miércoles, 6 de marzo de 2013

Las herejías gnósticas

      Según el diccionario ideológico de la lengua española de Julio Casares, el término herejía puede ser entendido de cuatro maneras diferentes: a) error en materia de fe, sostenido con pertinacia; b) error que uno sostiene contra los principios de una ciencia o arte; c) ofensa o palabra injuriosa; d) daño grave causado a una persona o animal.

      Lo normal es que el hereje no sea alguien ajeno a la Iglesia católica, sino  un creyente que en un momento histórico determinado -en el cual se encontraba en discusión un aspecto determinado de las creencias de su Iglesia-, optó por posiciones que posteriormente fueron minoritarias y condenadas por la jerarquía eclesiástica.

      El judaísmo contemporáneo de Jesús se encontraba dividido en diversas sectas, como la de los samaritanos, saduceos, fariseos, esenios etc. En la Palestina del siglo I habían surgido algunos grupos entre la población judía como consecuencia de las diversas sensibilidades acerca de las fuentes y los modos de vivir la religión de Israel. En tiempos de Jesús, los más apreciados por la mayoría del pueblo eran los fariseos. Su nombre, en hebreo perushim, significa «los segregados». Dedicaban su mayor atención a las cuestiones relativas a la observancia de las leyes de pureza ritual incluso fuera del templo. Su posición política estaba ligada al empeño por la independencia nacional, pues ningún poder ajeno podía imponerse sobre la soberanía del Señor en su pueblo. A éstos se los conoce con el nombre de zelotes, que posiblemente se dieron a sí mismos, aludiendo a su celo por Dios y por el cumplimiento de la Ley.

     Los saduceos eran personas de la alta sociedad, miembros de familias sacerdotales, cultos, ricos y aristócratas. Eran los representantes judíos ante el poder imperial. Hacían una interpretación muy sobria de la Torah, sin caer en pureza de los fariseos. A diferencia de los fariseos no creían en la pervivencia después de la muerte, ni compartían sus esperanzas escatológicas. No gozaban de la popularidad ni el afecto popular del que disfrutaban los fariseos, pero tenían poder religioso y político, por lo que eran muy influyentes.



Refugio de los esenios. Qumram, a orillas del Mar Muerto





Los rollos de Qumrán o pergaminos del Mar Muerto

       Uno de los grupos más estudiados en los últimos años ha sido el de los esenios. Tenemos amplia información acerca de cómo vivían y cuáles eran sus creencias a través de Flavio Josefo, y sobre todo de los documentos del papiro de Qumram, donde parece que se instalaron algunos de ellos. Los esenios rechazaban el culto que se hacía en el templo de Jerusalén, ya que era realizado por un sacerdocio que se había envilecido desde la época asmonea. 



Pompeyo profana el Templo de Jerusalén: «No vi ninguna imagen de dios, sino un espacio vacío y misterioso», dice después de entrar al Sancta Santorum en donde sólo los levitas tenían permitido ingresar. Fuente: Wikipedia

    Los asmoneos o hasmoneos (en hebreo חשמונאים, Hashmonayim) fueron los sucesores directos de los macabeos que lograron establecer un poderoso reino en lo que hoy es Israel, que duró desde el 134 a. C. hasta el advenimiento del Imperio romano en Israel en el 63 a. C. Pusieron gran resistencia a las expansiones del Imperio seléucida.      Entre los ideales religiosos de los macabeos destacaba su celo por la defensa del Templo de Jerusalén, del monoteísmo y de la independencia del reino de Judea, pero con los asmoneos estos ideales perdieron toda su fuerza, más ambiciosos y preocupados por extender su poderío militar, y marcados por las intrigas, traiciones y luchas fratricidas. Precisamente una guerra civil entre hermanos marcaría el fin del reino y pondría a Israel en manos de la nueva potencia emergente de la época: Roma.



