sábado, 30 de mayo de 2015

Regresión evolutiva en los homínidos

       Resumimos la obra de Juan Luis Doménech Quesada (1956-2012) en Evolución regresiva del Homo sapiens, jdomench. Las opiniones y los razonamientos pretennden reflejar fielmente lo que opinaba el autor citado.

      Se observa que los Homo habilis del Este del lago Turkana (antes lago Rodolfo), como KNM-ER 1470 (2 Ma) parecen más modernos que algunos H. habilis y H. erectus posteriores, ya que tienen el contorno del cráneo más redondeado y la arcada supraorbitaria poco pronunciada. Según Ardrey  medía unos 30 cm. más que A. africanus y su cultura lítica era más perfeccionada que la posterior olduwaiense. Muchos le dan el nombre de Homo rudolfensis, el cual, desapareció rápida y extrañamente de la escena. Los Homo habilis que le sucedieron son más primitivos y, algunos, se confunden con los australopitecos.



Cráneo KNM-ER 1470

     Según Kurtén (1993) el hombre de Neandertal era más avanzado tras su aparición hace unos 200.000 años (más parecido al hombre actual) y fue retrocediendo hasta extinguirse hace unos 40.000 años, época en que los neandertales poseían gruesos huesos, un peso de unos 100 kg., eran paticortos y con una cadera extremadamente ancha que originaba una postura patizamba poco ventajosa desde el punto de vista mecánico.  Esta regresión es más o menos admitida por todos los especialistas.



Recreación de un neandertal.

      Domenech sostiene lo mismo de los Australopitecos más antiguos: parecen más modernos que sus sucesores, según podemos apreciar en las huellas humanas de Laetoli (3’6 Ma). Así, el Australopithecus anamensis KP-271 (4 Ma) fue descrito como “prácticamente humano”.



Australopithecus afarensis ('Lucy'). Foto: Travis

      Los nuevos Ardipithecus ramidus, de unos 4,4 Ma podrían apartar a todos los Australopitecos conocidos de la línea evolutiva humana (pues sus dientes y la capa de esmalte se parece más al hombre actual que la de aquellos),  pero el enorme hueco que quedaría entre estos y los primeros Homo sería un problema insalvable para la paleontrapología, según Tim White, uno de sus descubridores.



Ardipithecus ramidus. Fuente: Revista Science 

    La regresión de los australopitecos robustos está totalmente demostrada pues al retroceso continuo de A. robustus y A. boisei hasta su desaparición, hay que añadir el hallazgo del A. aethiopicus (2.5 Ma) más antiguo que los anteriores pero de mayor tamaño. Esto echó por tierra la idea de un progresivo aumento de tamaño en estos homínidos.



A. aethiopicus (2.5 Ma)


Australopithecus aethiopicus también es conocido como Paranthropus aethiopicus

     Este retroceso daría lugar a los antropomorfos actuales como el gorila y el chimpancé tal y como sugirieron algunos autores (Gribbin et al, 1992) tal como indica la gran cresta occipital (para sujetar los fuertes músculos de la masticación de los australopitecos robustos, similar a la del gorila. Esto indicaría que los antropomorfos derivan de los homínidos y no al contrario como se cree

      Además de estas pruebas morfológicas y de la evidencia, existen pruebas irrefutables provenientes tanto de la paleontología, como de la biología molecular y  la embriología:

      a)  La biología molecular: mientras que los paleontólogos insisten en que la separación hombre-chimpancé tuvo lugar hace más de 20 Ma, la biología molecular (basándose en las diferencias entre el ADN o las proteínas) sugiere que tal separación tuvo lugar recientemente hace menos de 4 Ma. Tales pruebas revelan además que los antropomorfos aparecen después que Homo.




Según Domenech, esta secuencia evolutiva sería incorrecta, puesto que Homo apareció primero que los antropomorfos

    b)  La paleontología aún no ha encontrado fósiles antiguos ni de gorilas ni de chimpancés.

    c) La embriología: debido al hecho de que el feto y el bebé chimpancé se parece más al hombre que el chimpancé adulto, se venía admitiendo que el hombre proviene del bebé del chimpancé, el cual se estanca en una fase temprana de su desarrollo embrionario (neotenia). Sin embargo, tal argumento  es incapaz de explicar numerosos caracteres del hombre actual como las glándulas sudoríparas, la nariz prominente, los lóbulos de las orejas, la escasa vellosidad, la pequeña mandíbula, la musculatura facial, el largo tiempo de crianza, la invalidez de los bebés o la presencia de mentón (presente únicamente en el Homo sapiens). Además, los últimos estudios (como los de Mckinney) revelan que “los humanos somos primates ‘superdesarrollados’ que hemos evolucionado a través de la ‘extensión terminal’ de capacidades físicas, sustituidas por capacidades comportamentales e intelectuales” (Wagensberg et al., 1998). Entre los autores recientes, citados por Mckinney, que rechazan la juvenilización y apoyan la evolución humana vía “superdesarrollo” (peramorfosis), se encuentran B. Bogin, H. Smith, B.T. Shea, K.R. Gibson, T. Ingold, S.T. Parker, M. Konner, P.M. Greenfield y B. Ekstig.




