sábado, 31 de enero de 2015

De los mundos infinitos y los extraterrestres

      Después de muchos siglos de limitarse a comentar a los autores clásicos, por fín los hombres del Renacimiento comienzan a fijarse en la naturaleza y se interesan por experimentar con ella, organizando herbarios, describiendo nuevas especies.


Otto Brunfels, Contrafayt Kreüterbuch


Calabazas en De Historia Stirpium de Leonhart Fuchs (Basilea, 1542), QK41 .F7. Fuente: University of Missouri

    A partir de 1530 la iconografía botánica resurge de la mano de los herbarios de Otto Brunsfeld, Leonhard Fuchs, Conrad Gesner, Andrea Cisalpino y otros. También aportan nuevos inventarios de flora y fauna los médicos que acompañaban a los conquistadores del Nuevo Mundo. 


Conrad Gesner Historiae animalium (1587)

    Sin embargo, la nomenclatura es caótica y diversa, desbarajuste al que intentarán poner orden naturalistas como Gesner en Historiae animalium (1587) o Ulises Aldrovandi en De quadrupedibus solipedibus (1616), a la vez que intentarán reunir todos los elementos de un saber universal (Ver Ulisse Aldrovandi: Monstrorum Historia) . 


Ulises Aldrovandi en De quadrupedibus solipedibus (1616)

      La nueva mirada sobre los seres vivos se refleja en la precisión de las ilustraciones de plantas y animales, como las de Durero, Leonardo da Vinci o Hofnagel. Pierre Belon, que se había fijado en la identidad entre el esqueleto del hombre y el de las aves, comenzó la clasificación de los animales según los principios aristotélicos de anatomía y embriología. Giambattista Della Porta en su De humana physiognomonia (1586) se recreaba buscando paralelismos entre las raíces y los cabellos, algunas plantas y las mariposas, los dientes y los granos de granada y los piñones (Véase la figura de abajo)




Giambattista Della Porta, “Dientes, granada y piñones”, y otras “correspondencias”. Grabados en madera de Phytognomonica, Nápoles, 1588


      La obertura hacia la naturaleza y el rechazo al tomismo, sin embargo, se tradujo también en la recuperación de Pitágoras y Platón, con el renacimiento de un neo-platonismo sincrético y confuso a lomos de la gnosis y la cábala.

      El humanista Marsilio Ficino, traductor del Corpus hermeticus, trató de reorganizar el esquema del universo “geocéntrico”  aportó una nueva versión de las ideas platónicas sobre el alma del mundo y las almas individuales e inmortales de todos los seres vivos.

      El utopista Tommaso Campanella afirmaba que toda la Tierra es un ser vivo. El título de su obra De sensu rerum et magia (1604) ilustra su panpsiquismo: “Una parte admirable de la filosofía oculta en la que se demuestra que el mundo es la estatua de Dios viva y conocedor, que todas sus partes y las partes de sus partes están dotadas de sentido, más o menos claro u obscuro, pero suficiente para asegurar su conservación  y la del todo”.

    La idea de la pluralidad de los mundos habitados surgió en la antigua Grecia. El debate entre los atomistas como Demócrito, partidarios de la existencia de otros mundos, y Aristóteles, que negaba su existencia, se saldó a favor de éste. Epicuro fue también un firme partidario de la pluralidad, así como Lucrecio, que aseguraba en el siglo I a.C. que en otras partes del Universo debe haber planetas con diferentes razas de hombres y animales.

      La creencia en que la Luna estaba habitada era ya antigua entonces, como lo demuestra Luciano de Samósata (125-181 d.C) en sus irónicos cuentos. Fue el que puso la primera piedra en la edificación del género de la ciencia ficción con sus Relatos Verídicos. El relato nos habla de un desplazamiento (de la Tierra hacia la Luna) a través de un barco convertido en una nave voladora a consecuencia de un tifón. Sin embargo, el periplo de Luciano y sus compañeros por el satélite terrestre no es un viaje en el tiempo (elemento común en la ciencia ficción), sino que se realiza en el presente. Representa una burla dirigida a todos los narradores de peripecias autobiográficas que al comenzar sus obras siempre insisten en la veracidad de todo lo que cuentan. En contraposición, Luciano asegura que son falsos todos los episodios de su novela.




