domingo, 18 de mayo de 2014

La CIA y la Guerra Fría cultural

     Durante la etapa de la Guerra Fría los  EE.UU.  no sólo crearon la OTAN para defender su “sistema de vida”, es decir, el brutal imperialismo que controla todo el mundo, el saqueo metódico de los recursos humanos y materias primas, así como la imposición de sus estúpidas mercaderías, sino que crearon una organización cultural, patrocinada y financiada por la CIA, que destinó ingentes recursos monetarios para financiar a mediocres intelectuales y artistas, para que fuesen capaces de frenar el creciente prestigio de la cultura comunista de la URSS, su gran música que encandilaba a millones de oyentes en todo el mundo, sus ballets como el Bolshoi (con desafectos como Nureyev) y su arte.


Bolshoi: Svetlana Zakharova in Pharaoh's Daughter. Fuente: Yufamily.org


Nureyev por Avedon. Fuente: Fotolog

    La Cia, con el apoyo de Nelson Rockefeller, crearon el MOMA (Museum of Modern Art) y patrocinaron el grupo trotskista/anarquista (que odiaban con toda su alma al comunismo) del American for Intellectual Freedom (CCF) en el que destacaban Bertrand Russell, Benedetto Croce, Karl Jaspers, Tennese Williams, el actor Robert Montgomery



Bertrand Russell. Fuente: Homo sapiens sapiens/Robert Montgomery. Fuente: Los Ángeles Times. Intelectuales anticomunistas

     Muchos intelectuales fueron reclutados con dinero de la CIA que les llegaba por intermedio de fundaciones ficticias para disimular su origen, editoriales, revistas, congresos, exposiciones… Entre los intelectuales privilegiados que recibieron a mediados de los 60 millones de dólares destacan Isaih Berlin, Ignazio Silone o Raymon Aron. Con el dinero de la CIA consiguieron colocar mediocres artículos anticomunistas en publicaciones de gran audiencia, como el suplemento literario de Times, la Enciclopedia Britànica, guías de viaje como Fodor


Raymond Aron fue un intelectual de una Europa unida en la tradición filosófica alemana. La foto lo muestra en 1962. Fuente: Die Welt


    El año 1967 la revista Ramparts denunció las conexiones del Congreso para la Libertad de la cultura con la CIA, con el resultado de que miles y miles de “intelectuales” que se habían beneficiado de las becas CIA, subvenciones y otras ayudas, protestaron escandalizados, asegurando que ignoraban la procedencia del dinero. La revista Ramparts demostró que los que se dedicaban a predicar el evangelio anticomunista estaban a sueldo de la policía secreta americana.


Portada del número de marzo de la revista norteamericana Ramparts, en el cual aparece el informe
que podéis consultar en Filosofia.org

      “Durante años –se ha dicho que a través del mandato de cuatro presidentes: Truman, Eisenhower, Kennedy y Johnson– la C.I.A. ha controlado, por medio de subvenciones financieras, varias organizaciones culturales, sindicales y jurídicas de los Estados Unidos. Entre ellas se citan asociaciones estudiantiles, el Congreso para la Libertad de la Cultura y las agrupaciones de la central A.F.L.-C.I.O. La información sobre estas actividades la ha ofrecido una gran revista católica, Ramparts, a quien Triunfo ha adquirido los derechos de reproducción exclusiva en España de su ya sensacional reportaje. Se trata de un documento de importancia capital que reproducimos en su totalidad. Al ser conocido en los Estados Unidos, ha provocado un vasto movimiento de inquietud y de indignación por parte de la opinión democrática. Por este texto se revela un capítulo más de las actividades que dentro y fuera de las fronteras norteamericanas desarrolla la poderosa C.I.A., un Estado secreto en el seno del Estado fundado por Jorge Washington” (Filosofia.org).


     Pero la campaña más sorprendente de la CIA es la que se refiere a la pintura. Ante el poder de expresión del llamado realismo socialista de la URSS, así como la pintura comprometida de vanguardia, como la de Picasso o la de Renato Guttuso,  la CIA financió el llamado expresionismo abstracto americano.


Renato Guttuso, La Spiaggia. Fuente: Giornalismi d'altri tempi


Picasso, Guernica.


Realismo socialista. La defensa de Sebastopol, por Alexander Deineka. Fuente: Hablemos del arte y los artistas


Jackson Pollock (1912-1956). “Si esto es arte, yo soy un hotentote” (Truman). Fuente: Hablemos del arte y los artistas

    Esto sucedía en la época en que un paleto como Truman era el presidente americano, el cual dijo en 1946 ante una exposición de vanguardia americana que “Si esto es arte, yo soy un hotentote”. Este pueblerino le reprochó a Picasso el haber convertido una hermosa cabra en una monstruosa pintura, ante la sonrisa complaciente de todos los pelotas que lo rodeaban, gentuza que afirmaba que el arte moderno era el fruto de una conspiración comunista. Otro “atrasado” –el diputado republicano George Dondero- aseguraba que las pinturas no figurativas eran mapas secretos que indicaban al Kremlin los emplazamientos de las instalaciones estratégicas de los Estados Unidos.



