martes, 20 de noviembre de 2012

Isis de Egipto


El triunfo de Isis

      En la Edad del Bronce el alto Egipto estuvo representado por una diosa con forma de buitre llamada Nejbet. El Bajo Egipto y el Delta del Nilo tenían a la diosa serpiente cobra Uadyet o Wadjet (llamada por los griegos Uto o Buto). En el origen Isis era la deidad protectora de una pequeña ciudad del delta: Per-Uadyet, la “casa de la cobra”, o Buto. Asimiló la identidad de Uto y, una vez unidos los reinos del Alto y Bajo Egipto, también asumió la identidad de Nejbet.  Debido a que las ciudades del antiguo Egipto contaban con su propia cosmología, Isis es simultáneamente descrita como madre del universo o como una de los cuatro hijos del dios Geb (Tierra) y del dios Nut (Cielo), lo que se explica por la diversidad de estas narraciones. A Isis se le representa como una diosa muy solidaria, vulnerable y con múltiples cualidades humanas. Una leyenda la describe como una sierva que conquistó el poder divino después de tenderle una trampa al dios solar Ra para que le revelase su nombre secreto. A la larga asimiló a las restantes diosas egipcias.


Nejbet. Templo de Deir el Bahari



El Bajo Egipto y el Delta del Nilo tenían a la diosa serpiente cobra Uadyet o Wadjet (llamada por los griegos Uto o Buto).

      Sin embargo, desde muy temprano el jeroglífico del nombre de Isis es un trono y a menudo se la representaba con este sobre la cabeza. Los faraones se autodenominaban hijos de Isis y consideraban que el regazo de la diosa era el trono real y que de su pecho manaba el néctar que confería el derecho divino a gobernar.
     
      Alejandro Magno conquistó Egipto en 332 a.C. y a su muerte el general macedonio Tolomeo se declaró su gobernante, instaurando el culto a Serapis. Isis se convirtió en madre y amante de Serapis, lo que contribuyó a difundir su culto por Grecia. El culto a Isis llegó a Roma en 80 a.C. y su culto perduró hasta el siglo VI d.C. fecha en que su santuario en Fílae se convirtió en una iglesia cristiana. Asimilada por la Virgen Maria, el mundo cristiano siguió venerando muchos de sus atributos




Templo de Fílae (Egipto)


      Fue adorada desde el 3000 a.C. hasta el siglo II d.C. bajo el aspecto de la virgen María. Llegó a Grecia en el siglo III a.C., extendiéndose por el imperio romano, llegando a las fronteras del Rin y del Danubio.

      Sus epifanías, debido a lo extenso de su culto, son múltiples: diosa vaca que da  leche; diosa de las serpientes, como símbolo de las aguas primigenias; diosa estrella Siria, que traía las inundaciones del Nilo; la fértil diosa cerdo; la diosa pájaro; la diosa del inframundo; la diosa del árbol de la vida; la madre de Horus...


Isis, con el tocado del disco solar entre cuernos de vaca, sostiene el sistro de la regeneración ante Osiris como rey (XIX dinastía, c. 1300 a.C. Templo de Seti I, Abidos). Isis proveniente de la Villa Adriana  en Tivoli.

Cosmogonía egipcia     

      Había dos centros principales de doctrina religiosa, uno en Menfis, con el dios Ptha que creó el mundo mediante la palabra. El otro en Heliópolis (la ciudad del sol) con la siguiente doctrina: Atum (su manifestación visible es Ra, el sol) era la tierra emergida y la luz,  que engendró a Shu (el principio masculino, el aire, la vida, el espacio y la luz) y a Tefnut (el principio femenino, la humedad, el orden), quien da a luz a Nut (el cielo) y a Geb (la tierra). Shu eleva entonces a su hija Nut (cielo) alejándola de su hermano Geb, y sujetándola a fin de que pueda dar a luz las estrellas.

