martes, 11 de diciembre de 2012

Rasgos generales de la diosa

Diosa de los cereales

       Venerada como la tierra, la diosa suele describirse como supervisora de la productividad de las cosechas sembradas en su seno. Hemos estudiado como las diferentes partes de su cuerpo en forma humana se transforman en importantes plantas autóctonas.


Abrigo V de Petracos (Castell de Castells, País Valencià). Alrededor de los orantes con los brazos levantados, aparecen unas representaciones de cereales creciendo.  

      El origen javanes del arroz.

      Devi o Dewi Sri, la diosa del arroz maduro, según un mito javanes salió de una joya que había subido a la superficie de la tierra la serpiente de los infiernos Antaboga. Devi murió cuando se negó a casarse con el dios del cielo Batara Guru; entonces, de su cabeza surgió el cocotero, su vulva parió las cosechas de arroz, sus dedos dieron plátanos y sus dientes se convirtieron en trigo.



Dewi Sri, acrílico en papel. Batuan, Bali


      El maíz en los indios pueblos

      Un mito de esta tribu cuenta que los humanos suplicaron al Sol que les enviase más alimentos. Como respuesta a sus oraciones, se presentaron seis doncellas del maíz. Cada una era de un color y representaba otras tantas variedades de maíz. Las cosechas prosperaron hasta que los indígenas se volvieron despilfarradores y tomaron excesivamente a la ligera a las diosas y sus dones. Las doncellas se alejaron y los cultivos se marchitaron y secaron. Finalmente las convencieron de que regresasen pero, para hacer entender a la población de que no debían dar por supuesto el regalo del que antaño habían abusado, las doncellas se negaron a permanecer todo el año.  



Pedro Alcántara Herrán. Las Mujeres del Maíz. Industrias Del Maíz S.A. Corn Products Andina,

      Desde la perspectiva mitológica, la siembra, el crecimiento y la cosecha de los cereales sirve de metáfora del ciclo vital humano: desde la recepción y la fertilización de la simiente, pasando por la salida del útero (o la tierra), hasta la muerte y el entierro.

      En muchas mitologías el paso por el infierno es necesario para el renacimiento, como sucede en el relato de Deméter y Perséfone, cuyo rapto por Hades es conmemorado en Atenas con el festival de las Tesmoforias, festividad exclusivamente femenina en la que arrojaban cochinillos sacrificatorios a un abismo plagado de serpientes.

      El mito de Perséfone

      Cuando Hades secuestró a Perséfone o Core, la hija de Deméter, y la llevó a los infiernos, la tierra se volvió estéril. Aunque Hades accedió a liberarla, durante su estancia en el mundo de los muertos Perséfone comió granos de granada (además de símbolo de la vagina, se supone que es uno de los alimentos que comen los muertos), lo que la obligó a regresar parte el año al reino de los difuntos. 



Prosèrpina. Dante Gabriel Rossetti (1828-1882) Oleo sobre tela, Tate Gallery, Londres


Rituales cerealeros de la diosa

      En el año 98 d.C. el historiador Tácito nos habla de una diosa madre tierra celtogermánica llamada Nerthus (sustituida más tarde por Freyja), a la que representaban mediante un tosco icono, la montaban en un carro tirado por vacas y atravesaba los campos de cultivo. Una vez cumplido el recorrido, el sacerdote a cargo del ritual la devolvía a su bosquecillo sagrado de una isla, donde la arrojaban al lago junto al carro. Esta fiesta tenía lugar a finales del invierno (o comienzos de la primavera), como las celebraciones de casi todas las diosas de la vegetación En Asia Menor, los devotos de Cibeles la paseaban en un carro para que bendijese los campos. Luego desfilaban hasta un río en el que la bañaban ritualmente a fin de representar la purificación y el riego de los campos, que quedaban listos para la siembra.



