domingo, 15 de marzo de 2015

De vuelta con Buffon

      Buffon sustituyó la idea de un mundo creado por Dios por la de un mundo que se modifica atendiendo a leyes divinas. Imaginándose la inmensidad del tiempo, plantó las bases de una verdadera historia de las formas vivas. Situó el nacimiento de la Tierra retrocediendo 74.000 años en el pasado (4) y adelantó la tesis de la aparición progresiva de los vegetales, y después de los animales.

     En su libro Los descubridores, el historiador Daniel Boorstin dice que el conde de Buffon se  mostró ansioso por refutar la tesis del obispo James Ussher, quien había calculado bíblicamente cuándo se había creado la Tierra: en el 4004 a. C., el 26 de octubre, a las 9 a. m., con las justas para llegar a la oficina.


      Midiendo el tiempo que tardaban en enfriarse unas esferas de hierro, Buffon proyectó ese tiempo al que habría tardado la Tierra en enfriarse, y supuso que tomó 74.832 años: enorme error, sin duda, pero error glorioso pues significó romper el miedo a lanzarse al abismo del pasado con la luz de la razón.



El conde de Buffon

       En Las épocas de la naturaleza explica que la materia viva se formó espontáneamente a partir de materia en bruto, mediante combinación química, en un momento de la historia de la Tierra en el cual las condiciones climáticas eran favorables, adelantando, muchos antes que Haldane y que Oparín (5), la teoría del “caldo primitivo”. Buffon planteaba que la materia viva presenta una constitución especial, que está compuesta de “moléculas orgánicas”, una materia “siempre activa, que tiende a la organización”. Presentó también, para refutarla, la teoría de que cada familia de especies procede de un mismo tronco, que todas las especies proceden de un único ancestro, pues el creía que únicamente se producen «degeneraciones», las cuales tan sólo han podido afectar al tipo original de una especie por influencia especialmente del clima:

      “Desde este punto de vista, no sólo el asno y el caballo, sino también el hombre, el mono, los cuadrúpedos y todos los animales podrían ser considerados como pertenecientes a la misma familia (…) Si estas familias existieron realmente, tan sólo podrían haberse formado mediante la mezcla, la variación sucesiva y la degeneración de las especies originales Y si admitiéramos que existen familias de plantas y de animales, que el asno es de la familia del caballo, del cual tan sólo difiere porque ha degenerado, también podría admitirse que el mono es de la familia del hombre, que es un hombre degenerado, y que el mono y el hombre tienen un origen común, como el asno y el caballo, e incluso que cada familia, tanto animal como vegetal, procede de un tronco común, y que todos los animales proceden de un único animal que, a lo largo del tiempo, ha producido, perfeccionándose y degenerándose, todas las demás razas animales. (…) Por lo que, si se pudiera demostrar la existencia de esas familias, si quedara probado que en el reino animal, e incluso en el vegetal, hubo, no digo yo varias especies, sino una sola de la cual degeneraron las otras; si fuera cierto que el asno no fue sino un caballo, entonces el poder de la naturaleza no conocería límites, y no resultará descabellado suponer que, de un único ser, ha ido formando con el tiempo todos los demás seres organizados.

      Pero esto no es posible, pues la Revelación nos dice que todos los animales participaron por igual en la gracia de la Creación, y que la primera pareja de cada una de las especies fue modelada por las manos del Creador” (Buffon, Histoire des Quadrupèdes, 1753, 1º vol. Y Hisoire naturelle, selección, Gallimard, 1984, p. 193-194)



El conde de Buffon, naturalista, en una alegoría del siglo X​VIII​.

      Los tres argumento presentados por Buffon para refutar la posibilidad de que una especie derive de otra son los siguientes: para empezar, no existe ningún ejemplo histórico conocido de tal transformación (“desde los tiempos de Aristóteles hasta la actualidad no han aparecido especies nuevas”); por otro lado, la esterilidad de los híbridos (por ejemplo, de la mula) establece una barrera infranqueable entre las especies; finalmente, si una especie derivara de otra, tal transformación tan sólo hubiera podido ser lenta y gradual, con numerosos especímenes intermedios que no se han hallado.