      Isis era la hija de Nut, diosa del cielo y Geb, dios de la tierra. Formaba parte de la cuarta generación de dioses surgidos de las informes aguas. Al principio todo era agua y el nombre de las aguas era Num. De las aguas primordiales del gran abismo comenzó a alzarse una colina llamada Atum, el “completo”. Esto mismo se reproducía cada día al nacer el sol del abismo primordial de la noche, y cada año al resurgir la tierra de entre las aguas de la inundación del Nilo.

     Al principio, cuando la gran inundación comenzó a retirarse, pequeñas colinas de lodo se alzaban del agua oscura, haciéndose más y más altas. De ellas comenzaban a brotar las plantas, los insectos se arrastraban y volaban sobre su superficie, aves y animales se posaban y andaban sobre ellas y los humanos podían encontrar un lugar donde estar de pie o sentarse. Así, toda la vida provenía de las ricas y vivas aguas pardas del Nilo, como había sucedido en el principio.

      Cada año el Nilo muere y renace, y todo Egipto con él. A mediados de junio viene la sequía. Entre julio y octubre se produce la crecida del río y la inundación de los terrenos aledaños. En otoño la inundación retrocede y los campos fertilizados están listos para la siembre de noviembre. El Nilo fluye de sur a norte a lo largo de una estrecha y fértil franja de tierra negra. A ambos lados está el desierto, con pretensiones de invadir territorios cultivados. El contraste entre la vida y la muerte era omnipresente.

1. La historia de Isis y Osiris.

      Nut y Geb engendraron a los hermanos de Isis, fruto de sus relaciones incestuosas. El primero en nacer fue Osiris, el segundo día nació Arveris (llamado el Horus el Viejo); al tercer día Set se abrió paso por el costado de su madre y salió de un salto; el cuarto día nació Isis y, al quinto dia Neftis. Junto con sus padres, sus abuelos y Atum forman la denominada enéada, es decir, los nueve dioses y diosas del panteón egipcio.


NUM
(Aguas Primordiales)
ATUM
(Montaña Primordial, sol)
SHU ♂          TEFNUT ♀ 
(Aire, luz)    (Humedad, orden)
NUT ♀      GEB
(Cielo)     (Tierra)

OSIRIS, ARVESIS, SET, ISIS, NEFTIS 



      Osiris se convirtió en el primer rey de Egipto y el creador de la civilización, con el descubrimiento de la agricultura, la justicia, etc. Isis y Osiris se amaban desde el útero y sólo se separaron cuando Set le tendió una trampa a Osiris. Su hermano Set tenía envidia de su fama; así que construyó un arcón del tamaño de su hermano –que era muy grande- y una noche en palacio, durante los festejos, hizo que se trajera a la sala el cofre ricamente decorado y prometió dárselo a quien encajase en él perfectamente. Cuando Osiris se tendió en su interior, al punto surgieron setenta y dos conspiradores que clavaron la tapa del arcón, lo sellaron con plomo fundido y lo arrojaron al Nilo. Desde ahí flotó hasta el mar.

      El intento de Set de apoderarse del reino de su hermano originó el típico descenso al mundo de los muertos. Dada su condición de madre divina, la ausencia de Isis produjo un periodo de esterilidad.






Io (a la izquierda, con cuernos, también llamada Canopus) recibe la bienvenida en Egipto de manos de Isis (sentada, sosteniendo una serpiente y con un cocodrilo a sus pies). Io es transportada por un dios del río (Nilo) desde su lugar de llegada en Alejandría, para que la diosa Isis le dé otra vez aspecto humano, pues Hera la había convertido en una vaca. Fresco romano del templo de Isis en Pompeya. Museo Archeologico Nazionale di Napoli (inv. n º 9558.). Da Pompeya , Tempio di Iside, Ekklesiasterion


