viernes, 1 de marzo de 2013

Sam Van Olffen: el túnel del misterio



      Los espectaculares montajes fotográficos de Sam Van Olffen, nos sumergen en un futuro rabiosamente tecnológico y un pasado neblinoso de atmósfera vintage. Este artista trabaja desde hace una década en Montpellier, siendo un  ilustrador especializado en la fantasía, la ciencia ficción y el descubrimiento de universos paralelos.

     Si usted es aficionado de steampunk, el cyberpunk y el dieselpunk,   entonces usted debería ver la obra de Sam Van Olffen, por ejemplo, en esta  galería de imágenes de Izismile.

     Claro, que seguro necesitaran que antes les aclare unos conceptos. El steampunk surgió durante la década de 1980 a manos de escritores conocidos por sus trabajos cyberpunk. Hoy en día es un movimiento artístico cuya iconografía se desenvuelve en una ambientación donde la tecnología a vapor sigue siendo la predominante, y por normalidad, asentada en Inglaterra durante la Época victoriana, donde no es extraño encontrar elementos comunes de la ciencia ficción o la fantasía.


El autor G. D. Falksen vistiendo según el estilo steampunk, el brazo neumático es obra de Thomas Willeford.

      El cyberpunk nos presenta unas sociedades de alta tecnología, donde las personas viven con un bajo nivel de vida. Mezcla ciencia avanzada, como las tecnologías de la información y la cibernética, junto con algún grado de desintegración o cambio radical en el orden social. Ambientes de paisajes artificiales y las luces de la ciudad en la noche caracterizan la estética cyberpunk, lugares habitados por seres marginados, alejados, solitarios, que viven al borde de la sociedad, generalmente en futuros “distópicos” (distopía es una palabra inglesa, que significaba lo contrario que utopía, es decir, una sociedad que no existe donde todo es desagradable) donde la vida diaria es impactada por el rápido cambio tecnológico, una atmósfera de información computarizada ubicua y la modificación invasiva del cuerpo humano.


Shibuya, Tokyo, Japan 2008. Autor: Guwashi

      Se conoce como dieselpunk la mezcla de las diferentes estéticas comprendidas entre 1920 hasta 1950 con otras de nuestro presente. El término hace mención a la llamada “Era diésel”, un periodo dominado por el Art Déco, los héroes pulp, el jazz y la música swing, junto con los amorales detectives de la novela negra policiaca. Tambien destaca por su estética googie, estilo también llamado populuxe o doo-wop,  es una subdivisión de la arquitectura futurista influida por la cultura del automóvil y la Era espacial, originaria del sur de California a finales de la década de 1940. Destaca por sus construcciones de tejados afilados, la presencia de formas geométricas y el uso masivo del cristal y el neón, decoró muchos moteles, cafeterías y boleras entre 1950 y 1970.




Estética googie. Space Needle, construida para la Feria Mundial de Seattle en 1962. La lámpara de lava, comercializada por primera vez en 1965, tenía inicialmente el nombre de "Astro Lamp". Buick de 1958

      El término, acuñado por los diseñadores de juego Lewis Pollak y Ross Dan, se utilizó para ayudar a comercializar el juego RPG Los hijos del sol. Se trata de juegos de rol (traducción típica en español del inglés role-playing game) donde uno o más jugadores desempeñan un determinado rol, papel o personalidad. 



      El diselpunk presenta historias que ocurren en una versión manipulada o alternativa de una futura década de los 50, una sociedad surgida a partir de la tecnología desarrollada por la sociedad de la década de 1930. Estos años 50 no han sufrido la Gran Depresión y nunca llegó la Segunda Guerra Mundial, aunque todavía se está librando una prolongada guerra fría. Por su parte, Japón continúa su avance hacia la modernización tecnológica y el desarrollo de las primeras computadoras. Los científicos nazis siguen experimentando en biotecnología, desencadenando la revolución genética de los bio-mods, clones  y la extirpación de órganos. Mientras los estadounidenses y los británicos investigan en dispositivos de control mental, zonas de cría de hombres-máquina y los inicios de las máquinas de propulsión atómica.




