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Las primeras exploraciones conocidas: Egipto

3. Egipto


Nave de carga para navegar por mar. (1250 a. C.). Wells, H. G. (1920). The Outline of History. Garden City, New York: Garden City Publishing Co. Inc.

    Los egipcios utilizaban la navegación de cabotaje, es decir, costeando de puerto en puerto. Las naves eran grandes barcos con remos y velas cuadradas, que se utilizaron para las expediciones marítimas comerciales que traían resina y madera del Líbano, así como marfil e incienso del país de Punt.

     Los barcos utilizados en el Mediterráneo se llamaron kebenit (de Keben, Biblos) y eran comprados en Biblos o construidos en los astilleros egipcios con madera importada siguiendo el modelo fenicio: un largo casco curvado con espolón en la proa y una popa elevada, con dos casetas a cada extremo. Una soga pasaba por cuatro apoyos y unía los extremos, y en el centro se instalaba un mástil que portaba una vela rectangular. En popa había dos timones, uno a cada costado. Cuando el viento amainaba, la tripulación tomaba los remos. Además de los marinos en los barcos viajaban soldados y los siempre presentes escribas, encargados de registrar cualquier aspecto del viaje.


Barcos egipcios. Tumba de Menna. Fuente: Wikipedia

     Ambas líneas marítimas podían unirse: los barcos llegados del Mediterráneo subían por el brazo Tanítico hasta Bubastis y se desviaban por un canal hasta alcanzar el uadi Tumilat, que era navegable en épocas de grandes crecidas por naves de poco calado. Atravesando los Lagos Amargos la vía alcanzaba el golfo de Suez.


El canal de los Faraones unía los mares Mediterráneo y Rojo. Fuente: Wikipedia

       También los antiguos egipcios realizaron grandes exploraciones facilitadas por el transporte fluvial en el Nilo, que ya en época predinástica consiguieron dominar. Las exploraciones egipcias no tienen, como las mesopotámicas, el carácter de expediciones militares de conquista, sino de viajes comerciales impulsados -cuando no dirigidos- por el faraón. El esplendor de la corte faraónica requería gran cantidad de oro, piedras preciosas, marfil, ébano, etc., que no se producían en Egipto y que era preciso procurarse mediante expediciones al Alto Nilo, Nubia, Sudán o a lo largo de las costas del Mar Rojo o al Sinaí. Las exploraciones egipcias ya en época prehistórica descubrieron a los pueblos negros y a los pigmeos.


Fuente: Historia de la Humanidad. Tomo 9. Grecia Helenística. Rebeca Rubio et alia. Arlanza Ediciones, 2.000 (Sofiaoriginals)

     La ruta de Biblos (Keben) era esencial para el comercio egipcio y sus barcos siempre fueron bien recibidos allí, llegando el rey de Keben a tener el título de príncipe de Egipto. Sólo se interrumpió este comercio en la época de los hicsos, produciéndose una escasez de resina y madera de abeto que afectaba tanto a la momificación como a la construcción de barcos y objetos decorativos.

      La Ruta del mar Rojo tenía como destino Pwnt (Punt) para conseguir ébano, mirra, electrum (una aleación de oro y plata) y animales exóticos, que pagaban con objetos de adorno, espejos y armas. Su existencia está documentada desde el año 2500 a. C., durante el reinado de Sahura.


Desfile de africanos con lujosas ofrendas para los egipcios (circa 1358-1350 aC). Mural de la tumba de Heje (Tebas)

      Los beduinos del desierto árabe intentaron cortar esta ruta, competencia directa de sus caravanas, y parece que se interrumpió durante el reinado de Pepi II y durante la dominación hicsa. Hatshepsut volvió a recuperarla, enviando una expedición de cinco barcos que trajeron todas las buenas maderas aromáticas de la Tierra del dios (Ta necher, la tierra del dios: se refiere al sol naciente), montones de resina de mirra, jóvenes árboles de mirra, ébano, marfil, oro verde de Amu, madera de cinamomo, incienso, pintura de ojos, monos, babuinos, perros, pieles de pantera del sur, y varios siervos con sus hijos.

     Ramsés II, que residía en el Delta, restauró el canal entre los dos mares, pasando por las ciudades de Pi-Ramsés, Bubastis y Pi-Atum, y en sus márgenes levantó estelas de granito que proclamaban su gloria.

a. Viajes famosos

     El sistema de viajes en aquel tiempo se basaba en el conocimiento de los oasis, de gran relevancia como enclaves comerciales y estratégicos. Este control egipcio sobre los oasis se mantuvo hasta el Imperio Nuevo, cuando era una de las grandes potencias del Mediterráneo Oriental. Sin embargo, en épocas de crisis del poder egipcio, se ponía de manifiesto el peligroso carácter del territorio donde estaban enclavados los oasis, pues entonces aprovechaban los tjehenu o tjemehu –como eran conocidos los libios por los egipcios- para penetrar hacia la tierra prometida que suponía para ellos el valle del Nilo.