Fases de expansión del Reino de los Asmoneos (134-63 a.C). Fuente: Wikipedia

     En consecuencia, los esenios optaron por segregarse de esas prácticas comunes con la idea de conservar y restaurar la santidad del pueblo en un ámbito más reducido, el de su propia comunidad. La retirada de muchos de ellos a zonas desérticas tiene como objeto excluir la contaminación que podría derivarse del contacto con otras personas. La renuncia a mantener relaciones económicas o a aceptar regalos no deriva de un ideal de pobreza, sino que es un modo de evitar contaminación con el mundo exterior para salvaguardar la pureza ritual. Consumada su ruptura con el templo y el culto oficial, la comunidad esenia se entiende a sí misma como un templo inmaterial que reemplaza transitoriamente al templo de Jerusalén mientras que en él se siga realizando un culto que consideran indigno.

     Si quieres ampliar el tema:  Étienne Nodet, Essai sur les origines du Judaïsme: de Josué aux Pharisiens (Editions du Cerf, Paris 1992); Anthony J. Saldarini, Pharisees, scribes and Sadducees in Palestinian society: a sociological approach (William B. Eerdmans, Cambridge 2001); Francisco Varo, Rabí Jesús de Nazaret (B.A.C., Madrid, 2005) 91-97; Flavio Josefo, La guerra de los judíos; Ricciotti G, Storia di Israele (Torino, 1964).

      El propio cristianismo de los primeros tiempos también fue considerado por los sacerdotes judíos y los doctores de la ley como una herejía de la religión judaica. El cristianismo se irá separando progresivamente de la religión hebraica, teniendo su primer momento culminante en el Concilio de Jerusalén en el que se sanciona la misión de Pablo entre los gentiles según nos cuentan los Hechos de los Apóstoles.

     Observamos pues, que en la construcción de una nueva fe (cristianismo) nos encontramos con un proceso que va en  dos direcciones diferentes:

-          Por un lado, se produce la progresiva separación de las tradiciones y el marco cultural en donde ha nacido;
-         De otro, la progresiva construcción de una doctrina propia, sin la cual no podríamos considerarla una religión independiente.

      La herejía se mueve, precisamente, en este proceso que de manera sucinta hemos descrito: la construcción de una nueva doctrina, de manera que el antiguo defensor de la ortodoxia religiosa cristiana, en unos años, podía convertirse en el hereje principal.

La gnosis

       Gnosis es una palabra procedente del griego clásico que solemos traducir por conocimiento o revelación. La filosofía griega (platónica y pitagórica) con esta expresión designa el conocimiento verdadero (en el sentido de episteme: conocimiento abstracto sobre la esencia de algo) por oposición al conocimiento dudoso y particular (en el sentido de la doxa: conocimiento sobre las apariencias de las cosas sometido a los vaivenes del cambio).

     La gnosis, será pues, el conocimiento de Dios o de alguna propiedad de Dios, pero un conocimiento, que una vez dado es inmediato y absoluto, es decir, es recibido a la manera de una revelación o visión inmediata, sin necesidad de sucesivas y progresivas deducciones y acercamientos de nuestro entendimiento. Existe en esta concepción una menor contraposición entre fe (pistis) y conocimiento (gnosis). Su objetivo es la redención del hombre y su vuelta al mundo de la luz (Pleroma), en donde será un ser divino. Este objetivo se puede alcanzar con un conocimiento completo de la verdad y el mundo de la luz mediante una visión o revelación inmediata.

       Para el cristiano, mediante la fe otorgada por la gracia en el bautismo, le es posible esperar la salvación y la resurrección de la carne al final de los tiempos (parusía) o segunda venida del mesías. La mayoría de las doctrinas expuestas por las principales escuelas gnósticas, son presentadas como el fruto de un éxtasis; por tanto, un conocimiento selectivo otorgado a una élite religiosa, en ningún sentido una oferta salvífica universal.