Arte dieselpunk. Autor 22zddr en DeviantArt

      Su principal fuente de influencia sería la novela de George Orwell 1984, junto con Metrópolis (1927) de Fritz Lang. El dieselpunk representa el lado más oscuro y sucio del steampunk y se aplica a un estilo propio y diferente de arte, música, ficción e incluso arquitectura.  



Imágenes de Metrópolis (1927) de Fritz Lang 



Santa Robota, de Van Olffen, evocación de la María  de Metrópolis, recuerdo de  la novia de Frankenstein y prefiguración de la Mujer Escarlata del Apocalipsis

      Sam Van Olffen es un artista profundamente interesado en el pasado como una forma de entender el presente, al que le preocupa que en menos de un siglo todos nos convertimos en "ciudadanos de la era de lo efímero", como Alvin Toffler dijo pertinentemente. Las civilizaciones perdidas, los grandes conflictos, hombres, descubrimientos, etc., todas aquellas nuevas “olas cuánticas” (así las califica él) que fueron dando forma al rostro de la humanidad son objeto de su interés.

      En el siglo pasado, es decir ayer, nos imaginábamos que el siglo XXI sería una era de prosperidad, donde todo el mundo sería feliz con su trabajo, donde las desigualdades habrían desaparecido y estaríamos viajando en coches voladores...

      Pero que tenemos en realidad. Pillaje y saqueo de los políticos, que no son más que esbirros al servicio del gran capital y de las multinacionales. Cuellos blancos, directivos bancarios ladrones, explotadores que dejan morir de hambre a miles de niños y regatean los derechos sociales del resto de los ciudadanos.



Exposición de la obra de Sam Van Olffen

       Del Homo Sapiens hemos evolucionado al Homo numericus. Si George Orwell estuviese vivo, se sorprendería por todas las cosas que nuestro tiempo puede ofrecer, soñadas todas ellas en su 1984.  En cuanto a Emil Cioran –otro de sus autores de referencia- afirma que si viviese ya se habría volado los sesos.

      La Ciencia ficción como género ha desaparecido de la escena, no tiene la frescura de la década de 1930, cuando Alan Turing describió su máquina que, indirectamente, contribuyó al nacimiento de Internet.




La máquina de Alan Turing

       La intrusión de la red en nuestra vida no es ciencia ficción, es muy real y nadie lo vio venir, excepto unos pocos profetas. Si usted hubiera dicho al final de la Segunda Guerra Mundial que en medio siglo sus nietos estarían enviando fotos a través de las ondas, escuchando música en soportes desmaterializados y charlando en tiempo real con la gente en el otro lado del planeta -dice Sam Van Olffen- que está seguro que habría sido considerado como un loco.

     Hoy en día todo lo escrito  e imaginado por los escritores de ciencia ficción tiene la posibilidad de ocurrir en un plazo mucho más breve que el que jamás hubiesen podido imaginar aquella gente. Se ha vuelto más probable la creación de un hombre cibernético o la clonación animal y humana. Por eso afirma Sam Van Olffen que la ciencia ficción ha muerto, porque ha sido superada por la realidad.




Túnel de misterio, tal vez un túnel del tiempo

     Sam Van Olffen satiriza los iconos que representan figuras históricas, como Winston Churchill o Charles de Gaulle, así como los iconos pop (Disney, por ejemplo) con una combinación de humor y la ira. 





      Afirma que sus obras no se enmarcan en la época victoriana, como las del steampunk,  sino que se posición en París, el París del barón Hausmann, Napoleón III y Víctor Hugo, un período de confusión y disturbios en el centro de la ciudad cuando el rostro de la capital fue cambiando hasta convertirse en lo que hoy conocemos. Su obra está impregnada de cierta idea del caos que es muy seductor para el artista, así define su obra dentro de esta época, calificándola de Imperio Retro-caótico, antes que de época Victoriana post-apocalíptica. 