"Nerthus" (1905) por Emil Doepler. Font: Wikipedia



Nerthus, escultura en madera (160 x 32 x 24) de William Hanson



Un plato famoso que muestra la diosa frigia Cibeles con su carro tirado por leones, el dios griego del sol Helios y un altar de fuego iraní

La hipótesis de Gaia

      Fue planteada en 1969 por el científico británico James Lovelock, quien postulaba que la tierra es un organismo vivo y complejo, que se regula a sí mismo. El medio ambiente no sólo afecta a los habitantes, sino que es influido por estos. Los seres vivos son los órganos de los sentidos de Gea que están encargados de detectar los cambios ambientales y de colaborar en las adaptaciones de la tierra a los nuevos cambios -como por ejemplo, un aumento de la temperatura- con la creación de nuevos equilibrios. Estas adaptaciones pueden representar extinciones masivas de seres vivos. Se cree que la humanidad ha ejercido un fuerte efecto desestabilizador en el medio ambiente, por lo que Gea podría dar el salto a un nuevo estado de equilibrio que supondría el exterminio de casi todas las especies existentes, incluida la humana.




Gea en un relieve romano del siglo I a.C.


Una ciencia mecanicista. Naturaleza y cultura.

      Francis Bacon, filósofo del siglo XVI, manifestó la opinión imperante que sobre la naturaleza tenían en su época: “metemos  la naturaleza en el potro y la torturaremos hasta arrancarle sus secretos”. Para el hombre el mundo natural es algo ajeno y al margen de los humanos. Durante los tres siglos siguientes, esta perspectiva creó un marco teórico en la investigación científica mecanicista, según el cual el universo sólo es una máquina que funciona de acuerdo con las leyes que habían descubierto Bacon, Galileo o Newton.



Art Aborigen - Pinturas en la roca -Territorio del Norte- Austràlia - Nourlangie Rock -Aboriginal Art -Kakadu National Park- Australia

      Las pinturas de los aborígenes australianos muestran a Namondjok, un antepasado de la creación, con su mujer Barrginj abajo. A la derecha, con cara de enfadado, el hombre del relámpago Namarrgon, y debajo, un grupo de hombres y mujeres con tocados ceremoniales. Estas pinturas fueron repintadas entre 1962 y 1964, para los Anbangbang a Rock Nourlangie.

      Actualmente, para un grupo creciente de filósofos, la idea de que existe una dualidad irreconciliable entre naturaleza y humanidad es típicamente patriarcal, propia de una sociedad machista y consideran que se debe, en parte, a la incapacidad masculina para reproducirse a partir de su propio cuerpo, carencia que intentan corregir los hombres mediante complejos modelos culturales que los involucren en el acto de la creación.



¿Tiene el hombre envidia de la mujer por no poder parir?

      La concepción de un universo mecánico da pie a la posibilidad de un creador, un fabricante o inventor de máquinas, más que a la de una creadora que produce vida orgánicamente y a partir de su propio ser. La tendencia a considerar como opuestos binarios a la naturaleza y cultura perdura en la obra de importantes pensadores del siglo XX como el antropólogo Claude Lévi-Strauss, quien consideraba como culturas inestables a las que tenían un carácter femenino, imprevisible y desenfrenado. Por el contrario, las sociedades con una cultura sólida y estable eran masculinas y contenidas.

Diosa de la lluvia. Sequía y abundancia.

      Aunque en la mitología mundial existen innumerables diosas del agua, son contadas las que controlan las lluvias. Esta discrepancia se basa en el patrón simbólico compartido, según el cual la tierra es la madre que debe ser fecundada por la lluvia que, en consecuencia, es de origen necesariamente masculino. Así, por ejemplo, aunque la religión de los aztecas contó con varios dioses vinculados con el agua, fue el dios Tláloc el encargado de la lluvia, así como de la escarcha, la sequía y los relámpagos.




Tláloc en el Códice Magliabechi



Chaak, dios maya de la lluvia-a la derecha-, siembra semillas con una cola. En la escena se enfatizó la lluvia mediante líneas azules verticales. Códice Madrid, pág. 10a. Reprografías: Marco Antonio Pacheco / Raíces. Mayaland


      El viaje al mundo de los muertos

      Cuando los humanos empezaron a practicar la agricultura y la ganadería tuvieron que modificar sus sistemas de creencias para adaptarlos a los nuevos conocimientos adquiridos sobre los cultivos y las estaciones; el ciclo anual de la siembra y la cosecha se deificó en rituales y mitos de la diosa, pues veían una analogía entre el cuerpo reproductor de la mujer y el de la Tierra. El mundo de los muertos pasó a ser, simultáneamente, lugar de entierro y origen de la nueva vida.



