miércoles, 20 de marzo de 2013

El Mito de Sophia

      Vamos por la parte octava del estudio. En gran número de sistemas gnósticos el Eón Sabiduría -Sofía o Acamoth-, juega un papel importante. En algún sentido parece representar el principio femenino supremo, como por ejemplo, en el sistema ptolemaico, en el que la madre de los siete cielos se llama Achamoth, o en el sistema valentiniano, donde se llama Sophia, la Sabiduría de arriba. Para muchos este principio femenino es anterior al mundo noumenal, el de los Eones creados. Así en el sistema arcontiano encontramos una “Madre luz” que vive  más allá de los cielos de los Arcones, y se la conoce como (meter ton panton) la Madre de todo, y otro tanto en la gnosis de Barbelo, donde la fémina Barbelo es la contrapartida del Padre Desconocido, lo que también se da en los Ofitas descritos por Ireneo en Contra las Herejías III.7.4).


La prostituta de Babilonia, un potente argumento que apoya la figura de Barbelo

      En toda la exposición que a continuación veremos, una cosa nos quedará clara del gnosticismo: su creencia en una Diosa Madre creadora, a la que le hemos dedicado muchos capítulos en las entradas dedicadas a la Diosa. Se trata de la Gran Diosa prehistórica, la que no tiene padre, ni marido, pero es la que ha parido a una mujer que ha parido a los hombres sin conocer a su madre. Después, las religiones patriarcales la convertirán en un monstruo, una pecadora –como Eva- y una prostituta, en un ansia insaciable de desprestigiar el principio femenino creador.



La diosa de Willendorf representa la fertilidad del neolítico

     Antes de proseguir, merece la pena detenernos en el término “arconte”, utilizado en el gnosticismo para referirse a varios sirvientes del Demiurgo, el "Dios Creador", que se interponía entre la raza humana y un Dios trascendente que sólo puede ser alcanzado a través de la gnosis. En este contexto, tienen el papel de los ángeles y los demonios del Antiguo Testamento.

       Ellos dan su nombre a la secta de los Arcónticos, secta gnóstica existente en Palestina y Armenia a mediados del siglo IV de la que nos habló San Epifanio. Según este escritor cristiano, un sacerdote joven de Palestina, llamado Pedro, había sido condenado a causa de sus errores gnósticos, y depuesto, por el obispo Aecio, del cargo de presbítero. A raíz de eso huyó a una región de Arabia donde existía un centro de ebionitismo, herejes que trataban a Jesús Cristo como una figura simplemente humana, aunque reconocían que su figura era carismática. En su vejez, aparentemente convertido -aunque no de verdad-, regresó a Palestina, donde llevó la vida de un anacoreta en una caverna cerca de Jerusalén. La austeridad de su vida y la práctica de una pobreza extrema atrajeron seguidores como Eutacto, llegado de Egipto, que difundió las doctrinas de la secta por Armenia. 

 

Roger Van der Goes. Adán y Eva (1467). Estilo Gótico-Flamenco.



Adan y Eva. Manuscrito iluminado de una Biblia del siglo XV



Adan y Eva. English Bible Illuminated Manuscript ca. 1300

     Según San Epifanio, esta secta afirma que hay siete cielos, cada uno de los cuales estaría regido por un archon (príncipe) rodeado de ángeles engendrados por él, y que son los guardianes de las almas. En el octavo cielo mora la Madre suprema de la luz. El rey o tirano del séptimo cielo es Sabaoth, rey de los judíos y padre del Demonio.

      El demonio se rebeló contra su padre y fue condenado a vivir en la tierra, emparejándose con Eva que engendró a Caín y a Abel. Caín mató a Abel en una pelea por su hermana, a quien ambos amaban.

