lunes, 2 de febrero de 2015

Adam Miller

      Adam Miller nació en 1979 en Oregón, y a los 13 años entró en la escuela de Allen Jones para aprender a pintar. A los 16 años fue aceptado en la Academia de Arte de Florencia y viajó por toda Europa para estudiar el barroco y los pintores manieristas. 


Adam Miller posando  delante de "Twilight in Arcadia" (2013-14)

      Este artista se recrea con escenas mitológicas y alegóricas que representan figuras humanas en entornos inventados, siempre utilizando el estilo propio del realismo pictórico. La primera fase de su carrera, después de la escuela de arte,  se caracterizó por las pinturas murales de gran escala a menudo inspiradas por Tiepolo. Terminó la etapa al darse cuenta que sus clientes, sencillamente, solo querían pequeños fondos decorativos para el salón de su casa y él no estaba dispuesto a contentarlos.
      Sus trabajos se apartan de aquellos que resultan rentables en el mercado capitalista, como retratos y naturalezas muertas para decorar los hogares de los ricos. 

     Actualmente pinta obras de caballete, reincidiendo en los temas mitológicos, según las normas del realismo clásico. He utilizado una entrevista del Huffingtonpost titulada Adam Miller: Towards a Contemporary Mythology (10/06/2013) realizada por John Seed, profesor de Historia del Arte en Mt. San Jacinto College, para intentar comprender al pintor.



"Fallout", Oil on canvas 72" x 48", 2012|


      Adam Miller nació en un hogar de artistas relacionados con la pintura de murales para el teatro y, desde su infancia, siempre tuvo a su alcance un montón de materiales de arte.

     Al principio, pensó vivir como dibujante de cómics -ilustrador y escritor-, pues le gustaban los estudios de anatomía, así como  las grandes perspectivas paisajísticas o arquitectónicas, siempre combinado con la necesidad de narrar historias.

     Sobre los 14 años descubrió a los grandes artistas como Miguel Ángel, Tiziano, Rafael y, más tarde Diego Rivera y José María Sert, dándose cuenta que utilizaban las mismas herramientas gráficas y diseños que él utilizaba para sus cómics,  pero a lo grande.


Adam Miller, "Crepúsculo en Arcadia" (2013-14), óleo sobre lienzo, 100 x 72 cm

     En dicha entrevista declaró sentirse un humanista, un admirador de Voltaire, Swift y entre los modernos, de Kurt Vonnegut -testigo de los horrores del bombardeo aliado de Dresde, de la barbarie, la muerte y destrucción- así como de las críticas de George Carlin, un cómico de la Stand-up Comedy, actor y figura de la contracultura, conocido sobre todo por su monólogo Siete Palabras que no se pueden decir en televisión. Los temas elegidos por Carlin eran muy controvertidos, aunque todos se podrían resumir con la siguiente filosofía: "La humanidad es una basura". El humorista dijo:

     “Yo lo veo así: durante siglos el hombre ha hecho todo lo posible para destruir, profanar e interferir con la naturaleza. Cortar bosques, agujerear montañas, envenenar la atmósfera, despoblar los océanos, contaminar ríos y lagos, destruir pantanos… Así que cuando la naturaleza contraataca y golpea al hombre en la cabeza y en las pelotas, yo lo disfruto. No tengo ninguna simpatía por el ser humano. Ninguna. Y no importa el problema al que se enfrenten, ya sea natural o causado por ellos mismos, yo siempre espero que empeore.” (Life Is Worth Losing, 2005)

      Admira a Kurt Vonnegut, autor de la novela Matadero cinco o La Cruzada de los Niños (1969), ambientada en la Segunda Guerra Mundial. Es una novela de ciencia ficción en torno a los viajes en el tiempo. En realidad es una autobiografía del soldado Billy Pilgrim –el alter ego de Kurt Vonnegut-  apresado por los alemanes en la II Guerra Mundial, encerrado, a falta de instalaciones adecuadas, en un matadero como prisión. Narra la venta de niños como esclavos so pretexto de participar en una cruzada. Para Vonnegut, la guerra es tan horrorosa como la esclavitud de niños. Además se refiere al hecho de que la mayoría de los soldados en el frente durante la segunda guerra mundial eran niños, o por lo menos, jóvenes de corta edad, que luchaban por su país.