Harry S. Truman (1948) y George Dondero

    Rockefeller, con dinero de la CIA, creó el MOMA que defendía el arte abstracto como el arte de la libre empresa, el arte de los americanos sin influencias caducas europeas, autodidactas formados en  la “América profunda” e inmunes a las influencias europeas y de las remilgadas universidades de Harvard o Princeton donde estudiaban los señoritos de este. La CIA organizó una campaña para difundir el arte de Pollock o el de Rothko. El MOMA, con dinero de la CIA, creó una opinión favorable para estos artistas: su director Alfred Berr entregó dinero y presionó al grupo Time-Life para que cambiase su política editorial ante el “magnífico arte americano”.


Jackson Pollock  (1912 -1956)


 Mark Rothko: Paredes de luz - Museo Guggenheim Bilbao

    Lo cierto es que estos artistas pitaban incluso antes de que la CIA o el MOMA les ensalzasen. Este inesperado “éxito” sin duda influyó en su vida futura: Jackson Pollock murió en un accidente de automóvil a los 44 años, mientras conducía bebido. Arshille Gorky se ahorcó. Franz Kline murió alcoholizado a los 52 años. Marck Rothko se abrió las venas y murió desangrado a los 67 años de edad.



Marck Rothko y Arshille Gorky

    Ante las grandes orquestas rusos y sus hermosos ballets, la CIA financió sus “armas secretas”, llevándolas en concierto por todo el mundo, como el jazz de Louis Armstrong, Dizzie Gillespie o Duke Ellington. Para combatir la mala imagen que daba el racismo, se privilegiaron las actuaciones mundiales de la ópera “negra” Porgy and Bess.



Louis Armstrong y Duke Ellington


George Gershwin Porgy and Bess.

     También el Foreing Office británico creó la agencia de propaganda IRD (Departamento de Investigación de Información, 1948) para contrarrestar al comunismo. Lo primero que elaboraron fue una lista de “criptocomunistas”, entre los que incluyeron a Graham Greene, Priesley, A.J.P. Taylor, Spendner, Cole, etc., afirmando que “no eran gente de fiar”. Estas listas negras contenían comentarios sobre la raza, costumbres sexuales o deficiencias físicas.



      Uno de los primeros intelectuales en venderse a la IRD fue George Orwell, y así obtuvo financiación para la publicación de su obra “1984”, a través de “La voz de América” y el Ejército Norteamericano de Ocupación de Alemania. En los años 50 formaban parte de los círculos del IRD la London School of Economics, el St. Anthony’s College de Oxford, o gente como Brian Crozier, Leonard Schapiro, Hugh Seton-Watson, Maurice Crnaston, Leo Lebedz o Michael Goodwin. Igual que la CIA, la IRD montó y sufragó multitud de editoriales –aparentemente privadas- para que publicaran libros anticomunistas.



Uno de los primeros intelectuales en venderse a la IRD fue George Orwell, y así obtuvo financiación para la publicación de su obra “1984


Leonard Bertram Naman Schapiro (1908, Glasgow-1983, London)

    Tampoco pudo permanecer ajeno a estas manipulaciones un medio tan popular como el cine. La persecución anticomunista mostró la miseria de algunos delatores, como el actor Robert Taylor o los realizadores Elia Kazan, Robert Rossen y Edward Dmytryk, que dieron nombres espontáneamente, sin ser presionados. Muchos lo hicieron porque les prometieron que su carrera prosperaría y se convertirían en privilegiados en sus estudios. 


Robert Taylor, delator de comunistas



Elia Kazan, un delator que se vendió por dinero. En su obra La Ley del Silencio distorsiona la realidad del sindicalismo americano.

     Hollywood vivía en un clima de terror que reflejaría muy bien una alegoría filmada en 1952, Sólo ante el peligro de Fred Zinnemann, cuyo guionista, Carl Foreman, sería perseguido por comunista y obligado a emigrar, como le ocurrió al “rojo” Chaplin.


Fred Zinnemann



Carl Foreman, sería perseguido por comunista y obligado a emigrar, como le ocurrió al “rojo” Chaplin.

    Se persiguió y depuró todo el cine de la década de los treinta y primeros cuarenta, el cual se ocupaba del compromiso social y de las luchas contra las desigualdades y el racismo. También sufrieron la misma persecución los sindicados, las sociedades culturales y de asistencia que fueron tildadas de izquierdista.

