martes, 13 de noviembre de 2012

La Diosa en Creta

      El naturalismo peculiar del arte cretense refleja un entusiasmo por la belleza y abundancia de la naturaleza. En Creta se experimentaba la gran Diosa como un flujo de energía dinámica que podía manifestarse en un enjambre de abejas, en el brinco alegre de un delfín, en una bandada de pájaros…




Delfines de Santorini Island (Akrotiri).










Pinturas minoicas de Cnosos y Santorini

      Creta estuvo cubierta de grandes bosques de robles, cipreses y abetos, de los que hoy  no queda rastro. Sus habitantes gozaban de abundante agua fresca procedente de las cumbres nevadas. Manadas de ovejas, bueyes y cerdos pastaban en las llanuras. Exportaba miel, aceite de oliva, pescado, fruta y hierbas aromáticas.

      “Aquí, y sólo aquí (en contraste con Egipto y Próximo Oriente) se desatendía el anhelo humano de atemporalidad, aceptándose la gracia de la vida de la forma más completa que el mundo ha conocido” (H. A. Groenwegen-FrankfortArrest and Movement”).





Reconstrucciones del palacio de Cnosos: sala de la reina (megaron), entrada, sala de la doble hacha… Abajo la sala del rey. 



      En Creta nacieron muchos de los dioses griegos. Arthur Evans, el excavador del palacio de Cnosos, denominó a la cultura de la isla “minoica”, en referencia al rey Minos. Distinguió tres periodos: minoico temprano (hasta 2000 a.C.), minoico medio (del 2000 al 1600 a.C.) y el tardío (1600 al 1150 a.C.). En el Minoico medio utilizaron una escritura jeroglífica y después una lineal (“lineal A”) no descifrada. Durante el Minoico tardío se establecieron relaciones con los micénicos (pueblos arios, o indoeuropeos) que trajeron la escritura “lineal B”, una forma arcaica del griego. Los micénicos se asentaron definitivamente después del 1450 a.C., cuando un terremoto destruyó todos los palacios minoicos. Finalmente, en 1150 a.C., otra oleada de invasores, los dorios, acabó con esta civilización.

      Creta prosee el mutismo de una cultura cuya escritura no ha sido descifrada, con lo que su historia sólo se puede contar a través de la imagen. Para Gimbutas, Creta fue la heredera directa de la cultura neolítica de la Vieja Europa. En el 6000 a.C. inmigrantes de Anatolia desembarcaron en Creta. También, desde tiempos remotos, mantenía contactos con Egipto y las islas de Malta y Sicilia.




Cnosos. Grifos del salón del trono

     Los grifos (mezcla de pájaro, león y serpiente) de Cnosos (1450ª.C.) encarnan las tres dimensiones del cielo, tierra y aguas subterráneas, que en la Vieja Europa constituían los tres aspectos de la gran diosa.

      La diosa serpiente de la Vieja Europa reaparece en Creta bajo las formas que podemos ver aquí, diosas con corpiños y los pechos al aire que expresan la capacidad de dar alimento; pero, como podremos observar a continuación, en Creta encontramos todas las formas en que la Diosa puede manifestarse.

      Las serpientes entrelazadas sobre su vientre (formando un “caduceo”) expresan que la matriz de la diosa tiene la capacidad de dar y quitar la vida, lo cual se experimenta como unidad. La diosa sosteniendo una serpiente en cada mano representa a las serpientes de la vida y la muerte, manifestación de su poder de otorgar o quitar la vida. Las dos partes de una dualidad son pequeñas en relación con el Uno que las sostiene, en este caso  ambas en cada  palma de la mano. El león sentado sobre su cabeza es el guardián que la acompaña en su manifestación como la Diosa de los Animales prehistóricos. La red de su falda representa a la tejedora de la red de la vida. “Los siete pliegues de su falda son el número de días que componen los cuatro cuartos de la luna, que dividen en dos las mitades creciente y menguante del ciclo, al igual que la cruz neolítica dentro del círculo. A pesar de ser también el número siete el de los “planetas” visibles, ésta es probablemente una notación lunar de series y medidas; de forma que el sentarse sobre el regazo de la diosa –y a ello invita la pieza superpuesta sobre su túnica- sería experimentar el tiempo sostenido de la eternidad, y la eternidad revestida de tiempo. Pues la propia diosa, al sujetar las dos serpientes, se sitúa más allá de su oposición; o, más bien, es ella la que contiene los dos polos de la dualidad, evitando que se separen y que formen, por lo tanto, el tipo de oposición que nuestra consciencia moderna asume como inevitable” (Anne Baring y Jules CashfordEl mito de la diosa” Pág. 140).



Diosa serpiente minoica (loza, c. 1600 a.C. Cnosos). Diosa serpiente minoica (loza, c. 1600 a.C., altura 34 cm, Cnosos)



Kato Ierapetra (Creta, Diosa Serpiente del 4500 a.C.). Diosa minoica con serpientes (oro y marfil, c. 1600-1500 a.C., Cnosos)

a). La diosa de la doble hacha.

      Las imágenes dobles colocadas en un equilibrio preciso plasman la unidad en vez de la dualidad. El hacha doble es un símbolo muy antiguo: se encuentra en la cueva paleolítica de Niaux y en la cultura neolítica de Tell Halaf (Irak). El hacha doble sostenida por las manos de la diosa, como las serpientes, simboliza su dominio sobre las esferas relacionadas de la vida o la muerte, a la vez que la unión de los contrarios. El hacha nunca aparece en Creta sostenida por un hombre, ni por un sacerdote, lo que indica que no conlleva la asociación aria entre hacha y el dios del trueno y el grito de batalla.