      Adam Miller se opone a las formas autoritarias que intentan impedir la libertad de pensamiento, así como a los arquetipos creados por la clase dominante para que sirvan de modelo de conducta al resto de los ciudadanos. Critica la idolatría de la ciencia y afirma que existen áreas del conocimiento en las que no podemos aplicar seriamente el método científico, pues nos conduciría a situaciones absurdas. Una de las áreas donde observa que esto  ocurre es en el arte.


"The Third Party", Oil on canvas 36" x 36", 2011|

   
     Impugna a los artistas y a los críticos que se empeñan en explicar el arte recurriendo a elaboradas teorías elaboradas o que pretenden encajonar la creación  artística en los límites de un determinado contexto histórico o movimiento artístico.
  
     Rechaza una sociedad donde los ciudadanos han renunciado a sus derechos y quedan esclavizados porque han perdido la confianza en sus capacidades. Esto nos recuerda al Übermensch (empleamos el término alemán original para no adjudicarle al concepto de Nietzsche ciertas connotaciones dudosas que se le han agregado desde que los nazis lo emplearon para sus propósitos y para distinguirlo del Superman de los cómics), al hombre poderoso para el cual lo más importante es su necesidad de la vida, entendida esta sólo como la vida terrena: el placer, las pasiones, la victoria. Intenta superarse, y por eso rechaza la moral tradicional cristiana, aceptando la moral de los señores, propia de los fuertes. 



Adam Miller, "Aparición" (2013-14), óleo sobre lienzo, 30 x 40 pulgadas


      Al pintar se sirve del realismo,  pero sus composiciones traspasan los límites de la realidad y los objetos comunes que representa cuentan otras historias más interesantes acerca de la vida que permanecen escondidas detrás de la apariencia.



Una suave brisa. "A Gentle Breeze", Oil on canvas 36" x 48", 2012


Leda en el golfo. "Leda in the Gulf", Oil on canvas 60" x 46", 2012


"The Night Watch" Oil on canvas 72x60 , 2014


"Oasis", Oil on canvas 74" x 53", 2012|

      Las pinturas de Adam Miller, visualmente,  son imágenes barrocas o, mejor, manieristas. Imita la maniera de los grandes maestros del Alto Renacimiento (por ejemplo, el propio Tintoretto pretendía dibujar como Miguel Ángel y colorear como Tiziano).

     Su estilo, como el manierista, reacciona contra el ideal de la belleza clasicista y se vuelve intrincado, se sumerge en un laberinto de líneas serpentinas, exageración de los movimientos, los escorzos, las texturas… prefigurando el “exceso” característico del Barroco.

     Este estilo  le sirve para narrar el folclore contemporáneo basado en la falsa creencia en el progreso sin fín y los cambios tecnológicos, así como la difícil convivencia en un mundo a punto de perder el equilibrio entre la expansión y la decadencia.



"The Intruder" Oil on canvas 36x36 , 2014


"Into the Wild", Oil on canvas 30" x 40", 2013


"From the Depths", Oil on canvas 68" x 42", 2013


"Boatmas Fee", Oil on canvas 48" x 48", 2011


"Somewhere Over the Rainbow"

     El artista se define como un narrador de mitos contemporáneos. Su regreso a la narrativa mitológica es como regresar a los inicios de la cultura humana y a la narración de los grandes temas de la humanidad y la búsqueda de los arquetipos auténticos del ser humano. Explora la mitología popular de hoy en día como una nueva fuente de conceptos y de inspiración.

     En sus obras de cazadores se inspira en la fábula de Artemisa o  la Diana cazadora de la mitología griega. La diosa vivió para cazar, símbolo de la parte genética de cazador que tiene el ser humano. Pero ella no era cruel, sino simplemente implacable como la naturaleza misma lo es. Le gusta hacer aflorar al consciente humano esas fuerzas inconscientes que albergamos en nuestro interior, pues,  nos guste o no, todavía estamos dominados por estos arquetipos.



