viernes, 18 de octubre de 2013

Preocupación española por el avance ruso en Siberia

       Sobe el encargo de los zares de explorar el Gran Norte, Carlos Sánchez-Cantalejo Jimena (1) dice que en realidad esta comisión fue motivada por el miedo a que los españoles (en contra de la opinión de Manuela Fernández Rodríguez en La presencia rusa en el Pacífico Noroeste (2), los franceses, los holandeses y los ingleses se hicieran con el control del “posible océano existente” entre Siberia y Alaska, de manera que los rusos no tuvieran acceso a la explotación de las riquezas de esta última, sobre todo las pieles de oso, cuya población siberiana había menguado por la caza indiscriminada. 

 

Pieles de Kamchatka y Alaska

     Manuela Fernández Rodríguez en La presencia rusa en el Pacífico Noroeste, narra las preocupaciones de la Corona española por el avance ruso. Los embajadores españoles en Rusia, sobre todo el duque de Almodóvar, no paran de enviar cartas a la Corte española informando sobre las exploraciones rusas, sin embargo, ella cree que el temor era infundado. 

     Bajo el seudónimo de Eduardo Malo de Luque, Jiménez de Góngora (duque de Almodóvar) realizó la versión en español de la obra Historia Política de los establecimientos ultramarinos de las Naciones Europeas, escrita por el abat Raynal (Guillaume-Thomas-François) con el título Histoire philosophique et politique des établissements et du commerce des Europeos dans les deux Indes en Amsterdam en 1770 acerca de la influencia negativa de la civilización española en la colonización de tierras extranjeras.
 


Pedro Francisco Jiménez de Góngora y Luján, duque de Almodóvar del Río; Córdoba, 1727 - Madrid, 1794)

     Los embajadores hicieron llegar a España un “Calendario” (3), publicado en 1774 sobre los descubrimientos rusos en el llamado Archipiélago Norte, según el cual el impulsor de las exploraciones rusas fue el zar Iván IV Vasílievich (1547-1584 Iván el Terrible) quien  quiso conocer sus límites hacia el norte y el este, así como a su población. 

     Los rusos mandaban expediciones por el mar Glacial, presos de una fiebre exploratoria, sin embargo, las turbulencias políticas en Rusia, provocadas por la usurpación del trono por Boris Godunov (1584-1609) y por Dimitri I “El Impostor” (1605-1606) impidieron la continuación de los descubrimientos durante la oscura etapa conocida como el Período Tumultuoso.
   


      Con la llegada al poder del zar Pedro el Grande (1672-1725) se volvieron a enviar embarcaciones desde las desembocaduras de los ríos Lena Yndigirka y Kolima para que reconocieran la costa norte de Siberia e intentaran llegar al Pacífico.

El Período Tumultuoso y la pausa de las exploraciones

    En 1774 se publicó en San Petersburgo un calendario de los descubrimientos del Archipiélago Norte, según el cual el impulsor de las exploraciones rusas fue el zar Iván IV Vasílievich (1547-1584 Iván el Terrible) quien  quiso conocer sus límites hacia el norte y el este, así como a su población. Durante el reinado de su hijo, el zar Teodoro I Ivánovich, castellanizado también como Fiódor I Ivánovich (1584-1598) -conocido como Teodoro el Campanero debido a su gusto de hacer sonar las campanas de las iglesias- se enviaron a varios gobernadores o comisarios quienes por primera vez informaron de que Siberia lindaba al norte con el mar Glacial y al este con del mar Grande u Océano.
 



Dimitri I "El Falso" entra en Moscú el 20 de junio de 1605. Obra de Klavdi Lébedev. Fuente: Wikipedia  
  
     Los rusos mandaban expediciones por el mar Glacial, presos de una fiebre exploratorio, sin embargo, las turbulencias políticas en Rusia, provocadas por la usurpación del trono por Boris Godunov (1584-1609) y por Demetrio o Dimitri I “El Falso” o “El Impostor” (1605-1606) impidieron la continuación de los descubrimientos. El Período Tumultuoso, también llamado Época de las Revueltas o Tiempos Turbios, fue un periodo de la historia de Rusia que comprende el interregno entre la muerte del zar ruso Teodoro I Ioánnovich (un individuo débil mental, incapaz de gobernar y dedicado totalmente a la religión) de la dinastía ruríkida en 1598 (la dinastía reinante en el Rus de Kiev desde 862 y,  según la Crónica de Néstor, la dinastía fue establecida por Rúrik, el legendario gobernante de Nóvgorod) y el establecimiento de la dinastía Románov en 1613. Es uno de los períodos más oscuros de la historia rusa, pero a la vez uno de los más importantes.
 