     La consecuencia de esta persecución fue la diáspora y el silencio de los mejores artistas, así como una considerable pérdida de calidad en el cine, con miles de películas anticomunistas de bajo presupuesto. Por el contrario, los militares, con el apoyo entusiasta de la CIA, realizaron películas a favor del Imperialismo americano, en defensa del “sistema de vida americano” y de la “libertad”.  La CIA y la METRO firmaron un contrato en el que incluían personalidades como John Ford, Merian Cooper, John Wayne y Ward Bond. Uno de los más entusiastas fue John Wayne, el cual  resultó víctima de la guerra fría al protagonizar una película sobre la vida de Gengis Khan, The Conqueror, de Howard Hughes, que se rodó en un desierto de Utah, fuertemente contaminado por los ensayos atómicos. Un total de 91 de las 220 personas que trabajaban en la película desarrolló alguna forma de cáncer y 46, entre ellos Wayne, murieron prematuramente.


John Ford


John Wayne


Fuente: Greg Caggiano


The Conqueror (1956) Fuente: Pulpcore

    El cine de Hollywood dejó de ocuparse de los problemas sociales y de cuestiones relacionadas con los derechos de los ciudadanos y del racismo. Las películas financiadas debían manifestar temas en los que estuviesen de manifiesto claramente la oposición entre el Bien y el Mal, también deberían glorificar las guerras glorificadoras del patriotismo, las epopeyas bíblicas y, sobre todo, las comedias románticas con muy poco sexo, y nada de trabajadores ni mujeres contestarías. Lo ideal eran las “comedias costumbristas” amables que mostraban familias moralmente ejemplares, que nunca parecían tener serios problemas de trabajo o de dinero.

Fuentes:


Josep Fontana, Por el bien del Imperio. Edt. Círculo de Lectores, Barcelona 2011


 Frances Saunders Stonor, La CIA y la Guerra Fría cultural, Editorial Debate , Madrid, 2001

La CIA y la guerra cultural (Voltaire.net)


Qué le ocurrió a la URSS?

20.   Rusia "libre"


Dossiers polítics de La Velleta Verda:

·     Futuro fatídico
·     El Imperio del Mal
·     El Imperi del Mal
·     Espanyoliste Nº 2
·     Espanyoliste Nº 1
·     Espanyolistes
·     Nacionalismes

2 comentarios:

Pardines dijo...

El artículo se basa en una parte verídica -la CIA financió a determinadas instituciones culturales para difundir la cultura "capitalista" frente al éxito de autores comunistas en Europa- pero creo que se lleva al paroxismo. En todo caso, tampoco es nada nuevo. la opinión de la investigadora que más ha trabajo este tema me parece más creible:
"veinte años de subsidios ocultos (en cantidades incomparables con las de cualquier otra organización pública o privada, a excepción de las de la Unión Soviética) influyeron marcadamente en el mercado de las ideas y en la manera en que dichas ideas terminaron implantándose. De todas formas, es justo decir que mucha gente cobró (secretamente) por decir algo que hubiera dicho de cualquier modo, y que la libertad de expresión no fue intervenida, o al menos no lo fue como norma general. En realidad, nunca se trató de un asunto de coacción (que es lo que hicieron los soviéticos), sino de un espaldarazo para quienes tenían un determinado punto de vista sobre la realidad y de la promesa de una recompensa para quienes apoyaran dicho punto de vista."
Si te pagan por publicar lo que quieres publicar no se puede decir que te hayas vendido, no?
fuente:
www.megustaleer.com/noticia/649/entrevista-a-frances-stonor-saunder-co

Gonçal Vicens Bordes dijo...

Pardines afirma que Frances Saunders Stonor és la que más sabe sobre el temas. Veamos una cita de dicha autora en la introducción de su libro:

“Sin embargo esta percepción (la concepción de la CIA como paraíso del liberalismo) no casa bien con la reputación de la CIA de instrumento despiadadamente intervencionista y peligrosamente fuera de todo control por parte del poder de Estados Unidos durante la guerra fría. Ésta fue la organización que estuvo tres el derrocamiento del primer ministro Mossadegh en Irán, en 1953, del derrocamiento del gobierno de Arbenz en Guatemala, en 1954, de la desastrosa operación de la Bahía de Cochinos, en 1961, del infausto Programa Phoenix, en Vietnam. Espió a decenas de miles de ciudadanos de Estados Unidos, hostigó a dirigentes de otros países democráticamente elegidos, planeó asesinatos, negó todas estas actividades ante el Congreso y, en ese proceso, elevó el arte de la mentira a nuevas cumbres” ( Frances Saunders Stonor, La CIA y la Guerra Fría cultural, Editorial Debate , Madrid, 2001. Pag 16)

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