martes, 26 de mayo de 2015

La neo-ortogénesis

     En palabras de uno  de sus defensores, el biólogo Juan Luis Doménech Quesada, los puntos fundamentales de esta teoría son los siguientes:

      1. Principio de regresión: La selección natural es un proceso de adaptación local que lleva a las especies a la diversificación, a la regresión y, finalmente, a la extinción.

      2. Principio de progreso: Existe un claro progreso en unas pocas líneas evolutivas, medido este en términos de aumento de complejidad.

     3. Principio de mutación: La evolución progresiva tiene lugar por macromutación o saltos aparentes.

     4. Principio de dirección: Existe una línea progresiva absoluta (la de mayor complejidad) que es excluyente y aparenta dirección en la evolución.



Juan Luis Doménech Quesada

    La evolución biológica ha consistido en un aumento de complejidad del sistema nervioso. Ello implica una mejora en la percepción del entorno o recepción de información, una mayor independencia del medio ambiente, un aumento de conocimiento, según Jorge Wagensberg (1998).

     Doménech advierte que no se deben confundir los mecanismos de la Selección Natural (diversificación, segregación, adaptación, aislamiento, competencia...) con los de la evolución progresiva (agregación, cooperación, integración, simbiosis).

      Otros biólogos no aceptan la idea de una escala lineal de seres y critican el modelo del “cono de complejidad creciente”. Stephen Jay Gould dice que este error producido por la perspectiva antropocéntrica nos conduce a considerar al hombre como la cumbre de la evolución. Sin embargo, atendiendo a la cantidad, para muchos los triunfadores de la evolución no son el ser humano, como se empeñan en defender algunos biólogos de la neo-ortogénesis, sino las bacterias.



Stephen Jay Gould

     Los defensores del progreso en la evolución insisten en sus argumentos. El árbol de Haeckel, de 1910, acertó al reflejar la evidencia del progreso, pero falló en la frecuencia del mismo. El eje central no es un grueso tronco sino una fina caña. Los biólogos (Juan Luis Doménech Quesada, Del punto omega de Teilhard a la neo-ortogénesis de la nueva biología. Aquí) que defienden el progreso en la evolución afirman que el árbol de la vida hay que verlo como se muestra en la figura de abajo, en el que cada uno de los grandes hitos, sumamente infrecuentes e improbables, da lugar a la pirámide observada por Gould, pero incrustados todos ellos dentro de la gran estructura en abanico descrita por Darwin.



Árbol propuesto por la teoría neoortogénica. El árbol de Darwin es, en realidad, una sucesión de "árboles de Gould", unidos por una simple línea evolutiva. Con el paso del tiempo, estas uniones han formado un eje en el que han quedado reflejados los saltos y el progreso (macro evolución), mientras que las ramas laterales (la mera "estela del progreso") reflejan la diversificación de las especies (microevolución) y las frecuentes y constantes extinciones. Fuente: Juan Luis Doménech Quesada, Del punto omega de Teilhard a la neo-ortogénesis de la nueva biología. Aquí)

     Cada una de esas pirámides, o "bigbang" evolutivo, es un nuevo nivel de complejidad que supera al anterior en capacidad para independizarse del entorno: una bacteria, o colonia de bacterias, está a merced absoluta del ambiente, mientras que muchos mamíferos o aves son capaces de aprender y de efectuar grandes modificaciones en el mismo (nidos, madrigueras, etc.).



Nuevo árbol de la vida. No es cierto que los peces den lugar a los anfibios. Los peces solo dan lugar a más peces y tan sólo una de sus líneas evolutivas da lugar a los anfibios; tan sólo un anfibio da lugar a los reptiles; tan sólo un reptil da lugar a los mamíferos. Y eso nunca más vuelve a repetirse. Todo el árbol evolutivo ha estado en manos de unas pocas especies localizadas a lo largo de un delgadísimo "eje central". Es una estructura sumamente extraña (imposible desde el punto de vista darwinista) que aún no ha sido explicada por ninguna teoría evolutiva. Fuente: Juan Luis Doménech Quesada, Del punto omega de Teilhard a la neo-ortogénesis de la nueva biología. Aquí)

       Dice Juan Luis Doménech Quesada que la ciencia de la Evolución rebasa el aspecto meramente científico y trata de resolver hechos existencialistas y trascendentales como es el mismo origen y destino del hombre y de la vida. En la época Bush (tiempo dorado del moderno creacionismo denominado «Diseño Inteligente») se han llegado a cuestionar los principios científicos de la evolución, lo que supone un grave retroceso científico que hay que superar. Los partidarios del «Diseño Inteligente», muchos de ellos científicos, sugieren que tras las leyes naturales visibles existen fuerzas desconocidas que gobiernan y dirigen las anteriores. Es la eterna batalla entre los creyentes en Dios y los creyentes en la materia (llamémosla ciencia o evolución) como Principio de todo lo existente.