Jarrón con hachas dobles (c 1400 a.C., Cnosos)



a. Diosa de doble hacha (c. 1500 a.C. Cnosos) b. Diosa con alas de mariposa (impresión de un sello c. 1800 a.C. Zacro. c. Diosa con alas de mariposa en forma de doble hacha (c. 1600 a.C. Mochlas)

      El hacha sagrada era el instrumento ritual que sacrificaba al toro, que simboliza el poder regenerador de la Diosa. El sacrifico del animal macho convertido en símbolo de la fertilidad renovaba el ciclo vital, igual que la tala del árbol que es una imagen de la Diosa.

      Gimbutas sugiere que los filos dobles del hacha se desarrollan a partir de la mariposa neolítica,  y que la doble hacha, en particular, imita de modo preciso las alas dobles de este insecto. La mariposa es aún en muchas tierras una imagen del alma, y en Grecia la misma palabra designaba a las dos: psyché. La mariposa y el hacha, según Gimbutas, son imágenes de la Diosa (Marija GimbutasDiosas y dioses de la vieja Europa” pp. 216-7).

      La cultura micénica heredará esta simbología. En el sello que observamos abajo se ve a la diosa de doble hacha junto al árbol de la vida. Se trata de una imagen de renacimiento después del sacrificio de la muerte, como también indica la colocación del brillante sol junto a la luna menguante.



Diosa de doble hacha junto al árbol de la vida (sello micénico, c. 1500 a.C.)

       “El punto central de este anillo sello es la doble hacha de la vida y la muerte, situado en el centro, que simultáneamente separa y une las escenas representadas a cada lado de sus filos. A la izquierda figura el aspecto sacrificial y mortífero de la diosa; la escena muestra seis cabezas de animal y, por encima de ellas una figura pequeña cubierta con el escudo de un guerrero micénico que sujeta un cetro o bastón y apunta a las cabezas cortadas. A la derecha, una escena que sirve de contrapunto: encarna el aspecto de la diosa que da la vida, y muestra un árbol frutal repleto, una morera, quizá, con la figura de un niño, o niña, joven aparentemente elevándose de la tierra a punto de coger su fruta.

      La diosa está sentada bajo el árbol de la vida; como en Mesopotamia y en Egipto, esto simboliza su poder nutricio en tanto que dadora de alimento, señalado por su mano izquierda que ofrece el pecho. Da la bienvenida a dos sacerdotisas que llevan tocados de serpientes similares al suyo, extendiendo hacia ellas con la mano tres cápsulas de amapola llenas de semillas, la fruta de la transformación. Bajo el brazo extendido de una de las sacerdotisas, y entre éstas y la diosa, una pequeña figura femenina parece haber surgido de la tierra; sujeta una diminuta hacha de filo doble en una mano y en la otra una rama en flor. Aparecen nuevos brotes de vegetación bajo ella. Podría tratarse de la hija de la diosa que emerge de la tierra como la nueva vida nacida a partir de la muerte, siguiendo el principio de renovación continua. La empuñadura del hacha grande de doble filo conduce directamente hacia esta hacha diminuta, poniendo en relación, tal vez, la vida cotidiana con la vida simbólica que todo lo abarca, y este renacimiento particular tras la muerte del invierno con el ciclo vital de regeneración. Campell comenta que esta pequeña figura representa el punto medio de equilibrio entre la pequeña figura descendente que lleva el escudo y la otra, también pequeña pero ascendente, que coge la fruta. En el hacha de doble filo de la vida y la muerte se concentra el significado fundamental de la escena, en la que las sacerdotisas se dirigen hacia la diosa desde el lado de la muerte, estando la diosa sentada en el lado de la vida, sanando esa división mediante su presencia. El tono alegre del cuadro indica que se trata de una imagen de renacimiento después del sacrificio de la muerte, como también podría insinuarse por la colocación del brillante sol junto a la luna menguante”. (Anne Baring y Jules CashfordEl mito de la diosa”. Págs. 142-144). 



Detalle del anterior sello micénico. La pequeña figura con escudo podría ser el macho consorte de la diosa.

       La imagen de la “hija” o diosa joven que surge de la tierra (mito de la primavera) se originó en Creta. Las diosas de estos sellos sostienen cápsulas de amapolas, es decir, adormideras, de las que se extrae el opio. En la figura que sigue vemos a Gea surgiendo de la tierra y ofreciendo al mundo superior al niño que simboliza la nueva vida de la vegetación nacida en el mundo inferior.



1. Diosa surgiendo de la tierra (sello en forma de cuenta deoro, c. 1500 a.C. Tisbe, Beocia). 2. “El nacimiento de Erictonio”. Gea, diosa de la tierra, saliendo de ésta con un niño (pintura sobre jarrón, c. siglo V a.C.)

      Este mito se convertirá en la Grecia clásica en la fábula de Perséfone, hija de Deméter (diosa del grano), que habita durante los meses de invierno en el inframundo y regresa en primavera y verano para estar con su madre. El mismo tema se encuentra en imágenes de Afrodita emergiendo de las olas, y en las imágenes de Gea (diosa de la tierra) elevándose desde el subsuelo.



Diosa o sacerdotisa sentada, sujetando en las manos gravillas de trigo o cebada roja (fresco micénico, siglo XIII a.C.). Deméter (Ceres), diosa de la cosecha, sujetando trigo en las manos (helénico, relieve de terracota, siglo III a.C. Magna Grecia).

      En los Misterios Eleusinos también había los ritos de descenso y ascenso –el cátodo y el ánodo- de una figura femenina. Dos imágenes del museo de  Heraklion, del 1800 a.C., muestran unas figuras femeninas que descienden arrancando un narciso y otra que asciende con narcisos.



Descenso de la diosa” (pintura micénica, c 1800 a.C. “Retorno de la diosa” (pintura micénica, c1800 a.C.)

