lunes, 12 de noviembre de 2012

Otra iconografía neolítica de la Diosa


      A. La Diosa pez.

      El niño vive en el agua antes de nacer. En el mundo encantado de los cuentos de hadas, los peces hablan con los humanos y les traen grandes riquezas, como en el cuento de los hermanos Grimm El pescador y su mujer, El pescador y el pez de oro de Alekandr Nikoalevich Afanasiev o la rondalla de Enric ValorLa mare dels peixos.



El pescador y el pez de oro de Alekandr Nikoalevich Afanasiev



Enric ValorLa mare dels peixos”. Ilustración de John Kevin Suárez. Fot: Quart Pou



Diosa-pez de la cultura Lepenski Vir (Yugoslavia) de 6000-5800 a.C. Lepenski, cultura Vir, Iron Gates Danubio, Yugoslavia, 6000 a.C.

      En el mito caldeo el dios pez Oannes es la fertilidad que surge del mar para dar a conocer a los humanos las artes de la civilización. Mitad pez mitad humano, existió en las culturas sumeria, caldea y babilonia. Hizo su aparición en el golfo Pérsico, y solía hablar con los hombres y enseñarles buenos modales, letras, matemáticas, arquitectura, etc. Un pez se tragó el falo del desmembrado dios egipcio Osiris, devolviendo el impulso de la regeneración a las profundidades de las aguas. También los hijos de Cronos mutilaron el falo de su padre y lo lanzaron al mar, saliendo espuma del miembro mutilado, el equivalente al esperma que fertilizó las aguas.



Oannes representado en un cilindro asirio

      El pez, en griego “iktys”, es el símbolo cristiano de Cristo (Iesus Khristos Theu Yos Soter: Jesús Cristo, Hijo de Dios, Salvador)). Más adelante a Cristo se le representa sentado sobre el óvalo en forma de pez que es tanto el huevo como la matriz, labrado en los pórticos de las catedrales románicas y góticas (¿La orla, mandarla, pantocrátor?).




      El “rey pescador” herido de las leyendas posteriores del Grial pertenece a estos rituales de la regeneración cuyos orígenes pueden estar en el Neolítico. El Rey Pescador, Rey Tullido o Rey Herido, es un personaje que aparece en las leyendas artúricas, como el último de una estirpe de protectores del Santo Grial



Curiosa coincidencia entre la mitra del dios pez Oannes (Nimrod) y la del Papa de la Iglesia Romana.

        En la mitología babilónica existe una trilogía encabezada por Nimrod (el pescado), su hijo Tamuz (que murió para salvar a la humanidad) y su "madre” Semiramis (la paloma), la cual dio origen a la Trinidad del cristianismo Padre, Hijo y Espíritu Santo.

       Semiramis era adorada como la Reina del Cielo y Tammuz / Nimrod  era su hijo y su amante. Esta relación incestuosa era la base  de un culto a la fertilidad que se extendía por todo el mundo mediterráneo y el Oriente Próximo. En Grecia, Tamuz (Nimrod) es conocido como Eros, el hijo y amante de su madre, Afrodita. 

      La misma historia básica sobre un personaje nacido el 25 de diciembre, el cual murió para salvar a la humanidad etc., se contaba por todas partes miles de años antes del cristianismo, refiriéndose a las hazañas de los dioses del sol en muchas culturas y diferentes, incluyendo Roma (Mithra) y Babilonia (Tammuz - el "hijo del Sol Dios '). Los halos de los santos católicos se inspiran en la forma en que los antiguos retrataban a sus dioses del sol con halos para simbolizar los rayos que de él emanaban.

    Regresando al temas que nos ocupa, encontramos a la diosa Derceto, (Derketo o Dércetis, según qué autores se consulten) una diosa dea mitología asiria, a la que representaban en forma de pez con cabeza, brazos y pecho de mujer. Estaba casada con el dios Hadad. Su hija fue Semíramis, de la que acabamos de hablar. La diosa Derceto a veces era confundida con Dagón (Oannes), que igualmente aparecía en las iconografías como semipez, aunque su parte humana, en este caso, era masculina. Que sepamos, sólo esta diosa y Eurínome fueron representadas por los griegos, entre las diosas femeninas, con la misma constitución anfibia.