       Isis, afligida, se cortó el pelo y vistió ropas de duelo y lo buscó por todas partes y al fin descubrió que el arcón había llegado hasta la costa de Biblos, en Fenicia, donde lo detuvo las ramas de un árbol ericáceo (brezos), que rápidamente creció a su alrededor rodeándolo por todos lados, de modo que quedaba oculto por completo en su interior. Al rey y la reina del lugar les pareció un árbol tan hermoso que lo talaron y lo convirtieron en una columna del palacio. Isis llegó a Biblos disfrazada y la reina Astarté la hizo nodriza de su hijo. La gran diosa dio de mamar al niño de su pulgar y no de su pecho, y por la noche lo colocó en un fuego para quemar todo lo que en él fuera mortal. Pero sucedió que una noche la reina Astarté, al ver a su pequeño hijo yaciendo entre las llamas, gritó de forma espantosa y en ese preciso instante despojó a su hijo para siempre del tesoro de la vida inmortal. Isis entonces reveló su auténtica naturaleza y pidió que se le entregase la columna que sujetaba el techo. Tras cortar la madera del árbol sacó a la luz el sarcófago de Osiris. Cuando Isis lo vio, se abalanzó sobre él con un alarido tan intenso que el más pequeño de los hijos de la reina murió de miedo.

      Finalmente regresó Osiris a Egipto, con lo cual representó el retorno del dios que muere, tema compartido por muchos otros descensos a los infiernos.

       Isis regresó a Egipto con el baúl y con el hijo mayor de los reyes de Biblos. Cuando llegó a un lugar desértico, abrió el cofre, recostando su rostro sobre el de su hermano, lo besó y lloró. Pero al apercibirse de la presencia del niño que la observaba, le lanzó una mirada de tal gravedad que el pequeño murió de miedo al instante. Isis adoptó la forma de pájaro y sus alas dieron vida a Osiris, que se masturbó para fecundarla con su semen. Concibió a su hijo Horus y luego escondió el cofre que contenía el cuerpo de Osiris en los lejanos pantanos del delta, y se dirigió a Buto para cuidar de su hijo Horus. 



Osiris en el árbol ericáceo, con Isis y Neftis (bajorrelieve c. siglo I a.C. Dendera)



Isis copulando con Osiris



Osiris itifálico, debajo de Geb

      Una noche Set estaba cazando jabalíes salvajes a la luz de la luna llena cuando descubrió el cofre entre los juncos. Despedazó el cuerpo en catorce trozos (que simbolizan las catorce divisiones del año egipcio) y los diseminó por todo el país, arrojando el falo de Osiris al Nilo. Este acto de esparcir el cuerpo de Osiris mitológicamente explica la sucesión de las estaciones.

      Isis buscó de nuevo a su marido, ayudadaza por su hermana Neftis (esposa del malvado Set) y su hijo Anubis, que tenía cabeza de chacal. Anubis había sido engendrado por Osiris, quien durante una noche muy oscura confundió a Neftis con Isis. Hay quien dice que ésta es la razón por la que Set odiaba tanto a Osiris. El pequeño Horus, con cabeza de halcón, ya tenía edad suficiente para ayudar también, y se les unió Thot, el dios de la luna, que tenía cabeza de ibis, y podía tomar la forma de un babuino. Juntos encontraron todas las partes de Osiris excepto el miembro genital, que había sido engullido por un pez. Unos dicen que Isis enterró todos los trozos; otros afirman que hizo con ellos una momia, abanicó el cuerpo del muerto con sus alas y Osiris revivió para convertirse en el señor de la eternidad, lo que simbólicamente significa que volvió a convertirse en su madre.



Isis en forma de milano concibiendo a Horus (XIX dinastía, c. 1300 a.C. Templo de Seti I, Abidos) El jeroglífico del nombre de la diosa –el trono aparece escrito ante la cabeza del ave.



      Ahora Osiris ocupa el trono del inframundo, donde juzga las almas de los muertos. La historia continúa cuado Horus alcanza la mayoría de edad y venga la muerte de su padre, en los relatos conocidos como las “luchas entre Horus y Set”, en las que el primero desafía la supremacía de Set.

