jueves, 21 de marzo de 2013

Hermetismo


1.    El hombre y su trascendencia en los “textos herméticos”
  
      "¡Oh, vosotros que vivís sobre la tierra y vosotros que vais a nacer, que vendréis a este desierto, que veréis esta tumba y pasaréis ante ella: venid. Yo os conduciré al camino de la vida, de forma que podáis navegar con buen viento, sin que quedéis varados, para que alcancéis la morada de las generaciones, sin llegar a la aflicción"

Inscripción de la tumba de Petosiris, Sumo Sacerdote de Thot en Hermópolis.


Sesostris I (Museo de Arte Egipcio de Luxor).

      Hermes Trimegisto (el Tres veces Grande) es la denominación que los filósofos griegos utilizaron para referirse al antiguo dios egipcio Thot, señor del conocimiento y de la sabiduría. En ese sentido, tenemos constancia de que cuando Herodoto visitó Egipto ya denominó templo de Hermes a un santuario consagrado a Thot (Herodoto II, 138).



Grabado de El Kybalión. Hermes Trismegisto portando las esferas celestes en su mano derecha, la razón, y señalando a la dualidad, Sol y Luna.

     Thot, gran dios de Hermópolis Magna, en el Alto Egipto, era uno de los dioses primordiales egipcios, encabezando una ogdóada de dioses que según una antiquísima creencia se habría asentado sobre la colina primigenia de Hermópolis. Creador de las ciencias y de las artes vinculadas a la escritura, Thot era una divinidad que jugaba un papel de gran transcendencia en las Casas de la Vida, en donde se estudiaban los conocimientos que había legado al hombre, vinculados con las creencias religiosas, la magia, la medicina, la astrología y la alquimia.

      Leemos en Sendero del Mago que de los libros de Hermes han quedado muy pocos datos y escasos originales dignos de auténtica fe. Según antiguas crónicas, en la famosa Biblioteca de Alejandría, durante el reinado de la última dinastía de los Tolomeos, se guardaban de Hermes, el más sabio maestro de la antigüedad, 42 libros esotéricos que resumían toda la sabiduría de las edades, pero fueron destruidos por el gran incendio que asoló la biblioteca durante el desembarco de la armada romana de Julio César.



Corpus Hermeticum, atribuido a Hermes Trismegisto.

     A través de traducciones griegas se supo el título de alguo de ellos, como El Pymander, El Kybalión, ciertos libros de poemas sueltos y El Libro a la Salida de la Luz del Día, más conocido como Libro de los Muertos, por haberse encontrado ejemplares de él dentro del sarcófago de las momias de algunos destacados egipcios.

      Otros libros son conocidos por algunos fragmentos sueltos que fueron agrupados e interpretados bajo el título genérico de Libros de Thot-Hermes. Tales libros de Toth circularon profusamente durante el período de dominación romana por los tres continentes de África, Europa y Asia cercana bajo el lema de Corpus Herméticum en traducción latina la que, unida a la griega, a otras de procedencia árabe y a las egipcias en lengua popular, han llegado hasta nuestros días.




Dios Egipcio Thot, el dios de la ciencia. Mercurio, mensajero de los dioses romanos


Hermes con sus atributos. Basilius Valentinus, Duodecim Claves

     Hermes Trismegisto es una figura mitológica compleja que presenta el aspecto de un superhombre divinizado a quien incluso se ha atribuido una obra clave de la tradición esotérica occidental. Síntesis del Thot egipcio, el Hermes griego y el Mercurio romano, es el arquetipo del Conocimiento, el Verbo divino encarnado en ser humano.

     Para los helenistas herméticos y, posteriormente, para los pensadores humanistas del Renacimiento, desde Marsilio Ficino a Giordano Bruno, Hermes (Thot) habría sido el gran profeta de la humanidad. Él habría sido quien enseñó sus conocimientos a otros hombres que como Moisés u Orfeo habrían de jugar luego un papel transcendental en la historia de las religiones.