Derceto. Ilustración para la obra de Athanasius Kircher Œdipus Ægyptiacus. Fuente: Wikipedia.



En el reverso de una moneda de Demetrio III Eucarios, un cuerpo de pez de una Atargatis velada, flanqueada por tallos de cebada, mantiene una flor.

      Atargatis o Ataratheh fue una deidad siria, conocida por los antiguos griegos por elnombre Afrodita Derceto y por los romanos como Dea Syriae ("Diosa de Siria"), ocasionalmente prestados en una palabra Deasura. En primer lugar era una diosa de la fertilidad y protectora del bienestar de la ciudad y la gente. Su santuario principal estaba en Hierápolis, en Pamukkale (Turquía) a veces situada en Manbij, al noreste de Alepo, Siria. Actualmente es conocida como la diosa sirena. Su consorte es generalmente Hadad. Como Ataratheh, las palomas y peces eran considerados sagrados por ella: la paloma como símbolo de la diosa del amor, y el pez como símbolo de la fertilidad y la vida de las aguas.  Según una fuente siria del siglo III: "En Siria y en Urhâi [Edesa] los hombres solían castrar a sí mismos en honor de Ataratheh (como hacían los sacerdotes de Cibeles). Pero cuando el rey Abgar se convirtió en creyente, ordenó que a todo el que se castrase a sí mismo, se le debería cortar la mano al mismo tiempo. Desde ese día hasta el presente nadie en Urhâi se castra a sí mismo más". [Walter Bauer, Robert A. Kraft y Krodel Gerhard (1996) La ortodoxia y la herejía en el cristianismo primitivo. Sigler Press. p. 5]

       El símbolo del pez cuya palabra en griego “Ichthus” (ΙΧΘΥΣ) representaba supuestamente las siglas en clave de Jesucristo: “Iesous Cristós Theou Uios Soter” es un símbolo importado de otras religiones ancestrales. 



En una saga medieval rusa (bylina) el héroe Sadkó visita el Reino Subacuático y a su diosa, pintura de Iliá Repin, 1876.

      Según Bárbara G. Walke, escritora feminista que escribió obras sobre mitología, en “Diccionario de Símbolos y Objetos Sagrados de la Mujer” dice que Ichthys era el hijo de la diosa Atargatis (diosa del mar) conocida en distintas mitologías como Tirgata, Afrodita, Pelagia o Delphina. La palabra también significó “útero” y “delfín. La diosa Afrodita Salacia fue adorada por sus seguidores en su sagrado día, el viernes, en el que comían pescado y participaban en orgías. Siglos más tarde la iglesia cristiana absorbió esta tradición al exigir a los fieles a comer pescado el viernes. “Pez” y “Útero” fueron términos sinónimos en el griego antiguo. El símbolo del pez ya era conocido como “la Gran Madre”, como un signo oval puntiagudo, el “Vesica Piscis” o Vaso del Pez.

     La vesica piscis (vejiga de pez en latín) es un símbolo hecho con dos círculos del mismo radio que se intersecan de manera que el centro de cada círculo está en la circunferencia del otro. Esta forma se denomina también mandorla (que significa "almendra" en italiano). Era un símbolo conocido en las antiguas civilizaciones de Mesopotamia, África y Asia.



La vesica piscis crea la mandorla de la catedral de Chartres



Jesús dentro de una forma de vesica piscis en un manuscrito medieval iluminado.




      En diversos periodos de la historia ha sido tema de especulaciones místicas; probablemente los primeros fueron los Pitagóricos, que la consideraban una figura sagrada. La razón matemática de su anchura (medida por los puntos extremos del "cuerpo", sin incluir la "cola") por su altura fue aproximada por el cociente 265:153. Esta razón, que da 1,73203, se consideró un número sagrado llamado la medida del pez. Exactamente, la razón geométrica de estas dimensiones es la raíz cuadrada de 3, o 1,73205... (si se traza la línea recta que une los centros de ambos círculos, junto con los dos puntos donde los círculos se intersecan, se obtienen dos triángulos equiláteros unidos por un lado). El cociente 265:153 es una aproximación a la raíz cuadrada de 3, y tiene la propiedad de que no se puede obtener ninguna aproximación mejor con números más pequeños. El número 153 aparece en el Evangelio de Juan (21:11) como el número de peces que Jesús hizo que se capturaran en la milagrosa captura de los peces, lo que algunos consideran como una referencia cifrada de las creencias pitagóricas.

