martes, 9 de diciembre de 2014

El eclipse del alma

El eclipse del alma


      En la introducción sobre el estudio del alma, Laura Bossi comienza denunciando “el eclipse del alma” en el mundo occidental. El ánima o alma había sido una noción  fundamental –según ella- en la historia del pensamiento filosófico, teológico y científico de Occidente, y también en su tradición artística y literaria, y que sin embargo comenzó a ser paulatinamente abandonada y olvidada a partir del siglo XIX, coincidiendo con el proceso de secularización de las costumbres, el desarrollo de las ciencias biomédicas y la irrupción de la teoría darwinista de la evolución.


La autora es una neuróloga milanesa residente en París, que ha realizado importantes estudios científicos sobre la epilepsia y las enfermedades neurodegenerativas.

     En su estudio pretende conseguir tres objetivos diferentes.
Primer objetivo
       La autora trata de mostrar que este olvido del alma (la psyché de los griegos, el ánima de los romanos), que estaba profundamente ligado a los conceptos de cuerpo, organismo, animal, vida, muerte, cerebro, mente, conciencia, persona, etc. nos impide comprender adecuadamente su significado en la actualidad. Aparentemente, los científicos han reemplazado a los filósofos y a los teólogos, pero en las controversias científicas reaparecen los viejos debates entre materialistas y espiritualistas, monistas y dualistas, defensores de un alma mortal o inmortal, única o compuesta de diversas facultades, localizada en un nidus anatomicus concreto (generalmente, el cerebro) o dispersa por todo el organismo y escalonada en varios niveles (vegetativo, sensitivo y racional).


Palomas bebiendo. Mosaico del siglo V.  Ravena, Mausoleo de Galla Placidia. En la iconografía paleocristiana la paloma representa el alma y la fuente o crátera en la que bebe a Jesucristo.

Segundo objetivo
     Persigue reconstruir la historia “natural” y “cultural” del concepto de alma, indagando en sus bases biológicas y en su representación en las artes, literatura, ciencia, teología y filosofía occidentales.
     Esta parte es la que despierta mi máximo interés y, apoyándome en ella, pretendo en sucesivas entregas hacer un estudio de la evolución iconográfica del concepto “alma”.
    La autora demuestra tener una gran erudición, siendo conocedora de una enorme bibliografía relacionada con su estudio. Además, explica con gran claridad las ideas de los científicos y filósofos más importantes, manteniendo un mesurado tono descriptivo.


Los Wandjina son los antepasados espirituales supremos de los pueblos indígenas de la región de Kimberley (Australia).
Tercer objetivo
     Laura Bossi, en la conclusión de su obra pretende “repensar el alma” como medio eficaz para la defensa de ser humano frente a los materialismos que lo deshumaniza, según ella.
      Esta parte resulta problemática, porque sus conclusiones son las mismas que defiende la religión cristiana: la concepción de un alma creada por Dios, hecha a su semejanza, divina e inmortal, capaz de transfigurarse en un alma incorpórea, resucitada e imperecedera.


     El Vaticano sostiene que el embrión posee una identidad individual propia desde el momento de su concepción. Es a través de la fecundación que se inicia la vida individual -y, por tanto, personal- de cada uno de nosotros.  Desde el momento en el cual el óvulo es fecundado, inicia una vida que no es la del padre o de la madre, sino de un nuevo ser humano que se desarrolla por su propia cuenta. Eso quiere decir que no se volverá humano, sino que es un ser humano desde este momento.
     El embrión es ya un ser singular, actúa como individuo distinto de la madre, con una individualidad somática precisa. Es decir, nos encontramos de frente a una entidad biológica que tiene una “individualidad” precisa en el cuerpo (soma): el embrión muestra su individualidad, y puede ser demostrado por un análisis citogenético.


¿Vida artificial?

     Como ya habíamos adelantado, el último capítulo se ocupa de la muerte y defiende la idea de la inmortalidad del alma individual. Discute las tesis, actualmente vigente, que afirma que el individuo es un mero instrumento al servicio de la reproducción de la especie (expuesta por Schopenhauer y desarrolladas por los darwinistas); también el encefalocentrismo (2) en la concepción actual del ser humano, que identifica el alma con la actividad neuronal del cerebro y reduce el resto del cuerpo a un conjunto de órganos cosificados y manipulables, prescindiendo así de la vieja noción tripartita del alma (vegetativa, sensitiva y racional); y, por último, la doctrina médica y jurídica sobre la muerte cerebral, que se ha impuesto en las últimas décadas para facilitar el trasplante de órganos.



     Sobre la Psicología dice que se ha pasado al bando del funcionalismo y defiende una teoría insostenible que afirma que el alma “pensante” funciona como un ordenador: el cerebro sería un hardware especializado y el alma pensante (mente), un software. Según esta réplica moderna del hombre-máquina de La Mettrie, los fenómenos mentales serían de naturaleza “computacional” y estarían basados en “instrucciones” (Instruccionismo). Dice Laura Bossi: “Nos hemos quedado en el clásico debate del siglo XVIII sobre el reloj y el relojero. Aunque ahora es el ser humano quien se cree el Gran Relojero”. Con estas palabras se refiere, entre otros, a los experimentos que hacen gente como el Premio Nobel Gerald Edelman, un moderno constructor de autómatas “animados” que pretende construir robots capaces de aprender.


Darwin XI (obra de Gerald Edelman ) aprendió a navegar por un laberinto y desarrolló respuestas en su hipocampo (3) simulado que son similares a los observados en ratas. Fuente: Brain-Based Devices

NOTAS

(2) Aunque el papiro egipcio del siglo XII a.C (papiro de Edwin Smith, redactado en torno al 3000 a. C.), menciona por primera vez al “cerebro” y afirma que las lesiones de este órgano tienen consecuencias físicas, en los ambiente médicos del antiguo Egipto y en Grecia estaba muy difundida la idea de que en el corazón residían las actividades psíquicas del hombre. Esta era la denominada tesis cardiocéntrica. Sin embargo, a partir del siglo VI a.C se impuso entre los médicos la tesis encefalocéntrica, siendo uno de sus primeros defensores Alcmeón de Crotona, quien sostuvo que los trastornos mentales provenían de las enfermedades del cerebro. Pitágoras, Demócrito y Platón siguieron esta tesis. Empédocles y Aristóteles (sostenía que el cerebro era un refrigerador) regresaron a la tesis cardiocéntrica, pero a partir de Hipócrates se impuso claramente el encefalocentrismo, defendido por Herófilo de Calcedonia (siglo III a.C con sus disecciones de condenados a muerte) y su discípulo Erasístrato de Ceo. El lugar del alma por excelencia sigue siendo, desde hace dos milenios, el cerebro, la ciudadela del pensamiento. Plinio el Viejo ya definía el cerebro como el “pináculo”, la “sede del gobierno del espíritu”, el “regulador del entendimiento”, la “ciudadela de los sentidos”.

(3) El hipocampo en los mamíferos desempeña principalmente funciones importantes en la memoria y el manejo del espacio. Los estudios sobre su función en humanos son escasos, pero se ha investigado ampliamente en roedores como parte del sistema cerebral responsable de la memoria espacial y la navegación. 


Historia natural del alma
(Basada en la obra de L. Bossi y la historia del pensamiento de Arthur O. Lovejoy)

1. ¿Que es el alma?


2. El alma en la Antigüedad


3. El alma de los animales


4. El racionalismo y el hombre máquina

5. El Idealismo


6. Transformismo: la escala en movimiento



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