       Isis defendió a su hijo ante un tribunal divino y ganó, pero Set no quedó satisfecho con el resultado y prosiguió la lucha donde se dice que el primero perdió su ojo izquierdo, pero Thot se lo  curó. Set perdió un testículo. Sus batallas tuvieron lugar a lo largo de tres días y tres noches, la imagen de la gestación durante el periodo oscuro de la luna. Al final de la disputa Set y Horus se sodomizaron mutuamente por la fuerza.

      Podemos considerar este ataque sexual como otra forma de incesto divino que pretende unificar violentamente fuerzas opuestas. La antítesis de Osiris (que representa el orden y la fertilidad del Nilo) no era su esposa y hermana Isis, sino su hermano Set (símbolo del caos y la sequía del desierto). Por lo tanto el incesto de Isis y Osiris no pretende una unificación de contrarios, sería más bien una unión política que garantizó el derecho divino de gobernar a sus hijos. El objetivo cósmico del incesto divino –la unificación de los contrarios absolutos- sólo era posible mediante la relación incestuosa de Osiris-Horus y Set  (Osiris como sol que muere y Horus como sol renaciente).


       Después de la sodomización mutua de los dioses, Isis retiró de Horus el semen de Set e introdujo en éste el semen de aquel, de modo que cuando Set declaró que había humillado y mancillado a Horus mediante la violación anal, los dioses descubrieron que era a la inversa y el derrotado Set se vio obligado a servir a Horus. De esta manera, en la disputa por la herencia venció Horus, que fue coronado rey.  Sin embargo, Horus había encadenado a Set y se lo había entregado a Isis para que le diera muerte, pero la diosa lo liberó. Horus, enfurecido con su madre, le cortó la cabeza, pero Thot la sustituyó por la de una vaca. Viajó al inframundo para transmitir las novedades a Osiris y para despertarlo. Le dio como obsequio el ojo que le habían arrancado en la contienda, lo cual devolvió a Osiris la vida eterna. Dicho ojo pasó a ser conocido como el ojo “wedjat”, el ojo de la eternidad.



Wedjat

      El hecho de que en todo Egipto no hubiera un texto completo de la historia de Isis y Osiris nos confirma que se trataba de un relato oral conocido por todos los egipcios. Originalmente era un mito de tradición oral, como lo fueron en sus orígenes la “Iliada” y la “Odisea”. El drama de la muerte y renacimiento de Osiris se escenificaba cada año en las representaciones teatrales históricas de Abidos, por lo que la historia pudo haber sido transmitida, como un arte o habilidad, de generación en generación.

      Es un mito de la realidad invisible que subyace y hace inteligibles las obras de la naturaleza. Es un mito de la inmanencia, que muestra como  los dioses egipcios se manifestaban en la creación De este modo, las dimensiones múltiples del mundo fenoménico se ponían en relación con el sentimiento humano de la existencia de un lazo místico de unión entre la humanidad y la naturaleza. Osiris cobra vida con la crecida del Nilo, el cereal que germina, la luna creciente, y en todo lo que es afirmativo en la naturaleza y en los seres humanos, y muerte cuando ocurre lo contrario. 




Osiris como presencia guardiana de la eternidad, sujetando el cayado y el mayal, aparece junto a dos ojos wedjat de Horus (XX dinastía, c. 1190-1085 a.C. Tumba de Sennejem, Deir el Medina, Tebas)

      La crecida de Nilo también se veía como las lágrimas de Isis por la pérdida de Osiris  (Ver Pausanias en “La Fócide”). La diosa Isis se manifestaba como la estrella Sothis (Sirio), también llamada la estrella del Perro, cuyo orto por el horizonte oriental devolvía a Osiris a la vida y desataba la inundación.



