sábado, 7 de marzo de 2015

Immanuel Kant


Fuente: Mycroftblog

    Y llegamos al punto clave que supone un antes y un después en la filosofía y la historia del pensamiento: Immanuel Kant (1724-1804). Con él aparece el llamado “idealismo transcendental” (a diferencia del “subjetivo”, propio de Berkeley) que establece que todo conocimiento exige la existencia de dos elementos: el primero, externo al sujeto (lo dado, o principio material), es decir, un objeto de conocimiento. El segundo, propio del sujeto (lo puesto, o principio formal), que no es más que el sujeto mismo que conoce. Con respecto al segundo, Kant afirma que las condiciones de todo conocimiento no son puestas por el objeto conocido, sino por el sujeto que conoce. El sujeto que conoce introduce ciertas formas que, no preexistiendo en la realidad, son imprescindibles para comprenderla. Por esto sostiene Kant en la Crítica de la Razón Pura: "Pensamientos sin contenidos son vacíos; las intuiciones sin conceptos son ciegas". En otras palabras, sin sensibilidad nada nos sería dado y sin entendimiento, nada sería pensado, aprendido, ni conocido.



Immanuel Kant (1724-1804)

     Kant es idealista y, al mismo tiempo materialista, pues contempla la existencia del mundo exterior, independientemente del hombre, y afirma que puede ser conocido por este, aunque no en su totalidad, pues no podemos acceder a la cosa en sí. La razón humana no puede trascender y llegar a esos entes en sí mismos: sean el «mundo», «Dios» o el «alma».

     En mi opinión, la “cosa en sí” es un concepto heredado del idealismo antiguo que no es esencial para la teoría del conocimiento de Kant, puesto que las cosas que nos son no se pueden estudiar por el hombre, esas “cosas en sí” son una entelequia, un producto de la mente, que no tienen existencia real.

    Ahora seguiremos el resumen de Elena Díez de la Cortina, responsable del conocido web de recursos filosóficos Cibernous, quien ha escrito sobre Kant un magnífico resumen titulado Kant: Teoría & Praxis.




   Kant trató de responder a la pregunta ¿qué puedo conocer? Y, comenzó su estudio con la crítica o examen de la propia Razón y sus límites, y propuso, frente a la “filosofía dogmática” o metafísica –incapaz de proporcionarnos nuevos conocimientos-, una “filosofía crítica” capaz de proporcionar nuevos conocimientos, librando al hombre de las trabas de los oscurantismos y las supersticiones.

     Está autocrítica de la razón intenta resolver los antagonismos a los que habían llegado las anteriores concepciones antropológicas y epistemológicas que, según el filósofo, pueden unificarse en dos posturas divergentes:

     a). El dogmatismo racionalista, inaugurado por Descartes y cuyo máximo exponente en aquel momento era Wolf y su escuela, pretendían obtener la certeza a partir de ideas y principios innatos de la razón deducidos acríticamente, rechazando el valor del conocimiento que aporta la experiencia.

      b). El escepticismo o el empirismo radical de Hume que, reduciendo todo el ámbito del conocimiento a la experiencia, había imposibilitado la obtención de certezas universales y necesarias en el ámbito de las ciencias no formales (física, ciencias naturales, etc.), quedando sumergido todo ello en la mera probabilidad y contingencia.

      El criticismo kantiano supone un intento de conciliación y superación de ambas posturas, el racionalismo y el empirismo: aunque todo conocimiento ha de provenir de la experiencia, sin embargo no todo conocimiento se agota en ella, ya que si no, no obtendríamos nunca certezas con carácter universal y necesario.



Fuente: Historia de la Filosofía © Oxford University Press España

 Fenómeno y nóumeno

     Kant distingue entre:

1. El fenómeno (del griego φαινομαι, fainomai, "mostrarse" o "aparecer"), que es el objeto en tanto que es conocido (como "aparece" frente a los sentidos y la inteligencia),

2.  El noúmeno (del griego νοεω, noeo, "comprender"), que es el objeto tal como sería en sí mismo.

      Resumidamente, el idealismo kantiano asegura que no conocemos las cosas tal y como son en sí (noúmeno), sino lo que aparece aquí y ahora (fenómeno). El sujeto que estudia construye, al menos en parte, el objeto estudiado: para Kant el sujeto es activo en el sentido de que influye en lo conocido a partir de la información que aportan sus estructuras aprióricas y de los procesos que en ellas descansan.

    Kant dice que si queremos comprenderle tenemos que pensar que él hizo lo mismo que Copérnico, el cual consiguió vislumbrar el movimiento de los astros modificando las relaciones que se creía que existían entre ellos y el sol. 