Ilustraciones de Reptiles. Buffon,  Historia Natural de los Cuadrupedos, Oviparos y de las Culebras (Madrid, 1848). Fuente: pasapues

      Pero a pesar de que rechazó la hipótesis evolucionista, sus concepciones, que pueden conducir a pensar que el ser humano no es más que un animal transformado, suscitaron una viva reacción de la Iglesia. En 1751 la Universidad de la Sorbona condenó varias de sus propuestas y le obligó a retractarse. Trece años más tarde, en la Dégénération des animaux, Buffon adoptaba, con gran audacia, la postura de un transformista limitado:

 “Comparando así todos los animales relacionándolos con su género, hallaremos que las doscientas especies cuya historia hemos descrito pueden agruparse en una cantidad relativamente reducida de familias o de troncos principales, de los cuales no es imposible que hayan derivado”.

     Resulta interesante señalar como, a ojos de este aristócrata, la variación so significa progreso sino, al contrario, degeneración.



Lamina 9. Buffon: Los tres Reinos de la Naturaleza. Zoología. Mamiferos. Cuadrumanos. Fuente: pasapues


      Buffon inicia un momento crucial para el pensamiento en el cual la gran cadena de los seres, hasta entonces lineal, comienza a proliferar, a crecer y finalmente a enmarañarse, como “un tronco cuyas ramas se despliegan por todas partes”:

      “La Naturaleza, desplegada en toda su extensión, nos presenta un inmenso cuadro, en el cual todos los órdenes de animales están representados por cadenas que suponen series continuas de especímenes bastante cercanos, suficientemente similares como para que resulte difícil captar sus diferencias; pero estas cadenas no son simples hilos que se extienden longitudinalmente, sino más bien largas tramas, o mejor dicho, haces que, por intervalos, despliegan ramas laterales para juntarse con los haces de otros órdenes; y es sobre todo en ambos extremos donde estos haces se pliegan y se ramifican para alcanza a otros. Hemos visto en el orden de los cuadrúpedos cómo un extremo de la cadena se eleva hacia el orden de los pájaros a través de las ardillas voladoras y de los murciélagos que, como ellos, gozan de la capacidad de volar. Hemos visto en otro extremo de esta misma cadena bajar hasta el orden de los cetáceos, a través de las focas, las morsas y los manatíes. Hemos visto, a mitad de la cadena, una rama extendiéndose hacia el hombre a través del macaco africano, el gibón, el piteco y el orangután. (…)  En cada una de estas series o cadenas, que suponen un orden de la Naturaleza viva, las ramas tendidas hacia otros órdenes son siempre bastantes cortas y no dan lugar más que a géneros bastante reducidos (…). Son, por así decirlo, trazos fugitivos que la Naturaleza parece haber lanzado para mostrarnos toda la extensión de su poder, y para dejar claro al filósofo que no se la puede forzar con nuestros métodos, ni encerrar en los estrechos límites de nuestros círculos de ideas”.

      En cuanto al lugar del ser humano con respecto al animal, Buffon por supuesto señala el gran parecido entre éste y los grandes simios, a los que no les falta más que:

 “alma, pensamiento y palabra”: veremos en la historia del orangután que, si nos atenemos únicamente a la figura, podríamos considerar perfectamente a este animal como el primero de los monos y como el último de los hombres, porque salvo el alma, no le falta nada de todo lo que nos caracteriza, y porque difiere menos del hombre por su cuerpo que de los otros animales también llamados monos. El alma, el pensamiento y la palabra no dependen pues de la forma o de la organización del cuerpo; no hay mejor prueba de que se trata de un don particular y propio del hombre que el hecho de que el orangután, que ni habla ni piensa, tenga sin embargo el cuerpo, los miembros, los sentidos, el cerebro y la lengua completamente parecidos a los del hombre (…)” (Buffon, Hisoire naturelle des oiseaux , 1984) 