Urbi et Orbi (a la ciudad de Roma, y al mundo entero). Grabado que representa un hombre tratando de descubrir el mecanismo del universo a través de la bóveda celeste.

     La astrología tradicionalmente explica los efectos de los cuerpos celestes en el cuerpo humano bajo un concepto de espejo: “como arriba, es abajo” (urbi et orbi) reza la máxima hermética. Esto sugiere que el diseño del universo obedece a ciclos fractales, en el microcosmos y en el macrocosmos, el hombre es semejanza del universo.

Las fuentes de la gnosis

1. Los escritos de los Padres de la Iglesia.

      La mayoría de los escritos gnósticos fueron destruidos y escondidos. Por lo tanto los heresiólogos (padres de la Iglesia que refutaban las desviaciones y herejías en el seno de las comunidades cristianas) y sus escritos son la primera fuentes en las que aparecen los docetas, marcionitas, montanistas etc.

     La herejía docética toma este nombre de la raíz griega dokéō (δοκέω), que significa parecer o parecerle a uno. Apareció a finales del siglo I de la era cristiana, afirmando que Cristo no había sufrido la crucifixión, ya que su cuerpo sólo era aparente (inmaterial, divino) y no real. La herejía tiene su raíz en la influencia platónica, que afirma que son las ideas las únicas realidades y nuestro mundo es sólo un reflejo, una imagen de las ideas; opinaban que la materia era corrupta y que el cuerpo es la cárcel del espíritu. La doctrina docética, enraizada también en el dualismo gnóstico, dividía tajantemente los conceptos de cuerpo y espíritu, atribuyendo todo lo temporal, ilusorio y corrupto al primero y todo lo eterno, real y perfecto al segundo; de ahí que sostuviera que el cuerpo de Cristo fue tan sólo una ilusión y que, de igual modo, su crucifixión existió más que como mera apariencia. El Islam conserva también este punto de vista y sostiene que el cuerpo del profeta Isa (el nombre con que conocen a Jesucristo) sólo fue crucificado como una ilusión.



“Crucifixión”  de un manuscrito carolingio (finales siglo IX, principio del siglo X). Codex d’Angers, ms34 fol-7v. Fuente: petrus.agricola

     El marcionismo fue una secta herética fundada en 144 d.C. en Roma por el rico comerciante Marción y que continuó en Occidente por 300 años, pero en Oriente algunos siglos más, especialmente fuera del Imperio Bizantino. Ellos rechazaban los escritos del Antiguo Testamento y enseñaban que Jesucristo no era el Hijo del Dios de los judíos (el dios creador llamado Yahvé), sino el Hijo del Dios Bueno, que era diferente del Dios de la antigua alianza, era el Padre, el Dios verdadero capaz de encarnar a un hijo hombre, llamado Cristo. Ya vimos que para los cátaros el dios creador, el demiurgo, es un dios malo, porque crea la materia.  Ellos anticiparon el dualismo más consistente del maniqueísmo y fueron finalmente absorbidos por éste.

     Marción afirma que el Mesías al que se refiere el Antiguo Testamento no es Cristo, que aún no se ha cumplido esa profecía y que cuando ocurra, si llegara a ocurrir, el Mesías del Antiguo Testamento se llamará Emmanuel y no Jesús. Emmanuel, el Mesías judío estaría destinado de manera exclusiva al pueblo judío y sólo tendría prosélitos entre estos, los descendientes de David, además contra él se levantarán los pueblos y los imperios y él responderá bélicamente, insiste Marción: este Mesías no ha llegado ni se ha cumplido esa profecía con Cristo, ni en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento.



Marción exponiendo sus doctrinas.

