jueves, 20 de diciembre de 2012

Hacedoras del destino

      Las triadas formadas por mujeres, generalmente representan a las encargadas del destino y suelen describirse como vírgenes. Las Normas de la mitología escandinava superaban el poder de los dioses porque demostraban la inevitabilidad del pasado, el presente y el futuro. Las deidades celestiales (por ejemplo, los Aesir) no podían anular sus dictámenes sobre el destino colectivo o individual, ya que las Normas –cuidadoras del árbol del mundo- controlaban la tierra viviente.


"La Nornas Urðr, Verdandi y Skuld sentadas debajo de un roble o árbol del mundo Yggdrasil". En la parte superior del árbol vemos un águila (probablemente Veðrfölnir), en el tronco del árbol hay una ardilla (probablemente Ratatoskr), y royendo las raíces del árbol lo que parece ser un pequeño dragón (Nidhoggr, probablemente). Fuente Wagner, Wilhelm (1882), Nordisch-germanische Götter und Helden. Otto Spamer, Leipzig & Berlin. Page 231 (Dioses y héroes de los países nórdicos). Autor Ludwigsburg (1825-1884).



"Las Nornas". En la imagen una nota dice: "Reproducido de uma pintura por Karl Ehrenberg". Las tres Normas sentadas junto a la Urdarbrunnr. Fuente: Foster, Mary H (1901), Asgard Stories: Tales from Norse Mythology (Historias de Asgard: Cuentos de la mitología nórdica), Silver, Burdett y Compañía, p. 5. Autor: "H. L. M."

      Las romanas tria fata o hadas –también llamadas Parcas en honor de la diosa romana Parca (de “parere”, es decir, “parir”) formaban otra poderosa trinidad, encargada de los partos y de tejer el hilo del destino individual. Por lo general, las divinidades del destino de la mitología europea eran tejedoras. Sus nombres eran Nona, (Cloto) que hilaba el hilo de la vida desde su rueca hasta su huso, Décima (Láquesis) que medía el hilo de la vida con su vara y Morta (Átropos), que cortaba el hilo de la vida, eligiendo la forma en que la persona moría.



Tapiz mille-fleur de principios del siglo XVI que representan las tres Parcas con sus nombres griegos

      Las Moiras griegas –antecesoras de la tria fata, hadas o Parcas romanas– incluían a Cloto la hilandera, Láquesis la medidora y Átropos, la cortadora del hilo de la vida. Los griegos tuvieron otras divinidades del destino, como las vengativas Furias, las sabias, pero perversas Grayas –que compartían un solo ojo- y las Gorgonas. La gorgona Medusa llevaba velo porque simbolizaba el pasado incognoscible y mirarla equivalía a contemplar la propia muerte (o a convertirse en piedra con forma de estatua funeraria). Al final fue victima de su propio destino cuando Atenea entregó su brillante égida o escudo al héroe Perseo, que obligó a Medusa a contemplar su propia imagen con resultados fatales. La Diosa suele ayudar a los héroes, de ahí que la diosa guerrera sea su protectora, como podemos comprobar en La Diosa de la guerra, donde también tratamos la trinidad irlandesa denominada Morrigan.



En esto grabado se observa la relación de las Furias con la Diosa a través del símbolo de las serpientes.


 

Las Grayas. Pablo J. Porras

Las trinidades.

      La naturaleza posee muchas cualidades que suelen acontecer en ciclos de tres en tres. La tierra pasa del barbecho a fértil y, finalmente, produce, reflejando el ciclo femenino de la menstruación, ovulación y parto. También representa la vida de la mujer que pasa de doncella (barbecho) a mujer fecunda, fértil y prolífica, terminado en la figura posmenopáusica y autónoma que ha alcanzado la sabiduría y el derecho a ser respeta por las demás. La misma existencia humana se desarrolla en tres etapas: nacimiento, vida y muerte. Los tres puntos del espacio y del tiempo son cielo, tierra-mar y mundo subterráneo; pasado, presente y futuro.

      a). La doncella es la luna creciente, simultáneamente excitante e intimidadora, virgen y guerrera; su inocencia amenazada se convierte en ferocidad defensiva (su emblema son las armas de las diosas guerreras y cazadoras, como Artemisa y Atenea). Esta figura es a la vez símbolo de la casta inocencia, como de los instintos desenfrenados de la actividad sexual incontrolada.