La vida de la nobleza, Velada en casa de Madame Geoffrin , Lienzo de Gabriel Memmonier (atribuido)

    Kant sostiene que es posible comprender el conocimiento sintético a priori si modificamos las relaciones entre el sujeto y el objeto: hasta Kant se había considerado que el sujeto era pasivo en el acto del conocimiento y se tenía que plegar al objeto para conocerlo; pero de este modo es imposible entender el conocimiento a priori. El giro copernicano consiste en rechazar la concepción tradicional del conocimiento y considerar que el sujeto es activo, que son las cosas las que se deben someter a nosotros de cara al conocimiento: sólo podemos conocer a priori de las cosas aquello que antes hemos puesto en ellas; podemos comprender el conocimiento a priori si admitimos que conocemos únicamente los fenómenos y no las cosas en sí mismas o noúmenos, tesis principal del Idealismo Trascendental.

    El Idealismo Trascendental es la culminación del pensamiento moderno, que comienza con el planteamiento cartesiano del problema del conocimiento y que progresivamente va centrando en el sujeto el fundamento de la experiencia humana.

    Toda la filosofía anterior a la modernidad, mantiene una concepción realista del mundo: los objetos, sus propiedades y relaciones existen independientemente de la experiencia que podamos tener de ellos. Pero con Kant aparece la concepción idealista: no sabemos cómo puede ser el mundo independientemente de nuestra experiencia de él; todo objeto del que tenemos experiencia ha quedado influido por la estructura de nuestro aparato cognoscitivo. Estas ideas llevan a los conceptos de Noúmeno y de Fenómeno: Noúmeno (o Cosa en sí) es la realidad tal y como pueda ser en sí misma, independientemente de nuestra experiencia de ella; Fenómeno es la realidad, pero dependiente del Sujeto Trascendental, es decir, el sujeto no empírico poseedor de las formas o categorías apriorísticas que predica de ese fenómeno. Ese Sujeto Trascendental somos nosotros mismos, los hombres, en cuyo interior residen los juicios y categorías que aplicaremos a la materia para conocerla, pues de lo contrario, nos limitaríamos a sentirla, sin comprenderla o entenderla desde el punto de vista científico.



Immanuel Kant (1724-1804)

     El fenómeno es la realidad estructurada por las formas (sirven para ordenar los objetos) de la Sensibilidad y las categorías (las formas puras a priori) del Entendimiento. No debemos preocuparnos por estos conceptos, más abajo volveremos a ellos. Pensemos en ellos como una especie de conocimiento innato del ser humano que proyecta, como un rayo de luz sobre los objetos exteriores, para iluminarlos y comprenderlos. El sujeto (nosotros, el hombre que estudia) no deja intacta la realidad conocida, la constituye en el propio acto del conocimiento. Por ello, el Idealismo Trascendental se puede resumir en la afirmación de que sólo conocemos fenómenos.

      El idealismo es la actitud del filósofo que no se conforma con lo que en apariencia "hay". Postula la existencia de una realidad superior ligada a la estructura intrínseca de la conciencia humana. No está muy claro de dónde procede esa “realidad superior” que se sitúa en el Sentimiento y el Entendimiento, pero parece que su origen es Dios, es decir, un producto de la mente, una ilusión metafísica creada por el cerebro, con lo cual se desmorona todo el edificio construido por los filósofos idealistas, pues su fuente de conocimiento es la más falsa, tan falsa, que no tiene ni existencia real. 

     Kant compartió los presupuestos que caracterizaron al movimiento ilustrado de otorgar a la Razón la instancia suprema del conocimiento, por lo tanto, la ausencia de racionalidad es la responsable de todos los males del pasado, de nuestra minoría de edad. 


Fuente: Historia de la Filosofía © Oxford University Press España

El método trascendental

    La humanidad progresará siempre que sepa hacer la autocrítica de la propia razón. Ésta, desde sí misma, ha de responder las siguientes preguntas: ¿Qué puedo conocer?, ¿Qué debo hacer? Y ¿Qué me cabe esperar?  Estas preguntas, que sintetizan la labor de toda filosofía en la pregunta ¿Qué es el hombre?, responden a distintos usos de la razón.

     En su uso teórico, la Razón analiza aquello que puede conocer, ya sea científica como metafísicamente. El uso teórico de la razón responde a la primera pregunta ¿Qué podemos conocer? Se trata de determinar la estructura de todo conocimiento en general, fundamentalmente del conocimiento científico.

     En su uso práctico la razón ha de determinar los principios que rigen nuestros comportamientos y todas aquellas acciones en las que intervenga la libertad. Este uso responde la segunda pregunta ¿qué debo hacer?.

     El desarrollo del método trascendental se encuentra en las tres críticas kantianas: Crítica de la razón pura (aborda el problema de la posibilidad y límites del conocimiento: ¿Qué podemos conocer?), Crítica de la razón pura práctica (¿Qué debo hacer?) y Crítica del juicio (¿Qué me cabe esperar?).