      También sostienen que las almas, de origen celestial, constituyen el alimento de los príncipes (arcontes) que no pueden sobrevivir sin él. Cuando el alma ha alcanzado el grado del Conocimiento (gnosis), es porqué ha conseguido escaparse del bautismo de la Iglesia y del poder de Sabaoth, y entonces vuela hasta cada uno de los cielos, reza humildemente a su príncipe y, finalmente, alcanza a la Madre y al Padre de todas las cosas, desde los cuales cae a la tierra. Teodoreto añade que algunos de estos herejes vierten aceite y agua sobre las cabezas de los muertos, para que se vuelvan invisibles a los príncipes y sustraerlos de su poder. 



San Teodoreto de Ciro

    Niegan la resurrección de la carne, admitiendo sólo la de las almas; condenan el bautismo y rechazan la participación en los Sagrados Misterios como si fueran algo introducido por el tirano Sabaoth. San Juan Damasceno dice que “son adictos a la más vergonzosa de las lascivias”. Sus libros apócrifos eran la “Sinfonía” mayor y la menor, el “Anabatikon [asunción] de Isaías”, libro llamado Allogeneis, y otros escritos pseudo proféticos. Rechazaban el Antiguo Testamento, pero empleaban frases arrancadas de su contexto, de manera que –según San Anastasio- demostraban el absurdo y la deshonestidad del abuso que hacían de los textos de las Escrituras.

a)      El Hebdómada

     Según casi todos los sistemas gnósticos fueron siete los arcontes -conocidos como la Hebdómada (ἑβδομάς)- que crearon todo el mundo. Estos siete arcontes son semi-hostiles y se cuentan como las emanaciones últimas y las más bajas de la Trinidad. Por debajo de ellos sólo está el mundo de los poderes diabólicos. Basílides afirmaba que existía un "gran arconte" llamado Abraxas que reinaba sobre más de 365 arcontes (Ireneo en Adversus haereses I, 24).



Diferentes representaciones del arconte Abraxas

    La astronomía antigua enseña que por encima de las siete esferas planetarias estaba la octava, la esfera de las estrellas fijas. En la octava esfera, los gnósticos dicen que habitó la Madre a quien todos estos arcontes deben su origen, conocida como Sophia (Sabiduría) o Barbelo. Los gnósticos utilizan el nombre de Barbelo para referirse a la primera emanación de Dios, siendo como el principio supremo femenino. Este ser a veces aparece como vario, es decir, como "Padre-Madre", haciendo alusión a su aparente androginia. Es el "Primer Ser Humano”, “El Triple Andrógino" o "Eterno Eon". Los seguidores gnósticos de este ser fueron designados como Barbeliotae.



Rebis Hermético; el andrógino primitivo presente en muchas tradiciones. Según ‘El Banquete’ de Platón el sexo masculino y femenino surgieron de su separación.

      En el lenguaje de estas sectas la palabra hebdómada no sólo designa los siete arcontes, sino que también es el nombre de un lugar, las regiones celestes sobre las cuales reinaban los siete arcontes,  mientras que la Ogdóada se refiere a la región supercelestial que ponen por encima de su control.

     Para los egipcios la Ogdóada es el nombre del conjunto de ocho deidades primordiales, también llamadas "las almas de Thot", que constituían una entidad indisoluble y actuaban juntas. Consta de cuatro parejas de dioses (encarnando cuatro conceptos en sus aspectos masculino-femenino), que juntos, personifican la esencia del caos líquido primigenio existente antes de la creación del Mundo.

    La primera pareja eran "las aguas primordiales", "el océano primordial" o "el caos"; la segunda "el espacio infinito" o "lo ilimitado"; la tercera eran "las tinieblas" o "la oscuridad" y la cuarta "la vida", "la indeterminación espacial" o "la que se separa", también "el principio de lo misterioso" o "el oculto". Juntos, los cuatro conceptos representan el estado primordial, lo que no se ve ni se toca, la antítesis de la vida, pero por su concepción de parejas de ambos sexos, representan al tiempo lo que puede ser, el estado fundamental del comienzo.