Lamina 6. Buffon: Histoire naturelle, générale et particulière avec la description du Cabinet du Roi (1749-1788). Fuente: pasapues

NOTAS

1. Especialmente Perrier La philosophie zoologique avant Darwin (1884), Radl Historia de las teorías biológicas (1913), Rostand L’evolution des espèces. Histoire des idées transofrmistes (1932), Glass, Temkin, Straus Forerunners of Darwin: 1745-1859  (1959), Ritterbusch Ouvertures to Biology: The Speculation of Eighteen-century Naturalists (1964), Desmond Archetypes and Ancestors. Paleontology in Victorian London 1850-1875 (1982), Conry L’introduction du darwinisme en France au XIXe s. (1987), Taton Historia general de las ciencias (1988), Mayr Histoire de la biologie (1989) y Darwin Dans la pensée moderne de l’évolution (1993), Roger Buffon, un philosophe au Jardin du Roi (1989),  Les sciences de la vie Dans la pensée française au XVIIe s. (1993) y Pour une histoire des sciences à part entière (1995), Desmond y Moore Darwin (1991), Pichot Histoire de la notion de vie (1993) y Corsi Lamarck. Genèse et enjeux du transformisme 1770-1830 (2001)

2. Nuestra acción es estimulada por el “disparador”, llamado test o prueba, fase en la que que comienza la estrategia que vamos a seguir. En esta fase establecemos una representación del estado o resultado que deseamos, así como los criterios que vamos a emplear para conseguirlo. Por ejemplo: queremos un turismo, negro, descapotable, de segunda manos y una valor de 20.000 €.

     Operación es lo que hacemos para conseguir nuestro objetivo, ya se trate de acciones, búsqueda o creación de recursos e información, diálogo interno… Esta fase comprende cualquier cosa que haces, por pequeña que sea, para moverte en dirección al resultado deseado. Ejemplo: visito concesionarios de coches, busco en Internet y leo anuncios clasificados para recopilar información.

         En la  Prueba (2)  comparamos el resultado que hemos obtenido tras la operación y aplicamos los criterios de evaluación. Si los criterios han sido satisfechos, entonces sales del proceso y disfrutas del resultado. Si los criterios no han sido satisfechos, entonces retornas al punto de operación y emprendes de nuevo acciones. También existe la posibilidad de cambiar los criterios y, por tanto, el resultado deseado.

     Salida: Si mis criterios no han sido satisfechos, puedo decidir mantenerlos y concluir que mi búsqueda no ha sido lo suficientemente buena. Así, manteniendo mis criterios, puedo volver a la fase de operación y ampliar mi búsqueda. En caso contrario, puedo decidir variar los criterios y comprar un coche de otra marca o que no sea descapotable.

     La planificación, que consiste en unidades TOTE, es esencial en el proceso cognitivo.

3.  Especialmente, las relativas a la herencia y al parecido; la conservación del tipo, de la forma de la especie una generación tras otra, el desarrollo del pollito al pollo a partir del huevo de la gallina… Descartes que, como tantos sabios antes que él, había observado los huevos de gallina, no logró explicar el desarrollo mediante sus teorías mecanicistas, y planteó una embriología epigenética bastante osada, según la cual eran las “leyes del movimiento” las que organizaban los corpúsculos que habían de formar el ser vivo.

4. Las épocas de la naturaleza. Hoy en día se piensa que la Tierra cuenta aproximadamente con 4.500 millones de años y que la vida apareció hace por lo menos 3.500 millones de años.

5. El soviético Oparín y el británico Haldane formularon en los años 20, de forma independiente, la teoría de la evolución de la vida a a partir de un “caldo” primordial de moléculas orgánicas. S. L. Miller realizó en 1953 un famoso experimento para demostrar la posibilidad de esta “evolución químicas”.


Historia natural del alma
(Basada en la obra de L. Bossi y la historia del pensamiento de Arthur O. Lovejoy)

1. ¿Que es el alma?


