sábado, 12 de enero de 2013

El viaje extático: el sabbath


     H. El núcleo folklórico del Sabbath –vuelo mágico y metamorfosis- deriva de un substrato Eurasiático.

      Hemos estado buceando en el tiempo y el espacio los testimonios acerca de la diosa nocturna: Diana, “divinidad de los paganos”, mencionada por canonistas e inquisidores; Abundia, Oriente, Richella, y sus tocayas; las Matronas y las Hadas; las Diosas Madre; Artemisa; la “señora de los animales”; las divinidades Eurasiáticas de la cacería y el bosque. No podemos demostrar una conexión histórica entre Artemisa y las divinidades de los cazadores de Eurasia, ni incluirlas en una categoría llamada “señores/as de los animales. Más significativo es el nexo etimológico entre Artemisa (en dórico, “Artamis”) y “artamos”: el “carnicero” o, más exactamente, “el que corta las junturas”. El término, menos común que su sinónimo “mageiros”, era usado tanto en el vocabulario de la cocina como en el del sacrificio. 

      El nombre de Artemisa conserva unos trazos de prohibición, extendidos en la esfera de Eurasia (también se les puede ver en el Antiguo Testamento), contra la ruptura de los huesos de la víctima sacrificial. Una prohibición de este tipo estuvo posiblemente asociada con Despoina (o sea, “la Señora”): la más venerada entre las diosas de Arcadia, similar en algunas maneras a Artemisa, incluso tardíamente asociada con Koré, la hija de Deméter. De acuerdo con Pausanias (VIII. 35.8), los sacrificios en honor de Despoina comprendían un ritual completamente inusual, pues el animal no era sacrificado cortándole el cuello, sino seccionando sus miembros “al azar”, sin orden fijo, pero tomando en cuenta las junturas. Este tipo de sacrificio está representado en un gran número de gemas minoicas y una muy arcaica ánfora Tebana, donde una divinidad femenina es representada rodeada de miembros de animales cortados. Las divinidades de Eurasia que resucitaban animales de sus huesos reunidos no están seguramente muy separadas de estas imágenes. De cualquier manera, el tema de la resurrección partiendo de los huesos también está presente en la cultura griega: se puede observar en el mito de Peplos.

       Ahora se nos hace más evidente los rasgos de una diosa nocturna extendida en gran parte del continente Europeo, con semblantes que recuerdan los mitos y rituales de los cazadores de Siberia. Además, los éxtasis de los seguidores de la diosa hacen recordar de manera irresistible el de los chamanes –hombres y mujeres- de Siberia y Laponia. En ambos encontramos los mismos elementos: el vuelo del alma al ámbito de los muertos, en forma de animal, subida en un animal o en mágicos vehículos. El “gandus” o varita de los chamanes de Laponia asemeja, por un lado, la varita en forma de herradura que usan los chamanes buriatos y, por otro, el palo de escoba sobre el que las brujas dicen viajaban hacia el Sabbath. El núcleo folklórico del Sabbath –vuelo mágico y metamorfosis- parece derivar de un substrato Eurasiático.




Las Brujas de Lancashire, ilustración de William Harrison Ainsworth.

     Una conexión de este orden fue débilmente percibida por uno de los más feroces perseguidores de brujas: el juez, Pierre de Lancre. A comienzos del siglo XVII, reflexionando sobre los juicios que había presidido en Labourd, en las faldas de los Pirineos, de Lancre comparó a los seguidores de Diana mencionados en el “Canon episcopi” con los hombres lobo, por un lado, y los “magos” por el otro (los chamanes de Laponia descritos por Olaus Magnus y por Peucer). En ellos de Lancre detectó una característica común: la habilidad de entrar en trance diabólico, erróneamente interpretado por algunos como una separación del alma del cuerpo. Un error comprensible, de Lancre señala:

      “Hay que admitir que en el pasado los doctores hechiceros eran mucho menos numerosos que hoy día. Vivían aparte en las montañas y en los desiertos, o en países en el norte, como Noruega, Dinamarca, Suecia, Gotia, Irlanda, y Livonia: por consiguiente sus idolatrías y malos hechizos eran desconocidos, y se pensaba eran fábulas o cuentos populares”.