Boris Godunov (1584-1609)
 



Dimitri I “El Impostor” (1605-1606). Fuente: Statehistory.ru
 

Dimitri I “El Impostor” (1605-1606). Fuente: Statehistory.ru

      El reinado de Dmitri I fue breve, sublevándose contra él el ruríkida Vasili Shuiski, que ordenó su asesinato  junto con la mayoría de sus partidarios polacos, que fueron brutalmente masacrados. Se estima que murieron 2.000 polacos a manos de Shuiski y sus hombres. El cuerpo de Dmitri fue hecho pedazos, expuesto al público, quemado, y sus cenizas fueron finalmente disparadas por un cañón en dirección a Polonia. La reacción a la masacre en Polonia fue fuerte, pero decidieron posponer la venganza.
 



Vasili IV de Rusia (1552-1612), nacido como Vasili Shuiski

     Vasili Shuiski ganó poder y fue elegido zar por una asamblea compuesta por su facción, pero ni los boyardos rusos, ni los magnates de la Mancomunidad de Polonia-Lituania, ni los cosacos saqueadores, ni los mercenarios alemanes, estuvieron satisfechos con el cambio, así que pronto, un nuevo impostor, del mismo modo haciéndose pasar por Dimitri, se presentó como el verdadero heredero. Como su predecesor, Dimitri II “El Falso”, gozó del apoyo y la protección de los magnates polacos y lituanos. De todos modos, después de que Shuiski firmara una alianza con Suecia, el rey polaco Segismundo III Vasa, viendo la alianza ruso-sueca como una amenaza, decidió intervenir en los asuntos internos de Rusia. La contienda se conoce como Guerra polaco-rusa (1605-1618) o Dimitríadas.
 




Dimitri II “El Falso”, también llamado el rebelde de Túshino, fue el segundo de tres pretendientes al trono de Rusia tratando de ser el zarévich Dimitri Ivánovich de Rusia, el hijo menor de Iván el Terrible. Fuente: Wikipedia
 




Campamento de Dimitri en Túshino. Pintura de Sergey Vasilievich Ivanov (1864-1910). Fuente: Wikipedia

      Dmitri II "El Falso" fue derrocado por el comandante polaco, el hetman Stanisław Żółkiewski, que se decantó por el candidato rival, el hijo de Segismundo de Polonia, Ladislao IV Vasa. Las tropas polaco-lituanas que cruzaron las fronteras rusas pusieron sitio a la fortaleza de Smolensk. Después de que las fuerzas ruso-suecas fueran destruidas en la batalla de Klúshino, Shuiski fue forzado a abdicar (muere en 1612). Los siete boyardos, que tomaron el poder entonces en Moscú, juraron fidelidad a Ladislao bajo la promesa de mantener la ortodoxia rusa y garantizarles ciertos privilegios. De este modo, a las tropas polacas se les permitió entrar en Moscú y ocupar el Kremlin.
 




Stanisław Żółkiewski (1547-1620) sometió a asedio a Moscú y capturó al zar Basilio IV durante las Dimitríadas. Apoyaba la elección de Ladislao IV Vasa como zar y la idea de una unión personal liberal entre la Mancomunidad y Moscovia. Museo polaco en Rapperswil, Suiza. Autor Wincenty de Lesseur (1801). Fuente escaneada en el álbum "Malarstwo Polskie w zbiorach za Granica" por Stefania Krzysztofowicz-Kozakowska, Wydawnictwo Kluszczyński, 2003, ISBN 83-88080-85-7
 





      Pero el rey polaco Segismundo III Vasa se opuso a este compromiso, decidido a quedarse él con el trono y convertir a Rusia al Catolicismo romano. Esta decisión despertó sentimientos anticatólicos y antipolacos en la población. Al mismo tiempo tampoco le parecía bien a los suecos, que se habían convertido en rivales de los polacos en la costa báltica, de modo que declararon la guerra a Rusia, apoyando a su propio Dimitri III "El Falso" en Ivángorod, donde se nombra zarévich Dmitri el 28 de marzo de 1611. Es reconocido por cosacos que saqueaban el territorio alrededor de Moscú, y los ciudadanos de Pskov le juran fidelidad bajo amenaza. Saliendo de Pskov es apresado y ejecutado en secreto.