      Ya hemos hablado de la deidad Pez babilónica Ea, que llegó a ser conocido entre los griegos como Oannes, similar a la del pez-deidad de los filisteos, Dagon, mitad hombre y mitad pez. El símbolo del par de peces forma parte del zodiaco de los caldeos (Babilonia), como uno de los signos de culto astral al Sol en el centro del zodíaco. Existe una representación de la diosa de Efeso que se cubre la región genital con un amuleto en forma de pez, así como la leyenda del pez que se tragó el pene de Osiris, y que fue considerado símbolo de la vulva de Isis.

      El culto al Pez en la cuenca del Danubio en 6000 a.C. fue investigado por Eleanor Gaddon  (The Once and Future Goddess: A Symbol for Our Time, From Blood to Fire: The Changing Culture of the Village Goddesses of Orissa), encontrándose cofres decorados con una deidad pisciforme. Incorpora formas de huevo, pez y mujer identificadas con una deidad femenina creadora. La Diosa fue representada con pechos colgantes, grandes nalgas y un destacado orificio vaginal. Otro ejemplo lo tenemos en Diana de los Efesios que se representa con el símbolo de pesca que abarca sus genitales, y tenemos las famosas estatuas de piedra femeninas llamadas ‘Sheela-na-gigs’ que alguna vez fueron comunes en Irlanda. 




       El área al oeste del Mar Negro, ahora conocida como Rumania, tiene alrededor de 3000 fuentes termales naturales. Y más hacia el oeste, a lo largo del Danubio, en la tierra que hoy llamamos Hungría hay otras mil fuentes termales naturales. Aquí, en este verdadero jardín del Edén, hace más de 7.000 años atrás se desarrollaron las culturas más inteligentes del mundo antiguo: la Cucuteni, Lengyel, Karanova, Tisza, Vinca y otras. En sus altares encontramos imágenes de vulvas.



La piedra vulva de la izquierda se encuentra en un altar en Lepenski Vir donde permanecido por 8000 años esperando que la descubrieramos. La imagen de la derecha, la diosa de la Lepenski Vir (6000-4560 a.C.) se encuentra en el mismo altar. Lepenski Vir es un sitio arqueológico ubicado a orillas del río Danubio en Yugoslavia. El corazón de su devoción era la matriz del universo.   


      Observa lo mucho que la Diosa de la Lepenski Vir se asemeja a la de Sheila-na-gig de Irlanda. Aunque han transcurrido muchos milenios entre la creación de estas dos imágenes.

      El hinduismo es una religión con mil años más de antigüedad que el cristianismo, y uno de sus símbolos es un pez. Un pez -Matsyavatar- apareció como un avatar (encarnación o manifestación física corporal) de Vishnu para salvar a la humanidad de la Gran Inundación. El nombre sánscrito para los peces es Matsya y por lo general se muestra con cuatro brazos y una cola de pescado. 



Matsyavatar, fotografía escaneada del libro Indian Myths & Legends (mitos y leyendas indios), ISBN 1-84186-105-7.

       Hasta aquí hemos hecho un resumen de los cultos paganos hacia el símbolo del pez, que el cristianismo importó como otros muchos mitos o creencias paganas. Hoy en día muchos cristianos desean justificar esa simbología arcaica amparándose en el mero hecho de que Jesucristo se define como un pescador de almas. Sin embargo, la adoración o veneración de la iconografía de los peces está clara y rotundamente prohibida en Deuteronomio 4:15-19. Todas las religiones antiguas han tenido el símbolo de pez como representación de la Diosa Madre.

     B. La Diosa de la vegetación (también de los cereales).

      En las mitologías antiguas es frecuenta la encarnación de la Diosa en una forma mortal o semimortal que origina la flora y la fauna terrestre. Habitualmente esta encarnación -avatar de la Diosa- muere a raíz de una traición o de un equívoco, pero en lugar de vengarse, la Diosa transforma su cadáver en alimento para los hombres. Esta imagen surge en el Neolítico, época en la que nace una Diosa guardiana de la siembra y de la cosecha. Como la luna, toda planta, salvaje o cultivada, nace, muere y se regenera en un nuevo ciclo.