El orto helíaco de Sirio. Mediada la Primavera Sirius reaparecía centelleando muy poco antes del amanecer en dirección Este (izquierda). El Sol, bajo el horizonte, y la estrella, rasante. A medida que el Sol se eleva y se aproxima el amanecer su luz va extinguiendo la de Sirio, que rápidamente desaparece (derecha).


     En el mito Isis siempre está buscando a Osiris, encontrándolo y despertándolo de su sueño. El “hallazgo” de Osiris (en Grecia será el “hallazgo de Coré” de los Misterios Eleusinos) ocupa el lugar central de los rituales que celebran la crecida del Nilo.

      Es necesario marcar la diferencia entre Osiris y Min (dios de la cosecha), cuyo don era la vitalidad del crecimiento. El don de Osiris era la reanimación o resurrección. Osiris es el misterio lunar, el devenir cíclico, en el que la oscuridad precede al resurgir de la luz. Min es el misterio solar, la fuerza vital que está o no está presente, representando por un toro blanco o por un hombre itifálico. De manera similar Hapi, el dios del Nilo con pechos femeninos que derrama su agua del Nilo de dos jarras, se identifica a menudo con Osiris.




Dioses Priapo y Min



Dos imágenes del dios Hapi, personificación del rio Nilo

      En un poema sobre la indefensión de Osiris muerto, las dos hermanas Isis y Neftis se convierten en un mismo personaje en este himno y juntas contribuyen a su resurrección. Simbólicamente, Isis es la aurora y Neftis el ocaso; Isis es la estrella de la mañana, y Neftis la estrella vespertina. En palabras de Plutarco, Isis es la parte visible del mundo y Neftis la invisible. Juntas constituyen una unidad que complemente la dualidad de Osiris y Set, sus hermanos y esposos. Muchos sarcófagos se pintaban y grababan con imágenes de Isis y Neftis protegiendo al faraón con sus alas desplegadas.




Isis y Neftis en el sepulcro de Ramsés III (XX dinastía, c. 1194-1163 a.C.). Fotografía Gonçal Vicens



Sepulcro de Ramsés III. Fotografía Gonçal Vicens

      Isis y Osiris son las fuerzas creativas de la vida y juntas son el alma universal del crecimiento. Si él es la inundación del Nilo, ella es la tierra que el Nilo cubre...  De la unión de ambos surge Horus, la nueva vida de lo cereales. A Osiris, como fuerza del crecimiento que se manifiesta en el agua, se le llama “la gran cosa verde”; cuando dicha fuerza se manifiesta en la tierra se le llama “la gran cosa negra”, la humedad que engendra el cereal. 



 Un sacerdote riega el cuerpo de Osiris del cual está brotando trigo. Bajo el dios aparecen los signos anhk de la vida y el cetro was de la prosperidad divina (bajorrelieve, templo tolemaico de Isis en la isla de File). Osiris como “la gran cosa verde”. Un “hombre verde” actual.




Campos de Ialu o de Osiris

      Las fases de la vida del cereal también se consideraban la manifestación del dios del grano que se moría y regresaba a la vida. Así, cuando se segaban las primeras espigas, había llantos y lamentos, como si el cuerpo del dios del cereal estuviese siendo desmembrado. Isis recogía los miembros dispersos de Osiris en un serón de aventar.

      La aparición y desaparición de Osiris también está relacionada con las de la luna. Plutarco pone de manifiesto que Osiris vivió “veintiocho” años (período regular en el que coincide la luna llena con el día más corto o más largo del año y se cree que ambos astros se ponen en conjunción) y el desmembramiento de Osiris en catorce partes hace alusión a los días en que el astro se desvanece, desde el plenilunio hasta el novilunio.