     En el mito, sin embargo, su interacción resultó ser tan desequilibrada que produjo un cataclismo y dio como resultado el surgimiento de un montículo primigenio, en cuyo interior había un huevo cósmico. El montículo se convirtió en una "isla de fuego" y el huevo se fue incubando, hasta que salió del mismo el dios del sol, Ra, que ascendió hasta el cielo. Después de un largo descanso, Ra, junto con las otras deidades, crearon todas las demás cosas del mundo.

a)      Sectas ofitas

     La palabra Ofitas es un nombre genérico para varias sectas gnósticas en Siria y Egipto que se desarrollaron alrededor del año 100 d.C. El nombre, o palabra, se deriva del griego ophis que significa "serpiente". Estas sectas dab gran importancia a la serpiente de los relatos bíblicos de Adán y Eva, puesto que este animal es la conexión entre el árbol del conocimiento (del bien y del mal) con la gnosis o conocimiento.

     Los Ofitas aseguran que la Biblia no identifica con precisión a la serpiente como Satanás, hallando así la justificación para afirmar que lo que la serpiente buscaba en realidad era entregar a Adán y Eva el conocimiento, por tanto, la figura que el cristianismo y el judaísmo identifican con Dios, en realidad es el enemigo que quiere quitar a los hombres el conocimiento.  



Hans Baldung Grien, Eva, la serpiente y la muerte

      San Epifanio (siglo IV) dice que presenció una misa abominable donde la serpiente fue mantenida en una cesta conocida como la cista mystica. Al inicio de la misa la serpiente es convocada. Ésta se desliza entre los panes que se encuentran en la mesa después de lo cual son partidos y comidos. Después de esto, cada uno de los presentes besan a la serpiente en la boca para lo cual ha sido domada por un encantamiento. Se recuestan y comienzan a adorar a la serpiente como parte del servicio eucarístico. Después cantan un himno al Padre y entonces concluyen sus misterios.

    Entre las principales sectas ofitas están los naasenos, quienes veían en la serpiente al ser supremo (del hebreo na'asch = serpiente); los setitas, para quienes Set era el patriarca de los espirituales; los peratas, (del griego peras=penetrar); los cainitas, que veían en Caín su líder espiritual; los encratitas, secta fundada por Taciano; se distinguían por practicar una ascética rigurosa, oponerse al matrimonio y fomentar otras normas morales que desafiaban a las propugnadas por la ortodoxia. Finalmente, los berdesanes, discípulos de Valentín, que llevó sus ideas a Oriente.



Según Orosio, en su texto contra Prisciliano, Communitorium de errore Priscillianistarum et Origenistarum «Prisciliano enseñó que los nombres de los Patriarcas corresponden a las partes del alma, y de modo paralelo, los signos del Zodíaco se corresponden con partes del cuerpo».

      Los ofitas aceptan la existencia de estos siete arcontes, como dice Orígenes en Contra Celso (VI, 31), a los que nombra dando una lista casi idéntica a la de Sobre el Origen del Mundo (es el tratado quinto del códice II de los manuscritos de Nag Hammadi) siendo Yaldabaoth (Saturno), llamado también Saklas y Samael; Iao (Júpiter); Sabaoth (Marte); Astaphanos o Astaphaios (Venus); Adonaios (Sol); Elaios o Ailoaios o Ailoein (Mercurio) y Horaios (Luna). La madre de esta Hebdómada era Sofía. Los arcontes son las siete divinidades planetarias, el sol, la luna y los cinco planetas.



Víbora con cuerno y víbora de Avicena, 1590, de Jacopo Ligozzi. Gabinetto dei Designi e delle Stampa, Florencia

     En el sistema de los gnósticos mencionados por Epifanio nos encontramos con los siguientes arcontes: Iao, Saklas (el demonio jefe del maniqueísmo), Seth, David, Eloiein, Elilaios (probablemente relacionado con En-lil, el Bel de Nippur, el antiguo dios de Babilonia), Yaldabaoth (el número 6) y Sabaot (el número 7).
    El último libro de la Pistis Sophia contiene el mito de la captura de los arcontes rebeldes, cuyos líderes aquí aparecen como en número de cinco: Paraplex, Hekate, Ariouth (mujeres), Tifón y Iachtanabas (hombres). En la Pistis Sophia los arcontes, que están aquí mencionado como cinco, se identifican con los cinco planetas (excepto el sol y la luna).

