sábado, 24 de marzo de 2012

La demonización de la religión oscura

1. Antecedentes de las acusaciones: el estereotipo hostíl. 

      Los cristianos en el siglo II fueron acusados por los romanos de practicar cultos animalescos, de antropofagia y de incestos. Para entrar en la secta cristiana, según era “vox populi”, debían degollar un niño, después devoraban su carne y bebían su sangre y, para terminar la fiesta, apagaban las luces y celebraban una orgía incestuosa.  A los judíos en Alejandría, en el siglo II a.C, también se les acusaba de lo mismo, además de adorar una cabeza de burro y de  practicar homicidios rituales, seguidos de canibalismo. 



      Una descripción de antropofagia iniciática practicada por los cristianos, se conserva en un fragmento de una novela griega, la “Phoinikika” de Lolliano, escrita en el siglo II d.C. Los cristianos afirmaban que todo eran mentiras difundidas por los paganos. Sin embargo, poco después, el mismo San Agustín no se corta y lanza las mismas acusaciones contra los catafrigios, los marcionistas, los carpocracianos, los borborianos… En el año 720, Juan IV de Ojun, jefe de la Iglesia armenia, acusaba de igualo manera a los paulinianos


A los canónigos de Orleáns quemados en 1022 se les acusaba de formar parte de una secta que gustaba de quemar a los hijos que habían tenido durante las orgías 

      Después del año 1000 el estereotipo hostil vuelve a aparecer en Occidente, primero con los herejes quemados en Orleáns en 1022, posteriormente con las represiones contra los cátaros, los valdenses y los fraticelli (también contra los bogomilos de la Tracia). Pero sólo en Occidente el estereotipo halló una nueva formulación: la ceremonia nocturna, con brujos y brujas antropófagos, dados a orgías sexuales, devoradores de niños y adoradores del demonio. 

      A los canónigos de Orleáns quemados en 1022 se les acusaba de formar parte de una secta que gustaba de quemar a los hijos que habían tenido durante las orgías, después guardaban sus cenizas para fabricar hostias sagradas. En 1144, contra los herejes dualistas procesados en Soissons, se volvió a sacar a la luz el sermón de Juan de Ojún contra los  paulinianos, a los que se acusaba de infanticidio: se decía que los miembros de la secta se sentaban alrededor del fuego y se lanzaban a su través a uno de los niños nacidos de las orgías, hasta que moría en brazos de alguno de los participantes, que era elegido jefe. 

      A partir del siglo XII las acusaciones de homicidios rituales se dirigieron exclusivamente contra los judíos. Hasta 1466 no se pudo arrancar una confesión de este tipo a ningún cristiano, excepto a los fraticelli de Las Marcas. Pero para entonces el aquelarre ya había cristalizado hacía un siglo. La secta brujesca y sus acusaciones no son sólo la continuación de viejos estereotipos hostiles, sino que aparecen nuevos elementos que vamos a estudiar. 


Templarios que fueron quemados en la hoguera.Ilustración, crónica anónima (Von der Schöpfung der Welt bis 1384) "Desde la creación del mundo hasta 1384”. Biblioteca Municipal en Besançon, Francia.

2. Nuevos estereotipos hostiles: la brujería y el aquelarre. 

      ¿Fueron los inquisidores y canonistas los que dieron forma a las creencias que combatían? ¿Fueron ellos los que las moldearon? 

      En 1428 en el Valais, en los procesos de los valles de Henniviers y de Hérens, vemos que se menciona una “sociedad diabólica” a cuyos miembros se les aparece el demonio en forma de animal negro (oso o carnero), después de haber renunciado de Dios, de la Iglesia, del Bautismo y de la Fe. La actividad de esta gente consiste en producir enfermedades a los hombres. Los procesados afirman que pueden transformarse en lobos para devorar el ganado; que se hacían invisibles comiendo ciertas hierbas; que iban volando a las reuniones montados sobre bastones o escobas. Según los integrantes de esta  sociedad, su secta se habría iniciado hacia 1375.

       Vemos ahora el estereotipo de la Brujería casi terminado. No cambiaría durante  los próximos doscientos cincuenta años. Estas confesiones fueron extraídas por tortura y los prisioneros confesaron lo que querían los torturadores, de ahí la uniformidad en las confesiones. De este modo se inicia la elaboración del estereotipo que más tarde conoceremos como aquelarre. Este estereotipo fue elaborado por canonistas y demonólogos de la iglesia católica, quienes acusaron a los brujos de conspirar por orden del diablo. Los jueces buscaban en sus carnes las pruebas físicas del pacto: el estigma que leprosos y judíos llevaban cosido a la ropa. En los comienzos de esta confabulación todavía no se mencionan las metamorfosis, los vuelos nocturnos, ni las reuniones nocturnas. 

