miércoles, 16 de mayo de 2012

Los Wandjinas


Los Wandijnas

      Cuenta una leyenda de los aborígenes australianos, que una vez se libró una terrible batalla en Uluru (los montes Ayers Rock) durante el Tiempo de los Sueños, cuando un pueblo conocido como Los Hombres Serpiente Venenosos, atacó para dar muerte a los pueblos que habitaban la zona, pero Bulari, la Diosa madre de la Tierra, logró vencerlos con una nube de gases letales. Una multitud de los Hombres Serpiente derrotados, permanecen encerrados en una prisión bajo los montes Ayers Rock, el punto más sagrado de toda Australia, una enorme colina de granito que cambia de color durante el día y asombra a cuantos la visitan, por constituir una de las maravillas del mundo mineral.


En Ayers Rock tuvo lugar la más  importante batalla del Tiempo de los Sueños.

      También en Moon City (la Ciudad Secreta) se libraron duros combates entre el Dios del  Cielo y el Dios de la Tierra, quedando como prueba de estas luchas los extraños monolitos y formas que se encuentran diseminados por toda Australia, los restos de las ciudades construidas por estos dioses, que eran mitad hombre y mitad animal.

      En estos mitos, como ya hemos explicado en el blog, aparecen unos seres mitad hombre y mitad animales, que son la representación de los muertos o, mejor dicho, de sus espíritus. Los aborígenes para nada piensan en seres extraterrestres llegados a la tierra pilotando naves espaciales de extraordinaria y avanzada tecnología. Eso sólo está en la mente de la gente “moderna”, ignorante del método científico, que sustituye la religión católica por la creencia en ovnis y extraterrestres. En cuanto al Dios del Cielo y el Dios de la Tierra se nos representa de nuevo el modelo gnóstico y su carácter dualista, por el cual se hacía una escisión tajante entre la materia y el espíritu. La materia, creada por el hermano del dios celestial, el Demiurgo terrestre, era perecedera y corrupta, por lo tanto estaba ligada al mal y la perdición. No podía existir salvación alguna en la materia ni en el cuerpo. El ser humano sólo podía acceder a la salvación a través de la pequeña chispa de divinidad que era el espíritu humano, lo único que permanecía eternamente en el hombre.


      Así, pues, tendríamos que pensar que los primitivos humanos ya creían que el espíritu era divino, o sencillamente, se limitaban a adorar y venerar los espíritus de sus antepasados, a los que acudían diariamente implorando su ayuda, a través de los chamanes y de sus experiencias catalépticas, mediante las cuales, sin moverse de casa y tumbados en el suelo, sus ánimas abandonaban los cuerpos de los creyentes bajo la forma de pequeñas mariposas o pajarillos que viajaban hacia el más allá, atravesando un oscuro túnel, al final del cual existía una luz, un paraíso, que era el lugar donde habitaban los antepasados muertos, a los que se pedía comida, frutos, cereales, abundante caza y fertilidad para tener descendientes.


      El Homo sapiens siempre ha tenido gran imaginación y capacidad de previsión. En las nubes, en las siluetas de las sierras y montañas era capaz de ver rostros humanos o representaciones de monstruos, de gigantes y animales salvajes. Allí donde los científicos ven figuras producto de la erosión natural, los aborígenes veían ciudades construidas por los espíritus, ciudades subterráneas, y nosotros sabemos que  ya sea por debajo tierra, por el fondo del mar o volando por los aires, siempre representan el viaje al más allá. Allí también pululan los espíritus malignos, los que quieren impedir que nos juntemos con nuestros antepasados, los cuales se nos aparecen bajo la forma de hombres monos o de luces extrañas que recorren el desierto, que a mí me recuerdan el fenómeno de las centellas.


      En 1838, cerca de Glenelg River, en la región de Kimberley, al noroeste de Australia, fueron descubiertas gran cantidad de pinturas rupestres de gran tamaño. Entre las pinturas descubiertas sobre las rocas llaman especialmente la atención las de unas figuras de gran tamaño, llegando a medir hasta seis metros, y con unos rostros blancos y sin boca. Sus cabezas están rodeadas por uno o dos semicírculos en forma de herradura con unas líneas finas que parece irradian el círculo exterior. Los aborígenes llamaban a las figuras antropomorfas que aparecen en estos extraños dibujos con el nombre de Wandjinas. Los indígenas aseguraban que estas figuras representaban a seres que descendieron del cielo en tiempos remotos, unos seres sabios que trajeron la civilización y la prosperidad a los pueblos de la zona.