Fuente: Historia de la Filosofía © Oxford University Press España

El problema de la metafísica

      En la Crítica de la razón pura Kant aborda el problema de la posibilidad y límites del conocimiento. En esta obra se estudia la razón humana en su uso puro, esto es, la razón desligada de la experiencia, sin importar su aplicación a los conocimientos empíricos.

      El conocimiento que denominamos científico tiene como característica fundamental la universalidad y la necesidad de sus juicios. Sabemos que las matemáticas y la física son ciencias pero, ¿podemos decir lo mismo respecto a la metafísica? ¿Es la metafísica una ciencia?

      La metafísica racionalista wolfiana era elaboraba a partir de conocimientos que no dependían de la experiencia, ni se basaban en el mundo real de la física y la química, es decir, la metafísica era un saber construido a priori, por la razón.

      Esta postura dogmática contrasta con la crítica a la metafísica que hizo Hume, autor que, según Kant le despertó de su sueño dogmático. Para este empirista radical, la metafísica solamente contiene ideas que no tienen un correlato en ninguna impresión, en nada que exista en el mundo real, y por lo tanto, no existe ni tiene validez como ciencia.



La ideas de libertad e igualdad condujeron a la Revolución Francesa. Delacroix, Eugene: "La Libertad guiando al pueblo", 1830

Los juicios científicos

      Kant intenta primero saber qué tipos de juicios utiliza el conocimiento científico y qué características fundamentales tienen. Convenimos todos en que para que un juicio pueda ser considerado científico debe cumplir, como mínimo, estos dos requisitos:

1. Los conocimientos que aporte deben ser universales y necesarios, esto es: su validez debe demostrarse siempre y en cada caso. Por otro lado, deben tener una tercera característica: no pueden ser de otra manera, característica que determina que estos conocimientos no pueden provenir de la experiencia.

2. Dichos juicios han de ir más allá de lo evidente y consabido, aumentando nuestros conocimientos gradualmente.


Luís XVI es guillotinado

Los juicios analíticos y sintéticos

      Kant hace una distinción entre juicios dependiendo de la relación que mantiene el predicado de la proposición con el sujeto. Así podemos establecer dos clases de juicios:

1. Juicios analíticos (A es B).

      Son aquellos en los cuales el predicado (B) está incluido en la noción de sujeto (A). Por ejemplo: La pelota (A) es redonda (B). La noción de redondez se infiere directamente y se halla implícita en el sujeto "pelota". En estos tipos de juicio, es suficiente examinar detenidamente el sujeto para comprender que el predicado le conviene necesariamente.

     Otros juicios analíticos serían: todos los cuerpos tienen extensión, el todo es siempre mayor que la parte y un triángulo tiene tres ángulos. Estos juicios son explicativos, es decir, explican lo que ya estaba implícito (tres ángulos) en la noción misma de sujeto (triángulo). Por este motivo, los juicios analíticos no amplían nuestros conocimientos ni nos permiten averiguar nuevas verdades.

      Los juicios analíticos son siempre a priori, esto es, son juicios cuya validez podemos establecer con total independencia de la experiencia. La noción misma de triángulo implica necesariamente el tener tres ángulos, y no tenemos que dibujar todos los posibles triángulos existentes para comprobarlo.

    Por lo tanto, estos juicios son conceptos metafísicos, no tienen existencia real en nuestro mundo, ni en el universo, son meros “fantasmas” o abstracciones de la realidad, nada más que modelos de los que se sirve para pensar un ser tan “infantil” como el ser humano, que sólo utiliza tópicos, frases hechas, sesgos cognitivos… para expresarse.



Fuente: Historia de la Filosofía © Oxford University Press España


2. Los juicios sintéticos (A es B).

    Son aquellos cuyo predicado (B) no está contenido en la noción de sujeto (A). Por ejemplo: La pelota (A) es azul (B) el predicado azul no se infiere directamente con sólo pensar en el sujeto pelota. Pare saber esto, tendremos que ver concretamente ésa pelota, comprobar que, de hecho, es azul.

          Vemos que los juicios sintéticos sí amplían y aumentan nuestros conocimientos (analíticamente sabía que la pelota es redonda, pero ahora que la he visto sé algo nuevo sobre ella: que es azul, de plástico, mate, y que tiene un diámetro de 15 cm.). A esta propiedad de los juicios sintéticos de ampliar nuestros conocimientos la denominó Kant extensión. Los juicios sintéticos son extensivos.

     Por lo que hemos visto podemos deducir otra cosa más: estos juicios son a posteriori, es decir, su verdad es conocida a partir de la experiencia: para saber si la pelota es azul no tendremos más remedio que cogerla y comprobarlo. Pero los juicios sintéticos a posteriori no son universales y necesarios: sucede que la pelota es azul y de plástico, pero esta verdad es contingente y particular. El dueño de la pelota podría pintarla o darle tanto uso que su color acabara siendo indeterminable.