         Rusia estaba entonces en una situación crítica. El trono estaba vacante, los grandes nobles boyardos se peleaban entre ellos; el Patriarca Hermógenes estaba en prisión, los católicos polacos ocupaban el Kremlin de Moscú y de Smolensk, los protestantes suecos habían ocupado Nóvgorod, las continuas invasiones tártaras estaban dejando las fronteras meridionales de Rusia totalmente despobladas y devastadas y enormes bandas de bandoleros aparecían por todas partes. Decenas de miles de personas morían en batallas y disturbios, otros morían masacrados por fuerzas invasoras.
 




El  Patriarca de Moscú Hermógenes (+1613). Fuente: Parroquia Ortodoxa San Nectario de Pentápolis

      La severidad de la crisis produjo su remedio, en forma del levantamiento patriótico de la nación bajo el liderazgo de Kuzmá Minin, un mercader de Nizhni Nóvgorod, y el príncipe Pozharski, que produjo la retirada de los invasores del Kremlin. Una Gran Asamblea Nacional eligió como zar el 11 de febrero de 1613 a Miguel I Románov ( Mijaíl Fiódorovich Románov) el hijo menor de Fiódor Nikítich Románov (llamado patriarca Filareto), quien de acuerdo a la leyenda fue salvado de sus enemigos polacos por un heroico campesino, Iván Susanin.
 



Miguel I de Rusia (1596-1645) fue el primer Zar de Rusia de la casa de Románov.

     Así pues, terminado el llamado Periodo Tumultuoso, se iniciaba en el seno del Imperio Ruso un amplio proceso de exploración y ocupación de las tierras de Siberia, nos explica Ignacio Ruiz Rodríguez (4), cuya finalidad era beneficiarse del comercio de pieles, siendo sus principales beneficiarios los cosacos.  Así, mientras éstos llegaban desde la zona de los Urales del Sur, una nueva oleada de rusos se instalaba en aquellas tierras tras cruzar el océano Ártico. En base a ello, en 1607 se fundaba el asentamiento de Turujansk, en el norte del río Yenisey, cerca de la desembocadura del río Tunguska Inferior, y en 1619 el fuerte de Yeniseysky, en la mitad del curso del Yenisey, en la desembocadura del río Tunguska Superior. Poco después, en 1620 un grupo de cazadores de pieles encabezado por el Demid Sofonovich Pyanda partio desde Turujansk, en lo que vino a convertirse en un viaje muy prolongado (Ver Exploradores del río Lena).

      A mediados del siglo XVII Rusia había explorado la práctica totalidad de Siberia —desde Kolima al Cabo Este—, el estrecho de Bering y el río Anadyr. Quedaban las tierras situadas al Este de Kamtschatka y algunas regiones al norte del Círculo Polar Ártico, que más pronto que tarde habrían de ser igualmente objeto de atención por parte de éstos. No tardarían en poder un pie en la América Septentrional.