Luciano de Samósata ((125-181 d.C)



Viage a la Luna de Gustave Dorè (1870)

    En la Edad Media, Tomás de Aquino argumenta que la existencia de otros mundos no se opone a la doctrina de iglesia católica, aunque finalmente se decanta por la unicidad de nuestro mundo por razones filosóficas. Parte de la jerarquía católica abogaba por la posibilidad de que Dios crease nuevos mundos de la nada, facultad exigida por la idea de la omnipotencia divina.

    En palabras de Laura Bossi, bajo la influencia del neo-platonismo y de la cosmografía copernicana, la gran escala de los seres superó el marco de un cosmos finito y geocéntrico para desplegarse hacia el infinito. El mago-filósofo Giordano Bruno aseguraba que el mundo estaba poblado por un infinito número de criaturas, es más, dijo que había un número infinito de mundos, lo cual concuerda con la moderna idea de la multiplicidad de los Universos. El carácter infinito del mundo es la consecuencia del carácter infinito de Dios, que no puede confinar su omnipotencia en un espacio finito ni en una cantidad limitada de sustancias. Según Giordano Bruno, la potentia dei absoluta ha de manifestarse necesariamente mediante la creación del universo. Esto nos recuero la doctrina del panteísta Plotino, según la cual la naturaleza divina implica la necesidad de la creación: de la misma manera que los seres vivos cuando son adultos procrean, el Uno al madurar ha de engendrar. 



Giordano Bruno (1548-1600)

     Giordano Bruno, el polémico ex monje que fue expulsado de las cortes reales y universidades de media Europa y que murió en la hoguera -condenado por la Inquisición- en 1600 por negarse a abjurar de sus ideas sobre un universo infinito con múltiples mundos habitados, influyó en los tres grandes astrónomos de la época, Tycho Brahe, Kepler y Galileo, aunque rechazaron la doctrina de la infinidad de mundos, sin embargo compartían el planteamiento de una multitud de planeta habitados dentro del sistema solar. De este planteamiento surgió el imaginario occidental de la creencia en criaturas extraterrestres, diferentes a los seres humanos y a los animales conocidos.

De la unicidad a la pluralidad de los mundos

      Esta idea de una pluralidad  de mundos habitados fue aceptada en la segunda mitad del siglo XVII gracias a Descartes, cuyas ideas inspiraron un poema a Henry More (del grupo de los llamados "platónicos" de Cambridge, Correspondencia Descartes - Henry More 1648 y 1649) e influyeron en Bernard de Fontenelle quien las popularizó en sus Conversaciones sobre la pluralidad de los mundos (1686), donde habla de una multitud de planetas habitados, cuyos habitantes serán sin duda todos diferentes, debido a que la naturaleza es enemiga de las repeticiones. 


Bernard le Bovier de Fontenelle, Entretiens sur la Pluralite des Mondes, 1686


      Sin embargo, Fontanelle, a fin de evitarse la persecución eclesiástica, evitó cuidadosamente dar cualquier descripción de los habitantes de esos mundos, al tiempo que reflexionaba que nos resultaría difícil explicar –si admitiéramos la existencia de hombres en la Luna-, cómo habrían podido llegar hasta allí los descendientes de Adán y fundar colonias. De este modo, inauguraba una tradición cuyo mejor exponente sería el astrónomo francés Camille Flammarion, autor de Sur la Pluralité des Mondes Habités.

     La idea de los multiversos fue expuesta por Alejandro Jenkins en un artículo de portada en el ejemplar de enero de 2010 para la revista Scientific American. Defiende la existencia de un mega-universo lleno de numerosos universos menores, incluyendo el nuestro (Ver ¿Sólos en el Universo?).



