lunes, 31 de agosto de 2015

Valdeolea

     Al regresar de nuestra visita a Euskadi nos adentramos  por el enclave de la Valdeolea, un nudo importantísimo de comunicaciones entre Palencia y el Cantábrico. La zona conserva los mejores restos del proceso de romanización de la Cantabria antigua, incluidos tramos de la calzada romana que unía Pisoraca (Herrera de Pisuerga) con Portus Blendium (Suances).


      Su territorio y sus campos estaban marcados por numerosos términos augustales -se han localizado casi una veintena- que separaban los prata (los soldados cultivaban terrenos fuera del campamento en los prata) de la Legio IIII Macedonica del ager (lugar de asentamiento) de Iuliobriga, el asentamiento romano más importante que hubo en el antiguo territorio cántabro y cuyos restos se alzan en el vecino Campoo de Enmedio. De aquellos tiempos sobresale el castro cántabro de Santa Marina de Monte Ornedo y el yacimiento romano de Camesa-Rebolledo.


Castro cántabro de Santa Marina de Monte Ornedo




Antigua vía romana y el pequeño puente de Casasola


Camino de la ruta de los menhires



Menhir del Peñuco (Mataporcquera). Fot: xfiles2008


Menhir la Llaneda (Mataporquera)

    Pero antes de los romanos, los primitivos habitantes prehistóricos ya utilizaban los menhires para marcar las vías de comunicación que cruzaban aquel territorio. Hace 5000 años grupos de agricultores y ganaderos se asentaron en el valle del río Camesa, erigiendo estos megalitos. Algunos piensan que su función es funeraria: de hecho, se han encontrado enterramientos debajo de ellos. Otros piensan que son monumentos relacionados con ritos solares. En Valldeolea, cerca de Mataporquera, se encontraron 8 menhires alineados en línea recta, orientando sus caras principales hacia el suroeste, allá donde muere el sol.


     En tiempos más modernos, la construcción del trazado del ferrocarril Alar del Rey-Santander en 1857 y el de vía estrecha Bilbao-La Robla en 1894 convierten a Mataporquera en un nudo importantísimo de comunicaciones que va a ser tenido en cuenta por diversos inversores industriales. El pueblo, agrícola, pierde rápidamente sus señas de identidad para ser sustituidas por estaciones, fábricas, almacenes, viviendas para los obreros y edificios públicos.

    Su objetivo principal era acercar la importante producción carbonífera de las cuencas mineras leonesa y palentina a su consumo en la poderosa industria siderúrgica de Vizcaya. Se instalaron grandes industrias, pero no tardó en llegar un declive económico acusadísimo para toda la comarca de Valdeolea.



   Este hecho hace que la vista del casco urbano de Maporquera no sea demasiado interesante. Allí se levantan mezcladas viviendas obreras desocupadas y de escaso valor arquitectónico, con edificios administrativos modernistas. Actualmente sólo queda la  fábrica de Cementos Alfa, con quien es imposible competir en escala, dado su gigantismo.



    Para finalizar, como venimos haciendo, también tenemos que hablar de la olla ferroviaria, un excelente puchero del que no tuvimos ocasión de catar.



      Aparte de las vías del tren y una hermosa estación de ferrocarril, el tránsito ferroviario también trajo a Mataporquera la olla ferroviaria, empleada por los maquinistas de La Robla que guisaban sus ollas en el vapor de la máquina del tren. Actualmente se utiliza una versión de esta olla que funciona con carbón –incluso las hay con gas butano.

    La olla consta de dos elementos: uno exterior de metal y la olla de barro del interior. El puchero tomado por las asas del collarín se introduce en el cuerpo externo, quedando suspendido. Así, el aire caliente de la combustión está en contacto con el fondo y todo el contorno del puchero, antes de salir al exterior por las perforaciones de la parte alta. La cazuela/olla/puchero, rodeada de aire caliente a temperatura constante y no muy elevada, realiza una cocción lenta y garantiza el éxito culinario de la olla ferroviaria.
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