"Apollo and Daphne", Oil on canvas 72" x 48", 2013

      Miller asegura que cuando cortamos árboles o criamos animales en condiciones de campos de concentración para alimentar nuestra hambre, todavía estamos actuando como lo hicieron nuestros antepasados que se apoderaron de la Vida para alimentar a los suyos.

     Más allá de nuestra destrucción de la naturaleza, también estamos haciendo lo mismo con nuestra cultura. Las cosas ineficientes son eliminas. Las cosas hermosas y artísticas están siendo eliminadas despiadadamente de nuestras ciudades y en su lugar construimos autopistas “eficientes” y centros comerciales para que podamos alimentar más fácilmente nuestra hambre de nunca acabar.



"End of the Road", Oil on canvas 90" x 74", 2012|

      El artista no necesita ser un activista para cambiar el mundo; simplemente tiene que observar el mundo con la claridad suficiente para crear imágenes visuales claras y elementales que puedan transmitir al espectador una nueva consciencia y alertarlo del peligro en que nos estamos metiendo. 



Adam Miller, "La rosa nunca floreció tan roja", óleo sobre lienzo, 96 x 60 pulgadas

    Entre los artistas contemporáneos que admira están los virtuosos que dominan su oficio. En eso incluye la narración, la composición y la técnica. Pero sobre todos, admira al artista noruego Odd Nerdrum



Una pintura de  Odd Nerdrum


Oil Slick", Oil on canvas 49" x 32", 2010|

      También admira a Vicente Desiderio, Julie Heffernan, Steven Assael y Nicola Verlato así como a sus compañeros, los jóvenes pintores figurativos que van a llegar con gran fuerza muy pronto, sorprendiendo a la gente.

Su trabajo es como una obra coral,  como una serie de círculos concéntricos (conducen siempre al mismo sitio) que componen un gran edificio. En cada etapa emplea colores diferentes para reflejar sus estados de ánimo. Es la antigua estructura medieval tardía usada en  Los cuentos de Canterbury de Chaucer o el Decamerón de Boccaccio.

        A Adam Miller le gusta la forma de los grabados antiguos astronómicos heliocentristas,  ya que reflejan la idea de que en el centro hay una fuente de Vida y de Creatividad y los diferentes estados de la existencia pueden estar más o menos cerca de esa fuente. Piensa que todas las personas están buscando aproximarse a esa fuente.  

     Especula que el sol representa el motor energético o lo que podríamos llamar el Amor en el sistema solar, esa cosa que genera el Orden y la Vida que nos rodea y de la que somos tanto una parte individual y una pieza del conjunto. Entre las Ruinas (2011) representa un planeta muy remoto donde apenas se siente el brillo del sol y una pequeña radiación de calor.

     Los cazadores o la luna representan el lugar donde el amor está presente, pero su dependencia del animal para sobrevivir es muy fuerte y despierta compasión. Las criaturas que están siendo cazadas son criaturas míticas etéreas de la imaginación. Son los pensamientos y sentimientos delicados que resultan muy difíciles de encontrar en el mundo de la realidad cotidiana.
  


"Seaside", Oil on board 60" x 48", 2010




"Artemis Tryptich Nymph 1 and 2", Oil on board 36" x 36", 2010

"Artemis Tryptich Nymph 2", Oil on board 36" x 36", 2010

      Me ha parecido interesante el artículo de James F. Cooper sobre Adam Miller titulado Realism on the Brink publicado en Newington-Cropsey. Desgraciadamente mi inglés no es todo lo bueno que se podría desear, por lo que pido disculpas por los sin sentidos que se puedan traducir en mi mala traducción.

      Según James F. Cooper, Miller pertenece a lo que podría denominarse la tercera generación del realismo moderno americano, movimiento que sale en la década de 1950 con artistas como Burton Silverman y Harvey Dinnerstein y su colectivo surgido para reemplaza el liderazgo menguante de los realistas socialistas. Ambos movimientos fueron abandonados cuando la revista Life proclamó al expresionista abstracto Jackson Pollock como "el más grande pintor estadounidense de nuestro tiempo".