     Las diosas de la vegetación tienen el vientre abombado y dibujado un rombo en forma de diamante que hace pensar en un campo, a veces éste se divide en cuatro “campos” con agujeros a modo de semillas.



Diosa cerda egipcia, precursora de Isis (c. 3000 a.C.) Diosa de la vegetación Kolekovats, Bulgaria, c. 5000 a.C. Cucuteni civilizacion, NE Romania, 3500 a.C




Diosa de la vegetación con cabeza de cerda hallada en Rast (cerca del Danubio y de la Vinca Cultura), en el oeste de Rumania, c. 5200 a.C.  Diosa de Gladnioe, cerca de Pristina, Yugoslavia, 6000 a.C.




Esta máscara de cerdo arcilla fue utilizada en los rituales de la diosa de la fertilidad. (Macedonia alrededor del año 2000 aC). La diosa de la fertilidad Baubo

       Otro de los símbolos de la diosa de la vegetación es el cerdo, una imagen de la fertilidad por su capacidad de reproducción; además, parece arar la tierra con su hocico. Pero la muerte también se la imaginaban en forma de cerdo. Vida y muerte forman un ciclo: de la cosecha que se marchita surge una semilla que al caer en tierra da origen a una nueva vida. En muchos países el jabalí trae la muerte: en Babilonia a Tammuz (amante de Istar) le mata un jabalí; lo mismo que le ocurre a Atis en Anatolia. En Egipto, después que Set matara a su hermano Osiris, el jabalí descubre su cuerpo, en una noche de luna llena, en las marismas y lo desmembró. En Grecia, Adonis (amante de Afrodita) fue corneado y muerto por un jabalí. En Grecia, en el festival de la cosecha de Tesmoforias, se arrojaban cerdos a fosas profundas y se desenterraban los restos de los cerdos ofrecidos en los sacrificios del año anterior. En los misterios eleusinos se ahogaban lechones en el mar, en representación de la vida vieja que tenía que morir para que el iniciado pudiese renacer.




La Diosa del Cielo egipcia, Nut

      Uno de los mitos más extendidos es el de la Diosa madre y su hijo amante, que anualmente renuncia a su hijo o hija, para garantizar unas buenas cosechas. El descenso a los infiernos de sus hijos-amantes simboliza al grano sembrado bajo tierra, de donde será rescatado por su madre en primavera, renaciendo y produciendo grandes cosechas de cereales. Estos relatos también están relacionados con los que narran el origen de plantas importantes (el trigo, el maíz, el coco…), como brotes de  las cenizas, la sangre o las extremidades de los hijos-amantes muertos. Los diversos elementos de estos temas presentan semejanzas debidas a los vínculos históricos existentes entre ellos, conexiones surgidas en épocas prehistóricas. También de la muerte de la Diosa suele devenir la aparición de animales comestibles. Veamos dos ejemplos:

      Relato polinesio del origen del coco.- El amante de la gran diosa Hina fue muerto por los seres humanos que lo vieron con el aspecto de su alter ego, la serpiente. La desconsolada divinidad no castigó a los asesinos y optó por plantar la cabeza de su amante, que se convirtió en el cocotero que proporcionó alimento a los hombres (pulpa y leche) así como cuerda y fibra.   La gran diosa polinesia Hina parió divinidades que representaban los diversos fenómenos naturales, como la luna, el mar, la muerte… Hina –una inmensa bruja durmiente- es la encarnación de la Tierra.



Hina-puku'ai es la diosa hawaiana de las plantas alimenticias.

      Leyenda indonesia (Ceram occidental) de la diosa Hainuwele.-  Esta joven diosa salió de un cocotero mágico y fue adoptada por un hombre llamado Ameta. Uno de los atributos de esta joven consistía en que sus excrementos se metamorfoseaban en objetos fabulosos como porcelanas, gongos y joyas. Esto despertó la envidia de las jóvenes quienes mataron a la diosa y escondieron su cadáver. Sin embargo, Ameta encontró a Hainuwele y pidió ayuda de la virginal Satene,  quien enfurecida por el asesinato, decidió apartarse del mundo. Antes de partir estipuló que todos los humanos vivos debían atravesar una puerta en espiral para llegar a su lado. Los que lo lograron fundaron las tribus y los que fracasaron se transformaron en ciervos, cerdos, aves o peces, animales que hasta entonces no habían existido. Los restos enterrados de Hainuwele produjeron plantas tuberosas como los ñames y los taros, que se convirtieron en la dieta básica de la población local.