2. El alma en la Antigüedad


3. El alma de los animales


4. El racionalismo y el hombre máquina


5. El Idealismo


6. Transformismo: la escala en movimiento



Transformismo: Lamarck y Darwin

     Dediquemos un momento a analizar las últimas etapas del transformismo, la teoría de Lamarck y  la teoría de la evolución de Darwin. Hemos seguido sucintamente el artículo Darwin: el genio de los orígenes, publicado en Sin Dioses.




Fuente: Sin Dioses


     En 1809, Jean Baptiste Lamarck propone la idea del transformismo en la evolución. Este proceso fue explicado como una progresión, desde los organismos más sencillos y pequeños, pasando luego a las plantas y animales más complejos, hasta llegar al máximo de la perfección: el hombre. La teoría evolutiva de Lamarck fue formulada tomando en consideración los siguientes principios evolutivos: existencia de un impulso interno haca la perfección en todos los seres vivos; la capacidad de los organismos para adaptarse a los cambios ambientales y, finalmente, el principio de uso y desuso de los órganos.

     La teoría de Darwin se basa en la herencia de los caracteres adquiridos. Darwin regresó de su viaje en 1836 y en sus notas expone tres observaciones claves que le hacen dudar de todas las concepciones  transformistas existentes hasta ese momento. La primera observación determinante las hizo e las Islas Galápagos: en ella se encontró que los pinzones diferían de isla en isla y presentaban, en general, un parecido con los de Sudamérica. Se supone que toda esta variedad se originó desde una especie ancestral, que llegó desde el continente. Estos pinzones diferían en su tamaño, en la forma de sus picos y en el nicho ecológico. El más grande se alimentaba de semillas y vivía sobre el suelo y el más pequeño se alimentaba de insecto y vivía sobre los árboles.



Fuente: Sin Dioses


     Uno de los hechos que dio a Darwin pistas sobre el proceso evolutivo fue el hallazgo de mamíferos fósiles en Argentina y Uruguay durante su viaje en el Beagle. El genial naturalista nota que estos animales, ya desaparecidos, guardaban un parecido con animales vivos lo que lo llevó a preguntarse si sería posible que a lo largo de generaciones los animales se pudieran transformar, es decir, evolucionar.



Fuente: Sin Dioses


     Darwin notó que el parecido que tienen las especies dentro de un género refleja un antepasado común. De igual manara el parecido que tienen los diferentes géneros dentro de una familia reflejan un ancestro común para toda la familia. Y así de esta manera cada jerarquía taxonómica tiene unas características propias que fueron legadas de un ancestro común. Es así como Darwin notó que la clasificación taxonómica, adelantada por el naturalista Carlos Linneo en el siglo XVIII, en realidad refleja la evolución en grandes cantidades de tiempo, o la macroevolución; y que mientras mayores sean las similitudes entre taxones (géneros, familias, ordenes, clases, etc.), mayor será la relación que existe entre ellos y menor su divergencia en el tiempo.



Fuente: Sin Dioses


      Darwin también vio en las semejanzas de los embriones en los animales una evidencia indirecta de la ascendencia común. Las etapas iníciales del desarrollo embrionario de los peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos son muy similares, y los embriones sólo se diferencian en las etapas finales. La única explicación científica posible es que se ha transmitido un mismo plan de desarrollo desde un antepasado común a todas estas especies.



Fuente: Sin Dioses


     En palabras de Darwin:

     "Metafóricamente puede decirse que la selección natural escudriña, cada día y cada hora, por todo el mundo, las más ligeras variaciones: rechaza las que son malas, conserva y acumula las que son buenas…"

El Origen de las Especies. Pág. 118. Capítulo 4.


     Con frecuencia ocurre que las personas no entienden la selección natural, y piensan que la evolución ocurre como consecuencia de la intención o necesidad de un individuo para adaptarse al medio. Las ideas del público en general se aproximan más a la idea de Lamarck que a la de Darwin. El siguiente ejemplo clarifica ambas posiciones.



