sábado, 30 de mayo de 2015

Regresión evolutiva en los homínidos

       Resumimos la obra de Juan Luis Doménech Quesada (1956-2012) en Evolución regresiva del Homo sapiens, jdomench. Las opiniones y los razonamientos pretennden reflejar fielmente lo que opinaba el autor citado.

      Se observa que los Homo habilis del Este del lago Turkana (antes lago Rodolfo), como KNM-ER 1470 (2 Ma) parecen más modernos que algunos H. habilis y H. erectus posteriores, ya que tienen el contorno del cráneo más redondeado y la arcada supraorbitaria poco pronunciada. Según Ardrey  medía unos 30 cm. más que A. africanus y su cultura lítica era más perfeccionada que la posterior olduwaiense. Muchos le dan el nombre de Homo rudolfensis, el cual, desapareció rápida y extrañamente de la escena. Los Homo habilis que le sucedieron son más primitivos y, algunos, se confunden con los australopitecos.



Cráneo KNM-ER 1470

     Según Kurtén (1993) el hombre de Neandertal era más avanzado tras su aparición hace unos 200.000 años (más parecido al hombre actual) y fue retrocediendo hasta extinguirse hace unos 40.000 años, época en que los neandertales poseían gruesos huesos, un peso de unos 100 kg., eran paticortos y con una cadera extremadamente ancha que originaba una postura patizamba poco ventajosa desde el punto de vista mecánico.  Esta regresión es más o menos admitida por todos los especialistas.



Recreación de un neandertal.

      Domenech sostiene lo mismo de los Australopitecos más antiguos: parecen más modernos que sus sucesores, según podemos apreciar en las huellas humanas de Laetoli (3’6 Ma). Así, el Australopithecus anamensis KP-271 (4 Ma) fue descrito como “prácticamente humano”.



Australopithecus afarensis ('Lucy'). Foto: Travis

      Los nuevos Ardipithecus ramidus, de unos 4,4 Ma podrían apartar a todos los Australopitecos conocidos de la línea evolutiva humana (pues sus dientes y la capa de esmalte se parece más al hombre actual que la de aquellos),  pero el enorme hueco que quedaría entre estos y los primeros Homo sería un problema insalvable para la paleontrapología, según Tim White, uno de sus descubridores.



Ardipithecus ramidus. Fuente: Revista Science 

    La regresión de los australopitecos robustos está totalmente demostrada pues al retroceso continuo de A. robustus y A. boisei hasta su desaparición, hay que añadir el hallazgo del A. aethiopicus (2.5 Ma) más antiguo que los anteriores pero de mayor tamaño. Esto echó por tierra la idea de un progresivo aumento de tamaño en estos homínidos.



A. aethiopicus (2.5 Ma)


Australopithecus aethiopicus también es conocido como Paranthropus aethiopicus

     Este retroceso daría lugar a los antropomorfos actuales como el gorila y el chimpancé tal y como sugirieron algunos autores (Gribbin et al, 1992) tal como indica la gran cresta occipital (para sujetar los fuertes músculos de la masticación de los australopitecos robustos, similar a la del gorila. Esto indicaría que los antropomorfos derivan de los homínidos y no al contrario como se cree

      Además de estas pruebas morfológicas y de la evidencia, existen pruebas irrefutables provenientes tanto de la paleontología, como de la biología molecular y  la embriología:

      a)  La biología molecular: mientras que los paleontólogos insisten en que la separación hombre-chimpancé tuvo lugar hace más de 20 Ma, la biología molecular (basándose en las diferencias entre el ADN o las proteínas) sugiere que tal separación tuvo lugar recientemente hace menos de 4 Ma. Tales pruebas revelan además que los antropomorfos aparecen después que Homo.