     También Richard Lack, en la década de 1960, organizó un grupo de artistas conocidos como los realistas clásicos, responsables de alimentar una segunda generación de realistas americanos que han tenido una enorme influencia en los últimos cuarenta años, tanto en Estados Unidos como en Europa. A pesar de las hermosas pinturas y esculturas creadas por estos artistas, fueron ignoradas por el establishment del arte, museos, medios de comunicación y coleccionistas. Sólo un puñado de pequeñas galerías, como The Forum en la ciudad de Nueva York y John Pence en San Francisco, le prestaron atención. Mientras tanto, el arte abstracto americano se convirtió en una de las empresas más grandes y más poderosas económicamente de los Estados Unidos, aunque la calidad y la integridad de la obra ha disminuido.

      En el siglo XXI, estamos asistiendo a la aparición de una tercera generación de realistas americanos. La segunda ola se centró en temas tradicionales -retratos académicos, bodegones y paisajes- con el deseo de igualar la calidad de los maestros académicos del siglo XIX, como David, Ingres, Flandrin, Waterhouse, Leighton, Gérôme y Bouguereau.

     La tercera generación de realistas ha hecho grandes progresos y han conseguido renovar el arte de dibujo y la pintura de la figura humana. Los artistas contemporáneos como Jacob Collins y Sabin Howard producen obras maestras de la pintura y del mármol. Ellos saben cómo pintar y esculpir la figura humana, pero ahora buscan en la historia y en los mitos temas que les proporcionen una estructura y un respaldo ideológico para sus composiciones.

     Miller da el debido crédito a las dos generaciones de artistas que le precedieron, pero él decidió no estudiar en los ateliers defensores de la "norma realista clásica", es decir,  del realismo clásico contemporáneo al servicio del establishment del arte y económico.

        Miller no pertenece al establishment, sino a un grupo de artistas que viven y trabajan en Bushwick, un barrio de Brooklyn, Nueva York, que se podría comparar a la margen izquierda de París, donde los poetas de vanguardia y artistas del siglo XIX desarrollaron el lenguaje visual que socavó los cimientos del academismo francés.

       Miller combina la iconografía clásica de la figura humana con un paisaje existencial alienado, propio del modernismo. No ha inventado una nueva iconología. Eso sería pedir mucho de un artista que sigue creciendo y enriqueciendo las formas clásicas. Pero podemos decir que está tratando de desarrollar una cosmología moderna que reúna una narrativa mitológica y fantástica con la estética clásica formal. 



 Entre las ruinas (2012) de Miller 

     Entre las ruinas (2012) de Miller es una escena inquietante: una familia se acurruca junto a una pared de ladrillo demolido en las afueras de una ciudad desierta. Los miembros son niños y jóvenes adultos. Algunos están sentados y otros tumbados en el pavimento de cemento. Una madre abraza a un bebé. Todos los miembros están desnudos, en consonancia al arte clásico académico anterior al siglo XX.

     Los protagonistas no sostienen ningún objeto que pudiera representar iconografía simbólica alguna. Las fuentes de los desnudos masculinos son identificables. La figura tendida en el suelo está influenciada por la obra de Théodore Géricault de La balsa de la Medusa (1819), y la figura masculina sentada podría estar inspirada en el trabajo de Thomas Couture o Hippolyte Flandrin.

      En la obra de Miller el cielo es oscuro, pero con la suficiente luz para observar en la distancia la silueta de las torres de la ciudad en ruinas a través del río. Por la calle, se puede distinguir sombras tenues de lobos y otros depredadores entre los cadáveres.  Una llama de fuego dibuja una estela roja que cruza el cielo precipitándose sobre la Tierra. El esqueleto de una cabina de teléfono se ha convertido en un nido de halcones. A pesar de la oscuridad, hay una luz suave que ilumina las figuras en primer plano. Aunque muchas de las pinturas de Miller están llenas de una opresiva oscuridad existencial, una luz suave por lo general se filtra desde algún lado. El pintor danés Odd Nerdrum, un mentor para Miller, utiliza una fuente de luz similar.