Fuente: Sin Dioses


Transformismo: ovistas y animaculistas

       De nuevo, regresemos al siglo XVIII y contemplemos a los naturalistas ocupados en la cuestión de la generación, ya sea espontánea por gérmenes o por creación de Dios. Según el pensamiento mecanicista que dominaba las ciencias de la vida entre 1650 y aproximadamente 1740, los seres vivos son máquinas puestas a punto por las manos del Gran Relojero, el Dios creador. Y ese es el problema: una máquina es capaz de funcionar, pero no de modificarse, y menos aún de reproducirse. Fontenelle lo expresó con cierta malicia, arremetiendo contra los cartesianos:

      “¿Pretendéis que las bestias son máquinas como los relojes? Pero si ponéis una Máquina de Perro junto a una Maquina de Perra, pueden dar lugar a una tercera máquina más pequeña; mientras que podéis juntar dos relojes durante toda su vida sin lograr jamás obtener un tercer reloj. Y tanto a Madame de B--- como a mí, debido a nuestra Filosofía, nos parece que todas las cosas que siendo dos tienen la virtud de convertirse en tres, tienen una nobleza mucho más elevada que las máquinas”  (Fontenelle, “Lettres galantes”, carta XI)

      Lo sabios más destacados de comienzos del siglo XVII eran mecanicistas, por lo que afrontaron las cuestiones relativas a la generación y al desarrollo (3), como si de un enigma irresoluble se tratara. La mayoría pretendía ignorar el problema acudiendo a una teoría que hoy en día nos resulta cuanto menos sorprendente: la “preexistencia de los gérmenes”. Propuesta por Swammerdam (Histoir générale des insectes, 1669) y Malebranche (De la recherche de la vérité, 1675), platea que no sólo la inmutabilidad de las especies, sino también la creación individual es obra del Dios creador. Todos los seres “animados” han sido pues creados al mismo tiempo: es el Deus creavit Omnia simul (Dios creó todo a la vez, fórmula tomada del Eclesiastés Qui vivit in aeternum creavit Omnia simul, “El que vivió en la eternidad creó todo a la vez”) de Agustín.



Preformacionismo, en el huevo (o en el
espermatozoide) está ya preformado el futuro  
Individuo

Epigenismo, en el origen, cada ser vivo no está
preformado, sino que su estructura se va
configurando y  completando durante el
desarrollo



     Todavía en 1762 el suizo Charles Bonnet (1720-1793) publica sus Consideraciones sobre los cuerpos organizados, donde expone su preformacionismo. Según la teoría sobre la preexistencia de los gérmenes, la producción de un nuevo ser vivo se debe a la evolución de un germen preexistente. Esta teoría permitía explicar la aparición de los seres sin contradecir a la Biblia, pues todos los gérmenes habrían sido creados en el Génesis.   

      Los gérmenes de vida ya creados y formados de todas las criaturas (Se trata de la teoría de la “preformación”, aunque estos gérmenes preformados no tienen por qué ser necesariamente homúnculos –humanos en miniatura- ni animálculos –animales en miniatura-) estarían pues alojados ora en el óvulo (según los “ovistas”) ora en el espermatozoide (según los “animaculistas”), por lo que no les restaría ya más que crecer y desarrollarse. Ver la introducción a la Historia natural del alma de Laura Bossi.



Homúnculo espermático, según N. Hartsoeker (1656-1725) en su Essay de Dioptrique (1694, 4 vol.) Es la primera vez que se representa un feto miniaturizado en el interior de un animálculo seminal



El problema de la generación

 Preformacionistas

 Ovistas: Malpighi, Swammerdam, Bonnet,
Spallanzani, De Graaf, Réaumur

 Animalculistas: Leeuwenhoek, Malebranche

 Epigenistas

 Needham, Geoffroy, Harvey, Buffon, Wolff



      La teoría del encajonamiento de los gérmenes, que complementa la teoría de la preformación, plantea que en el interior del óvulo (o del espermatozoide) el germen posee elementos que a su vez contienen óvulos, etc. Así, desde la creación del mundo, todos los seres vivos ya creados estarían esperando su turno para nacer sucesivamente, encajados unos en otros como muñecas rusas, hasta el agotamiento de las reservas previstas por Dios, que coincidiría con el Juicio final.