3. los juicios sintéticos a priori

     Tradicionalmente, el conocimiento a priori se asocia con el conocimiento de lo universal y necesario, mientras que el conocimiento a posteriori se asocia con lo particular y contingente.

    Los conocimientos aportados por la experiencia están sujetos a todo tipo de modificaciones y excepciones que impiden que podamos asegurar su necesidad y universalidad: existe la posibilidad de que lo que ha venido sucediendo de una manera no vuelva a suceder así en un futuro.

     Hasta aquí no se puede decir que Kant haya hecho algún descubrimiento original. Los juicios analíticos son las relaciones de ideas de Hume, y los juicios sintéticos, sus cuestiones de hecho

    Pero, si esto fuera así, las ciencias no cumplirían los dos requisitos anteriormente mencionados: el tener un carácter universal y necesario y, además, aumentar nuestros conocimientos. Debe haber algún tipo de juicio que cumpla estas dos condiciones.

     Como prueba, Kant aduce el siguiente ejemplo: la proposición la recta (A) es la distancia más corta entre dos puntos (B) no es un juicio analítico a priori ni sintético a posteriori.

      No es analítico porque el predicado (distancia más corta entre dos puntos) no está incluido en la noción de sujeto (recta). Nada hay en la noción de recta que implique distancia alguna. Tampoco es un juicio sintético a posteriori, porque es evidente por sí mismo que entre dos puntos la distancia más corta será la línea recta. No hay que acudir a la experiencia para demostrar la verdad de la proposición.


    La universalidad y necesariedad de esta proposición es también evidente. No hay excepción posible, ni es una cuestión de hecho meramente probable. Tanto hoy como en un futuro lejano, la distancia más corta entre dos puntos será la línea recta. Por lo tanto, esta proposición no es a posteriori.

     Sin embargo, Kant no conocía los conceptos modernos de la teoría de la relatividad de Einstein sobre el espacio y el tiempo.  Una vez más, la realidad y la ciencia se empeñan en que nada de la metafísica, como el juicio que acabamos de contemplar, sea verdadero: el espacio es curvo.

     Ahora bien, desde el punto de vista lógico, esta proposición es perfecta y auténtica. Entonces ¿qué clase de juicio es esa proposición?
      Kant dirá, y esta es su originalidad, que es un juicio sintético a priori, esto es, un juicio que siendo a priori y por lo tanto, de carácter universal y necesario, sin embargo tiene la propiedad extensiva de los juicios a posteriori, permitiendo que aumentemos nuestros conocimientos.
     Así pues, son estos juicios sintéticos a priori los únicos que pueden denominarse científicos, porque cumplen con las características de universalidad y necesariedad y, por ser extensivos, amplían nuestros conocimientos.
    A continuación mostramos un esquema de todos los tipos de juicios que admite Kant:


TIPOS DE JUICIOS
ANALÍTICOS
SINTÉTICOS
A PRIORI
Explicativos
universales y necesarios
Extensivos
universales y necesarios
A POSTERIORI

Extensivos
contingentes y probables

Fuente: Elena Díez de la Cortina Kant: Teoría & Praxis. Cibernous

      Kant pretende acabar de una vez por todas con el radicalismo empírico y escéptico de Hume, que terminó por desechar como científicos los conocimientos de la física y de las demás ciencias de la naturaleza. Para este filósofo, los juicios de la física eran cuestiones de hecho meramente probables.

    Kant afirmará que los juicios de la física son sintéticos a priori, y, por lo tanto, aun siendo independientes de la experiencia, no por ello carecen de validez universal y necesaria.



Fuente:  educa2

La Crítica de la razón pura: Estética trascendental

      En la obra Crítica de la razón pura Kant hace un análisis trascendental del conocimiento: cuáles son las condiciones de posibilidad de todo conocimiento científico.

    Ya hemos visto que los únicos juicios que pueden fundamentar la ciencia son los juicios sintéticos (extensivos) a priori (universales y necesarios).

      La posibilidad de la ciencia supone la posibilidad de los juicios sintéticos a priori. Por eso, la pregunta fundamental de la crítica de la razón pura será ¿Cómo son posibles los juicios sintéticos a priori?

      Esto enlaza con el problema fundamental que Kant se había propuesto resolver: la posibilidad de la metafísica como ciencia. ¿Son posibles los juicios sintéticos a priori en la metafísica?

    Kant basará su teoría del conocimiento en distintas funciones o facultades: la sensibilidad, el entendimiento y la razón. Cada una de estas facultades se corresponde con un apartado de la Crítica de la razón pura:
 
     La Estética trascendental responde a la pregunta ¿Cómo son posibles los juicios sintéticos a priori en las matemáticas? Se hace una crítica a la sensibilidad y se fundamentan las matemáticas al descubrir las formas puras a priori de la sensibilidad: espacio y tiempo.