El templo de Amon en Siwa (Egipto). Foto de G. STEINMETZ / CORBIS / CORDON PRESS. Fuente: National Geographic

     Una de estas crisis supuso el dominio asiático del Delta, durante el Segundo Período Intermedio (1786-1633 a.C.), época en que los hicsos controlaron el norte de Egipto. En la época de Ramsés II los pueblos del mar comenzaron a ser un peligro para la navegación, por lo que los barcos egipcios iban protegidos; según la descripción de Ramsés III, navegaban en flotillas protegidas por soldados.

      Los últimos faraones de la dinastía XVII, con sede en Tebas, se enfrentaron a ellos en una guerra por hacerse con el control de todo Egipto, y varios documentos (la Primera y la Segunda Estela de Karnak, además de la Tablilla Carnarvon) nos hablan de la importancia de los oasis en la contienda que enfrentó al rey tebano Kamose y al soberano hicso Apofis.


El oasis de Dakhla, situado a 350 kilómetros del Nilo, entre los oasis de Farafra y Kharga, Dakhla es uno de los cinco oasis del desierto occidental de Egipto. Fotografía de C. Sappa / Dea / Age Fotostock. Fuente: National Geographic

     Los hicsos fueron derrotados en Nefrosi y sus ejércitos se retiraron de nuevo al Delta, a su capital Avaris. Viendo su posición comprometida, el hicso Apofis decidió enviar un mensaje al rey de Nubia con la intención de que éste atacara por la espalda a los egipcios y poder así derrotarlos. Ordenó a su mensajero que tomara el camino de los oasis. Sin embargo, los tebanos mantenían patrullas por la zona y su mensaje fue interceptado y descubiertos los planes hicsos.


Ruta de los oasis y el camino Darb al-Arbain («El camino de los cuarenta días», en verde)

     La situación de los oasis del sur fue algo distinta. Las rutas caravaneras que pasaban por ellos en dirección al interior de África, de donde se importaban numerosos bienes, no dejaron nunca de emplearse y, por tanto, esos oasis contaron desde muy pronto con presencia faraónica. Una de esas rutas se adentraba en el desierto a partir de la región próxima a Abydos, desde donde llegaba al oasis de Kharga. Allí, un nuevo camino partía hacia el sur convertido en la ruta que hoy se conoce en árabe como Darb al-Arbain («El camino de los cuarenta días») y terminaba en el oasis de Selima, en pleno desierto nubio, a la altura de Kerma, ciudad de descanso.

      Desde Kharga, otro camino partía hacia el noroeste para conectar con el oasis de Dakhla, cuyo tamaño y riqueza explican la temprana presencia de un importante núcleo de población. Se trata del yacimiento de Ayn Asil, que parece haber alcanzado su máxima extensión a finales de la dinastía VI, durante el reinado de Pepi II. Por recientes excavaciones se sabe que en él vivieron los administradores faraónicos de los oasis, enterrados en grandes mastabas emplazadas en la necrópolis de Qilat al-Dabba, situada en las cercanías.


Atlas ilustrado del Antiguo Egipto. Arte, historia y civilización. MC Guidotti, V. Cortese. Susaeta Ediciones (Sofiaoriginals)

    Los faraones tenían relaciones con Arabia, y el comercio se efectuaba por la ruta del valle de Coptos al Mar Rojo. Desde tiempos remotos los antiguos egipcios habían abierto un camino para establecer una comunicación con la tierra de Punt, e importar sus productos -raras y valiosas mercancías- hacia el valle del Nilo. El camino es el mismo que utilizaban los Ptolomeos romanos, partiendo de Coptos en dirección al puerto de Leucos Limen (ahora Qossier, Quseir o El Qusary) en el Mar Rojo, la gran autopista y carretera comercial de los comerciantes de todos los países que comercializaban con los maravillosos productos de Arabia y la India.


     Como habíamos dicho, la primera referencia de expediciones a estas tierras se remontan a 2500 años a.C. enviada por el faraón Sahure de la V dinastía, de la cual se relata que trajeron mirra, maderas preciosas, monos, una aleación de oro y plata llamada electrón y “enanos” (pigmeos) que eran utilizados en las danzas religiosas.

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