      En los frescos de Akrotiri (Tera), aparece una mujer sentada en un campo florido, frente a un narciso, está herida en un pie y contempla la sangre derramándose en la tierra.

b). La diosa abeja

      Abejas y mariposas pertenecen a la imagen de la Gran Diosa de la regeneración. Una creencia prehistórica decía que las abejas habían salido del cadáver de un toro muerto. La abeja, el toro y la luna pertenecen al simbolismo de la renovación. Recordar la diosa con cornamenta de toro que tiene punteada sobre la cabeza una abeja (Cucuteni tardío, Ucrania –hoy Polonia- del 4000 a.C.) Esta figura muestra la asociación más antigua entre la abeja y el toro.




Escena de epifanía con la diosa abeja, sacerdotisas y niño en un campo de lirios (sello de anillo de oro, c 1450 a.C. Hallado en un sepulcro en Isopata, próximo a Cnosos)

      En Creta la abeja significa la vida que proviene de la muerte, como el escarabajo en Egipto. La miel se utilizaba para embalsamar y preservar los cuerpos de los muertos. La diosa abeja con dos perros alados lleva los cuernos de toro en la cabeza, con el hacha doble dentro de su curvatura. Los perros alados, posteriormente perros del inframundo, pertenecerán a Hécate y Ártemis.


Diosa abeja con perros alados (gema de ónice, c 1500 a.C. Cnosos). Diosa en forma de abeja (sello en forma de cuenta de esteatita amarilla, c. 2400-2200 a.C.). Diosa abeja (placa de oro, c. 800-700 a.C., Camiros, Rodas).



Abajo izquierda, representación de la cabeza de un toro (los ojos redondos y encima los cuernos mirando hacia adentro) del abrigo de Petracos (Castell de Castells). Arte macroesquemático. Los primeros agricultores llegados al interior de las montañas de la Marina, el 8.000 a.C., llevaban consigo el culto al toro. Foto: Gonçal Vicens

      El Año Nuevo se iniciaba en Creta a comienzos del solsticio de verano (24 de junio), cuando las temperaturas alcanzaban los máximos. El 20 o 21 de junio se alzaba por el horizonte la gran estrella Sirio en conjunción con el Sol (igual que en Sumer y Egipto, conocida como la estrella de la diosa: Innana en Sumer e Isis en Egipto) y los palacios templo de Creta estaban orientados hacia esta aparición, conocida como orto helíaco (el Sol y Sirio se levantan al mismo tiempo sobre el horizonte). La salida de Sirio daba fin a un ritual de cuarenta días a lo largo del cual se recogía miel de las colmenas en la oscuridad de las cuevas y de los bosques. Con la miel se fabricaba hidromiel o melíkratos, licor embriagador que se bebía en los ritos extáticos que celebraban el regreso de la hija de la Diosa, como comienzo del nuevo año.



La estrella Sirio, la hija de la Diosa, aparece sobre el horizonte

      Estos ritos son el origen de los mitos dionisiacos de la Grecia clásica, el propio Dionisio tiene su origen en Creta, donde se le conocía como el dios toro. Este animal se sacrificaba al salir la estrella Sirio y las abejas eran consideradas la forma resucitada del toro muerto y también las almas de los muertos (Carl KerényiDionisos: Archetypal Image of Indestructible Life). Para Kerényi este mito se convertiría en “zoé” (que significa fundamental), en la representación de “la vida indestructible”.

       Cuando hacía su aparición Sirio, también lo hacia el Canis Major, ambos en la constelación de Orión y, encima de ellos, la constelación de Taurus.  Según Ovidio en la Metamorfosis, la piel del toro se transformaba en un odre del que, merced  a un proceso relacionado con la putrefacción -en un caso entrañas corruptas y en otro orina-, surgían las abejas que fabricaron la miel base de la hidromiel. La explicación que ofrece Ovidio sobre el nombre del gigante Orión, es sin dua acertada: su padre Hirieo le puso el nombre de Urión (= Orión), por haber sido engendrado por el orín, ya que Urión es, según el poeta, un derivado de orueîn, verbo que significa en griego “orinar”. Hirieo es el héroe epónimo de Hiria, una localidad beocia, y el nombre de Hiria se relaciona con las abejas y con Creta, pues “hyron” era, según Hesiquio, una palabra con la que los cretenses designaban el enjambre de abejas y la colmena. Hiria significa “lugar de cría de las abejas” (Kerény p. 44). Todo esto viene a demostrar el origen cretense de los mitos dionisiacos. 



                                 Constelación de Orión. Arriba constelación de Taurus

      Se creía que el zumbido de la abeja era la “voz” de la diosa, el “sonido” de la creación. Las tumbas de Micenas tenían forma de colmenas, al igual que el onfalós de Delfos. Sien embargo, para Robert Graves el onfalós es una imagen anicónica de la Diosa madre, que proviene del montón de cenizas que mantenía vivo en su seno el fuego durante todo el año.



El ónfalos de Delfos, para algunos marcaba el centro del mundo y daba carácter sagrado al lugar. Museo de Delfos

e). La diosa del nudo sagrado

      Un nudo de tela, trigo o un mechón de pelo colgado a la entrada de los santuarios señalaba la presencia de la Diosa. También podían llevarse sujetos a la ropa cuando tenían lugar la ceremonia del salto sobre el toro.  



Nudo sagrado (c. 1500 a.C. Cnosos. Haz de juncos como “lazo” de Inanna (c. 3000 a.C. Sumer. Sacerdotisa minoica con nudo sagrado. “La parisiense”, fresco c. 1500 a.C. Cnosos.