     La Analítica trascendental: responde a la pregunta ¿Cómo son posibles los juicios sintéticos a priori en la física? Se hace una crítica del entendimiento y se fundamenta la física al descubrir las formas puras a priori del entendimiento: las categorías.

    La Dialéctica trascendental: responde a la pregunta ¿Son posibles los juicios sintéticos a priori en la metafísica? En ella se demuestra la imposibilidad de una metafísica como ciencia. 



Fuente: Historia de la Filosofía © Oxford University Press España

LA ESTÉTICA TRASCENDENTAL

     La Estética Transcendental se ocupa de las condiciones que permiten el conocimiento sensible. El ser humano tiene la facultad de las sensaciones, llamada Sensibilidad, y fuera del hombre existen las cosas del mundo, los objetos que producen en la Sensibilidad las sensaciones,  que son dadas a posteriori y constituyen la materia del conocer. Las sensaciones o datos empíricos son materia. Las sensaciones son ordenadas por la forma, que ya está a priori en el espíritu.

     Las formas puras o principios a priori de la Sensibilidad son el espacio y el tiempo. La síntesis de las sensaciones y las formas es el fenómeno. Espacio y tiempo son las condiciones de posibilidad de toda experiencia, ahora bien, espacio y tiempo no son propiedades objetivas de las cosas mismas, sino formas a priori de la Sensibilidad.

    La Estética trascendental intenta responder a la pregunta sobre la posibilidad de los juicios sintéticos a priori en las matemáticas. Para ello Kant analiza la sensibilidad desde un punto de vista trascendental.

     Kant considera que, aunque el contenido de la realidad de nuestros conocimientos ha de provenir de la experiencia, sin embargo, la universalidad y necesidad de ella habrá de provenir del cognoscente mismo, de la Razón, que es igual para todos los hombres.



     Aquí Kant aplicó su propio giro copernicano a la filosofía. En la filosofía anterior (Aristóteles, Tomás de Aquino, Descartes...) la mente humana se comportaba pasivamente, era una tabula rasa que se determinaba y llenaba de contenidos, adquiriendo la forma (se in-formaba) de los objetos que conocía. Kant invertirá los papeles: a partir de ahora es la mente, el cognoscente humano el que determina activamente la realidad que ha de ser conocida.

      De esta manera Kant diferenciará entre la cosa dada, lo que los sentidos nos muestran, que denomina la materia del conocimiento.     A lo que pone el sujeto en el acto de conocer, y que no corresponde a lo dado en sí, lo llama Kant la forma del conocimiento. Esta forma es un principio a priori del propio cognoscente. El cognoscente es un sujeto activo que introduce su propia estructura en la realidad.



     De esta manera define la Sensibilidad como una facultad receptiva del ser humano, puesto que puede ser afectada por un dato empírico. Nuestra mente lo primero que hace es recibir impresiones o sensaciones que nos son dadas (materia) del exterior. A través de una intuición empírica nos relacionamos inmediatamente con el dato, con los "objetos" a través de los sentidos.

      Sin embargo, el dato empírico se caracteriza por ser diverso, caótico y por estar desprovisto de necesidad y universalidad. Se trata de un dato contingente, particular y empírico.

     Pero la Sensibilidad no se agota en esto. El sujeto recibe estos datos ordenados y unificados bajo una coordenada espacio-temporal. El espacio y el tiempo son las formas puras a priori de la sensibilidad.

    El sujeto humano no puede conocer ningún dato empírico que no esté previamente subsumido bajo la forma de espacio y tiempo.




    ¿Qué significa que el espacio y el tiempo son formas a priori de la sensibilidad?

     1. Que el espacio y el tiempo son formas significa que no son datos empíricos o impresiones sensibles particulares (colores, sabores, sonidos, etc.), sino los modos como percibimos todas las impresiones, tanto internas como externas. Son formas porque pertenecen a la estructura del cognoscente y no a lo dado exteriormente.

     2. A priori significa que son independientes de la experiencia. Son la condición previa a toda experiencia posible. Esto implica que el espacio y el tiempo no son ni substancias, ni propiedades reales de las cosas, sino leyes del propio sujeto que pertenecen y expresan su propia estructura.

     El espacio es la forma a priori de la sensibilidad externa y el tiempo es la forma a priori de la sensibilidad interna y externa. Ambas, espacio y tiempo, son intuiciones puras de la sensibilidad, es decir, se aplican directamente a los datos sensibles unificándolos y sintetizándolos en una unidad empírica.

     Una intuición pura significa que es una representación en la que no se encuentra nada perteneciente a la sensación. El espacio y el tiempo no son conceptos del Entendimiento, pues es la condición sin la cual no sería posible concepto alguno.

     Todo ello nos lleva a negar la posibilidad de conocer la realidad en sí misma, a no ser que el sujeto la haya ya sometido a sus propias leyes y estructuras.