      No es mi pretensión enumerar aquí todas las teogonías y cosmogonías de los pueblos de la tierra, pero en ellas los seres, ya sean héroes o sabios, que traen la civilización y la prosperidad siempre representan a nuestros antepasados. Una de las formas primitivas de la religión consiste en adorar a los espíritus de los muertos. Los Wandjinas no son extraterrestres con trajes espaciales, con escafandras, ni con sandalias… son los espíritus de nuestros antepasados. Su símbolo es la serpiente, el animal que cambia la piel y renace, el símbolo de la eternidad, de la pervivencia de la vida en el más allá.


      Aunque con  el Carbono 14 no se podían datar las pinturas por falta de restos orgánicos, se consiguió su datación  de forma casual en 1996 cuando, Grahame Walsh, observando las pinturas de Kimberley, se fijó en un nido de avispas situado encima de uno de los "wandjinas", y que a primera vista pensó que era reciente, la curiosidad hizo que lo observara más de cerca, dándose cuenta de que en realidad era un avispero fosilizado, debido al silicio que contenía el agua que llenaba todos los poros del avispero, el cual era de la época de las pinturas. Walsh buscó la colaboración de Richard Roberts, geólogo especializado en la lectura de los granos de arena mediante luminiscencia óptica.


     Antes del análisis realizado por Walsh y Roberts, los arqueólogos habían estimado la edad de estas pinturas en unos 5000 años. El análisis del avispero fijó su antigüedad en 17.500 años y, lógicamente, la edad de las pinturas debería retroceder aún más, al estar realizadas antes que los nidos. Ellos llegaron a la conclusión de que las herramientas halladas en el lugar de Kimberley, de gran tamaño, tenían una antigüedad de 100 mil años y los restos humanos de 200 mil, contradiciendo así lo que la ciencia decía que los primeros pobladores de Australia habían aparecido como máximo hace unos 65.000 ó 70.000 años. Estos primeros pobladores eran de una raza de gigantes y su altura alcanzaba en algunos casos los 5 metros. 

  
       Sin embargo, como veremos a continuación, el señor Walsh no es “trigo limpio”, sino un lacayo politizado de los grandes terratenientes australianos, quienes promovieron las teorías sobre el origen alienígena de las pinturas, origen cacareado por todos los voceros acríticos que pululan por la red de Internet.

Los Bradshaw

      En 1994, el arqueólogo aficionado Grahame Walsh publicó Bradshaws: Ancient Rock Paintings of North-West Australia, Edition Limitee publishers, Suiza (Bradshaw. Pinturas rupestres del noroeste de Australia), un libro financiado por los ganaderos y terratenientes y las familias Myers y Murdoch. El arte Bradshaw rock, recibe el nombre del pastor Joseph Bradshaw que "descubrió" en 1891 las pinturas, conocidas por los aborígenes locales como Gwion Gwion. El arte rupestre representa figuras delgadas y muy adornadas con elaborados tocados, prendas de borlas y brazaletes, rodeado de armas, herramientas y fauna. Las bacterias y hongos cubren ahora el arte rupestre, lo que hace imposible su datación exacta. Sin embargo, con la técnica de la Termoluminiscencia aplicada sobre el nido de avispas se fijó una antigüedad mínima de 17.500 años, sin embargo las estimaciones basadas en la flora representada y la megafauna sugieren una edad de hasta 70.000 años. Esto haría de Gwion Gwion la estación de arte rupestre más antigua del mundo.


Grahame Walsh en la región de Kimberley



      Walsh es un "arqueólogo aficionado" con un nivel básico de educación, no universitario. La publicación de Walsh muestra signos de escasa investigación e incluye un menosprecio intencionado de las capacidades de los aborígenes, despreciando sus narraciones orales como fuentes históricas válidas. Sin pruebas subjetivas Walsh sostuvo que el arte rupestre del Bradshaw, al oeste de Kimberley, fue estéticamente superior a otro arte rupestre aborigen, afirmando que fue creado por una cultura avanzada que precedió a la ocupación aborigen de Australia. Sostuvo que una raza superior a los aborígenes,  muy probablemente de origen asiático, emigró a Australia y creó una sociedad avanzada y una cultura que produje este arte rupestre. La "cultura Bradshaw" afirma, desapareció en algún momento antes de la ocupación aborigen de la zona y, lo más probable es que quedó sumergida en el mar, como la civilización perdida de la Atlántida [Grahame Walsh. ABC, Australian Story. Rock Heart . Transcript 14 th October 2002. Available at http://www.abc.net.au/austory/transcripts/s696261.htm.].


