciclo se volvía a reproducir una generación más tarde, así durante milenios. Expuesto esto Renfrew indica que estas oleadas de avance, que no implican destrucciones ni guerra, dieron lugar a que desde el 6000 hasta el 3500 a. C. toda Europa y parte de Asia quedara indoeuropeizada. Ello no quita que después, dentro de los propios pueblos indoeuropeos ya establecidos se produjeran invasiones o migraciones en época posterior a causa del clima o problemas con las cosechas. El caso de Grecia sería un tanto peculiar, ya que en una primera época recibiría población indoeuropea desde Anatolia y después desde el Norte a través de los Balcanes.





Según Renfrew  en Anatolia se encuentra la Urheimat (patria originaria) de los indoeuropeos


      Desarrolló la Hipótesis Renfrew, que sostiene que los proto-indo-europeos vivieron 2.000 años antes de lo que propone la Hipótesis de los kurganes, en Anatolia, la Urheimat (patria originaria) de los indoeuropeos (Teoría de la continuidad), según la cual los proto-indoeuropeos habrían surgido entre el VII y el VI milenio a.C. en Anatolia y desde allí se habrían expandido, por irradiación cultural y no por migración física, hacia Europa, difundiendo las conquistas de la Revolución agropecuaria del Neolítico.




Entrevista publicada en la revista Arqueología. Año VIII. Número 78. Octubre 1987


     Hay autores que actualmente han intentado conciliar la teoría de Gimbutas y Renfrew, pues en algunos puntos son muy parecidas.

     Por último, indicaré sucintamente la exposición que Villar (Villar Liébana, F.: Los indoeuropeos y los orígenes de Europa, Gredos, Madrid, 1991) hace acerca del problema arqueológico de la indoeuropeización, síntesis de investigaciones de prestigiosos arqueólogos.

     Indica que el paso del Paleolítico al Neolítico en Europa supone una nueva sociedad a la que se ha dado en llamar Vieja Europa; esta Vieja Europa se caracteriza por un rasgo específico: la agricultura, es decir, la capacidad del ser humano a producir y almacenar alimentos por sí mismo y de un modo sedentario; este fenómeno se conoce como la Revolución Neolítica que comenzó a extenderse desde el 7000 a. C. aprox. desde Anatolia, Mesopotamia y el Nilo hacia Oriente y Occidente. Esta cultura neolítica alcanzó Europa Centro-oriental y los Balcanes hacia el 5000 a. C. (en Grecia se conoce como Cultura Egea a la época neolítica).




Representación gráfica de lo que Renfrew  denominó “línea de falla” en la prehistoria euroepa después de los cambios ocasionados por la  calibración del C-14. Las nuevas cronologías permitieron observar que las relaciones entre las diferentes zonas del viejo mundo no eran tan lineales como la hipótesis tradional difusionista pretendía.

        Sus gentes se caracterizan por ser pacíficas, con poblamientos sin fortificar con abundante agua y suelo de buena calidad, con casas rectangulares y economía agraria; utilizaban el cobre y después el oro parta adornos e instrumentos, si bien no conocen el bronce; religiosamente parecen adorar a diosas madres y cultos de la fertilidad de los campos, animales y hombres que reflejarían una estructura social matriarcal. Juntamente han dejado su huella en la toponimia de Europa común en los ríos (en Europa hay 35 nombres de ríos de raíz *el/ ol/ l, 35 con raíz *sal, , 28 con raíz *eis/ ois/ is, etc..).

      A partir del 4400 a. C. Europa comienza a sufrir el ataque de pastores nómadas bárbaros (al parecer indoeuropeos) que trajeron consigo el final de la cultura neolítica de la Vieja Europa gradualmente en tres etapas: 4400-4200, 3400-3200 y 3000-2800, con lo que llegó la primera Europa indoeuropeizada y Grecia indoeuropeizada.