            Zuan delle Piatte, del valle de Fiemme, confesó en el siglo XVI que había ido al monte de la Sibila, conocido como el Monte de Venus (no confundirlo con el alemán), cerca de Norcia, para ser iniciado en la sociedad de las brujas. Por tortura le sacaron los elementos diabólicos, como la presencia de “un gran fraton vestido de negro et era negro”. El Monte Vettore es la montaña de los Apeninos que hace de frontera entre la Umbría y la Marca. Forma parte de Montañas de Sibillini. Zuan delle Piatte dijo que en la montaña de Venus vive Donna Herodías o Donna Venus, la “mujer del buen juego”, declarando que una noche de jueves se fue con Venus montado en un caballo negro que volaba por el aire y en cinco horas había dado la vuelta al mundo entero.

      La imagen de la Brujería iba siendo elaborada por los demonólogos, poco a poco, y ahora tomaba elementos de la tradición celta, como elfos y hadas. Los vuelos nocturnos de las brujas –ajenos al estereotipo inquisitorial- son el eco de un culto extático de tradición celta, o mejor, la pervivencia del “viaje hacia el más allá” que se convierte en el núcleo folclórico de estas historias. ¿Constituiría la brujería el testimonio de una aspiración femenina a un mundo separado, compuesto únicamente por mujeres y gobernado por una diosa maternal sabia? 

             Hemos visto el surgimiento de la figura del complot. Hemos seguido su trayectoria desde Francia hasta los Alpes occidentales. Aquí, durante la segunda mitad del siglo XIV, nace una nueva secta, la de la Brujería, aunque muchos autores de la época, en principio, la confundían con las herejías clásicas y con la magia. Términos nuevos como scobaces (los que vuelan sobre la escoba), tuvieron poca fortuna, y siguieron llamándoles valdenses, cataros o herejes. Sin embargo, esto no debe hacernos suponer que el dualismo cátaro sea un antecedente de la Brujería. Más bien, fueron las torturas, guiados por los inquisidores, las que obtenían las confesiones en la creencia de que Dios había creado el Cielo y el Dragón (el Diablo) la tierra, y era a él a quien se debía adorar. 

       Lo habíamos dicho en el capítulo “Concepto romántico de la brujería”: los brujos y brujas del Valais, los benandanti del Friul, la compañía de las ánimas del Ariège… en todos observamos el viaje extático de los vivos hacia el mundo de los difuntos. Aquí está el núcleo folclórico del estereotipo del aquelarre. Aquí están las auténticas brujas de la Edad Moderna. Para Ginzburg la brujería hunde sus raíces en un antiguo culto de fertilidad. Sin embargo, Brian P. Levak le objeta que dicho culto no se practicaba de forma real y física, con la presencia de fieles como en cualquier culto pagano. Afirma que Ginzburg no demuestra que sus brujas fuesen paganas o practicaran de hecho el paganismo. Los benandanti no sólo declararon a menudo su lealtad a la iglesia católica, sino lo que es aún más importante, nunca salieron en realidad de noche para luchar contra las brujas, sino sólo en espíritu, mientras sus cuerpos caían en estados de catalepsia (La Brujería en la Edad Moderna, p. 44).

 3. La demonización de la diosa nocturna 

      La “Buena Señora (bona domina)” llegó una noche a la puerta de casa de las mujeres. Iba montada en un carro y tenía el aspecto de una mujer bien vestida, pero no podían verle la cara. Las había tocado y, desde aquel momento, se habían visto obligadas a seguirla. A esta mujer la llamaban Richella, es decir, la madre de la riqueza y de la buena suerte. Las llevó a un lugar lleno de gente que bailaba y celebraba una fiesta: algunos hombres cubiertos de pieles habían devorado a hombres y niños que no habían sido bautizados.  Una Gran Diosa, llamada distintamente en distintas regiones de Europa (Diana, Herodías, Aradia, Heiodiana, Domina Abundia, Richella, Berchta, Hulda, Holle), las cuales derivaban de divinidades celtas como Epona, las Matres y Artio.   