De acuerdo a científicos rusos de la Academia Rusa de Ciencias, el hombre desciende del mono y no al revés. Fuente: Teoría de la Huevolución

    Según el informe científico, presentado por el investigador ruso Alexander Belov, el proceso de la evolución tenía un orden inverso, es decir, desde los humanos a los monos. En resumidas cuentas, estos animales pueden representar el producto de la involución humana (Fuente: RT, marzo 2012).
 
      d) No solo se han encontrado homínidos que ya sobrepasan los 5 Ma, sino que, para algunos autores (E.L. Simons, 1977), algunos parientes de Ramapithecus, de más de 10 Ma o de Kenyapithecus africanos de unos 14 Ma, podrían haber sido verdaderos  homínidos bípedos. Actualmente, se considera a Ramapithecus como antecesor del orangután, con lo que también se admite la evolución regresiva de toda esta línea de primates. Es de destacar que el orangután tampoco posee fósiles conocidos.



Recreación de Kenyapithecus



Ramapithecus
 
      e) El candidato más firme a predecesor del hombre actual es Homo erectus, en cualquiera de sus versiones (antecessor, heidelbergensis, ergaster, etc.), lo cual resulta aún muy dudoso, por muchas razones:

            1. El hallazgo de restos de H. erectus de hace 40.000 años en Asia, hace improbable (como sucedió con neandertal) que H. sapiens derive de aquel pues ambos fueron coetáneos. De hecho, ya se ha descartado a la variante asiática de erectus como antecesor del hombre actual.



Oficialmente se admite que el Homo ergaster (2-1 Ma) salió de África y se dirigió hacia el continente asiático, asumiendo taxonómicamente el nombre de Homo erectus. En la península Ibérica –otro confín- evolucionó en Homo antecesor.



Homo Erectus o Homo Ergaster no africano. Fuente: Anthropos


           2. Como ya señalaron grandes antropólogos como Louis Leakey o Le Gros Clark, H. erectus no está en nuestra línea evolutiva, pues no parece probable que los huesos pasaran de gráciles (en H. habilis) a robustos (en erectus o neandertal) para luego pasar de nuevo a gráciles. Estos hacen derivar a H. sapiens directamente de H. habilis o de Kenyapithecus y afines.





Dos recreaciones del Homo Habilis

            3. Se han encontrado Homo erectus (Árica, Georgia) de casi 2 Ma, casi de la misma antigüedad que los H. habilis, lo que no da tiempo para una evolución progresiva como la que se sugiere habitualmente. Para explicar el paso brusco de H. habilis a H. erectus, Donald Johanson, Tim White y otros no tienen reparos en admitir que esto se produjo por evolución puntuada, es decir de forma saltacional como preconizan los saltacionistas.

            4. Se observan numerosas formas, unas más progresivas que otras, a lo largo de los 2 Ma de existencia de H. erectus. Quizás una de las más notables pueda ser la de los homínidos de Atapuerca de unos 800.000 años, los que parece ser que tenían una cara similar a la del H. sapiens actual, más moderna por lo tanto que los posteriores homínidos de unos 350.000 años. Esto, junto con otros caracteres, ha hecho crear una nueva especie (H. antecessor).



Recreación del Homo antecesor. Fuente: Anthropos

            5. Muchos autores han apartado de nuestra línea evolutiva los H. erectus asiáticos, y los H. erectus europeos, prevaleciendo por el momento los africanos, que por sus peculiaridades (rasgos más modernos que sus sucesores) se llaman ahora H. ergaster. Por ejemplo, a excepción de algunos rasgos del cráneo, el esqueleto del chico de Turkana es como el nuestro y su estatura aun superior, lo que, por otro lado, supuso un nuevo contratiempo pues siempre se ha asumido que el H. erectus era más bajo que el H. sapiens. Para Ian Tattersall: “el chico de Turkana es una especie claramente como nosotros y con sus extremidades largas y delgadas se parece más a la gente que hoy vive en climas cálidos” (Tattersall, 1997). Homo ergaster podría estar emparentado con alguna especie realmente progresiva de la aún desconocida línea humana.