Ex ovo omnia. Detalle de la portadade Richard Gaywood para el libro de William Harvey, Exercitationes de generatione animalium: Quibus accedunt quaedam de partu: de membranis ac humoribus úteros y de conceptione, Londres: Octavio Pulleyn, 1651. Biblioteca de la Universidad de Cambridge.


    De esta manera, según Swammerdam, que era “ovista”, todos los óvulos humanos ya estaban contenidos en los ovarios de Eva (me recuerda la Hipótesis de la Eva africana), y el semen masculino de todas las generaciones serviría para ir dándoles vida.



Jan Swammerdam (Amsterdam, 1637- id., 1680)

      Según la tendencia animalculista, encabezada especialmente por Leeuwnhoek (autodidacta nacido en Delft, Países Bajos, que gracias a un microscopio que se fabricó él mismo, descubrió los espermatozoides humanos en 1677), el individuo estaría contenido en el espermatozoide, y la única contribución de la mujer consistiría en “recibir la simiente y alimentarla”. Pero la gran cantidad de espermatozoides suscitó el asombro: “¡Cuánta simiente perdida!”. No se podía pretender que el soberano Creador hubiera “cometido una infinidad de asesinatos o de seres inútiles formando innumerables homúnculos que jamás verán la luz del sol”.



Anton van Leeuwenhoek  (1632-1723)

     Además, semejante teoría implicaría lógicamente que los lazos de parentesco son pura apariencia, presentando, por otra parte, una curiosa concepción del tiempo, pues todos los seres nacidos y por nacer serían de alguna manera contemporáneos. Hay que señalar, de todas formas, que esta teoría, que hoy en día nos puede parecer tan absurda, fue producto de las más novedosas observaciones del saber de la época: del descubrimiento con el microscopio de un inesperado mundo de seres vivos invisibles a simple vista, y del cálcalo infinitesimal. Todavía en 1744 era defendida por el gran biólogo Albrecht von Haller, bajo el nombre de “teoría de la evolución”, entendiendo por “evolución” (de acuerdo además con evolvere, la etimología latina de la palabra) el “desenvolvimiento” del homúnculo preformado durante el desarrollo embrionario.



Animalculos observados  por Anton van Leeuwenhoek, c1795

      En cualquier caso, el transformismo no caía en esta visión del mundo. Para poder plantearlo hacía falta imaginar, al contrario, una naturaleza autónoma y activa, una naturaleza viva que evoluciona en el tiempo, dotada de historia. Esto fue, precisamente lo que hicieron los primeros transformistas, acudiendo a corrientes filosóficas antiguas y reconociendo a la naturaleza una fuerza propia. Se inspiraron primero en el materialismo atomista epicúreo, revisado por Lucrecio y rehabilitado por los eruditos libertinos del siglo XVII, resultó de nuevo marginado entre 1680 y 1740 a favor del mecanicismo, debido sobre todo a los experimentos de Francesco Redi -1668- que demostraron que los gusanos no nacen por generación espontánea, y a las primeras observaciones con microscopios que mostraron la gran complejidad de los seres infinitamente pequeños, y después en ciertas ideas de Leibniz, sobre todo en su visión de la Creación en desarrollo a lo largo del tiempo y en su “mónada dominante”, unidad básica de todo ser vivo independiente de los átomos que lo forman.



    Francesco Redi puede considerarse el padre de la Teoría de la Biogénesis sobre el origen de la vida, teoría que sostiene que la vida solamente se origina de una vida preexistente. Todos los organismos visibles surgen sólo de gérmenes del mismo tipo y nunca de materia inorgánica. Si la vida alguna vez se originó de materia inorgánica, tuvo que aparecer en la forma de una célula organizada, pues los investigadores establecieron que la célula es la unidad más simple y pequeña de vida independiente visible.