Según Domenech, esta secuencia evolutiva sería incorrecta, puesto que Homo apareció primero que los antropomorfos

    b)  La paleontología aún no ha encontrado fósiles antiguos ni de gorilas ni de chimpancés.

    c) La embriología: debido al hecho de que el feto y el bebé chimpancé se parece más al hombre que el chimpancé adulto, se venía admitiendo que el hombre proviene del bebé del chimpancé, el cual se estanca en una fase temprana de su desarrollo embrionario (neotenia). Sin embargo, tal argumento  es incapaz de explicar numerosos caracteres del hombre actual como las glándulas sudoríparas, la nariz prominente, los lóbulos de las orejas, la escasa vellosidad, la pequeña mandíbula, la musculatura facial, el largo tiempo de crianza, la invalidez de los bebés o la presencia de mentón (presente únicamente en el Homo sapiens). Además, los últimos estudios (como los de Mckinney) revelan que “los humanos somos primates ‘superdesarrollados’ que hemos evolucionado a través de la ‘extensión terminal’ de capacidades físicas, sustituidas por capacidades comportamentales e intelectuales” (Wagensberg et al., 1998). Entre los autores recientes, citados por Mckinney, que rechazan la juvenilización y apoyan la evolución humana vía “superdesarrollo” (peramorfosis), se encuentran B. Bogin, H. Smith, B.T. Shea, K.R. Gibson, T. Ingold, S.T. Parker, M. Konner, P.M. Greenfield y B. Ekstig.




De acuerdo a científicos rusos de la Academia Rusa de Ciencias, el hombre desciende del mono y no al revés. Fuente: Teoría de la Huevolución

    Según el informe científico, presentado por el investigador ruso Alexander Belov, el proceso de la evolución tenía un orden inverso, es decir, desde los humanos a los monos. En resumidas cuentas, estos animales pueden representar el producto de la involución humana (Fuente: RT, marzo 2012).
 
      d) No solo se han encontrado homínidos que ya sobrepasan los 5 Ma, sino que, para algunos autores (E.L. Simons, 1977), algunos parientes de Ramapithecus, de más de 10 Ma o de Kenyapithecus africanos de unos 14 Ma, podrían haber sido verdaderos  homínidos bípedos. Actualmente, se considera a Ramapithecus como antecesor del orangután, con lo que también se admite la evolución regresiva de toda esta línea de primates. Es de destacar que el orangután tampoco posee fósiles conocidos.



Recreación de Kenyapithecus



Ramapithecus
 
      e) El candidato más firme a predecesor del hombre actual es Homo erectus, en cualquiera de sus versiones (antecessor, heidelbergensis, ergaster, etc.), lo cual resulta aún muy dudoso, por muchas razones:

            1. El hallazgo de restos de H. erectus de hace 40.000 años en Asia, hace improbable (como sucedió con neandertal) que H. sapiens derive de aquel pues ambos fueron coetáneos. De hecho, ya se ha descartado a la variante asiática de erectus como antecesor del hombre actual.



Oficialmente se admite que el Homo ergaster (2-1 Ma) salió de África y se dirigió hacia el continente asiático, asumiendo taxonómicamente el nombre de Homo erectus. En la península Ibérica –otro confín- evolucionó en Homo antecesor.



Homo Erectus o Homo Ergaster no africano. Fuente: Anthropos


           2. Como ya señalaron grandes antropólogos como Louis Leakey o Le Gros Clark, H. erectus no está en nuestra línea evolutiva, pues no parece probable que los huesos pasaran de gráciles (en H. habilis) a robustos (en erectus o neandertal) para luego pasar de nuevo a gráciles. Estos hacen derivar a H. sapiens directamente de H. habilis o de Kenyapithecus y afines.





Dos recreaciones del Homo Habilis

            3. Se han encontrado Homo erectus (Árica, Georgia) de casi 2 Ma, casi de la misma antigüedad que los H. habilis, lo que no da tiempo para una evolución progresiva como la que se sugiere habitualmente. Para explicar el paso brusco de H. habilis a H. erectus, Donald Johanson, Tim White y otros no tienen reparos en admitir que esto se produjo por evolución puntuada, es decir de forma saltacional como preconizan los saltacionistas.

            4. Se observan numerosas formas, unas más progresivas que otras, a lo largo de los 2 Ma de existencia de H. erectus. Quizás una de las más notables pueda ser la de los homínidos de Atapuerca de unos 800.000 años, los que parece ser que tenían una cara similar a la del H. sapiens actual, más moderna por lo tanto que los posteriores homínidos de unos 350.000 años. Esto, junto con otros caracteres, ha hecho crear una nueva especie (H. antecessor).



