viernes, 21 de diciembre de 2012

La fertilidad y la pareja divina


      En todas las mitologías y muchas religiones la pareja divina (el dios y la diosa sexualmente unidos) existe como conjugación de los principios masculino y femenino necesarios para procrear, fertilizar y mantener el equilibrio de la tierra y las especies. Por consiguiente, el matrimonio sagrado se convirtió en el modelo de la pareja humana en las sociedades de todo el mundo. Este concepto del matrimonio influyó en las escrituras sagradas hebreas, alentando al pueblo para que se multiplicara sexualmente, al tiempo que otras fuentes judías, sobre todo la Cabala, afirmaban que el individuo que no se casa rebajaba la categoría de dios. Ver La Matronit y la Cabala.


      La pareja sagrada representa la totalidad, el perfecto andrógino o hermafrodita que todo lo abarca. El hombre y la mujer se unen sexualmente para recrear esta forma original. Durante la representación del matrimonio sagrado, el sacerdote (o el rey) debía permanecer estático y era la mujer –personificando a la diosa– la que despertaba y rescataba al hombre-dios, llevándole al éxtasis sexual, como forma de volver a vivificar la semilla que contenía su falo.

      “El Mito del Andrógino”  aparece en el Banquete de Platón, concretamente en el Discurso de Aristófanes, quien expone que en la antigüedad, la humanidad se dividía en tres géneros, el masculino, el femenino, y el andrógino (del griego Andros-Hombre y Gino-Mujer). Los seres que pertenecían a esta última clase eran redondos, con cuatro brazos, cuatro piernas, dos caras en la cabeza y, por supuesto dos órganos sexuales. Estaban unidos por el vientre.



Ser andrógino según el Banquete de Platón

     Eran seres poderosos por su vigor y por su fuera. Los dioses griegos vieron que una criatura que tenía cuatro brazos trabajaba más,  además, estaba siempre vigilantes porque tenía dos caras opuestas que todo lo observaban, impidiendo que fuesen  atacadas a traición, cuatro piernas que les permitían permanecer de pie o andar argos tiempos sin cansarse.

     O bien porque los dioses se sintieron celosos de sus poderes, o bien sea que tales criaturas se sintieron capaces de atentar contra los dioses, lo cierto es que Zeus las castigó partiéndolas por la mitad.  Apolo los curó dándoles la forma actual que tienen ambos sexos, es decir, con los órganos sexuales al frente en vez de tenerlos en el dorso.

El Amor desde tiempos inmemoriales trata de unirlos, de manera que, cuando se encuentran se unen de tal forma que es para toda la vida, tratando cada uno de reunirse y fundirse con el amado y convertirse de dos seres en uno solo, de manera que tan solo podría alcanzar la felicidad nuestra especie cuando se dé el tiempo en que la mitad de la Humanidad se encuentre con su otra mitad. Cada mitad de un hombre y mujer primitivos se entregan a la homosexualidad en busca de su otra mitad, en tanto que, la mitad del andrógino se entrega a la heterosexualidad en busca de su otra mitad.

La diosa y el orden natural

      La mitología griega personificó los poderes destructivos del universo como hijos de Gea: los Titanes, Gigantes, Hecatónquiros… etc. La destrucción es necesaria para dar lugar a la nueva vida y forma parte del proceso que garantiza la vitalidad del mundo. Ver Los Mitos Griegos, La Tifonomaquia y los Alóadas y La Titano y la Gigantomaquia.


      Las luchas entre los elementos constructivos y destructivos forman parte del ciclo natural y el concepto de que unos son buenos y los otros malos es una innovación de la Edad del Bronce, cuando el hombre toma consciencia de sí mismo y se siente como diferente a la naturaleza.

El proceso alquímico

Viene reflejado en el Rosarium Philosophorum (1550), un texto que contiene veinte imágenes que describen simbólicamente el "verdadero Arte", la verdadera alquimia, que consiste en iluminar la mente del iniciado, suministrándole la experiencia de niveles de la realidad que normalmente son inaccesibles para el ser humano.