    Afirma que el judaísmo del Antiguo Testamento es una religión diferente de la del Nuevo Testamento, concepto que comprendió Pablo, pero que no captó Pedro ni los apóstoles, que trataron de conservar el cristianismo como una secta judaica, cosa que finalmente debe ser resuelta separando con nitidez y de manera definitiva ambas religiones, ambos testamentos, ambos dioses, para lo cual no sólo rechazó el Antiguo Testamento, sino que procedió a rechazar todos los elementos del Nuevo Testamento que consideraba judíos. Para lograrlo, de todas las Escrituras escogió el Evangelio de Lucas, excluyendo los relatos sobre el nacimiento de Cristo por considerarlos citas de la Biblia judía, y revisa minuciosamente y acepta como verdaderas sólo diez de las cartas de Pablo por considerarlas exentas de judaísmo (Gálatas, 1ª y 2ª de Corintios, Romanos, 1ª y 2ª de Tesalonicenses, Efesios, Colosences, Filipenses y Filemón), rechazando las otras cuatro (1ª y 2ª Timoteo, Hebreos y Tito). Después escribió la “Antítesis” que es un análisis de las contradicciones entre el cristianismo (el Dios Padre del Nuevo Testamento) y el judaísmo (el Dios Creador del Antiguo Testamento), que puede leer aquí.

      En la teología cristiana, el Espíritu Santo,  Espíritu de Dios, Espíritu de verdad o Paráclito (acción o presencia de Dios, del griego παράκλητον parakleton: aquel que es invocado), del latín Spiritus Sanctus es una expresión bíblica que se refiere a una compleja noción teológica a través de la cual se describe una "realidad espiritual" suprema, el conocido como el pneuma divino, palabra que significa «espíritu» (del griego «πνευμα», pneuma)y el hebreo «ruaj»). Se trata de una traducción incompleta ya que «ruaj» y «pneuma» también se traducen como «aire» (ej: pneumático). Aire y espíritu son cosas distintas para nosotros pero aparecían relacionadas en el griego y el hebreo antiguos. Lo que actualmente es una doble acepción era en esos idiomas una identidad de conceptos.



Representación en piedra del Espíritu Santo: su santidad queda indicada con la orla de la cabeza. Clave en la iglesia de San Miguel de Michaelsberg (Cleebronn, Alemania).

      Existen dos grandes clases de teologías sobre el Espíritu Santo: las que resaltan el aspecto «aire» y la que resaltan el aspecto «espíritu». Dichas teologías coinciden a grandes rasgos con la judía y la cristiana.

      El montanismo fue un movimiento que se produjo en el interior de las comunidades cristianas primitivas, como un esfuerzo para revalidar las realidades pneumáticas y escatológicas (tratan sobre las "realidades últimas" profesadas por el cristianismo y por lo tanto sobre las esperanzas en las que se sostiene) de los primeros tiempos de la Iglesia. Se trataba de un «movimiento reavivador», como sería llamado posteriormente.

     El conocimiento que se tiene de este movimiento se funda en el testimonio de los autores cristianos, como Eusebio de Cesarea, Epifanio, Clemente de Alejandría, Orígenes e Hipólito. De mayor importancia es, sin embargo, una fuente original en los escritos de Tertuliano, que se adhirió al montanismo al final de su vida.



Quinto Septimio Florente Tertuliano, 160-220, padre de la iglesia y teólogo. Fuente: Wikipedia

     El origen de este movimiento se puede fijar entre los años 160 y 170 en Ardabau (Frigia) donde Montano se sintió transportado a estados de éxtasis durante los cuales profería advertencias proféticas. Luego se unieron a él dos mujeres, Prisca y Maximila, que también empezaron a profetizar. Montano y sus profetisas anunciaban el final inminente del mundo, ordenando a sus fieles que se reunieran en un lugar determinado para esperar allí el descenso de la Jerusalén celeste.

