domingo, 24 de marzo de 2013

El descrédito de los Iluminados

     La mala fama de los Iluminados fue propagada por los cristianos y católicos, así como por las clases burguesas y adineradas que pretendían seguir gozando de sus privilegios, auténticos idiotas morales (*), ciegos al dolor ajeno. Una de las primeras obras que les atacó burdamente fue el libro publicado en inglés Conspiración contra Dios y el hombre, escrito por el reverendo Clarence Kelly, un tradicionalista católico, ordenado  obispo por Marcel Lefebvre, representante de la extrema derecha y del fundamentalismo más rancio de la Iglesia, fundando su propia orden de fanáticos conocida como la Iglesia Católica Romana Sociedad de San Pío.


Augustin Barruel (1741-1820) y Nesta Webster (1876-1960)

      Continuó con los ataques –copiados de Barruel- la lamentable historiadora inglesa Nesta Webster (1876-1960) que, como ejemplo de su “sabiduría”, solía identificar el Wafd (partido nacionalista y liberal de Egipto) el Sinn Fein, el sionismo y el bolchevismo todos como la misma amenaza. Este portento de inteligencia, a menudo es citada por los teóricos de la conspiración, por los utradrechistas, por los obreros antisindicalistas…  hasta el día de hoy. La señora Webster condenó a los judíos como anti-cristianos, proclamó la condenación del socialismo en cualquier forma, aclamó y aprobó el fascismo de Mussolini, y su desdén por los pueblos y culturas no ingleses, junto con la creencia de que su versión del cristianismo es la única forma real de la civilización, la ha convertido en una figura popular, pero controvertida –si así se quiere llamar a la locura-, en la literatura de la conspiración

     Así pues, este fundamentalista católico, Clarence Kelly -basándose en los escritos de la historiadora del Reino Unido, experta en ver conspiraciones y crear teorías de la conspiración masónicas-, en su Sociedades secretas y movimientos subversivos, la revolución mundial, el complot contra la civilización, (Londres 1921), nos cuenta que el ultraderechista abate Agustin Barruel y otro escritor de nombre Lecouteulx de Canteleu (creo que se refieren a Jean-Barthélemy, el fundador de la Banque de France), afirmaban que en 1771 cierto mercader de Jutlandia llamado Franz Kolmer, quien había pasado muchos años en Egipto, regresó a Europa en busca de convertidos a una doctrina secreta fundada en el Maniqueísmo que había aprendido en el Oriente. Sin embargo, Kolmer parece existir sólo en los escritos de Barruel y Lecouteulx de Canteleu. No hay ninguna otra referencia publicada para su existencia o su encuentro con Weishaupt, según la propia francmasonería de la Grand Lodge Of British Columbia And Yukon.

    Fue el tradicionalista católico Augustin Barruel quien afirmó que la mano de la Masonería y de los Illuminati estaba detrás de la Revolución francesa en su libro Memoria para servir a la historia del Jacobinismo, aparecido en cuatro volúmenes entre 1797 y 1799. La obra sostiene que los Iluminados de Baviera, grupo fundado el primero de mayo de 1776 por Adam Weishaupt, quería infiltrarse en la Masonería a fin de manipularla contra la Iglesia y la Realeza, siendo sus artífices una buena parte de filósofos ateos, francmasones e iluminados, a la que llamó “Conspiración de los filósofos”. 




Mémoires pour servir a l’Hisoire du jacobinisme, de Augustin Barruel

     Sus teorías son parecidas, pero independientes, a las de su contemporáneo el científico y masón John Robison (1739-1805) un escocés físico y matemático, otro fanático de la teoría de la conspiración que abrazó hacia el final de su vida. En su obra  Pruebas de una Conspiración (1797), cuyo título completo era Pruebas de una Conspiración contra todas las religiones y los gobiernos de Europa, llevada a cabo en las reuniones secretas de los masones, los Illuminati y las Sociedades de Lectura, asegura que un agente secreto, el monje benedictino escocés Alexander Horn (1762-1820), cuyo trabajo contribuyó al nacimiento de la teoría de la conspiración de los Illuminati, le proporcionó gran parte del material para sus denuncia.