Cartel lámina mural Nº 29 de Enseñanza del Catecismo. Catquesi Escola IL. De Joan Llimona i Jose Vilamala



La Resurrección de la Carne, por Luca Signorelli.


      El mito griego de Deméter y su hija Core es el viaje más conocido de una diosa a los infiernos en busca de su hija, que personifica a los cereales. Cuando estudiábamos a la diosa en el Neolítico vimos representaciones con dos cabezas que simbolizaban el principio de la unidad (diosa de la vida y la muerte), como las diosas bicéfalas de la cultura Vinca (500-4800 a.C.) o la diosa dual de Çatal Hüyük (4500 a.C.). Este símbolo también se representa con la imagen de dos diosas juntas –madre e hija- la que dio la vida y la que lleva en su interior la vida que está por venir. El mismo sentido tiene la luna llena y la creciente, historia que se relata en el mito griego de Deméter y Perséfone. Son manifestaciones de la misma fuente vital que recorre todos los seres vivos, aluden a dos facetas de la misma esencia: la madurez y la juventud.



Alessandro Varotari - El rapto de Prosèrpina


      Poema homérico sobre Deméter

      La diosa joven –Perséfone- fue raptada por Hades, señor del mundo de los muertos. Deméter lamentó la pérdida de su hija, la buscó por todas partes y por fin llegó a Eleusis, donde ofrendó al rey Triptolemo el don de la agricultura. A medida que la búsqueda proseguía, la tierra se secó y marchitó a causa de los afligidos lamentos de Deméter, hasta que apenas quedaron alimentos para los humanos o como ofrendas para los dioses. Zeus, rey de las divinidades olímpicas, se inquietó y accedió a que Perséfone pasara las dos terceras partes del año en la tierra, si bien el otro tercio estaba obligada a permanecer en el infierno con Hades, su marido. El retorno de Perséfone al mundo de los vivos –celebrado en los Tesmoforias. Simboliza la llegada de la primavera (por lo tanto a las Floralias romanas) y su descenso a los infiernos marcaba el comienzo del invierno.



El rapto de Prosèrpina (1621-1622), Bernini. Villa Borghese (Roma). Imatge de  La Fuente Egeria


      Este mito se repite en otras partes y, en todas, el ciclo estacional comienza cuando una diosa madre pierde a su vástago. La escandinava Freyja, la sumeria Inanna, la griega Afrodita… Existen muchas variaciones regionales e históricas. La egipcia Isis pierde a su marido Osiris, pero se convierte simbólicamente en su madre cuando recupera su cuerpo desmembrado y lo dota de vida, momento en que concibe a su otro hijo Horus. Aunque no “baja” a los infiernos, sus recorridos por pantanos y yermos presentan el mismo carácter mítico: el viaje extático que realizaban los chamanes prehistóricos al más allá.

      Más adelante, las diosas no sólo pierden una hija, sino un hijo, como le sucede a Freyja con Baldur, Afrodita con Adonis… que acaban en el mundo de los difuntos a causa de una muerte violenta. Después sucede un periodo de duelo que se caracteriza por la devastación de la tierra, hasta que la diosa negocia el retorno del hijo durante cierta época del año.




La muerte de Baldur. Una ilustración de la Höðr el Ciego matando a Balder, a partir de un manuscrito islandés del siglo XVIII. Procesamiento de imágenes (recortar, rotar, colores niveles) por Skadinaujo. Autor Jakob Sigurðsson


      Este ritual de dar vida, de despertar, de traer a la luz lo que está muerto, dormido, inmerso en la oscuridad, lo vemos reflejado en los mitos de Inanna y Dumuzi en la civilización sumeria, en los de Isthar y Tamuz en Babilonia, de Isis y Osiris en Egipto, de Afrodita y Adonis en Grecia, de Cibeles y Atis en Anatolia. En todos ellos hay un elemento común: el dios, tras morir, desciende a los infiernos, y la diosa siempre lo está buscando, encontrándolo finalmente y despertándole de su sueño. Él sale renovado de ese proceso, en el cual ha tenido que morir para ser luego resucitado. En un plano psicológico podemos interpretar este descenso a los infiernos como algo necesario para liberarnos de nuestros aspectos reprimidos, lo que los junguianos llaman la Sombra. Por ello, el hombre ha de bajar al reino del inconsciente y descubrir su naturaleza verdadera, para regresar a la Madre y renacer renovando la fuerza vital que encarna. En este aspecto, la diosa Inanna no sólo bajó al mundo de los muertos para rescatar a su hijo, sino para experimentar su propia muerte y regeneración, tal como hacían los chamanes en sus viajes extáticos.