1.    Textos Herméticos




Libro de los Muertos (Museo de El Louvre).

     En el siglo II a.C. diversos tratados egipcios atribuidos a Hermes comenzaron a ser traducidos al griego. Se trataba de unos textos que habrían de alcanzar un notable éxito en la medida en que ofrecían esperanza y certezas a la filosofía griega en un ámbito, la religión, en el que los egipcios no tenían rivales.

    De manera paulatina habría de producirse una influencia mutua de lo griego y de lo egipcio, de cuya interacción iría surgiendo lo que hoy se conoce como hermetismo filosófico que sobre el fondo que supone el conglomerado religioso egipcio desarrollaría luego unas concepciones que se sitúan en el marco teórico del medioplatonismo (cubriendo el espacio existente entre el propio Platón y la filosofía neoplatónica). En palabras de Xavier Renau (Cita), el Hermetismo habría de elaborar "una refinada espiritualidad basada en la piedad por medio del conocimiento", o en definición del propio "Libro de Asclepio", una religión de la mente. Ver la edición de Textos herméticos, introducción, traducción y notas de Xavier Renau Nebot, Madrid: Gredos, 1999. Muy interesante la web de Xavier Renau Nebot donde nos ofrece una suculenta sección de vocabulario y conceptos herméticos: 




Cosimo de Medici le encargó a Marsilio Ficino traducir el Corpus Hermeticum al latín. El manuscrito de Ficino constaba de catorce folletos pequeños. La traducción fue en 1471.



Corpus Hermeticum. El Pymander, Cracovia, 1584

     En el Hermetismo pronto se aprecia que no existe una clara unidad doctrinal. Fruto del flujo y reflujo de creencias se puede afirmar que existen realmente dos hermetismos. De un lado, tendríamos

      a) El Hermetismo pesimista, que acusa la influencia egipcia y también de otras culturas orientales (persa, judía y babilónica). Destaca por presentar unas concepciones de marcado carácter dualista en las que la materia se distingue, en esencia, por su maldad. El hombre es concebido como cárcel del alma, estando revestido de una túnica aborrecible que le impide reconocer la belleza de la verdad y el bien que en ella reside (Tratado VII del "Corpus Hermeticum"). El Hermetismo pesimista habría de ejercer una notable influencia sobre las doctrinas gnósticas. El Corpus hermeticum es una colección de 24 textos sagrados escritos en lengua griega que contienen los principales axiomas y creencias de las tendencias herméticas. En ellos se trata de temas como la naturaleza de lo divino, el surgimiento del Cosmos, la caída del Hombre del paraíso, así como las nociones de Verdad, de Bien y de Belleza.



Edición holandesa del Corpus hermeticum, impresa en el año 1643.

Por otro lado, existe también el denominado

      b) Hermetismo optimista, en el que también se acusa la impronta egipcia, influenciada luego, además, por la filosofía griega. La idea central de esta corriente es que el hombre es un ser digno de admiración, en la medida en que desarrolla una función fundamental para el mantenimiento del orden del cosmos. El hombre, nos dice el "Libro de Asclepio", es un gran milagro. Es un ser vivo digno de toda veneración y honor.

    Los "Textos Herméticos", sostiene Xavier Renau, recogerían las enseñanzas religiosas y filosóficas de una comunidad de hombres que no se limitaba a la mera discusión teórica de las cuestiones sino que buscaba vivir una experiencia que se iniciaba con el diálogo, continuaba con la plegaria y terminaba con el recogimiento místico (iluminación divina). 




Los "Textos Herméticos"  estudio de  Xavier Renau

     El hermetismo constituye un conjunto de tendencias que coinciden, en lo fundamental con la doctrina de los Hermética filosóficos:

      Correspondencia, interdependencia entre todas las partes de la realidad (Dios, Cosmos, Hombre), concebida como una red de antipatías y simpatías, como un juego de espejos. Conciben el Cosmos, la Naturaleza, como organismo vivo. El Hombre como realidad compleja (cuerpo, alma, espíritu) que puede acceder a diferentes niveles de la realidad mediante el conocimiento (gnosis).