     Pero regresemos a Barruel y su misterioso Kolmer; de camino a Francia se detuvo en Malta en donde conoció a Cagliostro y casi provocó una insurrección entre el pueblo, siendo expulsado de la isla por los Caballeros de Malta. Se dirigió a Aviñón y Lyon donde hizo unos pocos discípulos y en el mismo año fue a Alemania en donde se encontró con Weishaupt y lo inició en todos los misterios de la doctrina secreta. 



La cueva de los iluminados en Aigen (Salzburgo) (vid. Castillo Aigen), un ejemplo de la embellecida imagen de la Orden para el Sturm und Drang

La revolución francesa

      En febrero de 1787, se llevó a cabo en Francia la Asamblea de los Notables, convocada por Charles-Alexandre de Calonne. Y, en los años posteriores, 1788 y 1789, la logia masónica de París, Amis Réunis, recibió visitas de algunos de los máximos cargos de los Illuminati bávaros ya disueltos, como Johan Joachim Christopher Bode y el barón de Busche.

     También estuvo merodeando por allí el creador de la Masonería Egipcia de Rito Egipcio, el famoso Alessandro de Cagliostro, nacido en Palermo (Sicilia) -aunque muchos se empeñen en afirmar que era natural de Túnez- e iniciado en los secretos de la masonería egipcia por el misterioso Maestro Altothas en 1776, año de la fundación de los Iluminado de Baviera, fundó el Rito Egipcio de la Francmasonería en La Haya, donde se iniciaban hombres y mujeres en la misma logia. Perteneció a la Rosacruz y a los masones, pero nada se sabe sobre su pertenencia los Iluminados bávaros, aunque es posible que antes de la Revolución francesa anduviera por las logias francesas.
   


Alessandro de Cagliostro (1743-1795)

      El 5 de mayo de 1789, los Estados Generales se reunieron en Versalles y el 14 de julio el pueblo francés arrasó París y tomó la fortaleza de la Bastilla. El 4 de agosto, la Asamblea Nacional suprimió asimismo el régimen feudal y el 26 de agosto apareció la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano.

      La influencia de los Illuminati en todo este proceso revolucionario no ha sido estudiada todavía y, excepto las afirmaciones del fundamentalista católico Agustin Barruel, nada se sabe de ello. Lo teóricos de la conspiración defienden la participación de los Iluminados en la revolución francesa, afirmando que pertenecieron a sus filas personas como el duque de Orleáns, Saint-Just, Danton, Herbert, Lafayette, Mirabeau, Marat, Robespierre, Desmoulins. Por ejemplo, es conocido que Honoré-Gabriel Riquetti, el conde de Mirabeau, recibió la iniciación de los Illuminati bávaros en Alemania, en concreto en casa de Henrietta Herz.

      Entre 1789 y 1792, el rey de Francia, Luis XVI, fue recluido en París. El 21 de enero de 1793 el rey fue ejecutado y la revolución inició un periodo violento, aunque no tanto como nos han intentado hacer creer. Las críticas acusando de sanguinarios y guillotinadores a los revolucionarios -algunos masones e illuminati-, son poco sólidas y parecen exageradas. En cualquier episodio revolucionario se ejerce la violencia, ya sea la legal -ejercida por el Estado-, o la violencia ilegal que surge de la rabia del pueblo, sin que pueda asegurarse que la primera, por el solo hecho de ser monopolio del Estado, haya sido menos aterrorizante. En todo caso, sí se debe reconocer que las aspiraciones antimonárquicas de los Illuminati se vieron en parte cumplidas con la caída final de la monarquía francesa.

      En 1796, François-Noël Babeuf (1760-1797), conocido como Gracchus o Gracus, organizó la Conspiración de Los Iguales (por la persecución a la que lo sometió Napoleón Bonaparte) para tratar de tomar el poder y frenar el giro a la derecha que había dado la Revolución tras la caída de los jacobinos que dominaron el periodo más violento de la Revolución francesa. Se asegura –sin pruebas- que Babeuf, un ilustre Iluminado, fue partidario de la Revolución desde su comienzo y atacó tanto el terror de los jacobinos como el conservadurismo posterior.