Recreación del Homo antecesor. Fuente: Anthropos

            5. Muchos autores han apartado de nuestra línea evolutiva los H. erectus asiáticos, y los H. erectus europeos, prevaleciendo por el momento los africanos, que por sus peculiaridades (rasgos más modernos que sus sucesores) se llaman ahora H. ergaster. Por ejemplo, a excepción de algunos rasgos del cráneo, el esqueleto del chico de Turkana es como el nuestro y su estatura aun superior, lo que, por otro lado, supuso un nuevo contratiempo pues siempre se ha asumido que el H. erectus era más bajo que el H. sapiens. Para Ian Tattersall: “el chico de Turkana es una especie claramente como nosotros y con sus extremidades largas y delgadas se parece más a la gente que hoy vive en climas cálidos” (Tattersall, 1997). Homo ergaster podría estar emparentado con alguna especie realmente progresiva de la aún desconocida línea humana.



Homo ergaster u erectus africano. Fuente: Anthropos


Reconstrucción del Niño de Turkana

            6. Domenech tampoco acepta que nuestra cultura descienda de la del Homo erectus. El arqueólogo J. Díez Fernandez-Lomana (1994) opina que  H. erectus ni fue el gran cazador que se le supone, ni mantuvo campamentos base, ni fue el creador del fuego, ni fue capaz de perfeccionar su industria lítica ni un ápice durante sus más de 2 Ma. de existencia. Otro arqueólogo, M. Dominguez Rodrigo, afirma con audacia que “no existe ningún criterio válido que demuestre que el Musteriense incorpore mejoras a nivel funcional con respecto al Achelense que le precede; la perfección está más en la mente del arqueólogo que en la realidad tangible de las industrias líticas”, idea compartida por muchos otros autores como Ardrey (1990), Constable  (1993), Whiteet al. (1993), Fiedler (1998), Emiliano Aguirre (1997) y otros.

      En definitiva, no existe ningún rasgo de transición entre el fascinante hombre de Cro-Magnon y sus manifestaciones culturales y los homínidos anteriores, pudiendo afirmar que los supuestos restos de inteligencia encontrados anteriores al Cro-Magnon no son más que reminiscencias de una población inteligente de la que derivarían por regresión todos los homínidos conocidos.



Reconstrucción del Niño de Turkana

          

Choza y vestidos del Cromagnon

     Por si fuera poco, se han probado numerosos casos de canibalismo entre los homínidos, el H. erectus o, incluso, el hombre de neandertal (Krapina, Zhoukoudian, Solo,  Steinheim, Homo antecessor y H. erectus de Atapuerca, etc.) (Lambert, 1988; Ardrey, 1990; Kurtén, 1993; White et al., 1993; Carbonell, 1998). El carroñeo, el canibalismo y la antropofagia dejan mucho que desear y no parece muy propio de un homínido que ya debería tener unas costumbres conductuales y sociales lo suficientemente avanzadas, si pretendemos considerarlo nuestro más reciente antecesor.

    A pesarte de todo lo que dice Domenech, no puedo dejarte así de mareado. Estudiosos como José María Bermúdez de Castro y María Martinón-Torres aceptan quela presencia de la especie Homo antecessor, con una antigüedad de unos 850.000 años, en el extremo más occidental de Europa resulta un tremendo hándicap para sostener que esta especie dio lugar de manera directa a Homo sapiens.

   Además, los genetistas parecen estar de acuerdo en que el último ancestro común de los neandertales y de los humanos modernos no puede tener más de medio millón de años, un dato incompatible con la antigüedad de Homo antecessor. Esa antigüedad y su morfología les lleva a pensar que Homo antecessor fue anterior a ese ancestro común, pero tuvo mucho que ver con él.

      Bermúdez de Castro, prudentemente, propone que los humanos de Gran Dolina fueron algo así como los tíos carnales del ancestro común, que para muchos se identifica con la especie Homo heidelbergensis. Por otra parte, los humanos de la sierra de Atapuerca hubiesen podido constituir un linaje propio, que tal vez tuvo su origen y su final en tierras europeas.

     No obstante, la mayoría de los investigadores sostienen que hace alrededor de un millón de años existieron un padre y una madre, cuyos hijos evolucionaron para dar lugar a varias especies relacionadas con la nuestra. Entre ellas estarían los propios neandertales, los humanos de la Sima de los Huesos, los llamados Denisovanos y tal vez otras especies o subespecies de Asia, que aún no han sido encontradas o nombradas.