      La hipótesis de Walsh muestra una actitud colonialista obsoleta, llegando a atribuir las culturas "superior" a los pueblos de tez blanca. Con ello se hace eco de una teoría publicada en 1889 por el etnólogo John Mathews en el que sostenía que Australia fue colonizada por los aborígenes que fueron invadidos posteriormente por los drávidas de la India y los malayos, personas de inteligencia superior [J. Mathew, “The Cave Paintings of Australia, their Authorship and SignificanceJournal of the Anthropological Institute of Great Britain and Ireland. Vol.23. 1894 p.338] En 1904 el etnólogo Alfred Howitt sugirió que los aborígenes inmigrantes eran "una forma baja de la raza caucásica" [AW Howitt. The Native Tribes of South-East Australia. London: Macmillan, 1904 p.32] En 1899 el biólogo evolutivo Richard Semon escribió que el arte rupestre de la de Kimberley fueron posiblemente "el trabajo de los europeos náufragos" [R. Semon. In the Australian Bush and on the Coast of the Coral Sea. London: Macmillan, 1899 p.236]


 Gwion Gwion (Guyon Guyon) pinturas rupestres, Oomarri, Australia Occidental. (Imagen cortesía de permiso de Ambrosio Mungala Chalarimeri, fotografía de Richard Downs)Universidad de  Wollongong

      La publicación de Walsh también refleja las actitudes colonialistas y teorías racistas, como la defendida en 1827 por Augustus Earle quien afirmó que los aborígenes eran "el último eslabón de la cadena de la existencia que une al hombre con el mono" [Augustus Earle cited in Atkinson, Alan. The Europeans in Australia, Vol 1. Melbourne: Oxford University Press, 1997. Pg 14]. Su teoría hizo hincapié en la "simplicidad" y "primitivismo" de los aborígenes y su cultura, en un intento por justificar y legitimar la invasión europea de Australia y el despojo de las tierras. Walsh afirma igualmente que debido a la 'primitivismo' de la cultura aborigen, las obras de arte de la 'Bradshaw' o Gwion Gwion debieron haber sido creadas por otra cultura superior y que los pueblos indígenas, por lo tanto, no tienen derechos sobre la tierra.


Nabulwinjbulwinj” Arte rupestre australiano. Parque Nacional Kakadu. Fot: Territorio del Norte

       ¿Por qué entonces Walsh recibió una acogida tan positiva en los medios de comunicación y público en general si su hipótesis claramente transmitió supuestos obsoletos, racistas y colonialistas sobre los pueblos aborígenes? Porque su hipótesis, sufragada por los grandes propietarios europeos, aportaba pruebas contra la sentencia Mabo vs Queenslan (1992) que anulaba la terra nullius y facultaba a los aborígenes australianos para recuperar sus tierras. La teoría de Walsh alimentó la histeria de los ciudadanos de origen europeo, aportando “pruebas” de que la legislación de títulos nativos era ilegítima. Walsh aconsejó a los abogados de los pastores y la Asociación de ganaderos que se oponían a la demanda de tierras por los aborígenes, argumentando que los pueblos aborígenes contemporáneos no tienen ninguna relación sustancial, genética o culturalmente con las pinturas de Kimberley, las cuales tienen su origen en una “misteriosa raza”  (digamos alienígena) y, por lo tanto, no tenían ningún derecho sobre la tierra [Anthony Redmond. “'Alien Abductions' Kimberly Aboriginal Rock-Paintings, and the Speculation about Human Origins: on some Investments in Cultural Tourism in the Northern Kimberly” Australian Aboriginal Studies Vol.2. 2002.] Esta hipótesis de Walsh recibió respuestas positivas de la opinión pública y los medios de comunicación australianos, siendo un triste reflejo de la incapacidad de la sociedad europea australiana para reconciliarse con el pasado y aceptar la responsabilidad por las injusticias actuales.


Arte aborigen australiano. Galeria Anbangbang. Parque Nacional Kakadu. Namandjol (Centro). Namarrgon (Derecha), Barrginj (izquierda). Guluibirr (pescado saratoga) en el centro derecha. Debajo un grupo familiar que acude a un acto ceremonial. Fot: Territorio del Norte

      Los pueblos aborígenes locales han emitido numerosas declaraciones públicas afirmando que el arte rupestre surgió de los “ensueños” de sus antepasados. En 2003 el Tribunal Superior de Australia reconoció el origen aborigen de las obras de arte. Varios académicos, como Lynette Russell, Ian McNiven, Michael Barry, Peter White y Lewis Darrell han publicado recientemente artículos demostrando el origen aborigen de este arte.


Gwion Gwion (Antología). Publicado octubre 2000 por el Konemann

Ian Wilson. "Historia, Política y los Bradshaw de Kimberly" Estudios en el Vol. occidental australiana de la historia. 26, 2010.

1 comentario:

Alejandro Longopas dijo...

¡Es una pena que el resentimiento,la política y el racismo se mezclen con la investigación científica! Como un simple y neófito observador opino que las pinturas rupestres de Gwion Gwion se ven estilizadas y marcadas por un "estilo" diferente. De hecho, me trajeron a la mente los cuerpos alargados que recuerdo haber visto pintados en frescos minoicos de Cnosos: http://www.arteespana.com/imagenes/cnosos.jpg

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