      El nudo cretense es muy parecido al de la diosa Inanna (Sumer) y al “menat” (cinta del pelo) de las diosas egipcias Hathor e Isis. Cuando el nudo se dibujaba aislado, puede parecerse a menudo a una mariposa cuyas alas se hayan estilizado para representara la doble hacha. Es posible que fuese percibido como un símbolo doble, contuviese las ideas del nudo, la doble hacha y la mariposa, y que evocase además la figura de la propia diosa; las alas hacha se convierten en sus brazos y el nudo vertical en su cuerpo. En Egipto el símbolo de la vida eterna era el “ankh”. En ocasiones aparece como una figura humana que sostiene dos báculos en las manos.




a y b. Jarrones minoicos mostrando una figura con la doble hacha y el nudo sagrado, c. vasija egipcia con figura en forma de ankh, d y e. sellos minoicos mostrando nudos sagrados y f. nudo sagrado minoico similar al ankh egipcio.


f). La diosa de los animales.

      Seguramente proviene de la diosa de la caza en el Paleolítico. En la figura de abajo la vemos con el cetro en la mano; la diosa está de pie sobre su montaña (la montaña sagrada del mundo), a su espalda hay un gran santuario de cuernos de toro, apilados los unos encima de los otros. Dos leones se alzan a su lado como sus guardianas; su postura es parecida a la de los leones que flanquean la columna central de la puerta de Mecenas.



Diosa Artemis. Museo del Louvre. Hallada en Camiros c. 630-620 a.C.  Artemis, “diosa de los animales”, Camiros.




Diosa sobre montaña con leones y adorador (sello c. 1500 a.C., Cnosos). La puerta de Mecenas con leones flanqueando la columna central (c. 1500 a.C.)

      El joven adorador, al que reconoce la Diosa tendiéndole su báculo, parece hacer un gesto de saludarlo, o resguardar sus ojos para protegerse del carácter numinoso de su presencia. ¿Será éste, acaso, el origen ritual del saludo? Ver la Visión de la Medusa. Casi todas las diosas madres se caracterizan por su proximidad a los animales, que en el caso de Richella o de las “mujeres de fuera” se convierte en una naturaleza semianimal, revelada por las patas hirsutas, los cascos equinos, las patas de gato... Todos los pueblos primitivos le atribuyen un poder letal a la mirada de la divinidad, como a la Gorgona y Artemio, como una prueba de que ambas derivan de la “señora de los animales”, es decir, son la Diosa.

g). La diosa pájaro.

       Las diosas pájaro neolíticas pierden sus alas que se convierten en brazos alados y sus picudas cabezas en caras humanas. Estas diosas las heredó la Grecia clásica, con Atenea y su asociación a la lechuza. Atenea se manifiesta numerosas veces como pájaro, por ejemplo, en la Odisea. Recordemos también las sirenas y arpías.

      El pájaro desde el Paleolítico es el mensajero de la distancia vasta e incomprensible, es decir, del mundo invisible. Los minoicos lo tomaron para hacer de él la imagen suprema de la epifanía de lo sagrado. Las alas alzadas de la diosa pájaro se convertirán en el gesto de la epifanía. La diosa aparecerá con una corona de amapolas, flor que se cultivaba en grandes cantidades en Creta y que se utilizaba en los altares y templos de la Diosa para inducir la experiencia visionaria. La amapola o adormidera aparece más tarde en el culto a Deméter en Eleusis


Diosa sirena hallada en Cnosos. Diosa con corona de palomas y cuernos de toro (c. 1400-1200 a.C. cnosos). Diosa con corona de amapolas (c. 1400 a.C. Creta)




Diosa de Egipto hallada en El Ma´mariya. Otras diosas egipcias

     Anne Baring y Jules Cashford  sobre la epifanía de la diosa dicen “es posible que vislumbrasen (los cretenses) su forma en la luz clara y brillante de la primavera y del otoño, cuando de los valles surgían misteriosos reflejos que relucían en las colinas” (Pág. 155).

      El gesto simbólico de los brazos alzados se origina en el Paleolítico, se mantuvo durante el Neolítico y se prolonga hasta el Egipto de la Edad del Bronce, donde los brazos levantados son un jeroglífico para el Ka (alma mayor) que se reúne con el Ba (alma individual) tras la muerte, lo mismo que hace el hombre o mujer que vemos abajo.




Diosa pájaro como vasija (c. 1500 a.C. Tera). La diosa de Mirtos (2400-2200 a.C, Mirtos, Hieropetra)

      Los micénicos “veían” a sus diosas igual que la tradición cristiana “ha visto” a la virgen María: en lo alto de las montañas, en lo profundo de cuevas laberínticas, en un bosquecillo, navegando en su barca curvada o montada en un toro sobre las olas del mar. Los adoradores subían trabajosamente las empinadas laderas con sus ofrendas hasta sus santuarios en la cumbre de las montañas, buscándola en las cuevas o en bosquecillos de roble y olivo, en  fuentes y manantiales… Kerényi remarca la facultad visionaria de la naturaleza del hombre, que con el paso de los siglos ha ido haciéndose cada vez más rara.

      La naturaleza ritual de lo que podríamos llamar vida cotidiana puede observarse en el tipo de instrumentos sagrados que servían para las tareas sagradas de la vida. La utilización de las vasijas que representan a la diosa transforma el simple acto de echar agua en una ofrenda de leche del cuerpo nutricio de la diosa madre: agua transformada en agua de la vida.

h). La diosa de la regeneración

      El sello micénico hallado del 1500 a.C. (hallado en Pilos, Peloponeso) que representa el árbol de la vida eterna (“Sello de Néstor”) resume todas las imágenes de la gran diosa. El árbol divide el espacio en dos: una zona inferior (inframundo) y una superior (ultratumba). El sello parece reproducir un “juicio de almas” al estilo egipcio, al que es sometido una pareja. Evans dice que “vemos aquí, reunidos por el poder dador de vida de la diosa y simbolizado por crisálidad y mariposas, a una joven pareja a la que la muerte había separado” (Arthur EvansThe Palace of Minos” Vol. 3 pp. 145-6).