Inanna i Dumuzi



"Venus y Adonis", de Jacob Adriaensz Backer. Esta pintura data aproximadamente del año 1650.



Venus and Adonis de Christiaen Van Couwenbergh (1645) Galerie d'Arenberg, Brussels



Venus y Adonis. De Hendrick Goltzius. Goltzius, Hendrick. © Alte Pinakothek, Munich.


      El descenso de Inanna a los infiernos

      Este poema narra el viaje que emprendió la diosa Inanna hacia el reino de su hermana Ereskigal, teniendo que atravesar siete portales y, en cada uno, se quitó una prenda, hasta quedarse sin vestidos y tuvo que quitarse la carne, es decir, inició su desmaterialización, su muerte aparente. Cuando llegó a los infiernos, Ereskigal le dirigió la mirada de la muerte y colgó su cadáver de un gancho. Inanna sólo podía abandonar el mundo de los muertos si dejaba un sustituto en su lugar, por lo que envió a su hijo-amante Dumuzi.




Descenso de Ishtar o Inanna al inferno. Pintura de E. Wallcousins (1883–1976)


       Ereskigal también se identifica con la diosa Ninlil de Nippur, reiteradamente violada por Enki, abuelo de Inanna. Los dioses encolerizados la desterraron al mundo de los muertos y Ninlil lo siguió porque sabía que estaba embarazada y no quería estar sola. Pero Enki logró escapar y Ninlil quedó retenida por el “gran abajo” como premio.

      Afrodita también ofreció voluntariamente a su cónyuge Adonis, para garantizar la fertilidad de la tierra.  El descenso de Inanna también simboliza las fases de la luna: su cadáver pende tres días del gancho de Erskigal, período durante el cual no es visible, tema que se repite en la resurrección de Jesucristo al tercer día. También el dios hindú Krisna estuvo muerto tres días y resucitó. Osiris también resucitó. Mitra igualmente, Dionisio y Adonis (que resucitaba en primavera) eran también redentores de la humanidad… algunos de ellos nacieron también de una “virgen”. En Egipto, había una ceremonia de iniciación donde se ataba un hombre a una cruz, y permanecía allí sin víveres durante tres días. Luego se proclamaba que había nacido de nuevo. 




“Et resurrexit tertia die, secundum Scripturas".
Piero della Francesca, Risurrezione, 1450-1463, Sansepolcro, Museo Civico.


      En estos mitos agrícolas el hijo representa la semilla enterrada hasta que reaparece con la forma de brote. Las plantas maduran hasta ser cosechadas y el ciclo entero vuelve a representarse. De esta manera, el principio agrícola básico se convierte en alegoría de la vida humana y las personas que lo saben se sienten en poder del misterio de la vida. Los hombres desean participar en este drama celestial de las estaciones y se inventan rituales que simbolizan el proceso de fertilización. Los llamados Misterios de Eleusis, consagrados a Deméter a comienzos de la primavera y en otoño, incluían rituales secretos destinados a los iniciados, durante los cuales la persona “moría” con relación a su vida pasada y su alma viajaba a los orígenes (el paraíso) antes de renacer, es decir, de regresar al cuerpo del extasiado, porque en realidad lo que se producía era un viaje extático al más allá, inducido por el consumo de un agua impregnada con el cornezuelo del centeno, un hongo al que los ingleses y franceses llaman ergot.   El misterio que descubrían en el más allá era la revelación de que, en lugar de acabar, la vida se transforma sin cesar. El trigo era el emblema de estos misterios y el símbolo de la vida eterna.

      La idea de que la vida renace de los muertos se refleja en la forma de algunas tumbas neolíticas, las cuales tienen una abertura estrecha semejante a una vagina, por lo que la tumba se convierte en un útero.



 Monticulo sepulcral galés de Bryn Celli Dhu


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