      Estas primeras etapas no trajeron a pueblos desconocidos, sobre ellos y los autóctonos, los griegos, latinos, celtas, germanos y eslavos se superpusieron como ya hemos citado más arriba. Los indoeuropeos en su conjunto parecen caracterizarse por un cambio de costumbres y hábitats: nueva religión masculina por su sociedad patriarcal con instituciones sociales y especialización social por la presencia de guerreros; sociedad guerrera y por tanto poblados fortificados en lugares altos y predominantemente estratégicos; supusieron también el desarrollo del comercio en Europa y el uso del Bronce; su típica edificación era el mégaron y su cerámica característica la de meandros y espirales. Para Grecia la llegada de los indoeuropeos, tanto originarios como griegos suponen la Edad del Bronce y el abandono del Neolítico, excepto en Creta, que al menos hasta su etapa minoica parece ser lo que se llama un reducto de la Vieja Europa.




El megarón, antecedente del templo griego



Megarón de la Reina, Cnossos. Reconstrucción. De InterKriti



Maqueta del asentamiento de Micenas, Museo Arqueológico de Micenas (foto: Pedro Colmenero)


      No obstante Villar concluye que aunque a mediados del III milenio la Arqueología detecta la presencia en Grecia de elementos culturales centroeuropeos, como la cerámica con espirales y meandros, así como el mégaron y las ciudades fortificadas, sin embargo resulta significativa la escasez en Grecia de la hidronimia de la Vieja Europa. Todo ello invita a pensar que en Grecia los aportes de origen europeo (antiguo), que sin duda han existido, no han debido de ser demasiados intensos, pues como decimos, faltan topónimos y hidrónimos del tipo de los expuestos arriba. Lo que, por otra parte, resulta congruente con los rasgos dialectales de la lengua griega, más cercana al indo-iranio, frigio y armenio que a las lenguas de Europa.




“Se han clasificado siete complejos culturales, que han recibido los nombres de sus regiones o lugares de asentamiento: Adriático, subdividido en las culturas Impresso, Danilo-Butmir y Hvar (datadas del 6400 al 3500 a.c.), Egeo, subdividido en Pre-cerámica, Sesklo y Neolítico tardío (7500 a 3500 a.c.). Centro de los Balcanes, subdividido en Satarcevo, y Vinca (6400 a 3500 a.c.), Este de los Balcanes, subdividido en Karanovo, Boian y Gumelnita (6300 a 3500 a.c.), Moldavia y Este de Ucrania, subdividido en Dniesterburg, proto-Cucuteni y Cucuteni (6300 a 3500 a.c.), Danubio Medio, subdividido en Lineal y Lengyel (6000 a 3500 a.c.) y Tisza, subdividido en Alfold, Tisza-Bukk y Tisza-Polgar (6300 a 3500 a.c.)” Casilda Rodrigañez, El asalto al Hades.


      Marija GimbutasDiosas y dioses: de la vieja Europa (7000-3500 a. C.”  (Ed. Istmo. Madrid 1991) reencuentra la figura de la Diosa Madre representada en la dama de Pazardzhik (Bulgaria), una figurilla procedente de la cultura “Karanovo”. Los rombos que aparecen pintados sobre las diosas embarazadas representan la matriz y, cuando llevan un punto en el centro, simbolizan la semilla sembrada en el campo fértil.



Representación de la Vieja Europa




La Diosa Madre representada por la dama de Pazardzhik (Bulgaria), una figurilla procedente de la cultura “Karanovo”

      Gimbutas encontró la cultura neolítica llamada de la Vieja Europa, en la que descubrió una serie de figuras que representaban a la Diosa Madre: una osa y su osezno del 4500 a.C. de la cultura Vinca; las mariposas más antiguas datan del 5000 a.C. perteneciente a la cultura de la Cerámica Lineal; los “amantes de Gumelnitsa” son la representación más antigua (4500 a.C.) de un hierosgamos y la grafía más antigua de un Árbol de la vida es el hallado en Hagar Quim (Malta).



