viernes, 6 de marzo de 2015

Los románticos: la escala en movimiento

     La Naturphilosophie  y los románticos aportaran a la Scala naturae la máxima diversidad y variedad de la naturaleza, ahora vista desde la perspectiva de un evolucionismo absoluto.

      Un pionero del tema, injustamente olvidado, fue el filósofo francés Robinet, un entusiasta de la todo poderosa naturaleza, quien para desgracia propia, fue más recordado por la defensa que hizo de la existencia de hombres marinos y de sirenas.


     Los hombres marinos fueron nombrados con anterioridad por el Padre Benito Feijoo (1676-1764 en el "Teatro Crítico Universal" (Madrid, 1771), según señala Julio Caro Baroja, donde nos muestra el mayor repertorio de nereidas y otros seres fantásticos. El demoledor de fábulas y supersticiones… creyó que podían existir hombres anfibios, como el famoso pez de Liérganes.



Francisco de la Vega nació en Liérganes en 1660 y, tras arrojarse al río Miera, desapareció en el Cantábrico. Cuentan que fue localizado años después, perdida la razón y el habla, en la bahía de Cádiz.

       Sin embargo, la originalidad de sus teorías sobre la evolución natural  hacen de él un profeta del élan vital (impulso vital) de Bergson. El filósofo Juan-Bautista Robinet (1735-1820) escribió un artículo a propósito de la mujer pez, expuesta a París en un estanque. "Se zambullía y saltaba al agua con una gran destreza… Miraba a los espectadores, los hombres sobre todo, con una atención que anunciaba la curiosidad y el deseo, y que no podía ser sólo el efecto del instinto puro”. El filósofo empuja la precisión hasta describir los órganos genitales de la sirena.



Juan-Bautista Robinet, Considerations philosophiques de la gradation naturelle des formes de l'etre, ou les essais de la nature qui apprend à faire l'homme. Chez Charles Saillant, A Paris 1768

      Robinet creía en una naturaleza siempre cambiante, siempre en marcha, llena de nuevos desarrollos y evoluciones. Nunca es igual a sí misma sin dejar de ser la misma. En tiempos remotos no había sobre la faz de la tierra ni minerales ni animales, los seres tan sólo existían como gérmenes y se fueron desarrollando progresivamente. Critica la Scala naturae tal y como la plantea Bonnet, con sus diferencias cualitativas entre lo animado y lo inanimado, lo racional y lo irracional, que resultan contrarias, según él, al principio de continuidad (necesariamente debe existir ya en la materia bruta un germen del alma y de la inteligencia, sino se incumpliría la lex continui), y llegó a proponer una forma de panpsiquismo y de  hilozoísmo, atribuyendo incluso a las piedras unos rudimentos de pensamiento.
     
      De la rigurosa aplicación de su ley de la continuidad, se deriva la existencia de un “prototipo” único del que derivan todas las demás formas de la naturaleza. Esta especie de “patrón”, de modelo ideal de las formas, “principio intelectual que tan sólo se altera al tomar forma en la materia” se adelantó a la noción de Urbild, tan apreciada por Herder en Ideas para una filosofía de la historia de la humanidad (1959) y por Goethe quien decía: todos los miembros se forman siguiendo leyes eternas, y la forma más extraña sigue en secreto la idea original.

      “Tan sólo hay un único acto en la naturaleza en el cual caben todos los acontecimientos, un único fenómeno con el cual están relacionados todos los demás fenómenos, un único Ser prototípico de todos los Seres (…). Sólo hay un único plan de organización o de desarrollo animal posible, pero dicho plan puede y debe variar infinitamente. La unidad del modelo o del plano, común en la prodigiosa diversidad de las formas, es la base de la continuidad o de las relaciones graduales entre los Seres. Todos los Seres son diferentes unos de otros, pero todas esas diferencias son variaciones naturales del prototipo que hay que considerar como el elemento generador de todos ellos” (De la nature, vol I, 1761, cap. VIII).



Johann Gottfried von Herder (1744- 1803) retratado por Gerhard von Kügelgen



Johann Wolfgang von Goethe (1749 1832) retratado por Joseph Karl Stieler (1828)

      Esta idea del prototipo, del “plano primitivo universal” de los animales será retomada por Geoffroy Saint-Hilaire.

       Estos autores consideraban que todo el universo está en perpetua evolución, lo cual, evidentemente, chocaba con la idea de un Dios eterno, perfecto e inmutable. Así, pues, también acabaron imaginándose un Dios inmerso en el tiempo y el cambio, paso dado por Schelling, que estableció de esta manera una auténtica teología evolucionista.

      “¿Tiene la Creación un objetivo? y si es así, ¿por qué no se llega a él directamente?, ¿por qué no existe la perfección desde los comienzos? A estas preguntas no hay más respuesta que la que ya hemos dado: porque Dios es una Vida, no es un ser. Toda vida tiene un destino y está sujeta al sufrimiento y al devenir. Y Dios se ha sometido voluntariamente a tal destino, ya que para personificarse comenzó separando el mundo de la luz del mundo de las tinieblas. El ser sólo se hace perceptible en el devenir. (…) Sin la concepción de un Dios sometido a los sufrimientos humanos, que es compartida por todas las religiones y por todas las supersticiones de los tiempos antiguos, toda historia se haría ininteligible” (Schelling, Recherches philosophiques sur la nature de la liberté humaine, Essais 1946, p. 290)

      Según Schelling, la creación no comienza pues por los seres mas elevados sino por los más bajos, las ultime potenze (Dante, Paraíso, cap. XIII) que en la Antigüedad se creían más alejadas de Dios. Se trata de un vuelco del esquema platónico y plotiniano: ya no se trata de una vía descendente desde Dios hacia las criaturas sino ascendente hacia Dios. Toda la creación está en movimiento, en perpetuo devenir, y Dios mismo es “temporalizado”, es “una vida, no es un ser”. Se convierte entonces en el proceso mismo mediante el cual la creación progresa lenta y trabajosamente por la escala de los posibles. La creación es pues un proyecto, y Dios el alpha y la omega.




Schelling y Lorenz Oken


     Friedrich Wilhelm Joseph von Schelling (1775-1854) es uno de los máximos exponentes del idealismo en su obra el Sistema del idealismo trascendental (System des transzendentalen Idealismus). En filosofía, Idealismo designa las teorías que —en oposición al Materialismo— sostienen que la realidad externa no es conocible tal como es en sí misma, y que el objeto del conocimiento está preformado por la actividad cognoscitiva.

     En el idealismo filosófico la realidad está fundada en las ideas que constituyen una realidad supra espacial y supra temporal, suprasensible e incorpórea.  Sólo la conciencia es determinante para conocer la realidad, mientras que la naturaleza –enfrentada a la conciencia- es lo no esencial.


Historia natural del alma
(Basada en la obra de L. Bossi y la historia del pensamiento de Arthur O. Lovejoy)

1. ¿Que es el alma?


2. El alma en la Antigüedad


3. El alma de los animales


4. El racionalismo y el hombre máquina

5. El Idealismo


6. Transformismo: la escala en movimiento


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