     La gnosis como regeneración, transmutación o palingenesia: un segundo nacimiento. La experiencia mística. La gnosis como iniciación a una Sabiduría perenne que se remonta a los tiempos primigenios. La tradición. El Secreto.

     3. Kóre Kósmou (La visión pesimista) 

      El libro conocido como "Kóre Kósmou" (Consulta en la entrada el dualismo) es uno de los textos que se integran en la Antología o Florilegio de Juan de Stobi, que habría vivido en Macedonia entre los siglos V y VI d.C. En él se nos habla de la existencia de dos mundos -el que está arriba (el cosmos) y el que está abajo (nuestro mundo)-, afirmándose que solamente a través de la revelación puede el hombre llegar a conocer el modo en que el mundo superior ha sido ordenado. Isis y Osiris habrían instituido en la tierra unos misterios o funciones sagradas que, en suma, vendrían a significar la prolongación en nuestro mundo de los misterios del cosmos o mundo superior.

     La revelación de los secretos del cosmos es algo que solo es accesible a los iniciados en los misterios. Hermes, que lo conoció todo, habría grabado esos misterios en libros sagrados que quedaron luego silenciados y ocultos, constituyéndose desde entonces en objeto de búsqueda por parte de las generaciones que habrían de ir naciendo.

     El "Kóre Kósmou" nos dice que a Hermes "le vino a la mente la precisa decisión de depositar los sagrados símbolos de los elementos cósmicos cerca de los secretos de Osiris". Luego habría ascendido a los cielos, exclamando antes:

      "Oh, libros sagrados, que fuisteis creados por manos incorruptibles y ungidas con el filtro de la inmortalidad, vosotros sobre quienes tengo poder, permaneced incólumes e incorruptibles por el transcurso de toda la eternidad haciéndoos incontemplables e indescifrables para todo aquél que vaya a recorrer las llanuras de esta tierra, hasta que el anciano cielo haya dado a luz sistemas dignos de vosotros, que el creador denominó almas".

      Es decir, según las creencias herméticas, Hermes habría conocido los secretos del cosmos en un momento en que todavía no existían, siquiera, las almas y, por tanto, menos aún los hombres. La revelación de esos misterios solo podría ser accesible para las almas una vez que estas fueran creadas por el Supremo. El hombre, en cuanto compuesto de cuerpo y de alma, no podrá acceder a esa revelación salvo que el alma consiga aflorar y prevalezca sobre la materia del cuerpo. Desde la pura materia, en las creencias herméticas, no es posible acceder a la revelación. A través de la iniciación solamente las almas más puras podrán acceder al conocimiento sagrado. 

4. La rebelión de las almas (Consultar la entrada del dualismo)






Tumba de Pached (Pashedou, Pachedou, Pashed…). Deir el Medina. 

      Afirma el "Kóre Kósmou" que hubo un momento en que el Supremo deseó que el mundo superior no estuviera inactivo, sino que decidió llenarlo de espíritus, es decir de criaturas dotadas de pneuma divino (almas-astros), buscando con ello el movimiento y la acción en el cosmos. Hizo así nacer Dios miríadas de almas, creando un total de 60 grados de ellas (todas, eso sí, inmortales) cuyo destino sería poblar las distintas regiones del cosmos, cada una de ellas en un lugar concreto, adecuado a su propia naturaleza.

     Insistió el Creador en que las almas debían situarse en el lugar que él las había asignado, advirtiéndolas que "si cometiereis algún acto de rebeldía contra mis propias resoluciones os juro por mi sagrado aliento que con la misma mezcla de la cual habéis nacido y con mis mismas manos creadoras de almas, fabricaré de inmediato cadenas y suplicios para vosotras".

    Desgraciadamente, las almas no tardaron en transgredir las disposiciones divinas y dotadas de una audacia indiscreta e impía, llenas de curiosidad, abandonaron sus propias secciones y no permanecieron en los lugares que tenían asignados. Ante esta situación, Dios no dudó en castigar a las almas: resolvió crear al hombre para que en él sufriesen castigo eterno las almas, que no habían seguido sus deseos.

