domingo, 7 de junio de 2015

Regresión en el Homo sapiens actual

     Juan Luis Doménech Quesada (1956-2012) en su libro Evolución regresiva del Homo sapiens (jdomench) también se ocupó de la llamada regresión evolutiva en los seres humanos, teniendo como uno de los primeros indicios  la regresión de la estatura del ser humano, como demostraban los trabajos de  Kates (1994), la cual ha descendido desde los cerca de 2 metros de los primeros auriñacenses (González et al., 1989), a los 1,65 metros del hombre actual (Kelso, 1978). La estatura media del español es de 1’78 metros (175’3 metros según el Instituto de Biomecánica de Valencia IBV y el proyecto europeo SizingSUDOE) y la de los nórdicos y alemanes 1’80 metros (Wikipedia).




       Muchos estudiosos se empeñan en disminuir las diferencias entre el Cromañón y nosotros, sin embargo, estas son apreciables, afirmación argumental que resulta sospechosa, porque solemos encontrarla por la Web en páginas del tipo “Revista de Espiritualidad, temas bíblicos, profecías, cosmología, estudios del Libro de Urantia” (Ejemplo), que se atreven a afirmar que nuestro cerebro en los últimos 30.000 años ha disminuido su tamaño y capacidad en un 10%, es decir, de 1.500 a 1.359 centímetros cúbicos



Para algunos el Cromañón superaba el 1’95 m en algunos casos. Por eso, son muchos los que afirman que este individuo quizás fue el tipo humano más evolucionado que jamás haya pisado el planeta. Fuente: Lascaux


Cromañón. Fuente: Lascaux


Cráneo del llamado Crô-Magnon 1. Su antigüedad es de unos 30.000 años, pero sus rasgos y su capacidad craneal media de 1600 cm³ lo colocan evolutivamente muy por encima de los hombres modernos. El índice cefálico es de 73,7. La constitución más ancha y la mandíbula más cuadrada del Cromagnon se debe a una dieta paleolítica promovedora de una óptima mineralización esquelética. Otras diferencias morfológicas con respecto a la raza nórdico-blanca actual (nariz saliente y de puente nasal bajo) podrían apuntar hacia la existencia de diversas variedades Cromagnon, de las cuales sólo la correspondiente a la raza nórdico-blanca ha sobrevivido hasta nuestros días. (Fuente: Metapedia)


Sin embargo, para otros el ser humano ha continuado aumentando su capacidad craneal, hasta los 1600 cm3 actuales. Fuente: La Voz de la Ciencia



      Parad Domench, que sigue en esto el estudio de Martín (1994), existe una regresión del cerebro, pues se observa cómo el volumen relativo medio del cerebro ha venido retrocediendo desde los primeros cromañones hasta el hombre actual (desde los 1581 cc a los 1436 cc del hombre europeo moderno), precisamente cuando el hombre ha experimentado sus mayores avances técnicos. Sin embargo, para la mayoría de los científicos, el ser humano ha continuado aumentando su capacidad craneal hasta los 1600 cc actuales.


      Otros detalles que apuntan hacia la regresión del ser humano actual se observan en los últimos hallazgos de Atapuerca que revelan que la pelvis de los homínidos de hace unos 300.000 años era más amplia que la actual lo que  permitía un parto más holgado y menos complejo. A esto, Domenech, añade otro problema, el crecimiento alométrico (desarrollo diferencial de dos partes de un mismo organismo) del cráneo cerebral en relación con el facial (Valdés, 1981) lo que supone mayores dificultades para el parto.



     El atavismo (despertar de genes dormidos o mutaciones de genes inhibidores de otros genes que estaban dormidos) o retroceso hacia lo que Morín y otros autores (1983) denominan condiciones simiescas. Citan así varias mutaciones que producen modificaciones morfológicas, como los pliegues palmarios en la trisomía 21, la cual recuerda a los monos; el tubérculo de Darwin del pabellón de la oreja, el cual se encuentra presente en la mayor parte de los cercopitécidos; la soldadura del segundo y tercer artejo o nudillo de las manos (cigodáctila) que también se encuentra en los gibones; la disminución del psiquismo, etc.



Esquema del genoma tras una mutación, en este caso una trisomía del cromosoma 21.



El tubérculo de Darwin del pabellón de la oreja

      Entre las mutaciones intramoleculares que producen modificación de los factores sanguíneos tenemos el grupo sanguíneo Am, con presencia del antíeno A en la saliva y ausencia de hematíes (propio de los catarrinos cercopitecoideos); la mutación Mc parcialmente responsable de la síntesis del factor N al lado de M (cercopitecoideos); la mutación cD de los negroides que reproduce una estructura antigénica presente en los antropomorfos, etc. Ayala (1994a) también nos hace mención de algunos caracteres atávicos presentes en el hombre como el rudimento de cola en el esqueleto humano, las aberturas branquiales de los embriones o el apéndice vermiforme, un órgano sin función, bien desarrollado en algunos herbívoros.



Aberturas branquiales de los embriones



Cola Vestigial

     Volviendo al tema de los Cromañones, Domenech no cree que el hombre artista apareciera de repente en todo su esplendor creativo (ya desde el auriñaciense), en una explosión de inteligencia  que, según numerosos autores, aún resulta misteriosa e inexplicable (Bar-Yosef et al., 1993; Mellars, 1998). Aún que tratásemos de retroceder la aparición del Homo Sapiens hasta los 150.000 ó 200.000 años, todavía resultaría inadmisible para explicar la enorme rapidez de los cambios físicos y culturales acaecidos para pasar de un tipo erectus o similar a un tipo sapiens.