     De Lancre observó el objeto de esta persecución con una penetración a menudo ausente en observadores más desapegados del siguiente siglo. Eventos sin importancia en pequeñas comunidades vascas fueron insertados de pronto en un amplio marco geográfico, el teatro de la ofensiva lanzada por Satanás contra la humanidad. De Lancre estaba convencido que los hombres lobo eran capaces de abandonar su apariencia humana para asumir forma animal, igual que las brujas podían físicamente ir al Sabbath: pero admitía la posibilidad que algunas veces las metamorfosis y vuelos pudiesen solo ocurrir en sueños. Éstos, no obstante, no eran sueños inocentes: era el diablo en persona quien los evocaba en las mentes corruptas de brujas, hechiceros y hombres lobo. Para un científico como Della Porta, el éxtasis representaba un fenómeno natural, inducido por los ingredientes de los ungüentos que usaba la bruja. Para de Lancre, era el elemento que unificaba los diferentes cultos idólatras inspirados por el diablo: principalmente el del Sabbath.

      I. El núcleo folclórico tiene su origen en el éxtasis que sufren los protagonistas.

      Las reflexiones de De Lancre pasaron inadvertidas. Pero cuando, medio siglo después, la persecución de las brujas comenzó a decaer debido a un gran descrédito cultural, la extraordinaria variedad de creencias que habían sido previamente tachadas como diabólicas fueron consideradas gradualmente en una nueva luz. Precisamente en Alemania, donde la caza de brujas alcanzó la cima de ferocidad, se desarrolló la curiosidad de los anticuarios hacia este fenómeno. En 1668 J. Praetorius imprimió en Leipzig un libro en el cual recogía, basado en escritos previos y tradiciones orales, información sobre los vuelos de las brujas y sobre el Sabbath de la Noche de San Walpurgis, de la que una montaña en Turingia, la Blocksberg, tenía su fama. En este contexto también fue registrada la leyenda del fiel Eckhart como líder de la cohorte demoniaca. El título del libro (Blocker-Berges Verrichtung oder ausfürlicher geographischer Bericht, “Los efectos de Blockesberg o un informe geográfico detallado”) insinuaba una intención de investigación científica objetiva, la cual era evidente ya en el apéndice geográfico. Un tiempo después, en una obra conectada con las “Saturnalias”, Praetorius incluyó secciones acerca de los hombres lobo de Livonia y Laponia, sobre el ejército de Diana, sobre Holda. P.C. Hilscher, un pastor Luterano y profesor, realizó una académica disertación (De exercitu furioso, vulgo Wuwtenden Heer) que fue discutida en Leipzig bajo su guía en 1688, y posteriormente traducida al Alemán. Hilscher comparó las procesiones de las almas a las ficticias entidades imaginadas por los escolásticos y a la invención del Purgatorio, que los reformadores, basados en las Escrituras, enterraron. Girolamo Tartarotti de Rovereto, enfatizó cómo las creencias antiguas acerca de la “brigada de Diana”, por él definida como “brujería medieval”, fueron tomadas a broma y no perseguidas. No es, pues, accidental que el estudio más antiguo acerca de la Matronae Celta -la Dissertatio de mulieribus fatidicis veterum Celtarum del anticuario J.G. Keysler- incluyera un duro ataque a la persecución de la brujería.