      El montanismo era una doctrina escatológica, es decir, afirmaba que el fin de los tiempos se acercaba y que llegaría en un plazo muy breve, resurgiendo así la espera de la parusía tal como lo habían esperado las primeras generaciones cristianas. El montanismo insistió en las prácticas ordinarias en la Iglesia de entonces: preparación al martirio, ayuno, xerofagia (abstención de alimentos húmedos), castidad dentro del matrimonio, prohibición de segundas nupcias, negativa a conceder el perdón a un cristiano bautizado incluso en el caso de que hiciera penitencia.

     El profetismo es el verdadero elemento dominante en el montanismo; sus promotores intentaron revivir el profetismo cristiano, que apenas existía en la época. No obstante, su concepción del profetismo difería sustancialmente de la tradición primitiva, puesto que los profetas del montanismo se consideraban como receptáculos de la divinidad: no eran ellos quienes hablaban, era el Espíritu quien hablaba por su boca. Así, Montano era un nuevo Paráclito que continuaba la revelación contenida en el evangelio. El concepto   no designa la naturaleza de algo, sino la función de alguien: el que es «llamado al lado de» (para-kaleo; ad-vocatus) desempeña el papel activo de asistente, de abogado, de apoyo (el sentido de «consolador»). Esta función corresponde a Jesucristo, que en el cielo es «nuestro abogado cerca del Padre», intercediendo por los pecadores, y aquí en la tierra al Espíritu Santo que actualiza la presencia de Jesús, siendo para los creyentes el revelador y el defensor de Jesús.



Cruz y serpiente, tomado como símbolo por algunos gnósticos

    Los Padres de la Iglesia pretenden demostrar el origen posterior al cristianismo de estas sectas, de tal manera que el gnosticismo sería en la práctica una interpretación perversa y falsa del cristianismo, una vuelta al paganismo de la mano de la cultura y la filosofía griega.

      Especial importancia como fuente del gnosticismo hasta el descubrimiento de la biblioteca de Nag-Hammadi,  son  El Sintagma obra perdida de Justino, a la cual alude en su “Apología” dirigida al emperador Antonino Pío (150-155). Otra obra es  Contra los Herejes” (Adversus Haereses) de San Ireneo de Lyón, en la que hace un repaso de los principales movimientos gnósticos, poniendo especial énfasis en los valentinianos, barbelognósticos y ofitas, remontando la gnosis hasta Cerinto, Simón el Mago o Menandro.

      Los valentinianos son una de las más importantes sectas gnósticas del siglo II, constituida por discípulos de Valentín (el del día de los enamorados) de los que tenemos noticias por los escritores cristianos, como el mencionado S. Ireneo en el Adversus haereses, su discípulo Hipólito de Roma en los Philosophumena (o Refutatio, Refutación de todas las herejías) y Tertuliano en el Adversus Valentínianum, todos los cuales son fuentes fundamentales para conocer las sectas gnósticas.

    Su secta se dividió en dos ramas: la ítala y la anatolia. A la primera, más sobria, pertenecen Ptolomeo, Florino y Heraklion. La rama anatolia u oriental, más complicada y menos conocida, tiene como representantes a Marcos el mago, Axiónico y Ardesianes.



Relieve gnóstico que muestra a la diosa del cielo con la luna creciente sobre su cabeza, rodeada de siete estrellas que representan los planetas y los doce signos del zodiaco (Siglo II-III aC). Una inscripción, no visible aquí, da los nombres de los siete arcontes gnósticos. Los doce pecados pueden representar los eones gnósticos. British Museo

      La mitología gnóstica habla de siete arcontes o dioses planetarios. El número siete pertenece al ámbito de la mitología lunar. Desde Sumer se habla de siete planetas, siete purtas del inframundo, siete Anunnaki o guardianes del inframundo. El arco iris de siete colores era el “collar de Istar”, que dejó a un lado en su descenso al inframundo. Inanna e Istar tenían que franquear siete puertas para acceder al oscuro reino de Ereshkigal o Allatu; en la Biblia, siete pilares sostienen la casa de la Sabiduría. Según los gnósticos los arcontes (dioses) regenten los eones o dimensiones entre este mundo y la fuente de la luz (otra vez el túnel lleno de monstruos y el paraíso al final). Según la tradición gnóstica Sofía, como alma, hija de la luz y de la verdad, tiene que pasar a través de estos siete eones, liberándose de su poder, con la ayuda de su hermano, Cristo, en su viaje de regreso al seno de su madre y su padre y el Pleroma, o fuente de la luz, de la que provino (El mito de la diosa: Evolución de una imagen, de Anne Baring y Jules Cashford).