Venus de Wilendorf. La diosa Cibeles del Asia Menor


Isis amamantando a su hijo


Pedro Berrugete. La Virgen de la leche 1465

      En la Edad Media, algunas mujeres creen que vagan por la noche y llevan a cabo actos de canibalismo, mientras que otros lo hacen con un propósito benévolo, para volar bajo la guía sobrenatural de una reina. "Desde mi juventud fui todas las semanas en las noches de jueves con el Este y su sociedad. Rendí homenaje a Oriente, no creo que fuera un pecado, diciéndole: "Buenas prácticas, Madonna Horiente" Esta respondió: "Bienvenidas, hijas mías". En la presencia de Oriente no se nombra nunca a Dios, ella nos enseña las virtudes de las hierbas, remedios para curar enfermedades, cómo encontrar los bienes robados y desatar maleficios. Ella sabe devolver la vida a criaturas muertas. Sus seguidores a veces matan a las vacas y se comen la carne, luego se recogían los huesos y se colocaban dentro de la piel de los animales sacrificados” (Actas del proceso de Sibilla Zanni y Bugatis Pierina en Milán, 1390).

     Aquí se puede ver como dos mujeres, Sibilia y Pierina, habían confesado ir al juego que ellas llaman de Diana, Herodías o Horiente,  que ya había sido condenado como herético en 1384. Las mujeres confesaron que en el juego de Horiente estaban presentes todo tipo de animales, pero Pierina, dijo que los zorros y los burros fueron excluidos. En las culturas europeas existe este folclore de viajes extáticos en la compañía de las mujeres buenas que dan alimento y refugio.

      Hay noches en la que las mujeres son guiadas por Domina Abundantia, el espíritu femenino de la abundancia. Madame Abudantia come y bebe lo que encuentra en los hogares, donde se dejan los recipientes abiertos para ella, a cambio de que les proporcione abundancia.

      Holda es más bien un ser superior y una madre que vive en el cielo y sólo se manifiesta activa en invierno cuando deja caer los copos de nieve que son las plumas que caen al rehacer su cama. Las mujeres suelen viajar con ella en los doce días entre la Navidad y el renacimiento de la fertilidad en los campos Sin embargo, puede ser fatal cuando ve el abandono en hogares y granjas, enviando el ejército enfurecido bajo la forma de una musaraña con una nariz larga. Ella proporciona la fertilidad, ayuda a las parturientas y les proporciona los bebés que se crían en lugares secretos, y cuando los trae es acompañada en su recorrido por una procesión de las almas de los niños muertos sin bautizar.


Friedrich Wilhelm Heine (1845-1921) Holda, la diosa protectora. Wägner, Wilhelm. 1882. Nordisch-germanische Götter und Helden. Otto Spamer, Leipzig & Berlin. Page 117

      Las damas de la noche eran ya conocidas en Italia, donde el culto a la diosa Diana siguió gozando de una cierta reverencia, incluso después del establecimiento de la Iglesia en el Val di Fiemme, Ferrara y Mantua, culto conocido como el de la mujer del bon Zogo  y la sabia Sibila; mientras que el inquisidor en Como habló de reuniones nocturnas denominadas "Juego de la buena sociedad".

      "Para las mujeres pobres de los pueblos pequeños. Tengan en cuenta que por lo general estas mujeres son muy favorables para la hechicería, en algunas circunstancias especiales como las enfermedades de sus hijos, para proteger a sus animales de los lobos y similares. Estas mujeres que creen en tales cosas fácilmente, son en esto similares a Eva. [...] Hay otros que hacen estas adivinaciones con fines de lucro. [...] La mujer no debe realizar hechizos, que son formas de incredulidad, sino que debe crerer en la verdad "(Umberto de RomansPrediche alle donne, siglo XIII) .

      Los inquisidores trataron de mezclar estos ritos con la figura del demonio, creando el “pacto de sangre” con el diablo. Así vemos como los acusados, mediante la tortura y sugestión, acabarán confesando toda clase de pactos con el demonio. Esto les ocurrió a todos los practicantes de la religión oscura, en los dos extremos de los Alpes y en la llanura Padana. 

      El fraile celestino Peter Zwicker persiguió, entre 1395 y 1398, en Estiria, a una secta que adoraba el diablo. Los acusaba de ser dualistas, es decir, afirmaban que el Diablo era el hermano de Dios, injustamente expulsado del Cielo y creador del mundo material; negaban la santidad de los sacramentos y la virginidad de María. Realizaban sacrificios rituales de niños y orgías sexuales que se celebraron en lugares bajo tierra  llamados Buskeller, expresión de un dialecto suizo que literalmente significa "bodega llena." El oscuro término Buskeller también puede ser una alusión irrisoria a la macabra ceremonia iniciática basada en la ingestión de polvos o jugos de carne de niños asesinados y guardados en un odre. Más tarde, en la vertiente italiana de los Alpes, el odre se convertiría en barril y a los de la “bodega llena” se les llamó "los de barlotto" o “los del barrilete”.