      Maupertuis, cuya vocación era más de matemático y de astrónomo que de biólogo, publicó sin embargo unos eruditos estudios sobre las salamandras y los escorpiones. Era un deísta, seguidor de Lucrecio y de Leibniz, amigo de Buffon y, durante un tiempo, de Voltaire, que no quería limitarse a admirar la obra divina en la variedad del universo y en el detalle de la Creación, pues buscaba las reglas universales, las “Leyes que Dios ha depositado en la Naturaleza”. Fue él quien planteó una primera formulación explícita del transformismo:

      “¿No sería acaso esta una buena explicación de cómo se han multiplicado las especies más diferentes partiendo de dos únicos individuos? El origen primero de este fenómeno reside en producciones fortuitas, en las cuales las partes elementales del animal no reproducirían el mismo orden que el presente en su padre y madre; así, cada grado de error daría lugar a una especie nueva  y, a fuerza de desviaciones repetidas, se produciría la infinita diversidad de los animales que conocemos hoy en día, y que tal vez se acrecentará aún más con el paso del tiempo” (Maupertuis, OEuvres, 1756).





Esquema sobre el origen de la vida que se imparte en el sistema educativo actual. Fuente: gobiernodecanarias

      En su Essai de cosmologie (redactado en 1741, publicado en 1750) desarrolló las ideas leibnizianas de que la unidad de la naturaleza, al afirmar que “los seres vivos forman una sucesión de seres que no son más que, por así decirlo, partes contiguas de un único Todo”, y al considerar el alma una propiedad de la materia, plateando que “las partes más pequeñas de la materia” están dotadas de inteligencia. El mundo, incluso el inorgánico, presentaría una “sensibilidad sorda” y la propia alma humana no sería sino un conjunto de fenómenos elementales. Pero la insuficiencia de sus conocimientos biológicos limitó su transformismo a una afirmación de principios, puramente filosófica.

     Según Maupertuis, las primeras formas de vida aparecieron por generación espontánea a partir de combinaciones azarosas de materias inertes, moléculas o gérmenes. A partir de estas primeras formas de vida, una serie de mutaciones fortuitas engendraron nuevas especies. Maupertuis llega incluso a postular la eliminación de los mutantes deficientes, convirtiéndose así en un antecedente de la teoría de la selección natural.



La Teoría de Alexander Ivánovich Oparin (1894–1980) sobre el origen de la vida.

      Diderot por su parte, era básicamente un filósofo. Pero estudió las ciencias naturales para intentar resolver las cuestiones metafísicas. Así, acudió a la biología de su época para responder a “la única pregunta importante”: la explicación de la unidad y la variedad natural. “¿Qué es un animal?”, se pregunta en el artículo “Animal” de la Enclyclopédie:

      “Según M. de Buffon, Hist. Nat. Gen. Et part., es la materia viva y organizada que siente, actúa, se mueve, se alimenta y se reproduce. Así por ejemplo, los vegetales son materia viva y organizada, que se alimenta y se reproduce, pero no siente, actúa ni se mueve. Y el mineral es materia muerta y en estado bruto, que no siente, ni actúa, ni se alimenta, ni se reproduce. De lo que se deduce que el sentimiento es la principal característica diferenciadora del animal. Pero, ¿hay constancia de que existan animales sin lo que llamamos sentimientos?, o más bien, como plantean los cartesianos, ¿hay otros animales aparte de nosotros que tengan sentimientos? Parece que se puede discernir en las bestias signos de sentimientos, pero tan sólo el hombre está claramente dotado de ellos. De hecho, ¿acaso el hombre mismo no se queda a veces sin sentimientos, sin dejar por ello de vivir o de ser un animal. En dichos casos el pulso bate, la sangre sigue circulando y todas las funciones animales se cumplen, pero el hombre no se siente a sí mismo ni a los demás seres: ¿qué es pues el hombre? Si en tal estado sigue siendo un animal, ¿quién nos dice que no se dan este tipo de fenómenos en el paso de la planta más perfecta al animal más estúpido? ¿Quién nos dice que dicho paso no está lleno de seres más o menos aletargados, adormecidos con mayor o menor profundidad? De manera que la única diferencia que habría entre esta clase y los demás animales, como nosotros, es que están adormecidos mientras que nosotros estamos despidos, que nosotros sentimos y ellos no. ¿Qué es por lo tanto el animal?

