jueves, 5 de marzo de 2015

Berkeley y su idealismo extremo

     En  el siglo  del romanticismo, la filosofía continuó ocupándose de los problemas más importantes que acucian al ser humano, es decir, tratar de explicar el mundo, la naturaleza, el hombre. Esta tendencia naturalista contrarrestó el idealismo dominante entre los pensadores.
  
     No voy a tratar aquí sobre los manuales burgueses de filosofía que nos inquietan con la  descripción de lo que ellos llaman corrientes filosóficas. Nos serviremos del sentido común y del libro Principios elementales y fundamentales de filosofía de Georges Politzer.  La mayoría de las corrientes filosóficas pertenecen a la corriente del idealismo.  Sin embargo, los manuales filosóficos se empeñan en designarlas con múltiples palabras más o menos complicadas que terminan en "ismo": el criticismo, el evolucionismo, el intelectualismo, etcétera, y esta cantidad crea la confusión.



Principios elementales y fundamentales de filosofía de Georges Politzer

    En realidad, sólo existen dos concepciones opuestas para explicar el mundo: a)  La concepción científica y b) La concepción no-científica del mundo.

    El idealismo clásico defiende que lo único real es el espíritu, como vimos en las filosofías orientales (Vedanta, confucianismo), Platón y su teoría de las ideas, el neoplatonismo, fuertemente influido por el misticismo, la filosofía de la Edad Media, sometida a la teología cristiana, San Agustín, influido por el platonismo y neoplatonismo, Santo Tomás de Aquino, el cual se apoya en una visión aristotélica “sui generis”. En resumen,  las teorías idealistas, como la platónica,  afirman que las Ideas existen separadamente de los objetos en un mundo inteligible.

     El idealismo objetivo admite el realismo del sentido común, acepta la existencia de objetos materiales que pueden ser conocidos, pero rechaza el naturalismo según el cual la mente y los valores espirituales han surgido de las cosas materiales. Tampoco acepta que el mundo material sea el auténticamente real, sino la manifestación de lo que existe por sí solo, llámese Absoluto, yo Absoluto, o Dios.

     Los filósofos al observar el mundo se ven en la necesidad de distinguir entre las cosas y objetos que son materiales, que vemos y tocamos, y las otras cosas que no vemos y que no podemos tocar, ni medir, como nuestras ideas. Clasificamos las cosas de este modo: por una parte, las que son materiales; por otra, las que no son materiales y que pertenecen al dominio del espíritu, del pensamiento, de las ideas. 


Engels, en su libro Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, habla del ser y del pensamiento. Él ser es la materia; el pensamiento es el espíritu que surge de la materia. El pensamiento es la idea que nos hacemos de las cosas; ciertas ideas surgen ordinariamente de nuestras sensaciones y corresponden a objetos materiales; otras ideas como la de Dios, de la filosofía, del infinito, del pensamiento mismo, no corresponden a objetos materiales. Tenemos ideas, pensamientos, sentimientos, porque vemos y sentimos.

     La materia o el ser es lo que nuestras sensaciones y nuestras percepciones nos muestran y nos dan; es lo que se llama "el mundo exterior" por ejemplo: mi hoja de papel es blanca. Saber que es blanca sería una idea, y son nuestros sentidos los que nos dan esta idea. La materia es la hoja misma. Es cierto que los sentidos, muchas veces nos engañan y proporcionan información falsa de la realidad, pero el cerebro es capaz de corregir este tipo de información “falseada” y llegar al conocimiento real del objeto estudiado. Ningún científico deduciría del hecho de que, a veces, los sentidos nos proporcionen información ilusoria que la realidad no existe y lo único real son las ideas de esas cosas. Siempre es la materia la que crea la idea, la que nos proporciona los modelos que utilizamos para explicar el mundo y, aunque estos modelos metafísicos parezcan verdaderos o tengan lógicamente validez, nunca deberemos confundirlos con la realidad que se puede medir y pesar. Por ejemplo: aunque pueda tener validez lógica el enunciado de que “la distancia más corta entre dos puntos es la línea recta”, en el mundo real pude ser que no se cumpla el modelo y que la distancia más corta sea la curva. Por eso, nunca el pensamiento lógico se debe confundir con el mundo real, no siendo más que un lenguaje  con el que creamos modelos del funcionamiento del mundo en nuestro cerebro. Estos modelos pueden encajar con la realidad o no, pero nunca son la realidad.