Imperio Austriaco (Cisleitania): 1. Bohemia, 2. Bucovina, 3. Carintia, 4. Carniola, 5. Dalmacia, 6. Galicia, 7. Provincia costera 8. Baja Austria, 9. Moravia, 10. Salzburgo, 11. Silesia, 12. Estiria, 13. Tirol, 14. Alta Austria, 15. Vorarlberg;
Reino de Hungría (Transleitania): 16. Hungría 17. Croacia-Eslavonia;
Condomio austro-magiar: 18. Bosnia y Hercegovina
     
     La ceremonia se llevó a cabo de esta manera: los participantes se reunían en sitios oscuros y secretos, encendían un fuego y se sentaban alrededor, después de lo cual se pasaban a un bebé a través del fuego, carbonizándolo y aplastándolo, es decir, lo reducían a polvo que mezclaban en aceite y lo convertían en un ungüento mágico que podía se utilizado, por ejemplo, para volar. Después del infanticidio, el fuego se extinguía y se producían orgías en la oscuridad, copulando entre hermano y hermana, padre, hijo, hombres con hombres y mujeres con mujeres. Los niños concebidos de esta manera se volvían a utilizar para las hogueras.




'Saturno devorando a su hijo', de Pedro Pablo Rubens, conservado en el Museo del Prado.

      Esta acusación también fue hecha a los primeros cristianos, después a los leprosos y a los judíos. Se trataba de acusarlos de profanar los dos grandes tabúes: comer carne humana y matar a los niños. Después se acuso a los herejes:

     "Se enciende un fuego y todos se sientan a su alrededor. Pasan de mano en mano del niño y, finalmente, echado en el fuego y déjelo allí hasta que se consume. Entonces, cuando el niño se convirtió en cenizas en una especie de pan, cada uno se come un pedazo de la comunión " (Guilberto de Nogent de los herejes de Soissons, XII siglo).


Detalle de la Sibila délfica, de Miguel Ángel.

      En el valle de Fiemme (Ferrara) y en los alrededores de Módena vemos como la “mujer del bon zogo”, la “sibila Sabia” y otras figuras femeninas semejantes, asumen poco a poco rasgos demoníacos. De la misma manera, las reuniones nocturnas celebradas en Como, llamadas allí “juegos de la buena sociedad”, fueron poco a poco identificadas con el aquelarre.   


Warwick Goble to Kilmeny, The Book of Fairy Poetry

      Un proceso semejante tuvo lugar en un sitio diferente de Europa y en otra época. Sucedió en Escocia entre finales del siglo XVI y finales del siglo XVII. Las mujeres procesadas como brujas no eran más que las practicantes de la antigua religión, las cuales afirmaban que se reunían con las hadas -“la buena gente”, “los buenos vecinos”- y con su reina, vestida espléndidamente con ropa blanca y morada, asistida por un rey apuesto, con el rostro alargado… Los jueces ponen puntos suspensivos a la narración de estas mujeres de Auldern, orillas del rio Moray Firth, en 1662, porque lo consideran fantasías, y ellos quieren que les hablen de las brujas y del diablo. La sutil capa diabólica que envuelve los relatos se debe a la circulación europea de los tratados de demonología, basados en los estereotipos cristalizados en los Alpes occidentales entre finales del siglo XIV y mediados del siglo XV.


Hada de Arthur Rackham

      Esto lo observamos en el caso de Andrew Man, juzgado en Aberdeen (Escocia) en 1597. El hombre confesó practicar una religión antigua cuyos creyentes defendían la existencia de los “buenos vecinos”, es decir, los elfos y las hadas. En sus reuniones se celebraban banquetes, se cantaba y se bailaba, bajo la presidencia de la reina de los elfos. Los inquisidores, bajo tortura, siempre conseguían que acabasen confesando que la reunión la presidía el demonio, al que besaban el culo. Sin embargo, en una última reacción defensiva, Andrew Man afirmó que sus rezos y sus actos surgían por la fe en Cristo. Pero esto no es más que una reacción inconsciente que pretendía imprimir un carácter cristiano a las celebraciones de la antigua religión, defensa que también utilizaron los benandanti del Friul, o un viejo licántropo de Livonia.  Así pues, observamos una lenta diabolización, prolongada durante siglos, de un estrato de creencias conservadas de modo fragmentario, los restos de una religión primitiva.

Ilustración de Warwick Globe 



BRUIXES: INDEX






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