       ¿Entonces -se pregunta José María Bermúdez de Castro- dónde situar a la Homo antecessor? Dada su antigüedad solo caben dos alternativas: los humanos de Gran Dolina representan a la hija mayor de esos padres todavía no nombrados, o son los propios padres, que tuvieron una distribución muy amplia por buena parte del oeste de Eurasia. (José María Bermúdez de Castro & María Martinón-Torres, Waste-idealmayo 2015)

Bibliografía


Ardrey R., 1990. La evolución del hombre: la hipótesis del cazador. Alianza Editorial. Madrid. 255 p.

Díez Férnandez-Lomana J.C., 1994. Homo erectus y arqueología. Revista de Arqueología (164): 6-11

Doménech J.L., 1996. El futuro de una sociedad altruista. Papeles (59/60): 131-136.

Dominguez-Rodrigo M., 1995. Arqueología del Homo erectus. Su papel y su significado en el proceso de hominización. Revista de Arqueología (167): 6-11.

Gribbin J. y Gribbin M., 1992. Hijos del hielo. Clima y orígenes del hombre. Ediciones Pirámide S.A. Madrid. 215 p.

Kurtén Björn, 1993. Nuestros antepasados más remotos. Alianza Editorial. Madrid. 169 p.

Simons E. L., 1977. Ramapithecus. Investigación y Ciencia (10): 12-20.

Tattersall Ian, 1997. De Africa ¿una... y otra vez?  Investigación y Ciencia (249): 20-28

miércoles, 27 de mayo de 2015

Ejemplos de regresión evolutiva

     Siguiendo con la exposición de Juan Luis Doménech Quesada, el autor sostiene que la Teoría de la Evolución ha llegado a un nivel de reduccionismo (Simplificación excesiva de lo que es complicado) que ocasiona descoordinación entre todas las disciplinas que intervienen en evolución y en evolución humana, como la paleontología, arqueología, antropología, genética…


Una mujer neandertal

      Antes de que te pierdas en los razonamientos de la ortogénesis, permita que te diga que en el año 2013 se realizó un análisis bastante aceptable de un espécimen neandertal, del que se obtuvo el genoma más completo  conocido actualmente. Este análisis revela que el hombre moderno desciende de la cohabitación entre neandertales, sapiens modernos, denisovanos y una cuarta población, que podría ser Homo erectus.


Vista dorsal del hueso cuyo ADN se ha secuenciado, una falange del pie de una mujer neandertal hallada en la cueva de Denisova. Fuente: Bence viola

     En el Pleistoceno tardío, Eurasia estaba habitada por al menos cuatro especies humanas diferentes: sapiens, neandertales, un grupo poco conocido llamado denisovanos y una cuarta población aún por determinar. Las excavaciones y los análisis de ADN están revelando que estas cuatro especies no solo habitaron en los mismos lugares, sino que incluso llegaron a tener descendencia común, mezclando sus genes y embrollando la comprensión que tenemos de nuestros orígenes (Ver revista Nature, diciembre 2013).



Homo antecesor, reconstrucción del niño de la Gran Dolina. Dibujos: Mauricio Antón


     Pero sigamos con lo que dice Domenech, para quien la confusión e incoherencia existente en la paleoantropología perjudica la teoría clásica de la evolución, pues se ha apartado de nuestra ascendencia al Neanderthal, Australopitecos y Homo erectos. Además, en todas las especies se han encontrado restos antiguos que resultan más avanzados que los más recientes: H. antecessor de Atapuerca presenta rasgos parecidos a los del H. sapiens; los neandertales más antiguos de 100.000 a 200.000 años son más modernos que los deformes neandertales de hace 50.000 años…

       Según Domenech, cada hueso que se descubre modifica las ideas anteriores que se tenían sobre la evolución humana, lo que achaca a que apenas sabemos nada sobre la evolución del hombre y que aún falta por encajar muchas sorpresas, pues de la revisión de la evolución humana se observan claras señales de ciclos de progreso y regresión.

     A continuación, Domenech, nos ofrece una serie de ejemplos de regresión, primero en los animales y después en seres humanos. El término evolución no equivales a progreso. La evolución regresiva fue apreciada por Paul Pirlot.