     Sigue narrando el Kóre Kósmou que las almas, cuando conocieron que su destino era el de ser encarceladas en los cuerpos de los hombres comenzaron a gemir y lamentarse de modo similar a como lo hacen los animales salvajes cuando son obligados a vivir en cautiverio:

     "Sufrimos –dirán- la terrible desgracia de ser separadas de todos vosotros (el cielo y los astros) y, lo que es peor, tras ser arrebatadas de las cosas grandes y luminosas, de lo sagrado envolvente, de la opulenta bóveda celeste y de la felicidad participada con los dioses, vamos a ser de este modo encerradas en unos indignos y abyectos cuerpos. ¿Pero qué acto tan vergonzoso hemos podido cometer, desgraciadas de nosotras?".

     Las almas eran conscientes de que habían quedado atrapadas en unos cuerpos acuosos y rápidamente disolubles, nos dice este texto hermético, a través de los cuales ya solo podrían contemplar, en tamaño ínfimo, a su progenitor el cielo. Con los ojos de los hombres, las almas ya no podrían disfrutar contemplando la Luz de Dios. Los ojos de los humanos, por si mismos, no la pueden ver.

      Atormentadas, las almas terminaron suplicando perdón a Dios y este, finalmente, en su gran bondad, decidió ofrecerlas un motivo de esperanza. En efecto, si las almas, en su paso por la existencia humana, actuaban de una manera virtuosa, sin cometer faltas graves, tras la muerte del cuerpo que las aprisionaba se produciría su abandono del lazo perecedero de la carne y podrían retornar, ya libres de sollozos, a los cielos. Sin embargo, si cometían faltan graves durante su vida como hombres las almas jamás llegarían a alcanzar el cielo y en adelante ya ni siquiera ocuparían cuerpos humanos, sino que pasarían el resto de su existencia errantes entre los animales irracionales. Estas creencias son similares a las que Platón, que vivió parte de su vida en Egipto, exponía en su obra "Timeo".

     Según el "Kóre Kósmou", las almas más justas, es decir las que experimentan más profundamente el cambio hacia lo divino, son las que cuando habitan los cuerpos humanos sobresalen como reyes justos, filósofos, legisladores, profetas de los dioses, músicos, astrónomos, etc.

      5. La redención de Osiris 

      A pesar de que el Supremo había ofrecido a las almas una clara esperanza de redención, lo cierto es que en un momento posterior habría de producirse lo que se conoce como la segunda rebelión de las almas. Aprisionadas en los cuerpos de los hombres por su primer acto impío ocurrió ahora que las almas no podían soportar la afrenta que el justo castigo de Dios les suponía. Con nuevos actos de impiedad las almas buscaban ahora la disputa con los dioses del cielo, utilizando los cuerpos de los hombres, los únicos medios que poseían, para rebelarse de nuevo. Como consecuencia de ello las guerras, las matanzas y el salvajismo se hicieron los señores del mundo inferior: "los más fuertes quemaban y mataban a los débiles y arrojaban de lo alto de los templos tanto a los vivos como a los cadáveres".

     Presionado por los elementos (Fuego, Aire, Agua y Tierra) el Supremo decidió manifestarse a los hombres para acabar con esos actos de salvajismo y ofrecerles leyes y esperanza en el futuro. Con esa finalidad, Osiris (emanación de la voluntad de Dios) fue enviado a nuestro mundo, en el que habría de jugar el inmenso papel de gran dios civilizador, aportando la ayuda y el socorro divino a un mundo necesitado de todo.