     Entre los mandeos, encontramos una concepción diferente y quizá más primitiva de los Siete, según la cual, junto con su madre Namrus (Ruha) y su padre Ur, pertenecen enteramente al mundo de las tinieblas. Ellos y su familia son considerados como cautivos del dios de la luz (Manda-d'hayye, Hibil-Ziva), que acaba perdonándolos y los monta carros de luz y los nombra como gobernantes del mundo. Para los maniqueos los arcontes son seres invariablemente malos. Se cuenta cómo el ayudante del Hombre Primordial, (el Adam Kadmón de la Cábala), el espíritu de la vida, capturó a los arcontes malos, y los sujetó al firmamento, o de acuerdo con otra versión, los desolló y formó el firmamento con su piel. 



Adam Ḳadmon. Diagrama de los Sephirot (Atributos divinos). De Ginsburg, The Kabbalah.

a)      Zoroastrismo

      El Bundahishn (III, 25, vz) es capaz de informarnos de que en la lucha primigenia de Satanás contra la Luz del mundo, los siete poderes hostiles fueron capturados y se colocaron como constelaciones en el cielo, donde son custodiadas por la buena estrella que les impide hacer daño. El Bundahishn (que significa "Creación Primordial") constituye una “enciclopedia” de la cosmogonía y cosmología de Zoroastro o Zaratustra. El Bundahishn se basa en el Avesta y contiene las ideas del zoroastrismo. Haciéndose eco de los siete cielos, aunque dice que la Luna está más lejos que las estrellas.

     El Sol y la Luna en el zoroastrismo no son poderes del mal, pero sí lo son los cinco planetas. También hemos de mencionar que los misterios de Mitra, estrechamente relacionados con la religión persa, están familiarizados con esta doctrina de la ascensión del alma a través de las esferas planetarias (Orígenes, Contra Celso, VI, 22).



Taurotocnía en el mitreo de Marino, Roma

a)      Judaísmo y el Cristianismo

      Los judíos adoptaron este sistema planetario e identificaron a su Dios creador con el Legislador, con Yaldabaoth, al que designaron como creador del mundo y su gobernador, mientras que antes los siete planetas juntos gobernaron el mundo. Esta confusión, sin embargo, fue sugerida por el hecho de que al menos cinco de los siete arcontes llevaban los nombres del dios del Antiguo Testamento: Shaddai, Adonai, Elohim, Jehová y Sabaoth.

      Para Wilhelm Anz en Ursprung des Gnosticismus (1897) la escatología del gnosticismo consiste en la lucha del alma con arcontes hostiles en su intento de alcanzar el Pleroma, lo cual es un paralelo cercano a la ascensión del alma de la astrología babilónica, a través de los reinos de la los siete planetas, hasta llegar a Anu.  Así pues, la extinta religión babilónica, definitivamente, se puede señalar como el hogar de estas ideas.

     El Nuevo Testamento menciona varias veces al "príncipe (ἄρχων) de los demonios" (δαιμονίων), o "del mundo", o "de la potestad del aire," pero nunca usa la palabra en sentido absolutamente afín. En Levítico ( LXX.) Αρχων se traduce por Moloc. La verdadera fuente bíblica del uso es Daniel (10:13-21) donde el arconte (שַׂ֣ר, "príncipe") se refiere al ángel protector de una nación (Persia, Grecia o Israel) y se le da el nombre de Miguel.  