L’Abandon, del pintor francés Guillaume Seignac (1870-1924)



El despertar, del pintor francés Guillaume Seignac (1870-1924)
  
      b). La segunda fase de la luna es la llena, que representa a la mujer fértil en su aspecto de madre o prostituta, ambas expresiones de la madurez sexual u válidas para procrear. Las actividades de las prostitutas divinas contribuyen a garantizar la fertilidad de la tierra. La diosa madura también puede ser sexualmente depredadora y apoderarse de la energía vital de su amante para autogratificarse. Las madres con hijos jóvenes e inexpertos temen a esta mujer, experta en artimañas sexuales, que puede robarles a sus inocentes hijos. Su representación mitológica es variada, desde las arpías, las lamias... etc. 



Francoise Boucher, dibujo.
  
      c). Por último, la luna oscura representa la fase de la vieja, la luna que desaparece y sume al mundo en tinieblas durante tres días. Combina las funciones antitéticas de la jueza implacable y generosa guía en el mundo de los muertos. La vieja conserva un gran apetito sexual y, como en los casos de Hécate, Circe y Cailleach Bheur, se vale de engaños y coacciones para copular con los muchachos.



Desnudo de una anciana de Aleah Chapin. Fuente: Maria Cristina Aparicio's Blog


      Las trinidades aparecen con mayor asiduidad en la mitología griega, cuyos monstruos y diosas, como las Moiras, las Horas, las Gorgonas, Erinias, Furias, las Parcas, las Grayas...etc., se presentan de tres en tres. Hera fue adorada en Estínfalo como niña, esposa y viuda. Deméter, Core (Perséfone) y Hécate forman una trinidad.

      La representación más antigua de una diosa aparentemente triple está tallada en la cueva francesa del Abrí Du Roc Aux Sorciers en Angles-Sur-l’Anglia (13.000 a.C.) y consta de tres enormes figura que montan un bisonte, que podemos observar en el apartado de Rasgos generales de la diosa, en el que presentábamos a la luna como manifestación de la diosa.




Detalle del friso de las Venus. Abrí Du Roc Aux Sorciers (Angles-Sur-l’Anglia)

      Según diversas tradiciones del saktismo hindú, la trimurti (Brama el creador, Visnú el conservador y Siva el destructor) exclusivamente masculina no es más que un reflejo del poder absoluto de Devi (vocablo indio que designa a la diosa y al poder fundamental del universo), también denominado sakti.  Ver La esencia femenina. Kali

      La diosa Fortuna romana se representa haciendo equilibrio sobre una pelota o rueda, lo que demuestra la incertidumbre del destino. Su rueda se secularizó y adoptó la forma de la rueda de la fortuna de las ferias y la propia diosa se convirtió en la “Dama de la Suerte” patrona de los jugadores.
  


Representación de la diosa Ocasión, que junto con fortuna y Casualidad forman una triada

La trinidad de los indios norteamericanos

      La influencia que la trinidad de doncellas ejerce en la vida humana también se refleja más allá de las zonas lingüísticas indoeuropeas. Según una leyenda de los indios Chinook norteamericanos (Ver Mitología Tribus Americanas), los humanos suplicaron a Coyote que les diera el fuego. Tres hermanas, ancianas y arrugadas, las Skookum, se turnaron para vigilar el fuego. Coyote invocó a sus hermanas –otro trío que moraba en su estómago, bajo la forma de arándanos– las cuales le aconsejaron que rodeara la zona donde estaba el fuego de animales veloces. Cuando una Skookum (también puede ser un gigante, un bigfoot…) pasó el turno a la otra, Coyote se acercó a la carrera y robó una tea. Las tres arpías lo persiguieron, pero Coyote entregó el fuego a Ardilla y se transmitió sucesivamente de un veloz animal a otro hasta que al final, un árbol se lo tragó y las Skookum no tuvieron más remedio que abandonar la persecución.  

Las provocadoras de la muerte



Hécate, grabado de William Blake, h. 1795.

            En su obra Prolegomena to the study of Greek Religión (1991), la escritora Elizabeth Jane Harrison postula que las trinidades de dioses relacionadas con la suerte evolucionaron a partir del dualismo  madre-doncella, como el de Deméter y Perséfone (Core). En realidad, como veremos más adelante, la trinidad es una imagen de las fases de la luna. La posibilidad de la muerte existían tanto en la madre como en la doncella: Core cuando desciende al Hades y en Deméter cuando sus lamentos causan estragos en la tierra. En lo cotidiano, la mente humana se siente incómoda si tiene que relacionar la muerte con imágenes de pureza o nutrición. De esta manera convierten la muerte en una entidad separada y los adoradores ignoran las cualidades amenazadoras de la madre y de la hija.