El árbol de la vida eterna del “sello de Néstor” micénico de oro (c. 1500 a.C.)

       Anne Baring y  Jules Cashford dicen de este sello:

      “El sello está estructurado por el nudoso y retorcido árbol de la vida, que brota de un montículo cubierto de brotes frescos en el centro, con sus dos ramas laterales que dividen la escena en el inframundo, en la parte inferior, y en la vida de ultratumba, en la parte superior. Acercándonos a la escena desde la parte inferior izquierda, una sacerdotisa con cabeza de pájaro intercepta un intruso; sus brazos alzados sugieren que allí transcurren ritos sagrados que no se pueden profanar por los no iniciados. Otra sacerdotisa con cabeza de pájaro hace señas a una joven pareja cogida de la mano para que se acerquen al otro lado del tronco del árbol. Mirando en la dirección opuesta, otras dos figuras con cabeza de pájaro rinden homenaje a un grifo, que está sentado en un trono ante la diosa, con el gesto de brazos alzados que denota una epifanía, mientras la diosa se mantiene alejada tras él. Su brazo derecho apunta hacia abajo, hacia el grifo y el izquierdo hacia arriba, hacia la escena superior, como si fuese ella al final la única que tiene el poder de trasladarse del inframundo a la vida de ultratumba.

      La escena que se desarrolla bajo las ramas principales recuerda a las salas del juicio egipcias, donde una procesión similar conduce a la persona muerta ante el dios Osiris. En la ceremonia egipcia, el dios Thot –que tiene la cabeza de un pájaro de pico largo, el ibis- anota el resultado del juicio, durante el que se ha pesado en una balanza el corazón de la persona y la pluma de la verdad, imagen de la diosa Maat. Aquí, y esto es interesante, los asistentes que se dirigen al friso sentado en el trono del juicio también poseen cabeza de pájaro. Tras el grifo está la diosa, al igual que suele situarse Isis tras Osiris, sentado.

      El perro en la raíz del árbol, muy parecido a un perro salchicha, recuerda, en primer lugar, al perro guardián neolítico de la vieja Europa custodiado  el árbol de la vida; también al chacal Anubis, que en Egipto guía las almas de los muertos, anticipando al perro Cerbero, que en la mitología griega pertenece a Hécate, diosa del inframundo. Dentro de las raíces del árbol hay unas formas oblongas diminutas que parecen brotes de plantas, imágenes de la nueva vida en preparación. Si, siguiendo el gesto de la diosa, asumimos que la pareja fallecida ha satisfecho el tribunal del juicio, representado por el grifo de aspecto de esfinge, la pareja entonces pasaría a la parte superior del sello, donde deben enfrentarse al impresionante poder de la diosa, simbolizado en el desproporcionadamente inmenso león. Descansa éste sobre una especie de plataforma sostenida por sendas figuras femeninas. En actitud de reposa y vigilancia, guarda los misterios de la diosa, como lo hacía en la cueva paleolítica  de Les Trois Frères. De la parte superior del árbol junto al león brotan ramas de hiedra, cuyo crecimiento en espiral y verdes hojas perennes son la imagen simbólica de la inmortalidad de la vida, anticipando “la rama dorada” de Virgilio (Envida, 6.)

      La pareja está ausente de la parte superior derecha de la escena, donde domina el león, mas reaparece felizmente junta al otro lado del tronco del árbol –como si el rito de paso ocurriese a través del cuerpo del león- y allí el gesto de epifanía de la mujer podría ser expresión de asombro y gozo ante su nuevo estado transformado, tan parecido al anterior. Sentada sobre una rama, que no apartada de ellos, como antes, se halla la diosa minoica y otra figura con la que parece estar sosteniendo una “animada conversación”, en palabras de Evans, mientras revolotean sobre su cabeza dos mariposas. Prosigue Evans:

      El significado simbólico de éstas, por lo demás, se resalta con la aparición, por encima de ellas, de dos pequeños objetos que muestran rastros de cabeza en el extremo y unas protuberancias con forma de gancho a un lado; bien podríamos reconocer en ellos a las dos crisálidas correspondientes. Situadas como están aquí en relación con sus formas de crisálida, es difícil explicarlas de otra manera que no sea como alusión al resurgir del espíritu humano tras la muerte.

      Difícilmente puede dudarse, además, de que hagan referencia a las dos figuras juveniles que aparecen al lado de ella en el anillo, y de que han de ser consideradas símbolos de su reanimación con vida nueva… Veamos aquí, reunidos por el poder dador de vida de la diosa y simbolizado por crisálida y mariposas, a una joven pareja a la que la muerte había separado” (La Diosa, págs. 156 a 158).

i). La diosa y el toro.

      Sobre los templos, tumbas y altares aparecen las figuras de toros en señal y promesa de la regeneración de la vida futura. El toro y sus cuernos son símbolos de la fuerza vital creativa de la Diosa, como vimos en la Vieja Europa y Çatal Hüyük, y aparecen a asociados con la Diosa y su luna creciente. En Çatal Hüyük la diosa daba a luz al toro, que es el “hijo” de la diosa. Plantas frescas brotan de los cuernos y crecen en los lomos de los toros. También en Egipto encontramos trigo brotando del cuerpo del dios Osiris (el dios toro). 



Cuernos de la consagración de Çatal Hÿük (7000 a.C), Vinca (5000 a.C.) y Cnosos (2000 .A.C.)