      A la cosa en sí, lo dado, lo denominó Kant noúmeno. Kant no negó su existencia, pero admitió la imposibilidad de conocerlo. Nuestro conocimiento versa sobre fenómenos, esto es, los objetos tal y como se nos aparecen a nuestra Sensibilidad, es decir, lo nouménico sometido a las leyes del propio cognoscente.

    La pregunta sobre la posibilidad de los juicios sintéticos a priori en las matemáticas se fundamenta en el espacio y el tiempo como intuiciones a priori de la Sensibilidad.

   Las matemáticas ordenan en el espacio y el tiempo cuanto hay. La geometría ordena las dimensiones espaciales. Y la aritmética, por su sucesión (el 3 sigue al 2, el 2 al 1, etc.), ordena los acontecimientos en el tiempo. La validez de las matemáticas es universal y necesaria y aplicable a la experiencia.



Fuente: Historia de la Filosofía © Oxford University Press España

LA ANALÍTICA TRASCENDENTAL


    En la Analítica Trascendental Kant estudia la facultad de los conceptos que tiene el ser humano, facultad a la que llama Entendimiento y trata sobre las condiciones por las que podemos pensar los objetos dados por la Sensibilidad. También trata de resolver el problema de la posibilidad de los juicios sintéticos a priori en las ciencias de la naturaleza (física).
    Los humanos tenemos dos tipos de conceptos: los empíricos, que proceden de la experiencia y son a posteriori, y conceptos puros o categorías, que no proceden de la experiencia y son a priori. Percibir no es, aún, comprender los objetos; comprender los fenómenos es poder referirlos a un concepto, y esta es la función propia del Entendimiento.
     La Sensibilidad, por sí misma, no aporta conocimiento alguno. Necesita del Entendimiento o facultad de juzgar, para que los objetos dados en la sensibilidad puedan ser conocidos. Comprender un fenómeno significa que puede ser referido a un concepto.



     Por ejemplo, si una tarde vamos dando un paseo por un lugar desconocido y repentinamente vemos un objeto a lo lejos cuya forma, sonido, textura y movimiento no habíamos visto jamás, podremos describir fenoménicamente lo que vemos, pero no podremos decir que conocemos o comprendemos lo que vemos. Necesitamos incluir ese nuevo objeto dentro de una serie de conceptos (animal, vegetal, vertebrado, etc) que nos permitan conocer lo que fenoménicamente se nos aparece. Esto es lo que hace el Entendimiento, es decir, clasifica en categorías.
     El Entendimiento es la capacidad de pensar las representaciones fenoménicas de la realidad que están ya ordenadas y unificadas espacio-temporalmente por la Sensibilidad. Po ello se puede definir esta facultad como la que unifica y ordena los fenómenos dados por la intuición sensible bajo unidades categoriales o conceptos puros.
    Si el espacio y el tiempo eran las formas puras de la Sensibilidad, las categorías son las formas puras a priori del Entendimiento.
     Hay que diferenciar entre conceptos empíricos, extraídos de la experiencia a partir de la unificación de rasgos comunes a ciertos individuos y conceptos puros del entendimiento. Éstos son totalmente independientes de la experiencia (a priori), y son las reglas por las cuales unificamos los fenómenos dados por la intuición sensible para comprenderlos.




    ¿Cuántas categorías hay? ¿Cómo se deducen esas categorías o formas puras del entendimiento?

    Hay tantas categorías como formas de juicio hay en la lógica aristotélica. Las categorías (sustancia, causalidad, unidad...) son nociones que no se refieren a datos empíricos ni proceden de la experiencia, sino que existen o pertenecen a la estructura del entendimiento. Las sensaciones nos proporcionan una multiplicidad de objetos o cosas, lo cual no es comprensión todavía. Sólo cuando el Entendimiento aplica las categorías a esta multiplicidad se obtiene conocimiento.

    El Entendimiento no puede pensar los fenómenos si no es aplicándoles las categorías. Pero las categorías solamente son fuente de conocimiento aplicadas a los fenómenos y no tienen aplicación válida más allá de los mismos. El error de la filosofía dogmática (basada en el uso puro de la razón) consiste en usar las categorías para referirse a realidades transempíricas o trascendentes (Dios y el alma, p. ej.).

      Kant creyó que hacer un juicio es categorizar o conceptualizar (en el juicio "la mesa de la habitación es negra" conceptualizamos la realidad a la que se refiere el sujeto –la mesa– como siendo o teniendo determinadas características –como siendo negra–) y que, por lo tanto, habrá tantas formas puras de categorizar o conceptualizar, como formas puras de juicios. Dado que existe una relación especial entre las categorías y los juicios, pensó Kant, podemos averiguar cuántos y cuáles son dichos conceptos puros utilizando como "hilo conductor" la investigación de los tipos de juicios. La lógica de su tiempo ya había hecho esta investigación y Kant acudió a ella para establecer la tabla de categorías.