Grabado Anónimo para Camille Flammarion, L'Atmosphere: Météorologie Popular (París, 1888), pp 163
La imagen representa a un hombre que se arrastra bajo el borde del cielo, representado como si se tratara de un hemisferio sólido, para mirar el misterioso Empíreo del más allá. El subtítulo debajo del grabado (no se muestra aquí) se traduce "un misionario medieval dice que él ha encontrado el punto donde el cielo y la tierra se encuentran..."

      René Descartes, el gran pensador del siglo XVII, planteó la hipótesis de que todo lo que consideramos real pudiera ser simplemente un sueño -el filósofo francés fue coetáneo del dramaturgo español Calderón de la Barca, autor de La vida es sueño- y que las cosas que creemos percibir y los sucesos que parecen ocurrimos fueran sólo incidentes de ese sueño.

     El genio maligno es una hipótesis metodológica introducida por Descartes para suspender la fiabilidad de las afirmaciones matemáticas hasta que encuentre algo de lo que no quepa dudar. La ficción del genio es tomada de Francisco Suarez, quien en sus Disputaciones Metafísicas menciona que hay causas extrínsecas del error: el entendimiento podría ser “obligado” a asentir de forma errónea, por razón de una causa externa al propio sujeto, ya sea ésta Dios, ya un “ángel malo” con poder suficiente para ello. 


Hendrik Goltzius dedicó tres grabados al tema del matrimonio (1595). En la imagen dedicada al matrimonio de conveniencia, quien oficia el enlace es Satanás. Aquí aparece reflejado con patas de cabra, garras de águila en vez de manos, pechos de mujer, cuernos y una capucha que le cubre la cabeza.

      Esto quiere decir que el argumento estaba presente en la tradición filosófica anterior a Descartes, según María José Rossi y Nicolás Fernández Muriano, autores del blog Proyecto hermeneutica., quienes además dicen que, por otra parte, era materia común al imaginario del s. XVII que existiesen deidades malignas dispuestas a intervenir, ya sea en la vida cotidiana, en cuestiones que atañen a la moralidad, ya sea en el conocimiento, empañando la mente de las personas y provocando confusión.


Grabado de Lodovico Cigoli (siglo XVII) en el que vemos a Lucifer representado como un ser monstruoso de tres cabezas y tres pares de alas, sumergido hasta el pecho en un lago devorando almas.

     Descartes propuso la hipótesis del genio maligno, para recalcar que los humanos podemos ser sus víctimas, una entidad poderosa como un dios y mala como un demonio dedicado a engañarnos constantemente, haciéndonos ver, tocar y oler lo que no existe sin otro propósito que disfrutar de nuestras permanentes equivocaciones.

     La hipótesis del genio maligno, parece que se refería a las siguientes cuestiones: podemos considerar que nuestro reconocimiento de algo como verdadero es consecuencia de nuestra naturaleza  y podríamos pensar que vemos algo como verdadero porque estamos hechos como estamos hechos, de tal forma que a distinta constitución distinto conocimiento


René Descartes (1596-1650)

     Tal vez las cosas que puedan considerar verdaderas seres pertenecientes a otras especies, o seres racionales que hayan sufrido una evolución biológica diferente (por ejemplo, los extraterrestres), pueden ser distintas a las nuestras. Cabe dudar que la matemática, por ejemplo, tenga una validez universal, en el sentido de que tal vez para otros seres, seres con una naturaleza psicológica o física distinta a la nuestra, las verdades matemáticas sean también distintas a las nuestras. En definitiva, si reflexiones de este tipo nos llevan a pensar que el reconocimiento de algo como verdadero depende de nuestra propia naturaleza o forma de ser, parece que hasta los conocimientos más firmes pueden ponerse en cuestión. Es posible que Descartes introdujese la hipótesis del genio maligno para señalar esta última cuestión.