1. Regresión entre los animales

        En resumen, diremos que en muchos mamíferos se produce un retroceso de los dientes heterodontos a isodontes, propios de los reptiles; algunos bóvidos recuperan la cornamenta perdida hace tiempo; disminución del tamaño de casi todos los grupos de mamíferos, anfibios, reptiles, peces, plantas e  invertebrados; retroceso de las patas a aletas (delfines y cetáceos;  reptiles ictiosauros); pérdida de miembros en reptiles ofidios; atrofia de las alas en aves como los avestruces; pérdida de funciones visuales en animales cavernícolas o subterráneos; pérdida de concha en cefalópodos…





2. Ejemplos de regresión en primates

      La regresión también se observa en diversas líneas de primates y prosimios. Los primeros antropoides fósiles conocidos son antropomorfos de la superfamilia hominoideos (Ganlea 38 Ma, Pondaungia, 38 Ma. (Afrasia djijidae encontrado en el yacimiento del Eoceno de Pondaung, en Myanmar, al que se le calcula una edad de 37 Ma); Oligopithecus, 35 Ma; Propliopithecus y Aegyptopithecus: 33 Ma)…

      Ganlea y sus parientes más cercanos pertenecen a una familia extinta de los primates antropoides asiáticos conocidos como Amphipithecidae. Otros dos anfipitécidos, Pondaungia y Myanmarpithecus, fueron descubiertos previamente en Myanmar, mientras que un tercero, llamado Siamopithecus, había sido encontrado en Tailandia.



Ganlea, 38 Ma

      Los hominoideos u hominoides (Hominoidea) son una superfamilia de primates catarrinos (forma estrecha y poca distancia relativa entre sus coanas -fosas nasales- bien delimitadas, que están orientadas hacia abajo) sin cola que incluye al hombre y a otros simios estrechamente emparentados. También difieren de los Monos del Nuevo Mundo, en que sus colas no son prensiles y en que presentan callosidades isquiáticas (esos parches anales duros en el trasero para sentarse).

     Sus miembros actuales se clasifican en dos familias: Hylobatidae (gibones) y Hominidae, constituida por la subfamilias Ponginae (que incluye el género Pongo, los orangutanes) y Homininae. Esta última está constituida por dos tribus: Gorillini (género Gorilla) y Hominini (géneros Pan, Homo).

     Los monos con cola aparecen más tarde, a finales del Oligoceno (Platirrinos, 30-33 Ma) y en el Mioceno (Cercopitecoides: 25 Ma). Esto llevó a Kurtén a decir: “Resulta muy curioso, pues parece como si los cercopitecoides hubieran evolucionado a partir de los primeros hominoides, y no al revés como antaño se había supuesto” (Kurtén, 1993).



Christopher Beard, del Museo Carnegie de Historia Natural

     El año 2010 se encontraron en el desierto del Sahara una serie de hominoideos diferentes de todos los vistos en África. Esto hizo pensar a los investigadores que los antropoides procedían de otro lugar y que lograron atravesar el desierto, colonizando África, hace 39 Ma. Estos antropomorfos se considera que son el antepasado más antiguo del hombre moderno y su lugar de procedencia se encuentra en Asia (Christopher Beard, del Museo Carnegie de Historia Natural y el autor del artículo de la revista Nature, octubre 2010).

    Se trata de cuatro antropomorfos de pequeño tamaño que parecían monos o lémures. Todos habían evolucionado de un ancestro común y fueron hallados en Dur At-Talah en la Libia central.



Afrotarsius (arriba a la izquierda) Karanesia (arriba a la derecha) Biretia (parte inferior izquierda) y Talahpithecus (parte inferior derecha) fueron los primeros precursores de los humanos según Christopher Beard


        Algunos de estos primeros hominoideos, como Propliopithecus presentan ya una dentadura en forma semicircular como la del hombre actual, motivo por el cual, algunos paleontólogos como Kurtén Bjorn, opinan que están en la línea filogenética del H. sapiens. Lo lógico es que exista este tipo de mandíbula y cara corta en todo el recorrido de la línea filogenética del hombre. Este paleontólogo opina que no sería correcta –evolutivamente hablando- la aparición de una cara y mandíbula cortas para luego alargarse de nuevo (Australopithecus, etc.) y luego volver a acortarse en el H. sapiens, llegando a decir que: “los primates inferiores descienden del hombre y no viceversa”.