      Aunque capaz de matar bajo cualquier aspecto, se suele vincular la diosa con la muerte bajo su aspecto de vieja. Muchas culturas reflejan esta peculiaridad en la costumbre de que las ancianas se ocupen de los difuntos: los visten, los ungen y los velan hasta que se celebra el funeral.



Las tres edades del hombre y la muerte (1539), Las tres edades de la vida y la muerte (1510), ambas de Hans Baldung

         La vieja también está muy vinculada a la brujería -como veremos más abajo-, a los misterios y a los secretos. Una vez superada la edad fértil, se suele decir que la mujer chupa su propia sangre y en ocasiones la describen como “la que retiene”. Pese a que es evidente que ya no es productivo, su útero puede convertirse en el receptáculo de la regeneración, como el caldero de la diosa celta Branwen (el caldero se llamaba Badb, el útero que revive a los muertos, antecedente del Grial), en el cual hervía a los muertos para resucitarlos. En virtud de su dominio de los misterios femeninos, el útero de la vieja representa la tumba, el lugar que simboliza el miedo a lo desconocido.
  



La Vieja Reina Muerte de Adrian Atenza

      Es posible que la vieja más conocida sea Hécate. Es la más arcaica de las diosas griegas y probablemente deriva de la diosa-comadrona egipcia Hequit, Heket o Hekat,  diosa de los partos, conservadora arquetípica de los secretos femeninos que, por lo general, eran viejas que combinaban las funciones de atender a los muertos y de traer al mundo a los recién nacidos.



Hecate de Stéphane Mallarmé, 1880

      Hesíodo en la Teogonía incorporó a Hécate como un ser digno de grandes alabanzas. Era la hija de la Luna en sombras, la reina de los muertos y controladora de los enjambres de fantasmas que por las noches recorrían las calles, sobre todo cerca de las encrucijadas (la futura Diana). Los hombres le dedicaban las cenas y dejaban las sobras en la puerta para que las comiese.

      En su condición de provocadora de la muerte, la vieja también desempeña el papel de jueza de las almas. Su equipo suele incorporar libros de archivos como los de Ereskigal y Husbishag, su equivalente semita. Cuando cumple la función de jueza se comporta con veracidad y bondad, como todas las diosas portadoras de la muerte: la romana tellus Mater, la escandinava Yazme-Askka, la africana Ala... etc.

      Casi siempre la reina de la muerte se percibe como depredadora. Suele beber sangre, como la azteca Coatlicue, o devorar cadáveres, como Hina de Oceanía.



Paul Gauguin, 1848-1903. Ídolo tahitianao. La diosa Hina, 1894-95
Grabado en madera de boj, impreso en negro y ocre, con toques de rojo y verde en una impresión sobre papel crema japonés 148 x 120 mm (imagen / hoja)
Monograma abajo a la izquierda, en la placa: "PGO". Regalo de Frank B. Hubachek, 1947.

      La señora polinesia de la muerte Miru se hace a un lado cuando las almas de los que acaban de morir viajan al encuentro de sus antepasados. Con sus redes atrapa las almas: las malas acaban en las llamas de su horno y las buenas llevan una vida parecida a la que llevaban en la tierra, pero eterna.

La diosa bruja

      Como acabamos de ver, la Diosa en su fase senil y la bruja suelen asociarse. Comparten la vejez, la oscuridad, los misterios y la vinculación con la muerte.

      Aparecen brujas infanticidas y devoradoras de niños como las del cuento de Hansel y Gretel. Son personajes malvados cuya crueldad carece de motivos, como las diosas melanesias Likele y Kalwadi. Otro personaje de estas características es Medea de Cólquide, que ayudó a Jasón en la búsqueda del vellocino de oro. En nombre del amor por Jasón despedaza el cuerpo de su hermano menor y lo dispersa por el mar con el único fin de distraer a su padre y más tarde asesina a sus hijos para vengar las infidelidades de Jasón.




Hansel y Gretel por Arthur Rackham. Publicación: Grimm, Jacob y Wilhelm. Los cuentos de hadas de los hermanos Grimm. Mrs. Edgar Lucas, traductor. Arthur Rackham, ilustrador. London: Constable & Company Ltd, 1909.