Homo ergaster u erectus africano. Fuente: Anthropos


Reconstrucción del Niño de Turkana

            6. Domenech tampoco acepta que nuestra cultura descienda de la del Homo erectus. El arqueólogo J. Díez Fernandez-Lomana (1994) opina que  H. erectus ni fue el gran cazador que se le supone, ni mantuvo campamentos base, ni fue el creador del fuego, ni fue capaz de perfeccionar su industria lítica ni un ápice durante sus más de 2 Ma. de existencia. Otro arqueólogo, M. Dominguez Rodrigo, afirma con audacia que “no existe ningún criterio válido que demuestre que el Musteriense incorpore mejoras a nivel funcional con respecto al Achelense que le precede; la perfección está más en la mente del arqueólogo que en la realidad tangible de las industrias líticas”, idea compartida por muchos otros autores como Ardrey (1990), Constable  (1993), Whiteet al. (1993), Fiedler (1998), Emiliano Aguirre (1997) y otros.

      En definitiva, no existe ningún rasgo de transición entre el fascinante hombre de Cro-Magnon y sus manifestaciones culturales y los homínidos anteriores, pudiendo afirmar que los supuestos restos de inteligencia encontrados anteriores al Cro-Magnon no son más que reminiscencias de una población inteligente de la que derivarían por regresión todos los homínidos conocidos.



Reconstrucción del Niño de Turkana

          

Choza y vestidos del Cromagnon

     Por si fuera poco, se han probado numerosos casos de canibalismo entre los homínidos, el H. erectus o, incluso, el hombre de neandertal (Krapina, Zhoukoudian, Solo,  Steinheim, Homo antecessor y H. erectus de Atapuerca, etc.) (Lambert, 1988; Ardrey, 1990; Kurtén, 1993; White et al., 1993; Carbonell, 1998). El carroñeo, el canibalismo y la antropofagia dejan mucho que desear y no parece muy propio de un homínido que ya debería tener unas costumbres conductuales y sociales lo suficientemente avanzadas, si pretendemos considerarlo nuestro más reciente antecesor.

    A pesarte de todo lo que dice Domenech, no puedo dejarte así de mareado. Estudiosos como José María Bermúdez de Castro y María Martinón-Torres aceptan quela presencia de la especie Homo antecessor, con una antigüedad de unos 850.000 años, en el extremo más occidental de Europa resulta un tremendo hándicap para sostener que esta especie dio lugar de manera directa a Homo sapiens.

   Además, los genetistas parecen estar de acuerdo en que el último ancestro común de los neandertales y de los humanos modernos no puede tener más de medio millón de años, un dato incompatible con la antigüedad de Homo antecessor. Esa antigüedad y su morfología les lleva a pensar que Homo antecessor fue anterior a ese ancestro común, pero tuvo mucho que ver con él.

      Bermúdez de Castro, prudentemente, propone que los humanos de Gran Dolina fueron algo así como los tíos carnales del ancestro común, que para muchos se identifica con la especie Homo heidelbergensis. Por otra parte, los humanos de la sierra de Atapuerca hubiesen podido constituir un linaje propio, que tal vez tuvo su origen y su final en tierras europeas.

     No obstante, la mayoría de los investigadores sostienen que hace alrededor de un millón de años existieron un padre y una madre, cuyos hijos evolucionaron para dar lugar a varias especies relacionadas con la nuestra. Entre ellas estarían los propios neandertales, los humanos de la Sima de los Huesos, los llamados Denisovanos y tal vez otras especies o subespecies de Asia, que aún no han sido encontradas o nombradas.

       ¿Entonces -se pregunta José María Bermúdez de Castro- dónde situar a la Homo antecessor? Dada su antigüedad solo caben dos alternativas: los humanos de Gran Dolina representan a la hija mayor de esos padres todavía no nombrados, o son los propios padres, que tuvieron una distribución muy amplia por buena parte del oeste de Eurasia. (José María Bermúdez de Castro & María Martinón-Torres, Waste-idealmayo 2015)

Bibliografía


Ardrey R., 1990. La evolución del hombre: la hipótesis del cazador. Alianza Editorial. Madrid. 255 p.

Díez Férnandez-Lomana J.C., 1994. Homo erectus y arqueología. Revista de Arqueología (164): 6-11

Doménech J.L., 1996. El futuro de una sociedad altruista. Papeles (59/60): 131-136.

Dominguez-Rodrigo M., 1995. Arqueología del Homo erectus. Su papel y su significado en el proceso de hominización. Revista de Arqueología (167): 6-11.

Gribbin J. y Gribbin M., 1992. Hijos del hielo. Clima y orígenes del hombre. Ediciones Pirámide S.A. Madrid. 215 p.

Kurtén Björn, 1993. Nuestros antepasados más remotos. Alianza Editorial. Madrid. 169 p.

Simons E. L., 1977. Ramapithecus. Investigación y Ciencia (10): 12-20.

Tattersall Ian, 1997. De Africa ¿una... y otra vez?  Investigación y Ciencia (249): 20-28

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