Dos recreaciones de Propliopithecus

       Prosimios, como los lemuriformes, aparecen mucho después que los monos superiores, en el Mioceno, hace unos 25 Ma. Los prosimios más primitivos son de origen reciente y viven actualmente (como el tarsero, un tarsiiforme, los galagos o Daubentonia).


Tarsero


Galago

        Los lemuriformes más antiguos son más modernos que los posteriores y los actuales, pues algunos representantes se parecen incluso a los Oligopithecus de El Fayum (hominoideos) y, para algunos autores, adoptaban frecuentemente la postura bípeda. Ejemplo: Hadropithecus, Archaeolemur (hipertelencefalización y cara corta).



Hadropithecus



Archaeolemur


       El resto de prosimios (Adapiformes y Tarsiiformes) también se encuentran formas muy avanzadas entre los primeros restos fósiles, indicando así una gran precocidad en la complejidad que, poco a poco, se va reduciendo hasta la extinción. Entre estas formas avanzadas estarían Hoanghonius, Amphipithecus o Lushius, especies a las que se ha relacionado incluso con los catarrinos.

      A Hoanghonius, del que solo se conocen unas pocas piezas mandibulares del Eoceno de China, se le suele incluir entre los omomiidos, pero también se le relaciona con los Oligopithecus de El Fayum (Aguirre, 1995), especie que, como ya hemos visto, podría ser uno de los primeros antropomorfos.

     Amphipithecus, del Eoceno temprano de Birmania y con unos 50 millones de años de antigüedad, suele incluirse entre los adápidos pero, tanto por su abierta mandíbula como por su tendencia a la pérdida del segundo premolar y su proximidad a la fórmula dentaria 2/2-1/1-2/2-3/3, parece más avanzado que los platirrinos e incluso que algunos catarrinos de El Fayum, por lo que cada vez se tiende más a incluirlo entre los antropoides.


Amphipithecus mogaungensis



      El caso de Lushius, incluido también entre los adápidos o entre los omomiidos según el autor, es similar a los anteriores. Todos estos géneros son propios de la  misma área geográfica (sur de Asia) lo que acentúa los indicios de parentesco.

     Chairmanee et al. (1997) han descrito recientemente un nuevo antropoide del Eoceno tardío de Tailandia (alrededor de 38 millones de años de antigüedad), denominado Siamopithecus eocaenus, al que también relacionan con las formas birmanas y con el Aegyptopithecus de El Fayun, así como con otro antropoide oligocénico de Omán. Estos autores afirman que tanto Pondaungia cotteri como Amphipithecus mogaungensis son verdaderos antropoides, habiendo reunido a todas estas especies bajo un mismo grupo filogenético. Resulta curioso el hecho de que estos nuevos hallazgos tienden a confirmar los trabajos clásicos que incluían a estas dos especies nada menos que entre los póngidos (Buettner-Janusch, 1963).



Siamopithecus eocaenus


Aegyptopithecus de El Fayun


      A estos géneros quizás habría que añadir los primeros omomiidos descubiertos recientemente en África, como Algeripithecus (Eoceno Medio de Argelia), de la que sus descubridores han dicho que es “un verdadero simio” o Altiatlasius (Paleoceno Medio o Superior de Marruecos) (Aguirre, 1995).

    Los omomíidos (Omomyidae) son una familia de primates extinta que se diversificó durante el Eoceno, hace entre 55 y 34 millones de años. Sus fósiles se han hallado en América del Norte, Europa, Asia y posiblemente África. Omomyidae fue uno de los dos grupos de primates del Eoceno con una distribución geográfica holártica.



Necrolemur de la extinta familia de los omomíidos

      Diferentes afinidades podría tener otro género, Smilodectes, al que algunos autores suponen descendiente de Notharctus nunienus. Es un primate del Eoceno Inferior de Norteamérica y Europa (unos 50 Ma), muy similar a los lémures actuales, incluido entre los adapiformes, del que John Napier ha dicho que podría haber sido el primer primate que caminó sobre dos patas (Napier, 1979).



Altiatlasius de Marruecos


Smilodectes

       Muchas especies de primates se encuentran al borde de la extinción. 1) Así, por ejemplo, en el caso del chimpancé o bonobo del Zaire, algunos etólogos, como Richard Wrangham, han detectado costumbres insólitas de tipo reproductivo y social que, lejos de conferirles algún tipo de ventaja evolutiva,  les están llevado al borde de la extinción. Su tasa de natalidad ha descendido notablemente y el despilfarro energético que producen sus costumbres sexuales es único en todo el reino animal (Waal, 1993, 1995).