Escena del sarcófago de la Dama Madja. Museo de El Louvre 

      Hemos profundizado en la visión intensamente negativa que el "Kóre Kósmou" ofrece acerca del hombre y de su papel en el cosmos, que consiste, en suma, en ser utilizado como castigo o prisión para las almas rebeldes. Ese es el motivo, tanto en el antiguo Egipto como en el Hermetismo, de que la materia sea considerada como algo que ahoga la espiritualidad del alma. Existe una similitud entre las ideas plasmadas en el "Kóre Kósmou" y las creencias egipcias que expusimos anteriormente acerca de ese pecado o mancha que el hombre arrastraría por el solo hecho de nacer (los llamados pecados de los padres).

      En ambos casos se piensa que es necesario que el hombre actúe de manera justa a lo largo de su vida para que de ese modo, tras la muerte, su espíritu pueda retornar a los cielos. El hombre, cuando nace, arrastra un intenso componente negativo. Su función en el cosmos es de castigo, si bien puede redimirse a través de una vida virtuosa.

      Las almas, en el "Kóre Kósmou", gimen cuando son aprisionadas en el vestido de la carne. Los espíritus, en el "Libro de los Muertos" piden un vestido de Pureza que les libere de las imperfecciones y faltas de la materia. Tras la muerte, tanto los egipcios como los iniciados en el Hermetismo, serán juzgados. Solamente los puros, los que no han cometido faltas graves, podrán ver como sus almas se elevan hacia los reinos de Dios, transformadas, en ambos casos, en espíritus puros (seres luminosos).

      6. Libro de Asclepio  (La visión optimista)



Sarcófago de Madja (Museo de El Louvre).

       Hemos analizado la visión pesimista que acerca del hombre se encierra en el "Kóre Kósmou". Otros textos herméticos, sobre todo el "Libro de Asclepio", se distinguen, por contra, por ofrecer una visión claramente optimista. En ellos se afirma que el hombre ha sido creado para que se ocupe del cuidado del mundo inferior, así como para atender a los cultos que se deben rendir al Supremo y al mundo superior (el cosmos).

     Esta visión optimista del hombre tiene también sus antecedentes en Egipto, en donde los ritos resultaban imprescindibles para el mantenimiento del orden del mundo creado. En los templos egipcios, todos los días, los sacerdotes seguían unos rituales muy concretos y llevaban a cabo ofrendas a los dioses para conseguir, día tras día, que la diosa Maat, símbolo del orden y de la justicia, reinara triunfante en el cosmos.



Escena de duelo del sarcófago de la Dama Madja. Museo de El Louvre

     El optimismo del "Libro de Asclepio" tiene también claros antecedentes en las ideas desarrolladas por la filosofía griega, sobre todo Platón (Timeo) y sus seguidores. Según las creencias platónicas el hombre habría sido creado ya que resulta imprescindible para asegurar que el cosmos quede completo. Sin la presencia del hombre el cosmos sería algo parcial e imperfecto.



     Afirma Xavier Renau que el texto griego original existía a principios del s. IV, como lo prueba la inserción en los Papiros mágicos (PGM III 551) de la plegaria final (Asclepio 41), así como las citas de Lactancio en Diuinae Institutiones. La traducción latina (el Discurso Perfecto) ya fue utilizada por Agustín de Hipona, que cita parte de los parágrafos 23, 24 y 37 (en Civitas Dei, VIII 23). A partir del s. IX el Asclepio se atribuye, incorrecta pero comprensiblemente dadas las similitudes doctrinales, a Apuleyo. En el s. XII, el resurgir de la cultura europea es paralelo al del interés por el hermetismo y por el Asclepio en particular: es citado por Teodorico de Chartres, Juan de Salisbury y Alberto Magno. Hasta el Renacimiento, en el que el Asclepio se convierte en una de las principales fuentes de la antigua y prestigiosa sabiduría pagana para Ficino, Pico de la Mirándola, Agrippa, Campanella o Giordano Bruno.