      Cuando los hombres nos planteamos las cuestiones fundamentales de la filosofía (¿en qué nos transformamos después de la muerte? ¿De dónde procede el mundo? ¿Cómo se ha formado la tierra?) nos resulta difícil admitir que siempre haya habido algo. Tenemos la tendencia a pensar que, en cierto momento, no había nada. Por eso es más fácil creer lo que enseña la religión: un Espíritu poderoso creó el mundo de la nada.    


      Otros filósofos idealistas plantearon la cuestión en términos de voluntad y poder. La voluntad aquí es el espíritu, el pensamiento; y el poder es lo posible, el ser, la materia. También tenemos la cuestión de las relaciones entre la "existencia social" y la "conciencia social”. Esta consciencia es el reflejo de las relaciones entre los hombres. La vida social es la esfera más compleja del mundo material, y conjuntamente con los fenómenos de orden económico-material y político-social, incluye los fenómenos espirituales definidos por el marxismo-leninismo en el concepto de conciencia social.

      El hombre primitivo creía que aquello que soñaba era real, en sueños veían vivir a sus amigos y a ellos mismos, llegando a la concepción de que cada uno de nosotros tenía una doble existencia. Turbados por la idea de ese "doble", llegaron a figurarse que sus pensamientos y sus sensaciones eran producidos no por su propio cuerpo, sino por un alma particular que habitada en ese cuerpo y lo abandonaba en el momento de la muerte.



Cómo se conocieron ellos mismos", acuarela de Dante Gabriel Rossetti. Representa a los espíritus dobles o Doppelgangers de la mitología alemana, y se refiere a un fantasma o aparición que no proyecta sombras y es una réplica o doble de una persona viva

    Así surgió la idea de la inmortalidad del alma y de una vida posible del espíritu fuera de la materia, y así llegaron a concebir una oposición entre materia y el pensamiento.

     En lo que llevamos de estudio sobre el concepto de alma, vimos que los seres humanos, al principio, concibieron el “alma” como una especie de cuerpo transparente y ligero y no en forma de pensamiento puro. De la misma manera, creían en dioses, seres más poderosos que los hombres, pero los imaginaban en forma de hombres o de animales, como cuerpos materiales. Sólo más tarde, las almas y los dioses (después el Dios único que ha reemplazado a los dioses) se concibieron como puros espíritus.

      Se llegó entonces a la idea de que hay en la realidad espíritus que tienen una vida independiente de sus organismos y que no necesitan cuerpos para existir.



Grabado de 1810 que representa la salida del alma del cuerpo, ilustración inspirada en el poema La tumba, de Robert Blair

     Los filósofos se preguntaron entonces si el mundo fue creado por estos espíritus o por un Espíritu todo poderoso, llamado Dios, o existía desde siempre.  Según respondieran de tal o cual manera a esta pregunta, los filósofos se dividían en dos grandes campos: los que admitían la creación del mundo por Dios, afirmaban que el espíritu había creado la materia y se llamaban idealistas. Los otros, los que trataban de dar una explicación científica del mundo y pensaban que la naturaleza, la materia, era el elemento principal, pertenecían a las diferentes escuelas del materialismo.



William Blake hizo este grabado cuando murió su hermano, en 1787, y creyó ver cómo el alma huía de su cuerpo.

      ¿Por qué piensa el hombre? Existen dos respuestas del todo diferentes y totalmente opuestas:

1ª respuesta: El hombre piensa porque tiene alma.

2ª respuesta: El hombre piensa porque tiene cerebro.

      La cuestión consiste en saber, pues, si el cerebro ha sido creado por el pensamiento o si el pensamiento es un producto del cerebro. Según nuestra respuesta, seremos idealistas o materialistas.

      El idealismo y la Iglesia sostienen que Dios, el Espíritu puro, ha creado el mundo, la materia. Pero desde el siglo XV la ciencia comienza a explicar los fenómenos de la naturaleza sin tener en cuenta a Dios y prescindiendo de la hipótesis de la creación.

     Para combatir mejor estas explicaciones científicas, materialistas y ateas, había pues, que llevar más lejos el idealismo, al extremo de negar la existencia de la materia. Esto es lo que hizo el obispo Berkeley en su libro Tres Diálogos entre Hylas y Filonus. El objetivo de su sistema filosófico era, pues, destruir el materialismo, tratar de demostrarnos que la sustancia material no existe. 