      Set es el principio opuesto a Osiris, es el antagonista perpetuo. Es la sequía, el calor abrasador, el terremoto, la tormenta, el trueno, la muerte.... Entre los humanos es, en palabras de Plutarco, una truculencia del alma. Es, en suma, cualquier cosa dañina o destructora que amenace con reducir o arrebatar la vida. Sus animales son el burro, el cocodrilo y el hipopótamo. Pero Set no es el mal, en mayúsculas, sino el elemento antagónico del Universo que ha de ser dominado y sometido al buen gobierno, para librarnos de la anarquía. Isis reconcilia ambos opuestos (Osiris-Set) sin acabar con su oposición.



El dios egipcio Set o Seth. Fotografía de Ancient Egyptian Gods Gallery
de Barbara Waterson. BBC History

      Isis personifica el “poder del amor” del Universo, que resucita a la vida de la muerte. Isis ama a Osiris, lo busca y con su poder lo devuelve a la vida, convirtiéndose así, mitológicamente, en su madre. Así, el esquema del mito de la diosa madre y el hijo-amante se hace visible, como una variación del tema universal de la Diosa.

      El jabalí que mata a Tamuz, Adonis, Atis... es la imagen de la luna oscura, del abismo de la muerte, Los catorce trozos en que queda desmembrado Osiris son una imagen del desmembramiento de la luna, que Isis vuelve a unir como luna creciente.

      La columna djed simboliza la resurrección. Isis es de nuevo la madre esencial (zoé), mientras que Osiris y Horus representan las fases de vida y muerte de esa fuente. La erección de la columna o pilar djed desde su posición horizontal hasta la vertical erguida, supone la culminación de los ritos de Osiris, y celebra el comienzo del Nuevo Año (o fiesta de Sed) en el que se renueva el poder del rey, que se convierte en Horus. El término djed significa “estable” o “perdurable” y su erección significa que la fuerza vital ha resistido a las fuerzas inertes de la descomposición que yacen sin vida en el suelo. En relación con la cosecha, la erección de la columna significa que el espíritu del cereal no había muerto durante la siega. En ocasiones la columna se dibuja como un árbol de ramas podadas (ver la cruz cristiana, capitulo 14, Fig. 30) lo que recuerda al árbol eriáceo que rodeaba el sarcófago de Osiris en Biblos. Todos simbolizan el árbol de la vida como eje del mundo.



Isis ayuda a Seti I a levantar la columna djed de Osiris (XIX dinastía, c. 1300 a.C. Templo de Seti I, Abidos).

      Tras levantare la columna djed, se vestía a la columna con una tela (tit) que era emblema de Osiris, por lo que la combinación de djed y tit simbolizaba la unión de Osiris e Isis, una restauración de la armonía tal y como existió en los orígenes. La imagen de la erección también rememora la primera vez que la colina alta (Atum) se alzó de entre las aguas de Nun como la primera “isla” de conciencia. Este acontecimiento primordial también puede ser renovado cada día cuando el sol (Ra) se alza de la noche (Atum-Ra).

      En la figura siguiente el sol descansa en los brazos que forman la figura del Ka (el abrazo divino que sostiene toda cosa, persona o dios) que surge del Ankh (vida imperecedera) que ha sido creada por la columna djed. Isis y Neftis asisten a la fuerza vital de la columna djed hasta que ésta se manifiesta. Unos babuinos saludan el amanecer del sol con el gesto de la epifanía del Ka, como todavía hacen hoy en día. Los dioses con el gesto de epifanía Ka saludan a la fuerza vital.



Isis (a la izquierda) y Neftis (a la derecha), arrodilladas, ayudan al sol a alzarse de la columna djed. Seis babuinos lo celebran (papiro de Ani, XVIII dinastía, c. 1250 a.C.) 

      Las personas que fallecen se “convierten” en Osiris, para que al ser “halladas” por Isis y Neftis les ayuden a amanecer, a resucitar: se trata de una imagen de la transformación del alma.


1 comentario:

Melina Lymnaia dijo...

Muchas gracias por el artículo. Me ha ayudado a encajar algunas piezas del puzzle y a confirmar otras. Preciosas las imágenes que lo acompañan. Bendiciones!

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