Diseño inteligente

     El neodarwinismo presenta una serie de deficiencias, entre las que destacan:

-         El excesivo papel que se le da a la selección natural (la famosa «supervivencia de los más aptos»), así como a la evolución gradual (pequeñas mutaciones que poco a poco van cambiando a las especies).
-         La anulación de la macro-mutación como principio de progreso evolutivo, es decir, no cree que se produzcan grandes cambios en la forma de las especies que den origen a la aparición nuevas funciones y complejidades.
-         La negación del concepto de progreso, porque ese «progreso» se podría relacionar con algún principio «director» que daría a entender la existencia de algún Creador.
-         Y, por último, al excesivo papel del azar como única explicación de todo lo existente. 



Ojos supergrandes en una mosca de la fruta (Drosophila melanogaster),

     Según los partidarios de la teoría de la neo-ortogénesis la evolución ha transcurrido de una forma unidireccional, con un incremento constante de la complejidad. Sostienen que los grandes avances evolutivos –como la adición de genes y células- no se producen por evolución gradual, sino por la macro-mutación.

      Es el caso del paso de las bacterias (la célula sin núcleo) a los seres superiores (la célula con núcleo) que ya todo el mundo admite que ha transcurrido por simbiosis (una gran «macro-mutación»). Es el caso del paso de los seres unicelulares a los pluricelulares, o es el caso de los invertebrados a los vertebrados, con un enorme aumento de la cantidad de genes y de ADN.

     La mayoría de los biólogos cree que la adaptación ocurre mediante la acumulación de pequeñas mutaciones. Sin embargo, se ha sugerido una alternativa a este proceso llamada macro-mutación, que esencialmente se da cuando una mutación a gran escala produce un carácter. En general esta teoría no recibe mucha atención como explicación principal de la adaptación, ya que se considera más probable que una mutación de esta escala sea perjudicial en lugar de beneficiosa. Sin embargo, las macro-mutaciones parecen ser la única explicación para diferencias como el número de segmentos corporales de los artrópodos.



      La macro-mutación fue defendida por antiguos mutacionistas, como Richard Goldschmidt, que afirmaban que el progreso evolutivo no es más que el incremento de complejidad del sistema nervioso (La Nueva España, Juan Luis Doménech Quesada, Los errores del neodarwinismo, Miércoles 18 de febrero de 2009).

      La selección natural sólo constituye una parte del proceso evolutivo. Es la que produce adaptación al medio una vez que surge un nuevo «avance evolutivo» y, por tanto, es totalmente contraria a dicho avance porque esa adaptación restringe la adaptabilidad, que es la que mejor garantiza la supervivencia ante grandes cambios ambientales. Los genes se van coadaptando, «envejeciendo» podríamos decir, y restringen la plasticidad evolutiva. La constante dispersión de las especies y su adaptación a ambientes diferentes produce la diversificación de las especies que muchos confunden con la propia Evolución con mayúscula. Esa adaptación y diversificación ha llevado y lleva a muchas líneas evolutivas a un callejón sin salida (extinción) o a la eliminación de órganos, apéndices y funciones (parasitismo) y en definitiva a regresiones claras.



Juan Luis Doménech Quesada, Evolución regresiva del Homo sapiens


      La macro-mutación actúa preferentemente en líneas evolutivas que aún mantienen plasticidad y capacidad de admisión de nuevos genes o genomas; ésa es la auténtica fuerza impulsora o elan vital de los antiguos creacionistas y esa es la forma en que se «rejuvenecen» las líneas evolutivas impulsándose hacia nuevos horizontes (como ya han demostrado prestigiosos evolucionistas, como Lynn Margulis, la adición de genes y genomas es la auténtica revolución de la nueva teoría evolutiva que está surgiendo). Evolución «por saltos» o evolución «explosiva» con surgimiento (no gradual) de muchas nuevas formas de vida, son fenómenos ya muy conocidos y admitidos, gracias a los trabajos del gran evolucionista Stephen Jay Gould.



Lynn Margulis

     La nueva teoría (tercera teoría sintética) sostiene que si unimos los verdaderos “progresos evolutivos” (los incrementos de complejidad significativos) en un árbol evolutivo, tenemos una ortogénesis, es decir, una dirección evolutiva, que no tiene por qué ser dirigida por ningún Creador.

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