     Ante semejante avance no tardan en saltar las alarmas entre la diplomacia española en Rusia, que informará sobre el interés de los rusos por participar activamente en la colonización de América. En este sentido baste analizar el contenido del expediente remitido a Madrid (conservado en el Archivo General de Indias y en  el Archivo Histórico Nacional) por su representante ante la corte zarista, y que contiene una amplia información sobre los distintos descubrimientos rusos en América. En su seno encontramos los siguientes documentos como la carta del marqués de Almodóvar a Ricardo Wall, en donde se informa de las expediciones realizadas hasta ese momento por los rusos a las costas americanas desde Kamchatka (Petersburgo, 7 de octubre-26 de noviembre de 1761); carta del vizconde de la Herrería al marqués de Grimaldi, dando cuenta de los viajes hechos por varios comerciantes rusos, que dicen haber llegado a las costas de América (Petersburgo, 19-30 de marzo de 1764); carta del vizconde de la Herrería al marqués de Grimaldi, dando cuenta de la expedición que se estaba preparando en Rusia, al Mendo del alemán Bleusner, para ir a las costas de América (Petersburgo, 7-18 de septiembre de 1764); minuta de oficio al marqués de Croix, para que éste posteriormente advierta al gobernador de California, para que estuviese en máxima alerta por los posibles intentos de los rusos de llegar a aquellas costas (El Pardo, 23 de enero de 1768); carta del conde de Lacy al marqués de Grimaldi, enviándole copia de la traducción al francés de una orden rusa recibida en Kamtschatka concerniente a cierto tratado con los ingleses (San Petersburgo, 11-22 de octubre de 1772); carta del conde de Lacy al marqués de Grimaldi dando cuenta del viaje realizado en 1769 por un oficial de marina ruso llamado Chericov, el cual regresó en 1771 diciendo que había estado en América (San Petersburgo, 27 de enero-7 de febrero de 1773);  carta del conde de Lacy al marqués de Grimaldi, dando cuenta de todas las expediciones rusas realizadas hasta esa fecha, a la costa de América (San Petersburgo, 8-19 de marzo de 1773); informes de todo ello al virrey de Nueva España de lo comunicado por el embajador en Rusia sobre las expediciones rusas (Palacio, 11 de abril de 1773); informe de las noticias proporcionadas por un comerciante de Kamtschatka llamado Popov, de los establecimientos rusos en América; noticias sobre los planes del gobierno ruso de invadir China y Japón, para lo cual estaba formando un ejército a cuyo mando se había destinado al inglés Lloyd (San Petersburgo, 26 de abril-7 de mayo de 1773), etc., etc. (Ruiz Rodríguez, I. Op. Cit. Pp. 3-4).
      No tardaron en encenderse todas las alarmas en Madrid, ordenándose inmediatamente al virrey de Nueva España que emprendiese de manera inmediata las acciones que creyese convenientes para, por un lado, averiguar si realmente era cierto que habían llegado los rusos al continente Americano y, por otro y en el caso de ser esto así proceder a expulsarles de esos asentamientos, en el pleno convencimiento de que se habían realizado de manera ilegal, al tratarse de tierras bajo soberanía española.

     Esta preocupación será el  inicio de lo que vino a ser una enorme y magna empresa: la de los viajes realizados por mar y tierra al Norte de la California, que estudiaremos más adelante.

     Estos hechos introdujeron una nueva visión del derecho internacional en tierras de América, ya que el contenido de las famosas Bulas Alejandrinas carecían ahora de sentido ante naciones desvinculadas del poder pontificio en la tierra y, por otro lado, el igualmente célebre Tratado de Tordesillas tampoco podría ser exhibido ante otras potencias colonizadoras, como era en este supuesto el caso de Rusia.

Notas:

1. Carlos Sánchez-Cantalejo Jimena, Breve paseo por los confines: la península de Kamchatka. El Genio Maligno. Publicación semestral - ISSN:1988-3927 - Número 3, septiembre de 2008 | Descargar PDF

2. Fernández Rodríguez, Manuela. La presencia rusa en el Pacífico Noroeste. Dialnet.unirioja.es



3. El Calendario geográfico (1774, San Petersburgo por la Academia Real de las Ciencia) fue publicado en Rusia en alemán y contiene una nueva carta geográfica y una relación de los descubrimientos hechos por los rusos en la península de Kamtschatka, así como una cronología de las exploraciones rusas (AGI, Estado, Legajo 86B, Documento 100, Folio 131).
 
4. Ignacio Ruiz Rodríguez en Las fronteras septentrionales del Pacifico americano: españoles, rusos e ingleses en la conquista de la Alta California, publicado en ILCEA Nº 18 (2013), Les frontières dans le monde hispanique. Revue de l’Institut des langues et cultures d’Europe et Amérique. Descargar PDF




La Exploración de Siberia

 10.  Vitus Bering
  6.  La Horda de Oro
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