       Todavía hoy puede constatarse la magnitud de esta influencia en el pavimento de la catedral de Siena: en él se ve a Hermes (Mercurius Trimegistus, contemporaneus Moysi) entregando un libro abierto a dos personajes que representan a Oriente y Occidente. La mano derecha de Hermes reposa sobre una tabla que reproduce, precisamente, uno de los textos del Asclepio, en el que se lee:

     “Suscipite o licteras et leges Egiptii, mientras que su mano izquierda reposa sobre la parte superior de una tabla en la que hay escrito un fragmento del Asclepio (§8): Deus omnium creator / secundum deum fecit / visibilem et hunc / fecit primum et solum amavit proprium / fillium [qui appelatur / sanctum verbum](quo oblectatus est / valde…  añadido cristiano)”.



Pavimento de la catedral de Siena: en él se ve a Hermes (Mercurius Trimegistus, contemporaneus Moysi) entregando un libro abierto a dos personajes que representan a Oriente y Occidente

      También podemos encontrar fragmentos del Asclepio en los textos coptos de Nag Hammadi: el tratado 7 del códice VI reproduce la plegaria final del Asclepio (que también encontramos en los Papiros Mágicos, p.ej. en PGM III 592).

     El "Libro de Asclepio", obra de los primeros siglos de nuestra era y que ya es citado por el cristiano Lactancio a principios del siglo IV, habría de convertirse en una de las fuentes primordiales de la antigua sabiduría pagana, ejerciendo profunda influencia en los posteriores momentos del Renacimiento (Ficino, Bruno, Campanella, etc.). Es una obra que nos habla de los grandes temas de la filosofía religiosa del Hermetismo:

-          el puesto del hombre en el cosmos,
-          la naturaleza de Dios y
-          los principios en los que se asienta el orden del cosmos. 
      
a). El hombre y el cosmos



Yamu-Nedyeh (Museo de Arte Egipcio de Luxor). 

      Para las concepciones herméticas que se plasman en el "Libro de Asclepio" el hombre es, en esencia, "un gran milagro", un ser digno de veneración y honor, un ser que conocedor del carácter divino que se integra en su naturaleza no duda en despreciar el otro componente material, es decir, su mera naturaleza humana. El hombre es digno de admiración en la medida en que entre todos los seres vivos es el único adornado con la cualidad del pensamiento. Gracias a esa cualidad el hombre puede alzar su mirada al cielo y tomar conocimiento del plan de Dios.

      Según el libro, el Señor, hacedor de todas las cosas, Dios, llegó un momento en que a partir de sí mismo decidió crear un segundo dios, que fuese visible y sensible, es decir, un dios que fuese perceptible por los sentidos. Dios creó luego al hombre porque deseaba, en su grandeza y bondad, que otros seres pudieran contemplar la belleza de este dios (el Cosmos) que había creado de sí mismo. Existe una estrecha similitud de estas ideas con las creencias egipcias sobre la creación del mundo. En efecto, vimos antes que Atum, divinidad primigenia egipcia, espíritu creador, decidió desdoblarse en dos partes y dio origen a Ra, el sol, dios comprensible y visible por los ojos de los hombres. De algún modo, tanto en Egipto como en el Hermetismo se pensaba que el Creador se manifestaba a los hombres a través del gran milagro del cosmos.

     El papel del hombre en el cosmos se relaciona con la dualidad de su naturaleza (materia y espíritu). El hombre está dotado de una constitución que es en parte mortal (el cuerpo) y en parte inmortal (el alma). La finalidad del hombre, así compuesto, es la de admirar y adorar las cosas del mundo superior, a la vez que habita y gobierna las cosas del mundo inferior. El cosmos, en suma, habría sido creado para que el hombre, a través de él, pudiese contemplar al Supremo. En síntesis, para el "Libro de Asclepio" todo existe para el hombre y el hombre existe para Dios.

     Esa idea ya fue plasmada en el Egipto de los faraones por el autor de las "Instrucciones a Merikare", que nos dejó escrito que "Dios ha hecho para los hombres el Cielo y la Tierra, ha calmado para ellos la avidez de las aguas, ha hecho el aire para dar aliento a sus narices, los ha creado a su propia imagen, se eleva por ellos cada día en el Cielo. Para los hombres hizo los vegetales, los pájaros y los peces, para alimentarlos".