François-Noël Gracchus Babeuf. Fuente Wikipedia

     En la obra de Babeuf El Manifiesto de los Plebeyos, se abogaba por un sistema de división de todas las propiedades en razón de once fanegas por hogar. Defiende una sociedad basada en el trabajo común, a la cual se accede –si hace falta- con el empleo de la violencia, siendo necesario un periodo de dictadura para consolidar la nueva sociedad. Firme defensor de la abolición de la propiedad privada y del derecho de herencia así como de la colectivización de la tierra ha sido considerado como uno de los primeros teóricos del socialismo y, a través de esa ideología, tanto un predecesor del comunismo como un pre-anarquista.

      Lo importante para los Iluminatti –como dicen en su página sus pretendidos sucesores Orden Iluminati-, aunque siempre se aspira a más, fue el golpe dado por la Revolución a la clase dominante hasta entonces, la aristocracia, el cual resultó más que certero. Los Iluminados sembraron la semilla de la revolución en Francia y, por ende, en toda Europa,  viendo plasmado así buena parte de su ideario.

      A la tesis de que los Iluminados se encuentran tras la revolución francesa, le faltan todas las bases. El infundio fue formulado por primera vez en 1791 por el párroco francés Jacques François Lefranc en su libro Le voile levé pour les curieux ou les secrets de la Révolution révéles à l'aide de la franc-Maçonnerie (El velo destapado para los curiosos o los secretos revolucionarios de la ayuda francmasona). El abad Jacques-François Lefranc (1739-1792) era un religioso francés y escritor antimasónico, ejecutado en 1792.



Jacques François Lefranc y John Robison: la teoría de la conspiración.

      Su libro fue la primera acusación contra los Iluminados –a los que confundía con masones-, afirmando que el origen de la masonería estuvo en la secta protestante francesa del Socinianismo, doctrina cristiana de Fausto Socino considerada herética por los católicos, pues la doctrina era antitrinitaria y consideraba que en Dios hay una única persona y que Jesús de Nazaret no existía antes de su nacimiento. Refugiado en Polonia encontró a grupos de anabaptistas que también rechazaban el dogma de la Trinidad (y que se habían separado por esta razón de la Iglesia calvinista polaca) y fundaron la Iglesia Reformada Menor o Hermanos Polacos.

      Lefranc era un socio literario de Augustin Barruel y era el superior de la orden Eudista, opuesta al Jansenismo. San Juan Eudes (1601-1680) fue el fundador del culto litúrgico de los Corazones de Jesús y de María, conocido como eudistas. Cornelio Jansenio (1585-1638) difundió el jansenismo, doctrina basada en una interpretación literal de los textos de Agustín de Hipona y basada en la teología de la gracia. Jansenio afirmaba que, por la amistad con Dios, el estado natural del hombre es la gracia, que le otorga inmortalidad y libertad; sin embargo, el hombre aún no posee la gracia eficaz. Adán en el paraíso, por ejemplo, poseía la gracia, la cual no es suficiente para evitar el pecado, al cual llega por el gusto invencible que tiene el hombre por las cosas de la tierra (delactio terrestres). Después de pecar el hombre pierde la libertad y, para recuperarla, Jansen afirma que es necesaria la gracia eficaz, es decir, el auxilio divino sin el cual el hombre no puede no pecar: con la gracia eficaz el hombre se dirige invenciblemente hacia el bien. No basta un auxilio que le dé la posibilidad de no pecar, sino que necesita un auxilio eficaz para no hacerlo. La fe eficaz es absoluta: cambia la delectatio terrestris por una delectatio coelestis: se goza en el bien. La gracia provoca un gusto tan grande por las cosas de Dios que el hombre invenciblemente las hace.



La Libertad guiando al pueblo (1830)), de Eugène Delacroix

      La difusión de la tesis de que los Iluminados se esconden detrás de la Revolución se debe a otros dos autores que compusieron extensas obras sobre los orígenes revolucionarios franceses: el exjesuita francés Augustin Barruel y el erudito escocés John Robison, quienes intentaron demostrar que la revolución no se originó por la permanente presión del tercer estado, ni por la difusión de los ideales ilustrados, ni la mala cosecha del año previo, ni tampoco la mala gestión de la crisis por el rey Luis XVI, sino que fueron los Iluminados sus causantes, aportando como “pruebas” que todos los cabecillas revolucionarios importantes eran masones. La equiparación incondicional de ambas sociedades –masones e Iluminados- es también falsa. El viaje de Johann Christoph Bode a París en 1787 fue para asistir a una convención masona, pero que a su llegada ya había terminado.