La diosa Hainuwele. Fotografiada en Cambodian Apsara

      Este mito presenta un sorprendente parecido con el relato javanés y balinés de Dewi o Dewi Sri, la diosa del arroz, que salió de una joya trasladada a la superficie de la tierra por Antaboga, la serpiente de los infiernos.



La diosa del arroz Dewi Sri

      Otras veces las diosas muertas se transforman en plantas tóxicas. Son la imagen contrapuesta de la diosa nutritiva y son malas, porque no acatan las normas patriarcales. Constituyen un ejemplo más del deterioro de la imagen de la diosa, consistente en asociarlas con las cosas malas de este mundo Veamos lo que le ocurre a la diosa navaja:

      La diosa navaja Doncella Osa cambiante.- No quiso ser criada de sus doce hermanos y se marchó con el dios timador Coyote para vivir una apasionada relación amorosa. Entonces se convirtió en paradigma de la perversidad femenina. Coyote fue asesinado por los doce hermanos de Doncella Osa  cambiante y ésta apeló a los poderes mágicos que le había dado coyote y convirtió cada uno de sus miembros en un oso, transformó sus dientes es espinas, persiguió a sus hermanos y mató a once, pero el duodécimo logró escapar y acabó matándola. Al morir la diosa, su vagina se trocó en un puercoespín (aunque otras tradiciones dicen que el fruto de la yuca), sus pechos se transformaron en piñones, su lengua en cactos y sus entrañas en serpiente o hierbas venenosas.





Navajo Changing Woman

      C. Diosa de la tierra.

      La Diosa es encarnada por montes y montañas, volcanes, ríos, desiertos y otros accidentes geológicos. Modificando sus partes anatómicas forma los elementos geológicos y los cósmicos. Sin embargo, el modo más sencillo en que una diosa madre produce los elementos, los dioses, los humanos, los animales y los vegetales consiste en parirlos. También la mitología griega nos habla de la Tierra como creadora del mundo.

      La diosa tibetana Klu-Rgyal-Mo (la “reina que puso orden en el mundo visible”), produjo el cielo a partir de su coronilla; la tierra salió de su carne, las montañas de sus huesos, los mares y océanos de su sangre y los ríos de sus venas. Sus ojos originaron la luz y cuatro planetas, mientras que su dentadura superior formó la luna. El trueno, el relámpago  y las nubes surgieron de su voz, su lengua y sus lágrimas; el granizo y los vientos salieron de sus fosas nasales y de la grasa de la lengua.

      La diosa india Aditi, cuyo nombre significa “el espacio ilimitado”, se acuclilló y parió siete hijos: el cielo y la luz (Indra), el sol (Surya), Agni (el fuego)…etc. En mitologías posteriores se dijo que dio a luz a doce hijos, cada uno de los cuales representaba un mes del año.



La diosa india Aditi

       Según la Teogonía (s. VIII a.C.) de Hesíodo, Gea (la tierra) encerró en el interior de su cuerpo a Caos –la fuente creadora- y al Gran vacío (el equivalente primigenio del Hades). Entonces inició la creación del mundo, creando sus propios límites con las forma de sus hijos: el cielo (Urano), el mar (Ponto) y las montañas. Luego decidió que el cielo, eternamente extendido sobre su cabeza, se convirtiera en su primer amante y dio a luz las primeras divinidades, abandonando la partenogénesis: seis Titanes y seis Titánides; tres Cíclopes y tres monstruos de cien brazos (los Hecatonquiros). Urano quedó tan espantado con estos seres que volvió a introducirlos o esconderlos en lo más profundo de la Tierra. Urano no les dejaba salir del vientre de Gea, por lo que la diosa crea entonces el metal y con él fabrica una hoz, que entrega a su hijo pequeño Crono para que libere a sus hermanos. Crono corta los testículos de su padre (Urano), cayendo gotas de sangre sobre la tierra de las que nacerán las Erinias y las Ninfas de los árboles. Crono arrojó al mar la hoz (que dio origen a la isla de Corfú) y los testículos de Urano, donde produjeron una espuma de la que nació Afrodita