     El hombre solamente puede encontrar su total plenitud cuando a través de la contemplación de la divinidad llega a ser capaz de despreciar su componente mortal, que le ha sido incorporado a causa de su función de ocuparse del cuidado de nuestro mundo. El hombre actúa de un modo justo cuanto a través de una vida de piedad y de dedicación al cuidado del mundo inferior consigue ser grato al Creador. Entonces, cuando termine el tiempo de su servicio en la tierra, una vez que sea descargado de la tarea de custodia de nuestro mundo y libre igualmente de las ataduras de lo mortal, habrá llegado el momento en que el hombre, puro y santo –en palabras del Asclepio- será restituido a la condición de su parte superior (divina):

      "Éste es el premio que espera a los que viven en la piedad para con Dios y atienden al mundo con diligencia", convertirse en dioses. Y todo ello debido a que según nos indica este libro sagrado: "la verdadera, pura y santa filosofía" no consiste sino "en honrar a Dios con una mente y un alma sencillas, reverenciar sus obras y dar gracias a la voluntad divina, la única completamente llena de bondad".

     b). Petosiris 

     En los textos de la tumba de Petosiris, que fue Sumo Sacerdote de Thot en Hermópolis en los tiempos previos a la llegada de Alejandro Magno a Egipto, es decir, en los momentos de la dominación del país del Nilo por los persas, encontramos plasmadas las creencias que este hombre santo tenía acerca del Supremo, de los caminos que conducen a él y del destino del hombre cuando le llega la muerte. A través de este singular personaje apreciamos que las concepciones egipcias y herméticas sobre estos grandes temas eran muy similares. Una breve exposición de las inscripciones de la tumba de Petosiris nos permitirá culminar el trabajo que nos ocupa. 



Pinturas de la tumba de Petosiris en Muzawaka (XLIII). Por isawnyu
La pintura representa a Anubis cuidando de la momia de Osiris, como denota su reposo sobre una cama en forma de león. Isis y Neftis, las dos guardianas de Osiris, presiden la ceremonia. Debajo cuatro vasos canopos, llevando los rostros de los cuatro hijos de Horus. Excavaciones en la Universidad de Nueva York por Amheida Staff. Publicado por el Instituto para el Estudio del Mundo Antiguo, parte de World Bank (AWIB). Más información: http://www.nyu.edu/isaw/awib.htm.

     Ante todo, para Petosiris el camino hacia Dios es seguir en la vida la vía del corazón, es decir, la vía de la piedad, no el camino del vientre (la materia). Dice, en ese sentido, una de las inscripciones:

      "¡Oh, vosotros que vivís sobre la tierra y vosotros que vais a nacer, que vendréis a este desierto, que veréis esta tumba y pasaréis ante ella: venid. Yo os conduciré al camino de la vida, de forma que podáis navegar con buen viento, sin que quedéis varados, para que alcancéis la morada de las generaciones, sin llegar a la aflicción.

     Yo soy un difunto excelente, sin faltas –nos sigue narrando la inscripción-. Si escucháis mis palabras, si os unís a ellas, encontraréis su excelencia. El buen camino es servir a dios. Bendito aquél cuyo corazón le conduce a ello. Os hablo de lo que me aconteció. Haré que conozcáis los designios de dios. Haré que percibáis el conocimiento de su poder.

     He llegado aquí, a la ciudad de la eternidad, porque realicé el bien sobre la tierra, porque llené mi corazón con el camino del dios, desde mi juventud hasta este día. Me tiendo con su poder en mi corazón, me alzo haciendo lo que su ka desea. Practiqué la justicia y aborrecí la falsedad, sabedor de que él vive por ella, y en ella se satisface".