 

     El Libro de Enoc (VI 3, 7. VIII, 1) aparecen los nombres de 20 arcontes, que forman parte de los 200 "vigilantes" o ángeles que pecaron con las "hijas de los hombres. Los Cristianos siguieron el precedente judío y en el siglo II el término aparece en varios escritores ajenos al gnosticismo, como la Epístola a Diogneto donde se dice que Dios  ha enviado a los hombres "un ministro o un ángel o archon". Justino Mártir (s. II) en su Diálogo con Trifón dice que en Salmos (24:7-9) está escrito que se abrieron las puertas del cielo a "los arcontes designados por Dios en los cielos" (ἄρατε πύλας οἱ ἄρχοντες ὑμῶν, LXX). El primer grupo espurio de ignacianos, seguidores de Ignacio de Antioquía, en sus epístolas enumeran "los ángeles, y la gloria de los ángeles y arcontes de lo visible y lo invisible" (Carta a los esmirniotas, 6), y otra vez Ignacio de Antioquía repite la palabra, como afirma M.E. Thrall en “The Second Epistle to the Corinthians”, vol. 2, ICC (Edinburgh, 2000). Las Homilías Clementinas adoptan y amplían (XI. 10, ἐν ᾅδῃ... ὁ ἐκεῖ καθεστὼς ἄρχων) el uso de NT, y además los nombran como  pares del bien y el mal ("derecha e izquierda"), "poderes" que controlan el destino de cada hombre, "gobernantes" (arcontes, VII, 3), aunque más comúnmente "líderes" (ἡγεμόνες).

      La oración eucarística en los Hechos de Tomás (cap. 1) parece dirigida al principio supremo femenino. La sugerencia de W. Bousset según la cual la Sofía gnóstica no es otra cosa que la Dea Syra bajo disfraz, la gran diosa Ishtar o Astarté, parece que merece consideración, lo que viene a decirnos que es la vuelta a la adoración de la Diosa Madre prehistórica. Por otra parte el Eón Sofía normalmente tiene otro papel, el de Prouneikos o “la lasciva”, que fue una diosa virginal,  que al perder su virginidad fue la causa del pecado en el mundo.

 


La diosa Ishtar o Astarté
      Una de las primeras formas de este mito se encuentra en la Gnosis simoniana, en la que Simón el Mago, encuentra a Elena, que ha sido una prostituta durante diez años en Tiro, pero que en realidad es la Ennoia o entendimiento, a la que los seguidores de Simón adoraban bajo la forma de Atenea, la diosa de la sabiduría.

      San Justino Mártir (en sus Apologías y en una obra perdida contra las herejías, que San Ireneo utilizó como su fuente principal para una obra similar) e Ireneo (Adversus Haereses) cuentan el mito de Simón y Elena. De acuerdo con este mito, que era el centro de la religión simonista, al principio de los tiempos Dios tuvo su primer pensamiento llamado Ennoia o Sophia, que era una mujer y de ese pensamiento surgieron los ángeles. Pero los ángeles se rebelaron contra ella por celos y crearon el mundo y lo convirtieron en su prisión, donde apresaron su cuerpo femenino. Desde entonces ella se reencarnó muchas veces, y en cada ocasión resultó humillada. Entre sus muchas reencarnaciones se encontraba Helena de Troya, y finalmente se reencarnó como Elena, una esclava y prostituta de la ciudad fenicia de Tiro. Dios descendió a la tierra bajo la forma de Simón el Mago para rescatar a su Ennoia. Tras redimirla de la esclavitud viajó con ella, proclamándose Dios y a ella como su Ennoia, prometiendo que disolvería el mundo que los ángeles habían creado en su rebelión, pero quienes confiasen en él y en Elena regresarían con ellos a los mundos superiores.