       El proceso es imaginado como una "unión sagrada" (hieros gamoscuyo fruto es el lapis philosophorum, una sustancia que se cree que tienen el poder de transmutar el plomo en oro. También se llama elixir o piedra filosofal.





I. La fuente alquímica o fuente de vida, es una fuente con tres surtidores, dos de los cuales (los extremos) simbolizan los principios opuestos y, el central, la energía mediadora. Cuatro estrellas de seis puntas situadas en los extremos de dos columnas de humo que surgen de ambos lados de la fuente. Otra estrella sobre la fuente flanqueada por el Sol y la Luna, sobre la cual un dragón de dos cabezas intenta devorar las estrellas.



II. El Rey y la Reina simbolizan los principios opuestos. Se inicia la unión química. La Paloma como elemento mediador: el mercurio o Mercurio. El rey, a la izquierda, situado sobre el Sol, agarra la mano izquierda de la reina en pie sobre la Luna. Sostienen en su mano derecha ramas con hojas que se entrecruzan con la que sostiene el pájaro que desciende desde una estrella de seis puntas. 



III. El rey y la reina desnudos entrecruzan las manos, los tallos y las hojas.

IV. El rey y la reina sentados en un baño hexagonal sostienen los tallos en la misma configuración que en la figura anterior.




V. La Conjunción, la Coniunctio o coito se produce en un estanque, en el agua. Junto a ellos el Sol y la Luna. VI. (Las imágenes 6-9 muestran niveles de unificación progresivos. Como la serie 13-16) La Concepción o Putrefacción. Un hermafrodita, mitad rey mitad reina, está tumbado como un cadáver en un sepulcro lleno de agua.




VII. La Extracción o Impregnación del alma. El andrógino rey-reina continúa en su sepulcro mientras un pequeño espíritu macho aparece entre las nubes.

VIII. El Lavado o Mundificación. Sigue el hermafrodita en su sitio mientras caen gotas de lluvia desde las nubes.




IX. El Regocijo, Nacimiento o Sublimación del alma. Un pájaro se aproxima a otro enterrado hasta la cabeza en el suelo. Un pequeño espíritu hembra desciende desde las nubes.

X. El hermafrodita, ahora con alas, está de pie sobre la Luna. Sostiene en su mano derecha un cáliz con tres serpientes y en su izquierda otra serpiente enrollada (cáliz y serpiente son símbolos sexuales). A la izquierda de la imagen hay un árbol de la Luna con trece flores lunares. A la derecha, un cuervo. 




XI. La Fermentación: otra cópula del rey y la reina en un estanque con agua.

XII. La Iluminación. Un Sol con alas permanece inmóvil en el aire sobre un sepulcro lleno de agua.




XIII. (Serie 13-16) La Nutrición: el hermafrodita alado yace en al sepulcro lleno de agua.

XIV. La Fijación: el hermafrodita ha perdido las alas y yace en el sepulcro. Un pequeño espíritu hembra amanece entre las nubes.




XV. La Multiplicación. El hermafrodita en el sepulcro. Gotas de lluvia desde las nubes.

XVI. La Resurrección. Un pequeño espíritu hembra desciende sobre el sepulcro del andrógino.




XVII. La Evidencia de la Perfección: El andrógino con alas de murciélago, con las serpientes en sus manos está de pie sobre una colina bajo la cual tres serpientes se devoran unas a otras. Detrás, un león. A la izquierda un árbol solar con trece flores solares. A la derecha, un pelícano nutre a sus pollos con su propia sangre.

XVIII. Lo otro de sí se convierte en sí mismo: el alquimista ha conseguido la Iluminación.  El león devora el Sol. La sangre cae sobre la tierra



XIX. El sincretismo alquímico-cristiano desvirtúa el mensaje ancestral de la Diosa, al mezclarse tradiciones patriarcales judías. El Hijo con el cetro y el Padre con el orbe, sostienen la corona sobre una joven (María) mientras revolotea la paloma. Reconocen a la Gran Diosa Madre y a su símbolo prehistórico: la paloma.

XX. La Palingenesia, la regeneración. La transmutación, no una mera transformación. En términos cristianos: la resurrección del cuerpo significa su glorificación y perfección. 


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