      En este texto, Diderot, abiertamente continuista, insiste en los matices, las transiciones, las gradaciones. Aunque inspirándose en la teoría de las moléculas orgánicas de Buffon, llega más lejos que éste, pretendiendo incluso suprimir la barrera entre la naturaleza viva y la materia en bruto:

 “Parece evidente que la materia en general se divide entre materia muerta y materia viva (…) Pero, ¿cómo es posible que la materia no sea toda una, o toda viva o toda muerta? ¿La materia viva está siempre viva? ¿Y la materia muerta está siempre realmente muerta? ¿Acaso la materia viva no muere?”

      Y concluye, como ya había hecho Robinet, que toda la naturaleza está por lo tanto viva y es sensible, pus no se puede concebir cómo lo vivo puede surgir de lo inanimado.

      En su obra Sobre la interpretación de la naturaleza, se pregunta si los vegetales y los animales siempre han sido y siempre serán tal como son, y añade:

      “Igual que en los reinos animal y vegetal un individuo nace y, por así decirlo, crece, evoluciona, decae y desaparece, ¿no ocurrirá lo mismo con las especies enteras? Si la fe no nos dijera que los animales son obra de las manos del Creador tal como los conocemos, y si pudiéramos albergar alguna duda sobre su comienzo y su fin, el filósofo, libre de conjeturar, ¿no podría pensar que los elementos particulares de los animales se hallaban desde la eternidad desaparecidos y confundidos en la masa de la materia; que lo que ha ocurrido es que estos elementos se han reunido, porque era algo posible; que el embrión formado por estos elementos ha pasado por una infinidad de organizaciones y de desarrollos; que ha experimentado sucesivamente movimiento, sensaciones, ideas, pensamientos, reflexiones, conciencia, sentimientos, pasiones, signos, gestos, sonidos, sonidos articulados, una lengua, leyes, ciencias y artes; y que han transcurrido millones de años entre estos desarrollos, etc.?


Denis Diderot (1713 - 1784) fue una figura decisiva de la Ilustración como escritor, filósofo y enciclopedista francés. Retratado por Louis-Michel van Loo, 1767.


     Sin embargo, no llegó a concebir una auténtica teoría general del transformismo. Se limitó a imaginarse modificaciones de las formas vivas. Así, en El Sueño de D’Alembert retoma la teoría de la generación espontánea propia del materialismo epicúreo: “El elefante, esa masa enorme, organizada, ¡producto de la fermentación! ¿Por qué no?” Y defiende también el proceso inverso, la posible degeneración de los “grandes animales” o del ser humano hacia formas inferiores:

      “El imperceptible gusanillo que se agita en el fango tal vez se encamine hacia el estado de gran animal; el animal enorme, cuyo tamaño nos espanta, tal vez acabe como un gusanillo. (…)

      ¿Quién sabe si ese bípedo deforme que se alza a apenas cuatro pies de altura, que aún es llamado, en los alrededores del polo, “hombre”, y que no tardará en perder dicho nombre deformándose aún más, no es al fin y al cabo más que la imagen de una especie pasajera?


Historia natural del alma
(Basada en la obra de L. Bossi y la historia del pensamiento de Arthur O. Lovejoy)

1. ¿Que es el alma?


2. El alma en la Antigüedad


3. El alma de los animales


4. El racionalismo y el hombre máquina


5. El Idealismo


6. Transformismo: la escala en movimiento

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