León XIII denunció fervorosamente (en sus homilías y encíclicas) la conspiración judeomasónica-comunista para destruir a la Iglesia Católica, según dice Miles Christi, una página reaccionaria y ultramontana de los católicos. ¡Por cierto, el papa está haciendo el símbolo de los gnósticos!
     
      En el ámbito germano las ideas de Barruels y Robinsons fueron difundidas por el diario conservador Eudämonia (1795-1798). Hasta hoy siempre han sentido fascinación por estos escenarios conspirativos la prensa y las agrupaciones radicales de extrema derecha. Notables son la ya mencionada escritora Nesta Webster, una fascista británica famosa teorética conspiradora, el estadounidense John Birch o el predicador cristiano estadounidense Pat Robertson. También la obsesión con las teorías conspirativas antisemitas como Des Griffin y Jan Udo Holey siempre imaginando nuevos rastros de la orden, muestran la estrecha conexión entre el radicalismo de derechas y la paranoia anti-iluminista.

      Estas tenaces teorías conspirativas fueron entre otras cosas alimento para algunos grupos ocultistas o teosóficos que intentaron aparecer como supuestos Iluminados, desaparecidos hacía siglos: el historiógrafo Leopold Engel fundó en 1896 por ejemplo la Unión mundial de los Iluminados («Weltbund der Illuminaten»), que actuaba a imitación de la orden de Weishaupt. Ya en 1929 se había eliminado esta asociación del registro berlinés. También la Ordo Templi Orientis surgida en 1912 o los Iluminados de Thanateros, fundados en 1978, intentaron situarse en la línea tradicional de los iluminados bávaros, aunque no tenían nada que ver con el radicalismo ilustrado-racionalista de la orden de Weishaupt, Bodes y Knigges.


 



Libros sensacionalistas sobre teorías de la conspiración, de terrorismo y otros males de los que se acusa a los Illuminati con la única finalidad de ganar dinero.


Los carbonarios

      Terminada la Revolución, los restos de los Illuminati desaparecieron de Europa. Sin embargo, el filón que se había abierto culpándolos de todas las conspiraciones no podía quedar sin explotar. Así pues, inventaron que los malvados Iluminados se refugiaron en los Estados Unidos de Norteamérica, aunque, antes de desaparecer del todo de Europa, se fueron a manipular a la antigua sociedad secreta de los Carbonarios.

    Los Carbonarios italianos, una masonería forestal surgida de los carboneros de los bosques, cuyo origen se remonta a los bosques del Jura, tuvieron un cierto nexo con los restos de los Illuminati bávaros en su origen. Los Carbonarios trabajaron en cabañas (logias), sus tenidas o reuniones fueron denominadas ventas y se llamaron unos a otros “buenos primos”, estando sus normas escritas en un libro al que llamaban La Biblia. Los Carbonarios consideraban a Cristo como primer carbonario y a San Teobaldo como patrón.



Carbonarios o “Carboneria”

      Los Carbonarios tuvieron su momento de máximo esplendor en la Italia de los inicios del siglo XIX, participando en procesos revolucionarios como la revolución parisina de 1830 y en los disturbios de los Estados Pontificios en 1831. Cabe decir que el socialismo antiautoritario de los Carbonarios era algo semejante al de los Illuminati bávaros, aunque mucho más nacionalista, creyente en Cristo y dios, etc., que el de aquellos.



Alfabeto y símbolos de la carbonería
  


“Giuseppe Mazzini y Albert Pike, ambos satanistas, del más elevado grado, mantuvieron una correspondencia, especialmente entre 1870 y 1871” (Sic). Fuente: Mauricio’s Blog

    El célebre iniciado y revolucionario italiano Giuseppe Mazzini (1805-1872) fue miembro de los Carbonarios. Pero Mazzini influyó además en la Mafia, la cual en sus inicios era una orden iniciática que luchaba contra los abusos napoleónicos, es decir, una orden defensora de un nacionalismo en algunos puntos similar al de los Carbonarios. El acrónimo MAFIA, de hecho, significa Mazzini autorizza furti, incendi, avvelenamenti o Mazzini autoriza robos, incendios y envenenamientos.