     De esta manera, partiendo de una serie de imágenes realistas, consigue la recreación de un mundo onírico inquietante que nos informa sobre las consecuencias que obtendremos si continuamos con nuestro actual modo de vida, si permitimos a los poderosos destruir el mundo para realizar cuantiosos negocios y conseguir beneficios personales. La desesperación que manifiestan los cuerpos desnudos de los protagonistas es escandalosa para el espectador de la obra. 



"Wasteland", Oil on canvas 18" x 24", 2012

      En el Narciso de Miller (2012), una mujer mayor se inclina sobre su reflejo en el río, pero sus ojos miran en la distancia bajo la fuente de una luz tenue. En el antiguo mito, un hermoso joven quedó enamorado de su propia imagen reflejada en una charca.  Al no poder conseguir su "nuevo amor", pues cada vez que se acercaba al agua, desaparecía, enloqueció de desamor. Dejó de comer y beber, y al poco tiempo murió. Incluso en el reino de los muertos continuó hechizado por su propio rostro, viendo su imagen en los lagos negros. Fue un tema popular para los pintores clásicos de siglos pasados. El niño hermoso en el Narciso de Bouguereau está claramente encantado con su propio reflejo. ¿Pero cuál es el significado de la escena de Miller? Nada está claro todavía. Nos muestra las piezas del rompecabezas, pero no encajan. Claramente, Miller no está limitado por los viejos temas; su protagonista nos da la sensación de que abomina lo que está viendo en el reflejo del agua.

       En la pintura Entre las ruinas, la belleza de las figuras, la calidad pictórica del cielo y de la fuente de luz benigna contradice la gravedad y la amenaza global de la escena. Miller, aparentemente, nos presenta una visión escalofriante de un mundo no muy lejano, impregnado de la idea modernista de que las personas están condenadas a soportar una vida en la que son esencialmente impotentes. Sin embargo, en realidad, sus mensajes pretendes aguijonear al hombre adormecido para que plantea batalla a una sociedad injusta, cortijo de unos pocos.

      Los elementos de la pintura clásica, como los guerreros de Jacques Louis David en El juramento de los Horacios (1784) son totalmente coherentes con los interiores arquitectónicos clásicos y demás artefactos presentes en la pintura. Sin embargo, el realismo de Miller manifiesta una clara contradicción entre las figuras clásicas y los ajustes modernistas que introducen elementos misteriosos y fantásticos, creando una atmósfera irreal o futurista. Los nuevos clasicistas están desarrollando una cosmología rigurosa y propia que los enlaces con el mundo contemporáneo. Las figuras representadas entre las ruinas y la ciudad en End of the Road (2012), no parecen "condenados", en el sentido que figura en pinturas modernistas de Munch, Ensor y Francis Bacon.

      El tema del realismo no es siempre el realismo per se. El realismo no se limita a ser fiel a las apariencias, ni a la mimesis de las cosas o incluso a la artesanía honesta. Se trata de representar valores “invisibles” como la verdad y el honor.

     Durante el siglo XIX, hubo una gran división entre los realistas clásicos y románticos, los seguidores de Ingres y los seguidores de Delacroix. Los clasicistas prevalecieron hasta que la I Guerra Mundial reveló la hipocresía, la corrupción y la decadencia de las potencias europeas. Imperios y monarquías se colapsaron, junto con la estructura cultural de Occidente. Cuatrocientos años de hegemonía académica desaparecieron junto con el realismo clásico. De la misma manera, el Modernismo, tan vigoroso en el inicio del siglo XX, se ha colapsado ahora.

      Cuando Roma se derrumbó, el historiador del siglo V Amiano Marcellinius observó como la lectura y la filosofía fueron desatendidas mientras entretenimientos superficiales prosperaban. Cuando se produce  la pérdida de los amarres culturales se produce un aumento febril de la trivialidad, la mediocridad y lo kitsch. Esto se puede aplicar a la situación de las artes bajo el postmodernismo, que ahora se está convirtiendo en cosa del pasado.