     Diderot, pensador materialistas, atribuía al sistema de Berkeley cierta importancia, pues lo describe como "un sistema que, para vergüenza del espíritu humano y de la filosofía, es el más difícil de combatir, aunque sea el más absurdo de todos." Lenin en Materialismo y Empirocriticismo escribió: “Los filósofos idealistas más modernos no han producido contra los materialistas ningún... argumento que no pueda encontrarse en el obispo Berkeley”.

      Berkeley decía:

      “La materia no es lo que creemos, pensando que existe fuera de nuestro espíritu. Pensamos que las cosas existen porque las vemos, porque las tocamos; y como ellas nos brindan esas sensaciones, creemos en su existencia.

     Pero nuestras sensaciones no son más que ideas que tenemos en nuestro espíritu. Así, pues, los objetos, que percibimos por nuestros sentidos no son otra cosa más que ideas, y las ideas no pueden existir fuera de nuestro espíritu”.



George Berkeley pintado por John Smybert (1727). Wikipedia


     Las cosas existen, es verdad; pero en nosotros, en nuestro espíritu, y no tienen ninguna sustancia fuera del espíritu. En su libro Diálogos de Hylas y de Fylonus, Berkeley nos demuestra esta tesis de la manera siguiente:

      “¿No es un absurdo creer que una misma cosa en un mismo momento pueda ser diferente? Por ejemplo: ¿caliente y frío en el mismo instante. Imaginad, pues, que una de nuestras manos esté caliente, la otra fría, y que ambas manos se sumerjan al mismo tiempo en un vaso lleno de agua, a una temperatura intermedia: ¿no parecerá el agua caliente para una mano, fría para la otra?

     Como es absurdo creer que una misma cosa en el mismo momento pueda ser en sí misma diferente, debemos sacar la conclusión de que esta cosa no existe sino en nuestro espíritu”.


       Los filósofos griegos habían establecido, entre las cualidades de las cosas, la distinción siguiente: por una parte, las cualidades primarias, es decir, las que están en los objetos, como el tamaño, el peso, la resistencia, etc. Por otra parte las cualidades secundarias, es decir, las que están en nosotros, como el color, el sabor, el calor, etc.



Berkeley (a la derecha) y su familia en las Bermudas (retrato realizado en 1731 por John Smibert). Wikipedia

      Berkeley aplica a las cualidades primarias la misma tesis que a las secundarias, a saber: que las cualidades, las propiedades, no están en los objetos, sino en nosotros.

     Ahora sabemos que los sentidos nos pueden proporcionar falsas percepciones de los objetos, pero con la ayuda del método científico y de los aparatos de medir, podemos corregir estas percepciones y no llegamos a la absurda conclusión de que no existen. Sin embargo, Berkeley llega a esa conclusión, incurriendo en un sofisma, sacando de esas observaciones, consecuencias que no se admiten. Demuestra, en efecto, que las cualidades de las cosas no son tales como las muestran nuestros sentidos, es decir, que nuestros sentidos nos engañan y deforman la realidad material, y en seguida saca la conclusión de que ¡la realidad material no existe!

     En resumen, las respuestas idealistas a la cuestión fundamental de la filosofía son:

     1. El espíritu crea la materia.

      Esta afirmación puede tener dos sentidos: O bien Dios ha creado el mundo y éste existe realmente fuera de nosotros, teoría que se conoce como el idealismo ordinario de las teologías. O bien Dios ha creado la ilusión del mundo, dándonos ideas que no corresponden a nada. Es el idealismo "inmaterialista" de los filósofos.

      2. El mundo no existe fuera de nuestro pensamiento.

     Para los idealistas, los bancos y las mesas existen, sin duda, pero sólo en nuestro pensamiento, y no fuera de nosotros.

      3.   Son nuestras ideas las que crean las cosas.

      Dicho de otro modo, las cosas son el reflejo de nuestros pensamientos. Dios es el que crea nuestro espíritu y nos impone todas las ideas del mundo que encontramos en él.

    He aquí las principales tesis sobre las cuales se apoyan las doctrinas idealistas y las respuestas que dan a la cuestión fundamental de la filosofía según el manual Principios elementales y fundamentales de filosofía de Georges Politzer.

Historia natural del alma
(Basada en la obra de L. Bossi y la historia del pensamiento de Arthur O. Lovejoy)

1. ¿Que es el alma?


2. El alma en la Antigüedad


3. El alma de los animales


4. El racionalismo y el hombre máquina

5. El Idealismo


6. Transformismo: la escala en movimiento


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