Los “amantes de Gumelnitsa” son la representación más antigua (4500 a.C.) de un hierosgamos



En el templo de Hagar Quim hay un altar que tiene esculpidos en sus cuatro lados un árbol, siendo la representación escultórica más antigua del “árbol de la vida”.

       El hombre del Neolítico encontró una analogía entre las cuatro fases de la luna y las “cuatro estaciones” que marcan los estadios de la vida vegetal y que trazan un recorrido del sol al regresar a su lugar de origen. Luna nueva es el invierno, el otoño la luna menguante, la primavera la creciente y el verano la luna llena. Las diferentes fases de la luna fueron reflejadas con una serie de imágenes que reproducimos a continuación:





      Estos símbolos neolíticos de la luna volvieron a aparecer en la Grecia clásica cubriendo –como si fueran estrellas- los mantos de las diosas Ártemis y Atenea.





Ártemis y su manto de estrellas, como señora de los animales. Atenea-Minerva basada en un vaso pintado por Andocides

      Durante el Paleolítico la fuente secreta de la vida había sido el útero oscuro de la Diosa, simbolizado en la cueva templo. Pero durante el Neolítico se hizo invisible, se escondió en las profundidades de la tierra. Los seres humanos sembraban las semillas en el vientre de la tierra y las recolectaban como la sustancia de su cuerpo. Los alimentos y los seres humanos eran los hijos de la tierra y, por lo tanto, eran sagrados.

      Los seres que seguían ritmos de gestación eran la luna, la mujer y la tierra. Durante el Neolítico la mujer encarnó una sacralidad mayor que durante el Paleolítico. La mujer, como madre, intervenía de forma predominante en la plantación y en la cosecha y se pensaba que asistía a la tierra simbólicamente en su productividad. Afirma Joseph Campbell en “Primitive Mythology” que el cuerpo de la mujer participaba de los misterios de la creación cuando da a luz, por lo que tiene cierto poder mágico, pues encarna la relación existente entre los órdenes visible e invisible.

      Robert Briffault en “The Mothers” dice que la mujer ejercía actividades que reflejaban el poder de la Diosa, como la siembra y siega del grano, su elaboración y transformación en pan, la cocción de vasijas, el tejer y teñir telas, la recolección de hierbas medicinales... Por eso dice Mircea Eliade que en esta época “las mujeres y la sacralizad femenina se elevan a primera categoría(Historia de la Ideas religiosas, Vol. 1, Pág. 40-1). Las mujeres se convierten en las dueñas de los campos cultivados, surge la matrilocación, por la que el marido quedaba obligado a vivir en casa de la mujer.

Las imágenes y símbolos de la Diosa.

       La Diosa es representada como la puerta o umbral a través de la que se penetra en esta vida o se abandona este mundo. Algunos animales y plantas son la epifanía de su presencia: en el Paleolítico el pájaro y la serpiente, en el Neolítico la grulla, el cisne, la oca, el pato, la lechuza, el sormomujo y el buitre; también la mariposa y la abeja.

      Como consecuencia del descubrimiento de la agricultura entra en escena una nueva imagen la de la diosa de la vegetación, protectora de la siembra y de la cosecha del grano, perviviendo durante miles de años después. 




Diosa mesopotámica de la vegetación, Handcast Paper bajorrelieve

      Mantienen su papel central los animales paleolíticos como el toro, la vaca, el león, oso ciervo y serpiente, pero desaparece el caballo. Aparecen nuevos animales como el erizo, la oruga, comadreja, el sapo, carnero, el perro y el cerdo.

      Como símbolos de la diosa continúa la espiral, los galones, zigzags, meandros y redes, que encarnan diversos aspectos del poder de la diosa.  El meandro es la imagen estilizada de la serpiente, que simboliza las aguas del “más allá” o aguas del inframundo. Colocado el meandro sobre el vientre de la Diosa, identifica el misterio central de la vida como misterio del nacimiento.





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