Cuerno de la consagración de Cnosos

      Dictina (de dictyon, que significa “red”) la diosa de la red, la diosa serpiente –como vemos en la figura de abajo-, primero fue una doncella (Britomartis, una ninfa cretense hija de Zeus y Carme. Compañera de Artemisa, vivía en Gortina hasta que Minos se enamoró de ella) perseguida por Minos durante nueve meses (el tiempo suficiente para gestar un niño), hasta que se tiró al mar y fue salvada por las redes de unos pescadores. Britomartis, la dulce virgen, recibía su culto en un templo cerca de Cidonia. También era adorada con el sobrenombre de Afea, en Egina, isla donde se desarrollaron las persecuciones de Minos durante algún tiempo. En otras regiones se llega a considerar su nombre como epíteto de Artemisa. Recordemos que Dicte es el monte donde nació Zeus, por lo tanto, esta semejanza no puede ser casual. La red como matriz hilandera del nacimiento, del destino y del tiempo se dibujó sobre los vasos neolíticos y se grabó en las paredes de las cuevas paleolíticas, y en esta historia se asocia de modo específico a la transformación de la doncella en madre.



Vemos que en el delantal de la falda hay una red (figura en loza del 1600 a.C. Cnosos)

j) Dos diosas y el niño.

      En la escultura micénica del 1300 a.C. vemos una escultura que representa a dos diosas y el niño. Podría ser la escultura más antigua de la diosa con su hija y el niño, que personifica la nueva vida del año o del grano.



Dos diosa y el niño (escultura en marfil, c. 1300 a.C. Mecenas)

      Campbell resalta el paralelismo existente entre esta escultura y la tríada sumeria de Inanna (la diosa de las grandes alturas), su hermana Ereshkiggal (diosa de las grandes profundidades) y Dumuzi, el dios muerto y resucitado que pertenece a ambas. Esta “divina familia” apareció ya en Çatal Hüyük y en el cristianismo dará lugar a Santa Ana (abuela) y su hija María con el niño Jesús.

k) El hijo amante de la diosa.

      En la Creta neolítica todavía no se ha encontrado ninguna imagen de un dios. Pero, en cambio, la Diosa presenta aspectos masculinos: cuernos en forma de luna creciente, de toro, carnero o  ciervo, todos animales machos.

      Gradualmente aparece una estatuilla masculina, un pequeño varón, en actitud de saludo, junto a la diosa. Existen muchas estatuas pequeñas de un joven varón, generalmente en actitud de saludo; es probable que se tratase de representaciones de un joven dios, porque se encontraron en tubas y cuevas junto con pequeñas estatuas de toros. En el Monte Dicte –lugar de nacimiento de Zeus- encajados en las estalactitas se encontraron un número asombroso de figuras de diosas y toros. Esto sugiere que la cueva era el útero de la Diosa madre, donde vino al mundo el “niño divino”. Siempre se trata de un dios infantil; según Gimbutas no hay prueba de la existencia de un dios adulto varón, excepto quizás un representación casi de tamaño natural de una figura desnuda, de pie entre los cuernos de la consagración.



Diosa madre y niño (escultura en terracota pintada, c. 1350 a.C. Mauro Spelio, próximo a Cnosos).

      En Creta el principio masculino, durante el III y II milenio a.C., continúa unido a los ritmos del año agrícola, involucrado en la muerte y el renacimiento anuales de la vegetación. No se aisló y elevó por la necesidad de autodefensa, como sucedió en otros países del Próximo Oriente. Este dios encarna la fuerza dinámica del crecimiento, que como los vegetales, debe morir cada año. De esta manera encarna la forma de vida que debe cambiar, mientras que la diosa permanece como el principio de la vida que nunca muere. Así Willets en “Cretan Cults and Festivals”  afirma que “el dios representa el elemento de discontinuidad, de crecimiento, descomposición y renovación en el ciclo vegetal, de la misma manera en que la diosa representa la continuidad. Al participar de la mortalidad de la semilla, es un dios que muere de forma anual” (Pág. 81).



Joven señor encima de la colina, hallado en Cnosos.

      En el “Cántaro de los cosechadores” la recolección es una tarea masculina, y los cosechadores llevan su trigo en procesión, celebrando un ritual de la siega del cereal en el que los primeros frutos de la cosecha se ofrecían a la Diosa.




El “Cántaro de los cosechadores” (c. 1500 a.C., Hagia Triada, Creta)

      Un sello micénico de 1500 a.C. representa una “Diosa sentada y joven dios” y es una plasmación exacta de la relación de la diosa con su hijo-amante, que será el tema de los mitos de la Edad del Bronce en Sumer y Egipto.



     En el anillo minoico de oro de abajo vemos un diminuto joven dios que sostiene un báculo y está descendiendo del cielo, delante de una columna que señala un santuario de donde crece el árbol de la vida. La diosa, a cuya espalda crecen plantas, le da la bienvenida, quizá como espíritu de la nueva vida que está regresando de los cielos, posiblemente en forma de lluvia.




Diosa, joven dios y sacerdotisa junto al árbol de la vida. Según un dibujo realizado por Lyn Constable. Maxwell, basándose en una fotografía de Evans “The Palace of Minos”, vol 1. p. 161 



     En el sello micénico que viene a continuación el joven dios está solo, tocando el árbol de la vida que crece en un santuario a su izquierda. Detrás del diosa hay un macho cabrio con cornamenta, de cuyo lomo crece un árbol similar, tal y como les ocurre a los toros en otros sellos, anticipando la imagen posterior griega de Heracles y el toro cretense.



Joven dios con árbol y macho cabrío del que brotan ramas (sello micénico, c. 1500 a.C.)



Heracles matando al toro cretense (pintura sobre jarrón griego, c. 350-510 a.C.). Teseo matando al Minotauro

      Las ciudades cretenses no estaban cercadas por murallas de defensa, y ninguna de sus creaciones artísticas celebra o representa la guerra o la violencia, excepto algunas. Protegidos por el mar, los minoicos no estuvieron expuestos a la eventualidad de ser atacados por todos los flancos por pueblos guerreros, como lo estuvieron sumerios y egipcios. Son los pueblos guerreros los que adoraban al principio masculino.