Bonobo del Zaire
  
      Egozcue (1977) observa que el mono araña (Ateles geoffroyi) presenta inversiones pericéntricas en determinados cromosomas que “probablemente le provocará problemas reproductivos”. Este autor observa también cromosomas supernumerarios, en la mayor parte de los platirrinos, “que pueden ocasionarles una disminución de la fertilidad”.



Ateles geoffroyi

       Finalmente, Domenech asegura que “la degeneración de los antropomorfos y antropoides también parece clara, de tal modo que los casos de comportamiento aparentemente cooperativo de gorilas, chimpancés y otros primates, citado por algunos autores, no sería más que una reminiscencia de anteriores conductas más avanzadas (Ardrey, 1990)”.

    Considera que los chimpancés, como la mayoría de los machos de primates, son totalmente egoístas, algunos practican el canibalismo y son crueles con los miembros de su clan.



Gorila

     Diamond (1994) afirma que “el chimpancé y el gorila tienen tantas posibilidades de convertirse en asesinos como cualquier ser humano”  y observa que los gorilas machos suelen matar a las crías de sus rivales.

     Jane Goodall observó el comportamiento de los chimpancés de Gombe, asegurando que su comportamiento maternal era extraordinariamente indiferente e ineficiente.

     “Algunas hembras matan a las crías de las otras hembras y se las comen y cooperan entre dos o más hembras para ello” (Gould, 1993). Lo mismo hacen las hembras de gorila cautivas.



    La degeneración de las costumbres del gorila, por ejemplo, parece probada con las afirmaciones de Desmond Morris sobre la habitual costumbre de esta especie -que no parece precisamente muy avanzada- de recrearse con sus propios excrementos, conducta que, por cierto, se suele observar en los zoológicos: "en el 99% de nidos abandonados de gorila en una región de África, había excrementos dentro de ellos y en el 73 % de los casos, los animales habían dormido sobre los mismos.... esto puede constituir un riesgo de enfermedad al aumentar las probabilidades de infección y constituye una notable ilustración de la básica indiferencia fecal de los primates” (Morris, 1992). La degeneración del comportamiento parece obvia en las especies regresivas.

Bibliografia


Aguirre Emiliano, 1995. Primates. En Paleontología 3. Volumen 2. Mamíferos 2ª parte. Bermudo Melendez. Ed. Paraninfo. Madrid: 381-433.

Ardrey R., 1990. La evolución del hombre: la hipótesis del cazador. Alianza Editorial. Madrid. 255 p.

Buettner-Janusch J., 1963. Evolutionary and genetic biology of primates. Academic Press INC. New York. 327 p.

Chairmanee Y., Suteethom V., Jaeger J.J. and Ducrocq S., 1997. A new Late Eocene anthropoid primate from Thailand. Nature, vol 385 (6615): 429-431.

Diamond Jared, 1994. El tercer chimpancé. Espasa Calpe S.A. Madrid. 508 p.

Egozcue J., 1977. Evolución cromosómica de los primates. Investigación y Ciencia (9): 72-81.

Goodall J., Schaller G.B. y Smith M.G., 1993. Grandes simios. Ediciones Folio S.A. Barcelona. 200 p.

Gould S. Jay, 1993. Brontosaurus y la nalga del ministro. Crítica (Grijalbo Comercial S.A.). Barcelona. 485 p.

Kurtén Björn, 1993. Nuestros antepasados más remotos. Alianza Editorial. Madrid. 169 p.

Morris Desmond, 1992. El mono desnudo. Plaza & Janes Editores. Barcelona. 269 p.

Napier John, 1979. La historia del caminar humano. En Vertebrados, estructura y función. Selecciones de Scientific American. H. Blume Ediciones. Madrid: 52-62.

Pirlot Paul, 1976. Morfología evolutiva de los cordados. Ediciones Omega S.A., Barcelona. 966 p.

Waal F., 1993. El bonobo del Zaire. Geo (83).

 Waal F., 1995. Vida social de los bonobos. Investigación y Ciencia: 52-59.

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