Gea. La unión de la tierra y el agua, de Rubens

      Este fue el primer acto de violencia de la mitología griega que desencadenó una serie de luchas y revanchas entre los dioses, donde prevalecía le ley de la venganza. Este sistema, para los griegos, era el garante del orden cósmico y social. La batalla mítica entre los olímpicos, defensores del orden y de la ley, y los hijos de Gea, representantes del caos, la anarquía y la fuerza bruta, es necesaria para que surja la creación y se mantenga. La diosa controla y defiende esta batalla de renovación, el cambio constante que conlleva la necesidad de la muerte para que surja la renovación y prospere la vida. Casi todas las mitologías explican la necesidad de la muerte y justifican la incoherencia o la falta de clemencia de los fenómenos naturales como necesarios para que exista un orden cósmico.

      Sin embargo, con el paso del tiempo fueron desapareciendo muchos mitos acerca de las encarnaciones terrenales de la Diosa. La celta Danu sólo aparece como madre de deidades irlandesas y galesas, aunque su nombre está presente en el Danubio, en los montes Dane y en otros accidente geográficos europeos.



La diosa Danu o Dana

      Como vimos al hablar de las pinturas rupestres, los accidentes geológicos más relacionados con las diosas son las cuevas o cavernas, simbólicamente vinculadas a las vulvas, y los montes y montañas, que suelen considerarse vientres de embarazadas o pechos rebosantes y nutritivos. Según sostiene Michael Dames en The Silbury Treasure (1976), a diferencia de lo que se pensaba hasta ahora, el montículo de Silbury Hill, en Wiltshire, construido hacia el 2600 a.C., no es un tumba de un jefe de un clan, sino el modelo en tierra de la figura de una diosa tumbada boca arriba mientras da a luz. En Japón, la secta sintoísta de los fuyiko considera que el monte Fuji Yama, la montaña sagrada madre de Japón, es un ser vivo que posee un alma inmortal.




       Los mitos de la antigua sumeria sostenían que Mashu (la montaña del fin del mundo coronada por dos cumbres- se elevaba para alimentar al cielo, al tiempo que su imagen exacta pendía y daba de comer al mundo de los muertos. El río Ganges, que también es una diosa nutritiva, nace en el pico himalayo de Nanda Devi (la “diosa bendita o dadora de felicidad”), a la vez que el Anapurna (sinónimo de la deidad que mora en la cumbre) se dice que proporciona alimento a todo el mundo.



El pico himalayo Nanda Devi es una encarnación de la Diosa. Foto de John Porter

      Las diosas celtas de la tierra, en vez de encarnar accidentes naturales, adoptaron la forma de brujas gigantes y desplazaron piedras inmensas para modelar las montañas de Irlanda y Escocia. Se les conoce en las islas Británicas como diosas de la “soberanía” porque ponían a prueba a los gobernantes (reyes, príncipes...) para garantizar que la tierra sería respetada. La Morgan le Fay de las leyendas artúricas en una diosa de la soberanía cuyas pruebas se han interpretado erróneamente como actos de malicia contra Arturo y sus sucesores.
     


El Jardín de Morgana, de Juan Manuel fuentes del Ama

      D. Venus, la estrella gemela
      Venus es conocido tanto como el lucero del alba o estrella matutina, como estrella de la tarde o vespertina. Su brillo supera al de los restantes cuerpos celestes, salvo el Sol y la Luna. Se le vincula con las diosas de la belleza y el amor.



Venus y la Luna. Fotografía de MoonMentum

      En la China tradicional su presencia diurna indicaba conflictos, castigos y rebeliones, porque simbolizaba el principio Yin de la negatividad, la oscuridad y lo femenino, el contrario del Yang, la fuerza, la luz y la masculinidad. También para algunas culturas mesoamericanas su brillo es señal de mal agüero, aunque entre los mayas, su brillo augura las victorias en las guerras.

      Su presencia dual matutina y vespertina contribuye a que se le relacione con los gemelos. Por ejemplo, Quetzalcóalt –la serpiente emplumada azteca- se identificaba con el lucero del alba y su siniestro gemelo Xólotl con la tarde. Los gemelos y la presencia dual del planeta representan al primitivo ser andrógino. La babilónica Istar se consideraba masculina cuando era el lucero del alba y femenina cuando era el de la tarde.