     A continuación presentamos una tabla con las doce categorías o leyes del juicio:

TABLA DE LOS JUICIOS
TABLA DE LAS CATEGORÍAS


Según la cantidad
Universales
"Todo A es B"


De la cantidad
Unidad
Particulares
"Algún A es B"
Pluralidad
Singulares
"Este A es B"
Totalidad


Según la cualidad
Afirmativos
"Es cierto que A es B"


De la cualidad
Realidad
Negativos
"A no es B"
Negación
Infinitos
"A es no B"
Limitación



Según la relación
Categóricos
 "A es B"



De la relación
Inherencia y Subsistencia (substancia y accidentes)
Hipotéticos
"Si A es B, entonces es C"
Causalidad y Dependencia (causa y efecto)
Disyuntivos
"A es B, o C, o D, ...."
Comunidad (acción recíproca entre el agente y el paciente)


Según la modalidad
Problemáticos
"A puede ser B"


De la modalidad
Posibilidad‑Imposibilidad
Asertóricos
"A de hecho es B"
Existencia‑No existencia
Apodícticos   
"A necesariamente es B"
Necesidad‑Contingencia

 
    
     Las categorías se usan de un modo adecuado cuando las aplicamos a los objetos que se dan a la experiencia pero no cuando con ellas intentamos pensar objetos que estén más allá de la experiencia, para pensar objetos trascendentes; así por ejemplo, el concepto de unidad tiene un valor objetivo si lo usamos para pensar el objeto  que tengo delante como una mesa, pero no para pensar en Dios como siendo una realidad; o la categoría de causa–efecto tiene valor objetivo cuando la aplico a la relación existente entre fenómenos (como el fenómeno de calentar el agua a 100 grados y el fenómeno de hervir el agua), pero no es válida cuando la utilizo para pensar en un ser trascendente como Dios  y decir de él que es causa del mundo (Historia de la Filosofía. Volumen 2: Filosofía Medieval y Moderna. Javier Echegoyen Olleta. Editorial Edinumen.).

     Pongamos un ejemplo: todos los habitantes de Samarcanda pesan más de 120 kilos.

    Se trata de un juicio universal, afirmativo, categórico y asertórico. Para producir este juicio, nuestro Entendimiento unifica las impresiones sensibles aplicando las categorías puras del Entendimiento. Las categorías, por sí mismas, no tienen contenido alguno (están vacías).  Su contenido les viene dado por el conocimiento sensible. Ahora bien; el límite de aplicación de las categorías es la experiencia, las cosas u objetos aportados por la Sensibilidad. Más allá de ella, las categorías no producen conocimiento válido.

     Por eso un juicio del tipo: todos los marcianos tienen la piel viscosa y verde o este otro juicio: las almas de los difuntos irán al cielo, no aporta conocimiento alguno, porque las categorías se aplican ilegítimamente a algo (marcianos, almas, cielo) de lo que no tenemos experiencia alguna (carecemos de conocimiento sensible sobre los marcianos o las almas). Ver Wittgenstein i el Tractus.

    Ahora estamos en condiciones de responder afirmativamente a la pregunta de si son posibles los juicios sintéticos a priori en la física.

    La universalidad y necesariedad de los juicios de la física proviene de las categorías o conceptos puros del Entendimiento: las leyes de la física son las leyes de nuestro propio pensar. Remiten a la estructura del cognoscente, no de la realidad en sí (nouménica).

    Kant restaura el principio de causalidad destruido por Hume: éste no depende de la experiencia, sino que es a priori.



Fuente: Historia de la Filosofía © Oxford University Press España

LA DIALÉCTICA TRANSCENDENTAL

       La Dialéctica Transcendental estudia la Razón (facultad de las argumentaciones) y el problema de si la Metafísica puede ser un saber a priori, y concluye que la Metafísica como disciplina científica es imposible.

      La Metafísica quiere alcanzar las cosas tal y como son en sí mismas, sus objetos son transcendentes ―no empíricos―: el alma, Dios y el mundo como totalidad. La pregunta que se intenta contestar es ¿Son posibles los juicios sintéticos a priori en la metafísica?

    La Razón es la facultad que reduce la multiplicidad de los conceptos puros del Entendimiento a un número mínimo de principios. La Razón es la facultad de la unidad de las reglas del Entendimiento bajo principios.

   La Razón intenta unificar lo dado por el Entendimiento en unidades supremas. Por ello Kant denomina a esta facultad "la facultad de los principios".

    La razón conecta unos juicios con otros, siguiendo la estructura del silogismo, para formar razonamientos. Dichos silogismos, relacionan la condición que se establece en las premisas con lo condicionado que se infiere en la conclusión.

Los silogismos presentan la siguiente estructura:

Premisa mayor: regla general o mayor.

Premisa menor: conocimiento que se halla bajo la condición de la regla.