      La asociación del hijo-amante con el árbol, así como del ritual de la tala del árbol como muerte del hijo-amante  -del año, el vegetal o el sol- o “dios del año”, se encuentran también en los mitos sumerios y egipcios. Es necesario que el “dios” fecundador muera -renueve sus energías- para que la vida continúe.

l). La dama del laberinto

      Nos resulta familiar la forma del laberinto por los dibujos paleolíticos y neolíticos del meandro, que simboliza las aguas del subsuelo, igual que la serpiente, refiriéndose a la dimensión del otro mundo. Los pasajes laberínticos que permiten acercarse al santuario del interior de la cueva paleolítica también comparten este simbolismo.

      “Laberinto” deriva del vocablo “labrys”, es decir, el hacha de doble filo, refiriéndose a la “casa de la doble hacha” o templo de la Diosa. La Diosa era la “dama del laberinto” a quien se ofrecía un tarro de miel (néctar divino).



 Baile de la diosa y del joven dios junto al árbol de la vida, con mariposa y nudo sagrado (anillo micénico, c. 1450 a.C. De una tumba de tipo tolos, Vafio)

      La danza era un modo de comunicarse con la diosa por medio de gestos extáticos y rituales. Algunos sugieren que en los laberintos podrían haberse marcado líneas en el suelo para que los bailarines las siguiesen, y que sus movimientos trazaban los del sol y la luna al circular por la eclíptica. Otros dicen que el laberinto representa los obstáculos en el camino que conduce al “paraíso”.



Sello micénico, Cnosos. Sacerdotisas haciendo el gesto de epifanía ante el descenso de la Diosa.



Diosa, y jóvenes practicando una danza extática junto al árbol de la vida (sello micénico, c.1500 a.C.)



      Plutarco en “Vida de Teseo” narra como al llegar Teseo y Ariadna a Délos, los acompañantes de esta y ella misma, danzaron frente al dios Apolo, con movimientos circulares enrollando el hilo de Ariadna hacia el centro y vuelta hacia fuera: la dirección de la involución, de la muerte, seguida de la evolución y del nacimiento. Se llamaba “Danza de la Grulla” (también veremos una danza de la grulla china)  tal vez por las sinuosas vueltas del cuello de estos pájaros en sus rituales de apareamiento o por el hecho de que el retorno de las grullas anunciaba la primavera, aunque Carlo Ginzburg piensa  por su andar tambaleante –cojera- que se supone  es la manera en la que andan los que han visitado el más allá y han regresado, como los héroes griegos que presentan, casi todos, alguna imperfección física como consecuencia de haber visitado el inframundo y volver, que es lo mismo que morir y renacer. Veremos como estos mitos enlazan con la caza y muerte de los animales siguiendo ciertos ritos como el pedirles perdón por su muerte; con la obligación de efectuar un descuartizamiento perfecto, sin romperles ni un hueso para que puedan resucitar; el depositar los huesos del animal muerto envueltos en su piel… etc. 

      Esta danza se convirtió en el prototipo de los primeros bailes cristianos: el Minotauro se convirtió en el Satán del inframundo y Teseo en Cristo que lo vence para regresar luego a la vida, trayendo consigo la vida eterna para todos, como lo hacían en la prehistoria los chamanes.

La leyenda del Minotauro.

      Zeus vio a Europa cogiendo flores junto a la orilla del mar y se transformó en un toro que se fingió dormido en la arena. La princesa, sin sospechar nada, se montó sobre su lomo e inmediatamente el toro se zambulló en el mar y la llevó a través de las olas hasta Creta. Tuvieron un hijo que se llamó Minos y heredó el trono de Creta, pero tuvo una disputa con sus hermanos por el trono y pidió a Poseidón que le enviara un toro como señal de que el trono le correspondía a él, y después sería sacrificado; pero le envió un magnifico toro blanco y no pudo soportar separarse de él, sacrificando otro en su lugar. Esto enfureció a Poseidón quien, para vengarse, despertó una gran pasión en la reina por el toro. Entonces ella suplicó a su artesano Dédalo que le hiciese un modelo de vaca y se ocultó en ella, concibiendo del toro y pariendo a un hijo con cuerpo de hombre, pero con cabeza y rabo de toro (Minotauro). Dédalo construyó un laberinto para ocultarlo en las profundidades de la tierra.



Anfora ateniense del 500-450 a.C. Teseo mata al Minotauro. Teseo y el Minotauro en una ánfora ateniense del 550 a.C.

      El rey Minos venció a los atenienses, pidiéndoles como tributo anual siete doncellas y siete jóvenes para entregar al Minotauro. El hijo del rey de Atenas, Teseo, llegó en pago del tributo y dispuesto a matar al Minotauro. Ariadna, hija del rey Minos, se enamoró de él y lo ayudó dándole una madeja de hilo, el cual ató a un extremo de la entrada del laberinto y alcanzó su centro, matando al Minotauro, regresando a la superficie enrollando el hilo a lo largo de los tortuosos pasajes. Teseo huyó de Creta llevándose consigo a Ariadna, pero en su trayecto hacia Atenas, pararon en la isla de Naxos; mientras Ariadna dormía en la playa, Teseo la abandonó marchándose en su navío. Entonces Dionisio, el dios toro, la vio durmiendo y se enamoró de ella. Se casaron y tuvieron tres hijos.

      Todos los nombres femeninos de esta leyenda tienen connotaciones lunares, y los masculinos solares. La estructura de este relato es del cuento del héroe que vence a un monstruo y libera a su comunidad de un mal. Pero Anne Baring y Jules Cashford no lo ven así. Ellas ven la historia del “matrimonio sagrado”, la unión de la reina sacerdotisa y el rey sacerdote, llevando las máscaras con cuernos de la vaca y el toro respectivamente. El mito ilustra el modo en que la cultura griega aria adoptó y reinterpretó la cultura minoica de mil años atrás.