"Symbola Aureae Mensae"  de Michael Maier (Frankfurt 1617)

     Alberto Magno mostrando un andrógino y la celebración alquímica de la letra Y. Representa la reconciliación, la consolidación de todos los opuestos (lógica-sentimientos, espíritu-cuerpo, conflicto-armonía, soledad-relación, acción-inacción, sexo masculino-femenino, yang-yin, etc.) pero sobre todo la unificación con la imagen de una personalidad integrada. La Bitácora de Alchemy

      En algunos mitos se consideraba al planeta Venus como la estrella polar del eje sobre el que gira el mundo.

      Sobre la diosa romana Venus no existe ningún mito que la relacione directamente con el planeta. Posiblemente su relación proceda de su identificación con las diosas Inanna e Istar. Su fama como diosa del amor se explica por su identificación con la griega Afrodita.

E. Reina del cielo (Lo estudiaremos en María, Reina del cielo)

F. La diosa como patrona de las estaciones

      Las estaciones y los elementos, con frecuencia, fueron considerados actos o estados de ánimo de la diosa madre. Los etruscos interpretaban los rayos como manifestación de la cólera de la Reina del cielo. Relacionada con los excesos climatológicos, sobre todo las tormentas que pueden destruir la tierra, está la diosa Lilith, que del mismo modo que dilapidaba la fertilidad de la lluvia y el suelo con sus excesos coléricos, de la misma también desperdiciaba la fecundidad humana potencial haciendo que los hombres eyaculasen mientras dormían. 



Lilith (1892) según John Collier

      Las niñas de las tormentas.- Según los inuit en el cielo vivían unas niñas que desataban las tormentas. Una de ellas, Kadlu saltaba sobre el hielo hueco para provocar el impresionante sonido del tueno. Kweeto –la segunda hermana- frota el pedernal para producir el rayo, al tiempo que la orina de la tercera hermana desencadenaba la lluvia.

       Entre las tríadas divinas tenemos las Grayas o Greas (Dino, Enio, Pefredo), las Gorgonas, las Tres Marías, las diosas guerreras irlandesas (Bodb, Macha y Mor Rigan), las diosas irlandesas Folla, Banba, Eire; las tres hijas de la diosa hindú Mara; la tríada céltica o Suleviae; las diosas nigerianas (Oya, Oshun y Oba); las Parcas, las Erinias, las Furias (Alecto, Tisífone, Megara), las Normas; las Aesir; las Skookums de los indios de la costa oeste americana; las Tres Gracias (Aglae, Eufrosina y Talía); las Tres Horas…

      Esta historia se adapta a un patrón común en el que las diosas responsables de los fenómenos meteorológicos aparecen tríadas. Esta pauta queda encubierta en el siguiente cuento de los hermanos Grimm:

      Historia de Frau Holle.- El sol brilla cuando la diosa se cepilla los cabellos, nieva cuando sacude el edredón de plumas y el agua de su colada provoca la lluvia. En Alemania, Suiza y Austria la recuerdan doce días después de Navidad, momento en que recorre el cielo. El 6 de enero –nacimiento del sol nuevo, epifanía de dios- dejaban tortas de trigo para Frau Holle y para su hermana Perchta.

     En los Països Catalans se dice que “Quan trona diuen que les majordomes canvien els mobles”, es decir, cuando truena dicen que las amas de llaves cambian los muebles. También existe la siguiente variante: 'Quan trona diuen que sant Pere canvia els mobles' (cuando truena dicen que San Pedro cambia los muebles). 



Cuento de Goldmarie (María del Oro) o "Frau Holle". Ilustración de Hermann Vogel (1854-1921)

      Lo normal es que se relacione a la diosa con la primavera, el verano y el invierno en su forma triple de virgen, madre y vieja (bruja), imágenes de las fases lunares. En muchos relatos estos aspectos de su personalidad entran en conflicto. Veamos un ejemplo:

      Historia de Cailleach Bheur.- Se trata de un mito irlandés y británico que dramatiza la lucha entre las estaciones. La bruja invernal de cara azul –Cailleach Bheur- también conocida como Caillagh ny Groamagh (la “dama recia”, la “vieja tenebrosa” de la isla de Man) o Black Annis (en los montes Dane, en Lancashire), capturó a la amada de Primavera, a veces identificada con Brígida, y le planteó la tarea imposible de lavar un vellón hasta que quedara blanco. Primavera intentó vencer a la bruja, pero no pudo y recabó la ayuda del sol. Este arrojó una lanza que llevó a la aterrorizada Cailleach a refugiarse bajo un acebo y a liberar a la enamorada de primavera.