     A través del Arte se puede reconocer y celebrar lo que es sagrado. Esta es la razón por la que Platón y Aristóteles tan a menudo se ocuparon del Arte. Esta es la razón por la que Medici invitó a Miguel Ángel, Leonardo y Rafael a trabajar en tres proyectos separados en la misma sala del Palazzo Vecchio, al mismo tiempo.  Por eso se dice, que sin Johan Sebastián Bach, Dios no sería quien es.

      Los cuatrocientos años de academicismo -de Raphael a Bouguereau- fracasaron porque sus ideas –técnica y decoración, sin mensaje- no eran relevantes para el mundo moderno. Nietzsche dijo que el hombre no puede vivir sin Dios. Esto es lo que se enfrenta a la nueva generación. Esta es la razón por la que Miller y otros se resisten a unirse a las academias que buscan el clasicismo trasnochado y académico. Sin embargo, a pesar de la afirmación de James F. Cooper, Nietzsche no dijo exactamente eso sobre Dios y el hombre.

    El hombre que no puede vivir sin dios es un ser débil y un esclavo. Cuando el hombre deja de ser un esclavo de Dios y toma las riendas de su destino, que es la voluntad de vivir en esta tierra, disfrutará del placer que produce la vida y renunciará a las falsas promesas del más allá.

     El Übermensch no cree en las cosas que prometen las religiones después de la muerte, él sólo cree en lo real y en lo que puede ver. Es un ser que, ante todo, razona; aunque eso no quiere decir que no sienta. Este Übermensch se deja llevar por sus pasiones y sus sentimientos, pero a su vez, se domina a sí mismo; no busca sólo el placer, esa sería la diferencia con "el último hombre" el último peldaño hacia el Übermensch.



Steven Assael, Kristen with Mask, 2012. Courtesy Forum Gallery

      James F. Cooper termina comparando a Miller con otro artista contemporáneo, Steven Assael, porque reflejan el debate entre Delacroix e Ingres. Assael es un realista que pinta una realidad en la que no aparecen elementos fantasiosos. En Kristen con la máscara (2012) aparece una mujer joven, adornada con un collar de inspiración Pierrot, que sostiene en las manos una gran máscara de carnaval con cuernos. La pintura no está destinada a ser alegórica, ni contiene elementos fantásticos. Sólo representa a una mujer moderna disfrazada con un traje de la commedia dell'arte. Assael ha planteado la composición con sumo cuidado para que los ricos colores oscuros del traje formen un patrón de fuerte claroscuro contra el fondo oscuro. Una decorativa banda de luz solar se refleja a través de su cuello y la parte superior de cuernos de la máscara. El resultado es una composición estéticamente agradable.
  
      Tanto Miller como Assael son muy conscientes de los componentes estéticos de la buena pintura. Ambos artistas saben que la mimesis no es suficiente para justificar el buen arte realista. De la contemplación del cuadro de Assael inferimos que detrás de la aparente realidad hay algo más, que aquello debe ser una alegoría, sin embargo, el mensaje fantástico no resulta  tan evidente, porque el artista siempre nos presenta la obra con realismo.



"Baptism", Oil on canvas 72" x 66", 2012

    Miller, a pesar de que es muy realista con la figura humana, depende de la imaginación en sus composiciones de temas inquietantes. En el Bautismo de Miller (2012), por ejemplo, tres figuras, desnudas o parcialmente cubiertas, aparecen sentadas en una costa rocosa. Una deja caer un puñado de monedas brillantes, como conchas de madreperla. El título y la acción enigmática sugieren un rito de iniciación. El artista está tratando de presentar equilibradamente, y con una figuración propia del realismo clásico, un nuevo mito americano. 

ENLACES/FUENTES:



Miller ha expuesto en "Efigies and Idols" (2 marzo a 6 abril 2013) en Last Rites Gallery, 511 West 33rd Street, Nueva York, Nueva York 10001. Teléfono (212) 529-0666. lastritesgallery.com
Michael Gormerly, "Visiones del Caos", American Artist (octubre de 2012), p. 41.
Stephen Greenblatt, The Swerve (Nueva York: WW Norton & Company, 2011), p. 93.
  
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