Simón El Mago



La muerte de Simón El Mago (1493). Ilustración de la Crónica de Núremberg (Copia Latina de San Pablo). Autor:  Michel Wolgemut, Wilhelm Pleydenwurff (Hartmann Schedel, editor)

      Justino e Ireneo ofrecen otras informaciones: que Simón procedía de la ciudad samaritana de Gitta y que los simonianos adoraban a Simón en la forma de Zeus y a Elena en la forma de Atenea. También dice que el emperador Claudio levantó una estatua a Simón en una isla del río Tíber con la inscripción Simoni Deo Sancto "A Simón, el Dios Santo". Sin embargo, en el siglo XVI, en la citada isla se desenterró una estatua dedicada a Semo Sancus, una deidad de los sabinos, lo que ha llevado a muchos eruditos a pensar que Justino confundió al dios Semo Sancus con Simón el Mago.



Herculano. Tienda de Curcumas, la escritura de la parte superior, dice Semo Sancus que protege los negocios

      Según el sistema de Valentino, tal como lo describe Hipólito (Libro VI, 25-26), Sofía es la más joven de los 28 eones. Observando la multitud de eones y el poder de engendrarlos, vuelve precipitadamente a la profundidad del Padre y trata de emularle produciendo hijos sin coito conyugal, pero solo produce un aborto, una sustancia sin forma. Después de esto es expulsada del Pleroma. Según los valentinianos -Ireneo (Contra las Herejías I) y Tertuliano (Contra los Valentinianos, 9)- Sofía concibe una pasión por el mismísimo Primer Padre, o mejor, bajo pretexto de amor intenta conocerlo, al Incognoscible, y comprender su grandeza. Debiera haber sufrido las consecuencias de su audacia por medio de la disolución en la inmensidad del Padre, si no hubiera sido por el Espíritu de Frontera. Según la Pistis Sofía (cap. XXIX) Sofía, hija de Barbelo, vivía originalmente en el cielo más alto, el cielo número trece, pero fue seducida por el demonio Autades por medio de un rayo de luz, que ella tomó equivocadamente por una emanación del Primer Padre. Autades de esta manera la tentó al Caos más abajo de los doce eones, donde quedó presa por los poderes del mal. Según estas ideas, la materia es el fruto del pecado de Sofía; esto no era otra cosa que una novedad valentiniana; en las especulaciones más antiguas la existencia de la materia se presupone tácitamente eterna con el Pleroma y a través de su pecado, Sofía cae del reino de la luz al caos o reino de la oscuridad.



Pistis Sofía, libro de alquimia

     Este dualismo original, sin embargo, fue superado por el espíritu predominante del gnosticismo, el emanacionismo panteísta. El mito de Sofía está completamente ausente del sistema de Basílides y sus afines. Se sugiere, con gran verosimilitud, que el mito egipcio de Isis fue la fuente original de la “sabiduría gnóstica baja” o Kato Sophia, la cual está netamente diferenciada de la Sabiduría mencionada arriba; como, por ejemplo, en la fórmula mágica para los muertos mencionada por Ireneo (I.21.5), en la que la que se va se dirige a los eones hostiles de la siguiente manera: “Yo soy un bajel más precioso que la mujer que te hizo. Si tu madre ignora la fuente de la que viene, yo me conozco a mí misma, y sé de dónde vengo e invoco a la incorruptible Sofía, que está en el Padre, la madre de tu madre, que no tiene padre ni marido. Un hombre-mujer, nacido de una mujer, te ha hecho, sin conocer a su madre, peor pensando que estaba sola. Peor yo invoco a su madre”.



Isis, Atis y Cibeles, fresco época romana, Museo Nazionale di Napoli, Napóles, Italia, Scala

      Esto coincide con el sistema descrito minuciosamente por Ireneo (I.4-5), en el que Sophia Achamoth, o Baja Sofía, hija de la Alta Sofía, se convierte en madre del Demiurgo; siendo ella la Ogdoada y  su hijo el Hebdómada, forman la contrapartida de la celestial Ogdoada en el Pleroma. Esto, evidentemente es un intento torpe de unir dos sistemas radicalmente diferentes, el basilidiano y el valentinaino. La ignorancia del Gran Arcón, que es la idea central de Basílides, se transfiera aquí a Sofía y el sistema híbrido termina en una confusión asombrosa.


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