Selenitas: ink wash de George Méliès - 1932. IN ARTNET

La ciencia ficción

      Investigadores como Isaac  Asimov y Carl Sagan opinan que Somnium (1623), de Johannes Kepler (1571-1630),  es la obra inaugural de la ciencia ficción. Se trata de un relato influido por Luciano de Samosata. Habla de un aventurero que viaja a la Luna y hace observaciones  sobre los movimientos de la Tierra desde el satélite. El propio astrónomo alemán en diferentes pasajes hace referencia al humorista greco-sirio.  En la Luna se encontraron dos tipos de selenitas. Los 'subvolves', que vivían en el lado de la luz de la luna, y las 'privolves', habitantes del lado oscuro. Otra de sus teorías fue sobre cráteres lunares que, para él, eran construcciones construidas por los selenitas.




      Francis Godwin (1562-1633) escribe The Man in the Moon: or A Discourse of a Voyage Thither by Domingo Gonsales, the Speedy Messenger (El Hombre en la Luna: o Un Discurso sobre un viaje allá de Doomingo Gonzales, el mensajero rápido, 1638), donde el protagonista Domingo Gonsales, mediante un artefacto que ha inventado, logra viajar a la Luna, en la que permanece dos años y descubre un mundo utópico sin leyes, delitos, enfermedades…

      El mismo año, en 1638, el eclesiástico y científico inglés John Wilkins publicó The Discovery of a World in the Moone (El Descubrimiento de un mundo en la Luna). En esta novela se diseña una máquina para llegar a la luna. Inspirado en Somnium de Kepler y los trabajos de Galileo, contribuyó en la popularización de la astronomía en Inglaterra.



 Francis Godwin, The Man in the Moone, 1638. Grabado anónimo

      En 1657 se publica Histoire comique des Estats et empires de la Lune (Historia cómica de los Estados e imperios de la luna) seguido de Histoire comique des Estats et impires du Soleil (Historia cómica de los Estados e imperios del Sol, 1662) del francés Hercule-Savinien Cyrano de Bergerac (1616-1655, inmortalizado en el siglo XIX por Edmond Rostand, en su obra teatral homónima). Cyrano escribe en primera persona el viaje que realiza a la Luna y al Sol y sus observaciones sobre las civilizaciones que descubre. Este viaje imaginario, realizado gracias a una máquina impulsada por cohetes de agua, es un pretexto con el que expresar su filosofía materialista y hacer una crítica de la sociedad y las ideas y creencias de la época.


Un grabado de la obra de Cyrano de Bergerac L’autre monde (El Otro Mundo).




Ilustración de L’histoire comique contenant les états et empires du soleilde Cyrano de Bergerac.





Cyrano mira la Luna (1900) de Henriot para una edición de l'Histoire comique des États et empires de la Lune de Cyrano de Bergerac. (Bibliothèque nationale de France, Paris.) Ph. Jeanbor © Archives Larbor. DR

      El fraile mexicano Manuel Antonio de Rivas publicó en 1775 su cuento Sizigias y cuadraturas lunares ajustadas al meridiano de Mérida de Yucatán por un anctítona o habitador de la luna, y dirigidas al bachiller don Ambrosio de Echeverría, entonador de kyries funerales en la parroquia del Jesús de dicha ciudad, y al presente profesor de logarítmica en el pueblo de María de la península de Yucatán. Este cuento, que describe las aventuras de un inventor que crea una nave para viajar a la luna, donde encontrará una sociedad utópica, y que contrasta sensiblemente con la sociedad colonial mexicana, no se recordaría hoy si no hubiera sido causa de largo proceso inquisitorial de casi diez años que se imputó a su autor.


Originales maneras de viajar a la Luna: mediante un cinturón con botellas llenas de rocío (Cyrano)  transportado por una bandada de gansos salvajes (Domingo Gonsales) a cañonazo limpio (Impey Barbicane). Fuente: Summa nocturnalia

      Otro viajero a la Luna es el famosísimo Barón de Münchhausen. El verdadero Karl Friedrich Hieronymus, barón de Münchhausen (1720-1797), fue un oficial alemán, mercenario del ejército ruso. A su regreso, relata sus hazañas y aventuras, fabulando exageradamente, hasta el punto de contar que viajó a la Luna cabalgando el proyectil de un cañón. El escritor Rudolf Erich Raspe recogió estas aventuras de la boca de Münchhausen y las publicó en 1785 bajo el título: Baron Münchhausen’s Narrative of his Marvellous Travels and Campaigns in Russia (La Narración por el Barón Münchhausen de sus maravillosos viajes y campañas en Rusia). El año siguiente el profesor alemán de la Universidad de Gottingen Gottfried August Bürger (1747-1794) publica una traducción en alemán en la que remodela las historias y ofrece una visión más poética y satírica que la de Raspe.