Organista

      Aunque utiliza el ordenador para trabajar, en el fondo reniega de él, diciendo que a pesar de su potente procesador i7, sus teras de almacenamiento, sus gigas…, incluso un ordenador tipo Colossus como el de la película de Joseph Sargent, nunca nos proporcionará ninguna idea original, incluso aunque nos conectemos vía firewire o HDMI, al final siempre tenemos que conectarlo a nuestras orejas o a nuestros ojos. Para Sam Van Olffen  el ordenador no es más que una herramienta que utiliza para ultimar algunos pasos, como pudiera usar un martillo para clavar un clavo en una pared. Para ir más lejos con esa metáfora: antes de clavar el clavo en la pared, el muro tendría que ser construido y antes de eso, se tendría que hacer los planos de su construcción y así sucesivamente.

      El mismo proceso para una imagen: en primer lugar la idea, entonces los bocetos y un dibujo más elaborado. A continuación se observa una gran cantidad de fotografías y el ordenador entra en el proceso, para trabajar al mismo tiempo en los pasos preparatorios y las finales, como herramienta de centralización.


      Sam Van Olffen  ha sido calificado de artista steampunk y dieselpunk, sin embargo él dice que estas palabras no significan nada, resistiéndose a que le metan en cualquiera de estas categorías. En realidad, está haciendo "Steampunk", aunque explora  imágenes de otros universos, tratando de mantener una coherencia estilística propia. Si tuviese que aceptar la influencia de alguien –asegura San Van Olffen- serían las imágenes del cine americano de principio del siglo XX o las pinturas de Edward Hopper, por ejemplo, o Miguel Ángel cuyas obras son siempre vale la pena contemplar.



25 Dec… Un sangriento Papa Noel.

      Vive en la  hermosa y tradicional ciudad de Montpellier, Francia. Las calles son tranquilas, los edificios antiguos y en su ambiente se respira el aroma del Mediterráneo. Rodeado de tradición, el artista Sam Van Olffen utiliza las imágenes futuristas para expresar sus sentimientos y sus ideas.

     Sam Van Olffen combina la visión serena del mundo con la destructiva. Le agrada la elaboración de mundos que nunca existieron, Van Olffen casa lo viejo con lo nuevo: las máscaras de gas en las mujeres victorianas, robots salvajes en tiempos prehistóricos. Su obra es un anacronismo que crea un contraste dramático y apasionante. En una entrevista del magazine Gothic Beauty el artista declara que comenzó a trabajar hace unos diez años cuando añadió alas al busto de la condesa de Westminster, convirtiéndola en un ángel caído. Desde entonces se ha dedicado a hacer composiciones.



Chapelier (2005)

       Sam Van Olffen dice que cuando está poseído por una idea, sigue su impulso y realiza un boceto manchado un lienzo de tinta.  Dice que los escultores le confiesan a menudo que la  escultura preexiste en el mármol, pero es necesario el trabajo que la libera de la materia. Al principio está la idea, un concepto prisionero de un magma cuántico e informe. Una vez que el tema se presenta definido en la mente del creador, inmediatamente la obra se auto-crea, por así decirlo, se van eliminando las zonas de turbulencia poco a poco, de manera que puede variar la imagen final, o resultar varias imágenes. Lo que no cambia es la idea, que siempre permanece fija. 



      Según Van Olffen, una obra es el resultado de la suma de unos detalles, los cuales le proporcionan su consistencia final.  Buscando inspiración en dos géneros, la fantasía y ciencia ficción, el artista francés se niega a utilizar el arte para transmitir cualquier advertencia o prejuicios a través de su obra. "Yo no doy ningún mensaje”, "¿Y cómo se puede detener la contaminación, la miseria o el hambre? Todo está en los genes de la humanidad. Si el arte pudiese cambiar nada, se sabría”.

      Le gusta poner el ejemplo de la pintura Guernica de Picasso, una pieza que muestra el sufrimiento de los civiles durante el bombardeo alemán de la ciudad vasca. Van Olffen contó la historia de un oficial ario que había ido a contemplarla y, al ver a Picasso, el militar le preguntó si aquel era su trabajo.  Picasso le miró contestando: no, es el tuyo.







También ha realizado trabajos para portadas de novelas de ciencia ficción



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