Pinturas de la tumba de Petosiris en Muzawaka (XLI)

La pintura representa a Anubis y Horus pesando el alma del difunto con la pluma de Maat. Un babuino, símbolo de Thoth, se sienta encima de la balanza, mientras el dios Thot anota la sentencia. Un Osiris momiforme preside el acto, mientras que Ammut devorador, coronado con dos plumas de Maat, espera para devorar el alma del difunto si se le juzga indigno. Excavaciones de la Universidad de Nueva York dirigidas por Amheida Staff, lugar fotografiado Gebel el-Muzawaka. Publicado por el Instituto para el Estudio del Mundo Antiguo, parte del World Bank (AWIB). Más información: http://www.nyu.edu/isaw/awib.htm.

     Destaca como segundo aspecto de interés que Petosiris era consciente de que después de su vida en la tierra, tras su muerte, para poder integrarse con Dios sería necesario que lograse superar un juicio en el que sus actos serían pesados y valorados. Se trata de lo que conocemos como "Juicio de Osiris", que permitía que los justos que salieran victoriosos del mismo se transformasen en dioses, asimilados a Osiris. Uno de los textos de la tumba nos dice que:

      "Yo fui puro, como desea el ka de dios; no me asocié con el que ignoraba el poder del dios, apoyándome en aquel que le era fiel. No me apoderé de los bienes de nadie, no hice mal alguno a nadie. Todos los ciudadanos alaban a dios por mí. Yo hice esto pensando que alcanzaría a dios tras la muerte, conocedor del día de los señores de la justicia, cuando disciernen en el juicio. Se alaba a dios por aquel que ama a dios; él alcanzará su tumba sin aflicción".

     Otra de las inscripciones asegura que: "Ningún hombre alcanzará el Occidente a menos que su corazón sea recto practicando la justicia. Allí el pobre no se distingue del rico, sólo el que es encontrado libre de falta por la balanza y el peso ante el señor de la Eternidad. Ahí nadie está exento de ser calibrado".



Pinturas de la tumba de Petosiris en Muzawaka (XXVIII)
Detalle que representa el dios Anubis en procesión. Excavaciones de la Universidad de Nueva York dirigidas por Amheida Staff, lugar fotografiado Gebel el-Muzawaka. Publicado por el Instituto para el Estudio del Mundo Antiguo, parte del World Bank (AWIB). Más información: http://www.nyu.edu/isaw/awib.htm.

     Finalmente, en los textos de la tumba de Petosiris podemos apreciar que este personaje era consciente del papel del hombre como guardián de los ritos y de los cultos debidos a los dioses y al cosmos. En su calidad de Sumo Sacerdote de Thot, Petosiris dedicó toda su vida a restaurar el templo de Hermópolis y sus cultos, que estaban padeciendo las consecuencias de la dominación de los persas sobre Egipto. Petosiris sabía que su misión en la vida era precisamente esa:

      "Cuando me convertí en controlador para Thot, señor de Khmun –nos dice- puse el templo de Thot en su estado primigenio. Hice que cada rito fuera como antaño y que cada sacerdote sirviera en su justo tiempo. Hice grandes a sus sacerdotes; promoví a los sacerdotes-horarios del templo. Promoví a todos sus servidores. Proporcioné una norma a sus asistentes. No reduje las ofrendas de este templo. Llené sus graneros con cebada y espelta, su tesoro con toda cosa buena. Incrementé lo que anteriormente había, y cada ciudadano alabó a dios por mí. Proporcioné plata, oro y todo tipo de piedras preciosas, de forma que alegré los corazones de los sacerdotes y de todos aquellos que trabajaban en la Casa de Oro; y mi corazón se regocijó en ello. Dejé espléndido lo que había encontrado arruinado por todos lados. Restauré lo que hacía tiempo había decaído, y que ya no estaba en su lugar..."

     En suma, vemos que todo aquello que el "Libro de Asclepio" nos dice acerca del hombre, su papel en el cosmos y su transcendencia ya había sido conocido y vivido por este Profeta de Thot, Petosiris, de cuya vida de santidad habrían de guardar la memoria los egipcios durante cientos de años.



 

1 comentario:

Sergio David dijo...

QUe buen artiulo, muchas gracias :3

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