Aan het eind van de 18de eeuw zag het leven op de maan, volgens de Florentijnse graveur Filippo Morghen,  er ongeveer zo uit (foto: Brooklyn Museum)


Había muchos tratados del siglo XVII que se ocupan de la posibilidad de un viaje a la luna, por eso, la imaginación de Filippo Morghen (1730-1777) nos dejó estos grabados fantásticos de exuberante estilo rococó, con pasajes ornamentales de chinesca, en los que hace una descripción curiosa y juguetóna de un viaje a la luna.


      Siguiendo los pasos de Kepler tenemos a Jonathan Swift  con Los viajes de Gulliver (1726). En 1835, Edgar Allan Poe narra en forma de diario en The Unparalleled Adventure of One Hans Pfaall (Aventura sensacional de un tal Hans Pfaal), cómo su protagonista, para escapar a sus acreedores, planea un viaje a la luna a bordo de un globo.   Julio Verne y sus célebres Alrededor de la Luna (1870) y De la Tierra a la Luna (1872), que sirvieron de inspiración al británico H. G. Wells, en su The First Men in the Moon (Los Primeros Hombres en la luna, 1901) y al cineasta francés Georges Méliès para rodar el cortometraje Le voyage dans la Lune (1902).


Diseño para «Viaje a la luna» (1902) de George Méliès


Grabado ilustrativo de la novela “De la Tierra a la Luna”, de Julio Verne, en la versión para la colección “Viajes extraordinarios”, publicada por las Ediciones Hetzel.


ca. 1865- Rocket Capsule Illustration from the 1872 Edition of From the Earth to the Moon by Jules Verne. Image by © Bettmann/CORBIS. Fuente: Picasa


     Sin embargo, la ciencia ficción moderna no tuvo tantos reparos a la hora de crear nuevas especies marcianas, venusianas o procedentes de estrellas lejanas, casi siempre meras variantes en cuestión de talla o híbridos de especies animales ya conocidas. Dice Laura BossiA veces esos extraterrestres nos recuerdan a las figuras conocidas de los servidores del Diablo: animales subterráneos como insectos y reptiles, o monstruos híbridos que parecen salir de un cuadro de Grünewald o de El Bosco” (Historia natural del alma, p. 


Selenitas y otros habitantes de la Luna según el New York Sun (1835)

      En 1835, el periódico New York Sun señaló que John Herschel uno de los astrónomos más famosos de la época y el descubridor de Urano, había construido un telescopio con el que había descubierto volcanes, playas y una especie de hombres murciélago en la Luna.

      El primer artículo de la serie fue publicado el 25 de Agosto en la página dos, bajo el título de “Descubrimientos Celestiales”. El artículo ofrecía fascinantes descripciones de la topografía lunar que incluía vastos bosques, cráteres, grandes lagos, océanos y playas. Los lectores podían también conocer que manadas de bisontes pastaban por las llanuras de la Luna, que unicornios azules se paseaban por sus cumbres o que unas criaturas anfibias de forma esférica rodaban por sus playas. La fauna lunar no sólo se limitaba a estas criaturas, también contaba con pelícanos, cangrejos, cebras… En total había contabilizado hasta 9 especies de mamíferos.

Historia natural del alma
(Basada en la obra de L. Bossi y la historia del pensamiento de Arthur O. Lovejoy)

1. ¿Que es el alma?


2. El alma en la Antigüedad


3. El alma de los animales


4. El racionalismo y el hombre máquina

5. El Idealismo


6. Transformismo: la escala en movimiento


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