domingo, 26 de febrero de 2012

Las brujas y sus mitos


2. Los mitos sobre la brujería

      Las brujas  eran mujeres viejas, que vivían al margen de la sociedad en un entorno rural, despreciadas por sus vecinos, vivían aisladas y tenían conocimiento de medicina natural, como las curanderas. Estas mujeres no gozaban del amor de un hombre que les hiciese compañía, ni del cariño de unos hijos o de una familia, por lo que posiblemente se refugiaran en el consumo de drogas, buscando consuelo en los paraísos artificiales que la flora europea les podía suministrar, como las solanáceas, entre las cuales destaca la belladona, el beleño y el estramonio, sin olvidar la mandrágora en la parte mediterránea. Estos alucinógenos les proporcionaban visiones extrañas, lo que actualmente llamaríamos "malos viajes", visiones sombrías, pero que eran los únicos consuelos que tenían estas pobres mujeres de pueblo en la edad madura o en la vejez, mujeres que habían sufrido fracasos en la vida como madres, amores frustrados o vergonzosos que les dejaban un complejo de culpabilidad, de deshonor, contra el que se rebelaban recurriendo a poderes ilegítimos: el demonio de los cristianos.

  
       Bien, no recuerdo de quien es el razonamiento arriba mencionado, aunque a mí, particularmente, me parece misógino. No me atrevería a decir si es de Julio Caro Baroja o de Michelet, pero es falso y machista, como veremos más adelante. Los procesos de brujería tienen claramente un componente sexual. Si miramos el índice del manual de demonología más difundido (Malleus) nos encontraremos:

      Cuestión VIII: ¿Pueden los diablos impedir la impotencia genital?; cuestión IX: ¿Pueden ilusionar las brujas hasta el punto de hacer creer que el miembro viril ha sido separado del cuerpo?; capítulo VI: acerca del modo como las brujas suelen impedir la capacidad genital; capítulo VII: acerca del modo como suelen hurtar a los hombres el miembro viril, etc. Baste esto como botón de muestra.



La visión de Fausto (1878) de Luis Ricardo Falero

       Este aspecto sexual, además, suele estar ligado a la decrepitud de la vieja bruja que introduce en las bacanales amorosas a las adolescentes jóvenes. ¿Las brujas eran mujeres que practicaban ritos de fertilidad, como los de Año Nuevo, en que se animaba a parejas de adolescentes a copular encima de la tierra arada para fertilizarla? ¿Eran mujeres que conservaban conocimientos de una antigua religión que se extendía por toda Europa?  La Iglesia y los intelectuales de los siglos pasados hicieron de ellas unas mujeres extrañas, una especie de histéricas que exigían la atención de los demás para paliar su soledad, que pedían ayuda a gritos -como hacen los heroinómanos que, para impresionar o llamar la atención de  su familia o de la sociedad, se dejan colgada la jeringa – buscando la comprensión de las personas que las rodeaban. 

      Esta descripción le fue otorgada a la bruja rural, perdurando durante siglos en la cultura europea, sobre todo en los cuentos y en las imágenes de los ilustradores, como los recopilados por los Hermanos Grimm, en donde es el personaje malvado arquetípico. Las brujas de cuento más famosas son: la madrastra de Blancanieves, que intenta asesinar a ésta con una manzana envenenada; la bruja de La Sirenita (el relato de Hans Christian Andersen), que realiza un pacto por el cual le dota de unas piernas a cambio de su voz; la bruja malvada de La bella durmiente, capaz de convertirse en dragón; La bruja de la casita de chocolate de Hansel y Gretel; La Baba Yaga del folclore ruso, reflejada en el relato homónimo de Aleksandr Nikolaievich Afanasiev, una vieja bruja que habita en una casa mágica que es capaz de caminar sobre patas de ave…


Walt Disney. Blanca Nieves y los siete enanitos



La Bella Durmiente. Alexander Zick (1890)




Arthur Rackham (1867-1939). Hansel y Gretel

     Cuando Julio Caro Baroja critica a Margaret Murray por sus estudios sobre el origen de la brujería y su afirmación de que surgió de los ritos de épocas prehistóricas, vemos que el vasco no está demasiado acertado. El antropólogo vasco cree firmemente en la brujería como un fenómeno de origen medieval que afectó a mujeres ignorantes, criadas en un ambiente rural, basado en el temor al demonio propagado por el catolicismo. En realidad, el proceso de la caza de brujas se produjo cuando estaba surgiendo el capitalismo, en sociedades en las que estaba arraigado el comercio y se desarrollaba la industria. Sin embargo, sus orígenes se remontan a una antigua religión de épocas prehistóricas.


Representación del dios Cernunnos en el caldero de Gundestrup (siglo II a. C.)

      Por eso, la mayoría de los procesados y los castigados fueron mujeres, la mayor parte del mundo rural, siendo la brujería urbana un fenómeno de menor importancia. En cuanto a las penas impuestas podemos decir que la acusación de brujería no implicaba automáticamente la condena a la hoguera o a cualquier otro tipo de muerte violenta. Las condenas a muerte oscilan, según los casos, aproximadamente entre el 40 y el 50 por 100 de los acusados (21 por 100 en Génova, 49 por 100 en el norte de Francia, sólo en Vaud se llega, entre 1537 y 1630, al 90 por 100).

      Muchas veces se consideraba la brujería como un delito hereditario, esto es, como si se tratara de una raza, por lo que es fácil que se acusara de este delito a niños y adolescentes.

      El uso de la tortura se presenta generalizada, provocando la delación de los presuntos cómplices y parientes, cuando el verdugo amenazaba a la víctima con el dolor.  Ante el temor, acusaron a sus parientes, amigos, conocidos, enemigos, etc. Una simple persecución aislada, a través de este método, podía muy bien transformarse en una epidemia.

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