      Teseo es un héroe que desciende o viaja por un laberinto subterráneo y mata a un monstruo que le impide obtener su objetivo. El rey es la encarnación sagrada de la fuerza vital (como el toro) Al final de un ciclo de ocho años los poderes sagrados necesitan renovarse, lo que requiere el sacrifico del rey. Aquí es donde el toro suplanta al rey. Frazer nos dice que cada ocho años el sol y la luna van al mismo ritmo y, cada ocho años, solo una vez, coinciden la luna llena con el día más largo, o con el más corto (James FrazerLa rama dorada”). Esta conjunción del sol y la luna representan el matrimonio sagrado. Frazer dice que el monarca era sacrificado ritualmente para asegurar que no disminuyese la fertilidad humana, animal y vegetal con la debilitación de sus poderes. En un momento determinado, el toro sustituyó al rey y se sacrificó en su lugar. En el periodo minoico esta evolución trascendental de la conciencia humana ya había tenido lugar. Aunque es posible que no fuese uniforme en todo el Próximo Oriente.

      La matanza ritual de un toro por un sacerdote se efectuaba al mismo tiempo que se celebraba el matrimonio sagrado entre la reina sacerdotisa y el rey sacerdote de Cnosos, disfrazados con ropajes y máscaras de toro y vaca, al igual que en Egipto. Como producto de este hierosgamos de la reina sacerdotisa con el rey sacerdote, ella se transformaba en diosa y él en su hijo-amante y de su unión se regeneraba la tierra. Este matrimonio era imitación del que tenía lugar en los cielos, cuando el sol y la luna, después de un ciclo de ocho años, entraban en conjunción.




La diosa como saltadora del toro (criselefantina, c. 1600 a.C.). El matrimonio sagrado (¿Teseo y Ariadna?) pintura en una jarra c. 700 a.C. Karaklion.

      El toro se relacionaba con la luna a través de la forma de la luna creciente de sus cuernos, como forma masculina de la diosa lunar. Pero cada vez más, como un síntoma de independencia del poder masculino, el toro se relaciona con el poder vital del sol.

      Tras el matrimonio sagrado, el amante ha de ser sacrificado para renacer de la diosa como su hijo. En todo el Próximo Oriente este sacrifico se representa en el ritual de la matanza del toro, que garantiza la fertilidad en la tierra.

      Antes de la matanza del toro –al menos en Grecia- se invocaba el poder mágico del animal mediante los saltos que muchachos y muchachas daban por encima de su lomo. Se trataba de sacerdotes –los pintados de rojo- y sacerdotisas –blancas- pintados como en Egipto.



Saltadores de toro, hombre y mujer (fresco, c. 1500 a.C. Cnosos)

      Esta relación esencial entre los modos de ser masculino y femenino es el aspecto más fundamental de lo que se está analizando a través de las historia de diosas y dioses.

      Teseo deja atrás a Ariadna, la de la luna, en los brazos de la última encarnación del dios toro, y se aleja en su barco hacia la tierra de la libertad, sin saber que lleva el hilo lunar firmemente sujeto en su interior. Pues allí, en Atenas, encontrará a la diosa Atenea, la del escudo y la serpiente, a Artemis, la de los animales, y a Deméter, la del dorado trigo. Allí estará también Perséfone, la hija de Deméter, que sostiene las antorchas del inframundo. Afrodita cabalgando sobre su ganso y su cisne, y Hera, “la de ojos de vaca”, con su esposo, Zeus el toro. Y, finalmente, Gea, diosa de la tierra, que dio a luz a todos ellos.

      “Creta no ha dejado una visión única de la vida como celebración del hecho de estar vivo, y una imagen igual de la muerte, con lo que vida y muerte se experimentan como un todo sagrado. Es como si la vida viviese en un solo suspiro de gozo y asombro; donde, como en la infancia y en los momentos de epifanía, la naturaleza y el fundamento divino del ser forman una sola unidad. ¿Podría tratarse de una mera coincidencia el que las gentes de Creta viviesen durante miles de años en armonía con los ritmos de la naturaleza, experimentada como una gran diosa, y que también viviesen en paz? El mito de la diosa alcanza su culminación aquí, antes de su declive gradual en las culturas de la Edad del Bronce de Próximo Oriente y de su extinción casi completa en la Edad del Hierro. Pues Creta fue la heredera directa de la visión neolítica, que había persistido relativamente imperturbada sobre la tierra durante muchos milenios. Con el fin de la civilización minoica y micénica, se pierde una visión única del modo en que podía haber continuado evolucionando la consciencia humana. Parece claro que en la isla la naturaleza humana no era guerrera, pero, por otro lado, la defensa y el ataque se estaban convirtiendo en la norma en otras partes del mundo. Tribus nómadas que rendían culto a dioses tribales de la tormenta, del viento, del trueno y del fuego volcánico se abrieron camino por la vía del combate hasta las tierras de otros pueblos, sin sensibilidad alguna para con las armonías sutiles de la vida agrícola ni los rituales religiosos que destruyeron. En este momento el dios y su representante divino sobre la tierra, el rey guerrero, comienzan a ocupar el centro del escenario. No es de extrañar que, muchos siglos más tarde, la Grecia clásica mirase hacia atrás a Creta como a una perdida Edad de Oro, hallando en ella la inspiración de duss dioses y diosas” (Anne Baring y Jules CrashfordEl mito de la diosa”, pág 174)





1 comentario:

Rafael dijo...

Excelente artículo, muy completo y que me ha puesto en el camino...
Muchas gracias!

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