Cailleach Bheur. Fotografía de Wikia

      Cailleach Bheur es una divinidad anterior a los celtas que poseía poderes rejuvenecedores, lo que indica que la doncella de primavera es su propio aspecto juvenil. Por lo tanto, la historia se refiere a la Luna, cuya forma vieja desaparece cada 30 de abril (Beltane) y vuelve  a mostrarse el 31 de octubre (Samadh).

      También el arco iris tiene sus representaciones simbólicas. Así consta en las siete estolas de Isis y, en la Biblia, en los siete velos de Salomé. Las siete franjas de colores son los brillantes velos de la diosa hindú Maya, la diosa de la apariencia y de la ilusión. La mesopotámica Istar lucía el collar del arco iris, que utilizaba como puente para trasladar a sus devotos al cielo o convertía en barrera infranqueable. “Los siete pliegues de su falda son el número de días que componen los cuatro cuartos de la luna, que dividen en dos las mitades creciente y menguante del ciclo, al igual que la cruz neolítica dentro del círculo. A pesar de ser también el número siete el de los “planetas” visibles, ésta es probablemente una notación lunar de series y medidas..." (Anne Baring y Jules CashfordEl mito de la diosa” Pág. 140).



La diosa Isis


La danza de los velos de Salomé. Gaston Bussiere (1862-1929)

      El arco iris de los africanos.- Para los bantúes era una serpiente pitón que gobernaba sobre el clima seco y las masas de agua. Para los bembas y los lundas, la pitón-arco iris era una diosa de doble aspecto: uno estéril (Lueji) y el otro sexualmente provocadora (Tshilimbulu). Cada vez que ésta tiene un admirador, su marido se pone celoso y lo mata, por lo que la diosa se convierte en Lueji y provoca el clima seco. Entonces la diosa es ceremonialmente sacrificada, despedazada y arrojada a un recipiente lleno de agua para que desencadene las lluvias.

    G. Las Floralias y las cópulas indiscriminadas



Pintura de una orgía, por Édouard-Henri Avril.

      La diosa romana de la primavera era Flora, magistralmente representada en el cuadro de Sandro Botticelli por una doncella con flores en la boca. En su honor se celebraban el primero de mayo unas fiestas llamadas Floralias. En el norte de Europa la diosa virgen de la primavera se llamaba Maj o Mai y el mes que lleva su nombre era la época tradicional en que las personas se vestían de verde para imitar a la madre tierra. Aproximadamente hasta el siglo XVI, también fue el mes en el que la población rural copulaba ilícitamente en los campos arados para fomentar el crecimiento de las cosechas.



La Diosa Flora. Mozart Rotmann, hacia 1874

      Los pueblos eslavos celebraban una gran fiesta de la primavera dedicada a Yarilo, dios de la vegetación y la fertilidad. Procesiones de jóvenes solían ir por las aldeas con ramos de flores como símbolo de nueva vida. El festival de solsticio de verano es conocido hoy como Ivanie, Kupala o Kries. Se celebraba en forma similar a una gran boda seguida por una orgía general. Había grandes cantidades de comida y bebida la noche anterior, se encendían grandes hogueras (en eslavo Kres), y los jóvenes copulaban y danzaban en círculos o saltaban a través del fuego. Las jóvenes hacían guirnaldas con flores y helechos, las batían en los ríos y dependiendo de cómo y adonde flotasen, se podría saber si el elegido se casaría o no. El baño ritual esta noche era también muy importante: de ahí el nombre de Kupala (del verbo kupat'sia, bañarse), que seguramente casaba muy bien con el santo patrón que la Iglesia puso para este día, Juan el Bautista. En general, la fiesta conmemoraba con seguridad la boda divina del dios de la fertilidad, asociado con el crecimiento de las plantas para la recolección.




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