      Isis fue el gran ejemplo de la maga y el prototipo de incontables hechiceras, como otras diosas poderosas (Hécate, Kali) degradadas por los monoteísmos y reducidas al tópico de brujas.

      Circe en la Odisea y Morgan le Fey en las leyendas artúricas son ejemplos de brujas que, pese a ser inenarrablemente viejas, se presentan como bellas jóvenes cargadas de sexualidad. El encantamiento se utiliza para acceder de forma engañosa al amor, lo que supone consecuencias perniciosas para el amante y para quienes lo quieren.




Ulises y Circe. Crónica de Nuremberg, 1493

      Las epopeyas de la Edad Media incorporan el tema de la dama despreciable que seduce al héroe con su juventud y belleza, cuando en realidad es vieja y fea.

      Los cuentos de hadas germánicos incluyen brujas moralistas como Frau Trude y Frau Holle (versión dulcificada de la diosa Hulde? O Holda). Frau Holle castiga severamente a una muchacha perezosa y descortés, al tiempo que es generosa con su esforzada hermana. De manera parecida, la bruja Baba Yaga del folclore ruso, recompensa a la buena y amable Vasilissa y le parte los huesos a su hermana.



Baba Yaga y Vasilissa
  
Kali: el principio y el fín

      Sea con su nombre o como shakti (encarnación de la energía femenina), la diosa Kali es la forma bajo la cual la gran diosa Devi está presente con más frecuencia en la iconografía, el arte y la literatura de la India. Ver La esencia femenina. Kali.





Dos imágenes de la  diosa hindú Kali

      Los títulos de Kali incluyen “la negra” (Shyama), “la terrible” (Bahiravi) y “la feroz” (Chandi), aspectos con los que recibe los sanguinarios sacrificios de animales machos. Aunque en 1835 se prohibieron, todavía se denuncian sacrificios humanos.

      La presentación más habitual de Kali es la de una imponente diosa negra, cuya lengua, que gotea sangre, asoma entre los labios. Lleva muchas guirnaldas de serpiente y calaveras. Su falda está confeccionada con las manos de malvados y de sus orejas cuelgan los cadáveres de recién nacidos. En una mano esgrime la espada, en otra sostiene una calavera y utiliza su tercer y cuarto brazos para bendecir y saludar a los adoradores.



Representación de la diosa hindú Kali. Esta fotografía fue tomada durante Kali Puja en Naihati, una ciudad en el oeste de Bengala, India. Fecha 2007. Autor Piyal Kundu

      En tanto señora del tiempo –Maha Kali– ocupa el espacio y el tiempo de la dimensión mortal, y un punto fijo en el centro del infinito.

      Para la cosmología hindú, el universo pasa por una serie de ciclos o eras. Al final de cada ciclo, la creación se desploma sobre Maha-Kali y vuelve a sembrarse para que nazca la siguiente era. Según el texto sagrado Devibhagavatta, al cabo del tiempo la diosa carece de forma o cualidad tangibles y llega a representar la verdad absoluta.


Hator, el ojo maligno

      Hator era hija o madre del dios solar Ra, que la envió a espiar a los humanos bajo la forma de gran ojo que todo lo ve. Hator llegó a la conclusión de que las costumbres humanas eran deplorables y adoptó una actitud salvaje y se dispuso a destruir la humanidad, aunque fue refrenada por los demás dioses.




Entre Anubis y Hator se encuentra Tut que tecibe la vida Eterna en un Ankh.

      Hator había creado a la humanidad y como vaca la alimentaba. Su actitud negativa hacia su creación responde a su fragmentación: de ser la diosa creadora y destructora, la patrona de los placeres de la vida (canto, danza y música) se convirtió en una figura exclusivamente destructiva.



Ankh en forma de espejo de la tumba Tutankamon

      Hator es el origen  del “mal de ojo” (Sangre menstrual y mujer venenosa) que simboliza la transformación de los celos malsanos en arraigada hostilidad. Las brujas han sido perseguidas por el empleo del mal de ojo para provocar muertes, enfermedades o malas cosechas.


      Actualmente la cruz egipcia –Anj o ankh-, que quizá proceda del ojo de Hator, se cuelga en las paredes como símbolo de buena suerte y vigilando el interior para que la buena fortuna permanezca en el seno de la vivienda.
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