Conclusión: aplicación de la regla a este caso.

    Veamos unos ejemplos de uso de los silogismos:

Todos los hombres son mortales
Todos los investigadores son hombres
Conclusión: todos los investigadores son mortales
    En su uso puro, la Razón tiende a subordinar la condición que aparece en la premisa mayor (Todos los hombres son mortales) a una condición todavía más general, convirtiéndose en condicionado de ésta. Esto se denomina prosilogismo o silogismo reductivo.

Todos los animales son mortales
todos los hombres son animales
Conclusión: Todos los hombres son mortales

  Hemos dado un paso más en la generalización.

Todos los vivientes son mortales
todos los animales son vivientes
Conclusión: todos los animales son mortales

     En virtud de este movimiento reductivo, la razón tiende hacia una condición incondicionada, intentando reducir todo a una unidad superior e incondicionada denominada idea trascendental.

     Las ideas trascendentales son conceptos puros de la razón a priori y significan la unificación de todos los conocimientos del entendimiento mediante su remisión a unos principios primeros y condicionados que constituyen el límite de nuestro conocimiento posible.

    Tres son las ideas o unidades límites de la razón pura:

Alma: idea que unifica todos los fenómenos de la experiencia interna.

Mundo: idea que unifica todos los fenómenos de la experiencia externa.

Dios: idea que unifica los fenómenos de la experiencia interna (alma) y externa (mundo).

     Alma, mundo y Dios son ideas que no se adquieren por intuición sensible alguna ni hacen referencia alguna a la experiencia o a la realidad fenoménica. Por eso, mediante estas ideas no conocemos nada. Podemos pensar en esas unidades, pero no conocerlas, porque son precisamente el límite donde nuestro conocimiento ha de detenerse. El límite del conocimiento es el límite de la experiencia posible.

     Kant dice que la Razón realiza argumentos aparentemente correctos pero ilegítimos, como lo son los de la metafísica. El conocimiento intelectual formula juicios y conecta unos juicios con otros formando razonamientos. Pero hay una tendencia peculiar en el uso de la Razón: la Razón busca encontrar juicios cada vez más generales, aspira a lo incondicionado, al fundamento de los fundamentos. Cuando la Razón, en esa búsqueda de las condiciones de lo condicionado, de leyes más generales y profundas, se mantiene en los límites de la experiencia, su uso es correcto y no da lugar a contradicciones; pero esa tendencia lleva inevitablemente a traspasar los límites de la experiencia empírica en busca de lo incondicionado: los fenómenos físicos se pretenden explicar por medio de teorías metafísicas acerca del mundo, los fenómenos psíquicos de teorías metafísicas acerca del alma, y unos fenómenos y otros se intentan explicar y unificar por medio de teorías metafísicas acerca de una causa suprema de ambos tipos de fenómenos: Dios. "Dios", "alma" y "mundo", son pues tres Ideas de la Razón; ideas que, sin embargo, no tienen una referencia objetiva, pues no podemos conocer los objetos a los que se refieren.




Antinomias y paralogismos

    Según Kant, cuando aplicamos las ideas de la razón pura a la cosmología aparecen antinomias o proposiciones que son, a la vez, falsas y verdaderas.

    Por ejemplo, la afirmación de que el mundo tiene un comienzo en el espacio y en el tiempo: si esto fuera verdad, el espacio y el tiempo tendrían que provenir de una nada anterior, lo que supondría la antítesis de lo que se quería demostrar: que el mundo no tiene comienzo en el espacio y en el tiempo. Pero, si esto último fuera verdad, no podría hablarse de un acontecer en el universo, acontecer que requeriría un comienzo y un fin.

    Por paralogismos entiende Kant falsas conclusiones que surgen cuando aplicamos las ideas puras de la razón a la psicología racional. Son proposiciones que no tienen como materia una intuición sensible, por lo que trascienden la posibilidad de toda experiencia.

     Un paralogismo es confundir la unidad del Yo pienso con la unidad trascendental del yo como substancia simple y como personalidad (alma).

     A la pregunta de si son posibles los juicios sintéticos a priori en la metafísica Kant responderá negativamente.

     La metafísica no es posible como ciencia, pues la razón encuentra paralogismos y antinomias y no conocimiento.

     Sin embargo, esto no quita todo valor a la metafísica: la función de ésta ha de ser metodológica y reguladora: expresa el ideal del hombre de seguir avanzando en el camino del conocimiento, a la vez que le fija un límite donde detenerse.



Fuente: Historia de la Filosofía © Oxford University Press España

Historia natural del alma
(Basada en la obra de L. Bossi y la historia del pensamiento de Arthur O. Lovejoy)

1. ¿Que es el alma?


2. El alma en la Antigüedad


3. El alma de los animales


4. El racionalismo y el hombre máquina

5. El Idealismo


6. Transformismo: la escala en movimiento


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