Ultramontano es el término elegido para referirse al integrismo católico, es decir, aquellas personas o grupos católicos que sostienen posiciones tradicionalistas, apegadas a la línea doctrinal anterior al Concilio Vaticano II, como la página Miles Christi. Estos “piadosos” personajes dicen que Los carbonarios eran la rama italiana de la masonería, y buscaban la unificación de Italia y la eliminación de la Iglesia Católica

      Algunos afirman que este pretendido nexo entre carbonarios e iluminados no existió, ni que Giuseppe Mazzini, filósofo y político italiano, francmasón y carbonario, tuviese nada que ver con los Iluminados. Aunque los defensores de la teoría de la conspiración afirman que Mazzini fue elegido en 1834 por los Iluminados para dirigir sus operaciones mundiales, en el transcurso de las cuales contactó con Albert Pike (representante de la Confederación, miembro activo del Ku Klux Klan, honrado con una estatua en Washington D.C.) con quien mantuvo correspondencia entre 1870-71 que está guardada en la biblioteca del Museo Británico.



De nada sirve que el Museo Británico diga que es falso que exista la correspondencia entre Mazzini y Albert Pike. Páginas de la teoría de la conspiración, como Planeta GEA  continúan erre que erre con sus embustes.



La misma página sobre teorías de la conspiración Planeta GEA, afirma que “estas cartas entre Pike y Mazzini se mostraron durante un tiempo en la Biblioteca del Museo Británico de Londres (British Museum). Naturalmente, el Museo Británico desmiente la existencia de dichas cartas. Sin embargo, el oficial de Inteligencia de la Royal Canadian Navy, William Guy Carr, pudo copiarlas en aquella época; una valiosa información que después plasmaría en su libro Peones en el Juego (Pawns in the Game, Canadá 1955).

     De manera que de nada sirve que el Museo Británico desmienta la existencia de dichas cartas. Según William Guy Carr, en una de las cartas fechada el 15 de agosto de 1871, Pike le hace saber a Mazzini el plan de los Illuminati para el futuro del mundo:

      “Fomentaremos tres guerras que implicarán al mundo entero… La primera de ellas permitiría derrocar el poder de los zares en Rusia y transformar ese país en la fortaleza del comunismo ateo… que será utilizado para destruir los demás gobiernos y debilitar a las religiones. La segunda guerra mundial se desataría aprovechando las diferencias entre la facción ultraconservadora y los sionistas políticos. Se apoyará a los regímenes europeos para que terminen en dictaduras que se opongan a las democracias (Nazismo, Fascismo, Comunismo y Socialismo) y provoquen una nueva convulsión mundial cuyo fruto más importante será el establecimiento de un Estado soberano de Israel en Palestina... La tercera y definitiva guerra se desataría a partir de los enfrentamientos entre sionistas políticos y los dirigentes musulmanes. Este conflicto deberá orientarse de forma tal que el Islam y el sionismo político se destruyan mutuamente y además obligará a otras naciones, una vez más divididas sobre este asunto, a entrar en la lucha hasta el punto de agotarse física, mental, moral y económicamente... Liberaremos a los nihilistas y a los ateos, y provocaremos un formidable cataclismo social que en todo su horror mostrará claramente a las naciones el efecto del absoluto ateísmo, origen del comportamiento salvaje y de la más sangrienta confusión. Entonces en todas partes, los ciudadanos, obligados a defenderse contra la minoría mundial de revolucionarios, exterminará a esos destructores de la civilización, y la multitud, desilusionada con el Cristianismo, cuyos espíritus deístas estarán a partir de ese momento sin rumbo y ansiosos por un ideal pero sin saber dónde hacer su adoración, recibirán la verdadera LUZ a través de la manifestación universal de la doctrina pura de "Lucifer", sacada a la vista pública finalmente. Esta manifestación resultará del movimiento reaccionario general que seguirá a la destrucción del Cristianismo y ateísmo, ambos conquistados y exterminados al mismo tiempo”. Citado según William Guy Carr, en Peones en el juego  (1955).

* Norbert Bilbeny, El Idiota moral. La banalidad del mal en el siglo XX (Ediciones Anagrama, 1993).

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