"Walpurgisnacht (Aus Goethes Faust). Vor 1866" de Albert Zimmermann

      La gran poesía y filología del Romanticismo Alemán hizo del Sabbath un tema que iluminó la imaginación de los estudiosos y poetas. Goethe se inspiró en el “Blockes-Berges Verrichtung” de Praetorius para su escena de la Noche de San Walpurgis en su Fausto. En su “Deutsche Mhthologie” (1835) Jakob Grimm hizo un inventario de una tradición mítica ampliamente basada en la “caza salvaje” y las figuras que la lideraban. Uno de los temas sugería que la gran cantidad de material acumulado insinuaba la hipótesis de una continuidad entre las creencias paganas y la brujería diabólica. Grimm también se refirió a otra creencia, igualmente antigua y recurrente en un gran número de leyendas, según la cual el alma puede abandonar el cuerpo de una persona que duerme en forma de mariposa. El historiador lombardo Paul el Diácono, que vivió en el siglo VIII, cuenta como un día mientras dormía, vigilado por su escudero, un animal, una especie de serpiente, salió de pronto de la boca del Rey burgundiano Guntram. Se desplazó hacia un arroyo cercano que trató de cruzar en vano. El escudero puso su espada entre las dos orillas. La serpiente cruzó a la otra orilla y desapareció tras una pequeña colina; después de un rato regresó por el mismo camino, deslizándose de nuevo en la boca del durmiente. El Rey se despertó y dijo que había tenido un sueño en el que cruzaba un puente de hierro, se desplazaba a una montaña donde se escondía un tesoro (que de hecho fue allí encontrado). En versiones más recientes de la misma leyenda, cambia el animal: en lugar de una serpiente, encontramos una comadreja, un gato o un ratón. ¿No habría que relacionar todo esto, pregunta Grimm, por un lado con la metamorfosis de las brujas en ratones, y por otro con el puente, estrecho como un hilo, que el alma ha de cruzar para llegar al otro mundo?




Gontran, rey de Bourgogne, ante Childebert II. (FR 2813) fol. 50v. Grandes Chroniques de France. France, Paris, XIVème siècle (65 x 65 mm).

     Con esta pregunta Grimm identificó la misma sorprendente conexión que le vino a Pierre de Lancre, perseguidor de las brujas en Labourd, dos siglos antes. Con toda probabilidad la última fue una convergencia inconsciente. De Lancre había estado hablando aparentemente de algo completamente diferente: de hombres lobos, de los seguidores de Diana, de los magos lapones. Pero el elemento unificador de las dos series analógicas era el mismo: el éxtasis. Inmediatamente después de formular esta cuestión, Grimm retomó el tema de la catalepsia de las brujas en Serbia: el alma sale disfrazada de mariposa o gallina del cuerpo inanimado, el cual, cuando está en esta condición, no ha de ser volteado. A su vez el éxtasis o “trance” trae a la mente el ejemplo, más sublime de todos, de Odín, que, de acuerdo con un pasaje famoso del “Ynglingasaga” de Snorri, podía asumir diferentes formas: abandonando su cuerpo dormido en un abrir y cerrar de ojos, viajaba a distantes países, transformado en pájaro, pez o serpiente.

      Así pues, ahora vemos claramente los componentes chamánicos de la figura de Odín o de la leyenda del Rey Guntram; la difusión de los romances artúricos, el tema celta de la espada como puente hacia el mundo de los muertos, más generalmente, la presencia de temas chamánicos en los textos literarios celtas; los “benandanti” de Friuli que, antes de entrar en catalepsia, le rogaban a sus esposas que no los pusiesen boca abajo, no fuese que el alma, al haber salido en forma de pequeño “sorzetto” (ratón), no pudiera volver a entrar en el cuerpo y revivirlo; los chamanes lapones cuidaban que durante el éxtasis sus cuerpos inanimados no fuesen tocados por mosquitos u otros insectos voladores (dice Olaus Magnus) o atacados por demonios (afirmaba Peucer); el viaje del alma en éxtasis en forma de animal, y la transformación de las brujas y hechiceras en animales, etc. Figuras y temas se repiten mutuamente porque mantiene el nexo unitario que Grimm vislumbró. Los éxtasis, metamorfosis de animales, viajes míticos al más allá, rituales y creencias conectadas con las procesiones de los muertos -y, naturalmente, el Sabbath- han sido analizados separadamente, pero son la misma cosa: experiencias extáticas chamanicas. 


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