Recreación del hombre de Cromañón. Fuente: B. Petry

     Algunos paleontólogos y arqueólogos están perplejos ante la dimensión de los radicales cambios que tuvieron lugar en todos los ámbitos culturales: la tecnología de producción de herramientas, la expresión simbólica, las pautas de obtención de alimentos, demografía, organización social, comunicación y estructuras cognitivas, etc. (Mellars, 1998).

     Domenech, sin ocuparse por explicar esta explosión intelectual, se limita a afirmar la regresión del hombre de Cro-Magnon posterior al Magdaleniense, como lo demuestra la pobre cultura Azilense (Tresguerres, 1990) o la Asturiense, cuyos representantes volvieron hace unos 7.000 años a “una industria lítica retrograda y carente de toda expresión artística”, así como a una subsistencia casi limitada a la recolección de moluscos (Cerdá, 1976).



Cooperación entre Cromañones

      También detecta este retroceso en el comportamiento del hombre actual. Afirma que la hominización fue posible por la cooperación, cosa posible por la conducta altruista del hombre, lo que pudo superar, según Dawkins, el carácter egoísta de los genes impuesto por la selección natural: “si se desea construir una sociedad en la cual los individuos cooperen generosamente y con altruismo, al bien común, poca ayuda se puede esperar de la naturaleza biológica. Tratemos de “enseñar” la generosidad y el altruismo, porque hemos nacido egoístas” (Dawkins).


     Según la hipótesis de Domenech, la aparición de las funciones mentales superiores, como la capacidad de raciocinio, enmascaró este comportamiento previo de tipo altruista o cooperativo, lo que poco a poco ha contribuido y aun contribuye (dada la preponderancia del intelectualismo) a la decadencia del comportamiento humano. En apoyo a su hipótesis, baste con señalar las obras de Heinrich Erben ¿Se extinguirá la raza humana? (1982),  Konrad Lorenz  la Decadencia de lo humano (1985), Jared Diamond El tercer chimpancé (1994), Richard Dawkins El gen egoísta (1994) o Richard Leakey y Roger Lewin La sexta extinción (1997). La descripción de Diamond de especie asesina, agresiva, egoísta y evolutivamente inadaptada,  no deja al H. sapiens precisamente muy bien parado y causan pavor con respecto a la situación de nuestra especie.



     El mismo argumento se puede citar para afirmar la regresión del psiquismo (citado por ejemplo, por Morín et al, 1983) en el que estamos inmersos. Los evolucionistas como Wagensberg basan el progreso del ser humano en su capacidad de independizarse del medio, liberación que se consigue por el incremento de la socialización o cooperación (conducta altruista) de la especie, la cual, según vimos anteriormente la ha perdido el ser humano.

    Según Domenech, la regresión del psiquismo está avalada por todas las ciencias que actualmente estudian la consciencia, como la psicología, la filosofía y la neurología, afirmando todas ellas que el hombre actúa y vive de forma inconsciente o semi-consciente. Algunos autores (entre los que se incluye al psicólogo Karl Jung) afirman que el hombre es el resultado de  un error evolutivo ocurrido más o menos durante el Neolítico, el cual podría radicar en la desincronización entre el neocórtex y el hipotálamo. 




     Arthur Koestler sostenía que algo había ido mal en la evolución del Homo sapiens sugiriendo que “éste podría ser una especie biológica aberrante afectada por una imperfección que afectó a los circuitos de nuestro sistema nervioso” y sugería la búsqueda de “algún correctivo que reparase ese evidente error evolutivo” (Holroyd, 1993).

     Domenech finaliza su estudio con las siguientes palabras: “Como Teilhard de Chardin, creemos que tal correctivo (y con este, la hipotética futura Evolución del hombre actual) solo podrá llegar con una adecuada enculturación (o educación) que contemple el buen uso de las funciones cerebrales receptoras de información (atención, percepción, intuición, etc.)”.

Bibliografía

 Ayala F.J., 1994. La naturaleza inacabada. Ensayos en torno a la evolución. Salvat Editores S.A. Barcelona. 270 p.  

Ayala F.J., 1994. La teoría de la evolución. De Darwin a los últimos avances de la genética. Ediciones Temas de Hoy. Madrid. 237 p.

González L.G. y Freeman, 1989. El hombre de Morín. Un enterramiento de hace 29.000 años. Revista de Historia, 16, 4.

Holroyd Stuart, 1993. Krishnamurti. El hombre, el misterio y el mensaje. Ediciones Temas de Hoy S.A. Madrid. 285 p.

Kates R.W., 1994. El mantenimiento de la vida sobre la tierra. Investigación y Ciencia (219): 94-101

Kelso A. J., 1978. Antropología física. Ediciones Bellaterra S.A. Barcelona. 362 p.

Martín R.D., 1994. Capacidad cerebral y evolución humana. Investigación y Ciencia (219): 71-77

Morin E. y Piatelli-Palmarini M., 1983. El primate y el hombre. Ed. Argos Vergara S.A. Barcelona. 240 p.

Valdés Ramón, 1981. El concepto de cultura. En Las razas humanas. Tomo I. Compañía Internacional Editora S.A. Barcelona: 45-58.
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