     Los arcontes, como hemos dicho y lo confirma Ireneo de Lyon, son divinidades planetarias, guardianes del túnel, los amos del mal, concebidos como personajes reales con cuerpos terimorfos de león, de asno, de hiena, de dragón, de mono, de perro, de oso, de toro, de águila, etc (cf. M. Tardieu, Trois Mythes gnostiques, págs. 61-69). Estas representaciones proceden de la interpretación de la astrología hermética, en la que todas las convenciones espaciales estabas personificadas. La palabra “zodíaco” (zodiakos) significa círculo de animales, pues la mitad de los signos poseen una forma animal (Eros y Magia en el Renacimiento de  Ioan Petru Culianu, pág 295).



    No conocemos de primera mano la doctrina de Valentín, pero de lo escrito por los autores cristianos deducimos que su creencia se basaba en un sistema de emanaciones (eones) que componían el mundo divino o pléroma. Dividía a los hombres en hílicos (materiales), psíquicos (animales) y pneumáticos o gnósticos (espirituales). Sólo estos últimos podían aspirar a la perfección y al desposorio con los ángeles. Tras el proceso de degradación provocado por Sophía (el eón último más imperfecto del pléroma, origen del pecado) viene el proceso de redención que culmina en la bajada del Logos (Cristo) al mundo. El Salvador ilumina a los gnósticos en el «descubrimiento» de su realidad divina. Con la muerte, el elemento divino presente en el gnóstico se reintegrará al pléroma; también a los psíquicos se les ha reservado una salvación inferior, extrapleromática, mientras que los hombres materiales caerán en una disolución total.

2. Los textos originales antes de 1945.

       Los Manuscritos de Nag Hammadi son una colección de textos gnósticos de los primeros cristianos descubiertos en el pueblo de Nag Hammadi, Egipto, en 1945. Ese año, 13 códices de papiro forrados en cuero y enterrados en vasijas selladas fueron encontrados por campesinos locales. El conjunto de estos textos pueden ser clasificados por el lugar donde se conservan: el códice de Londres, el códice de Berlín y el códice de Oxford. Tenemos una buena traducción del códice de Berlín publicada en 1984 en París.




Apocalipsis Gnóstico de Pedro



Evangelio de Tomás
2.1. Los textos de Nag Hammadi.

       En 1945, un campesino egipcio descubre cerca de esta ciudad, a unos 100 Km. de Luxor, lo que sin duda constituye uno de los descubrimientos más importantes en lo tocante a manuscritos antiguos, comparable al descubrimiento  de los manuscritos de Qumram. En 1972 aparece una primera edición para museos y coleccionistas en placa fotográfica. En esta edición se incluyen fotografías de todos los textos coptos encontrados con una introducción general de J.M Robinson. Estos textos son una traducción de originales griegos compuestos en el siglo II.

      Podéis encontrar lista completa de códices aquí.

      Ya hemos hablado del sistema de la gnosis valentiniana (siglo II) es el más consistente filosóficamente hablando, y el menos dado a la fantasía desbordante, del que sabemos algo por los escritores cristianos y, por otro lado, de lo poco que nos aportan los textos de Nag Hamamdi pertenecientes a esta corriente gnóstica, sin duda alguna el movimiento gnóstico más integrado en el seno de la Iglesia y durante más tiempo.



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