miércoles, 15 de abril de 2015

El “modelo” del árbol. Ernst Haeckel

      El discípulo de Darwin más entusiasta en Alemania fue sin duda Ernst Haeckel (1834-1919). Tras unas investigaciones de biología marina, en condiciones de gran austeridad, y unas estancias en Francia, Italia e Inglaterra, se instaló como profesor en Jena (1862), donde fundó la cátedra de zoología filética y fue galardonado con numerosos honores académicos. Desde la aparición de El origen de las especies se convirtió en un apasionado evolucionista. El árbol genealógico se convirtió para él en una auténtica obsesión, piedra angular de una nueva visión del mundo.


Guías de viaje Baedeker

     En el ámbito científico, Haeckel es famoso por sus trabajos experimentales con invertebrados marinos (le encantaban las expediciones científicas al estilo de Humboldt, sirviéndose de las guías de viaje Baedeker) y por su invención de un número impresionante de términos técnicos. Le debemos, entre otros, los términos de “filo”, “filogénesis”, “ontogénesis” y “ecología”. Y sobre todo, en el plano teórico, fue él quien formuló la “gran ley biogenética fundamental” según la cual “la ontogénesis recapitula la filogénesis”, desarrollada en su principal obra Morfología general de los organismo (1866).

     Pero sus intereses y su influencia no se limitaron al mundo de la ciencia, su legado fue vasto y heteróclito.

      Gran amante del arte, como buen heredero del romanticismo alemán, estaba convencido de la unidad de las artes y de las ciencias, partiendo de las formas más sencillas de la naturaleza viva. Según él, los organismos unicelulares ya estarían animados por una especie de instinto artístico  que les llevaría a crear una multitud de formas. Los maravillosos grabados de su libro sobre las “formas artísticas de la naturaleza” (Kunstformen der Natur, 1899-1904, es un hermoso libro reeditado en 1998, que se puede contemplar en la página http://biolib.mpipz.mpg.de/haeckel/kunstformen/natur.html.

      Puedes descargarte el libro en PDF aquí) que ilustran la variedad de formas de la vida microscópica y de los animales marinos, tuvieron una gran influencia en el nacimiento del Art Nouveau, que destacó por el uso de motivos, ornamentos y decoraciones florales y animales.






Ernst Haeckel. Grabados que muestran la belleza de las formas naturales, en Kunstformen der Natur, Leipzig-Viena, Bibliographischen Institus, 1899-1904, grabados 8, 17, 23 y 85



Ernst Haeckel.  Muscinae

      Por otro lado, su fe en el progreso, su liberalismo, su anticlericalismo así como su entusiasmo por Bismarck y por la Gran Prusia, le condujeron a una implicación política militante. Llegó a una curiosa mezcla de visión materialista de la naturaleza (gran amigo del “materialista vulgar” Moleschott), de evolucionismo modificado y de obsesiones (unidad de vida, plano unitario, et.) heredadas de la Naturphilosophie romántica alemana, y sobre todo de Oken y de Goethe. Se sintió llamado a fundar una especie de nueva religión, la “religión monista de la naturaleza”, que  había de sustituir al “papismo” que tanto detestaba, y que su panfletaria pluma cubrió de sarcasmos.




Filicinae en las cascadas de Taj Burrum cerca de Tjibodas, Monte Gede, Java (Ernst Haeckel, 1904)


Ernst Haeckel (1834-1919 en Ceilán (1881)

      “Antes de que el microscopio electrónico pusiera al desnudo las escenas más bellas de la naturaleza, ahí estaban Ernest Haeckel (1834-1919) y sus ilustraciones. Visualmente explosivas, despertadoras del asombro y de una diversidad descomunal –desde dibujos de embriones a esbozos gráficos de microorganismos de nombres ríspidos–, fueron mancilladas por un solo defecto: el de ser increíblemente falsas. Así fue: el biólogo alemán alguna vez alabado por Darwin, el mismo que popularizó la fórmula “el hombre viene del mono”, quien le puso nombre a la ecología y pergeñó términos como “protoplasma” y “filogenia”, empleó toda su creatividad e inteligencia para producir sonados fraudes –impulsado por el fanatismo y el odio racial– y para defender una causa que desembocaría con el tiempo ni más ni menos que en el genocidio”.

Pablo Capanna, El doberman de Darwin. Página 12

     El monismo era el único método acertado para toda la ciencia natural, rechazando en absoluto el método dualista. Consideraba el principio de la vida mediante el origen espontáneo de formas simples protoplasmáticas a partir de la materia orgánica inicial, a las que Haeckel llamó móneras, que al diferenciarse dieron lugar a los protistas, los vegetales y animales.


El origen de la vida

       Sus ideas obtuvieron una amplia audiencia tanto en Alemania como en otros países. Engels, por ejemplo, estudió detalladamente sus planteamientos, si bien a veces ironizaba sobre su escasa competencia filosófica. Su “monismo” se convirtió así en una de las fuentes de inspiración de la filosofía marxista sobe la naturaleza. Por otro lado, la pasión de Haeckel por Goethe y su inclinación romántica sedujeron a Rudolf Steiner, que retomó muchas de sus ideas en su antroposofía (Ver Metempsicosi), y en 1900, le dedicó su libro Welt-und Lebensanschauungen im 19. Jarhhundert. El espiritualista Steiner, excusando el “materialismo ingenuo” de Haeckel, que atribuía a su ignorancia en filosofía, consideraba sus trabajos sobre la evolución como el mayor logro del espíritu alemán en la segunda mitad del siglo XIX. Se pueden encontrar referencias a Haeckel en por lo menos veinticinco de sus obras, así como en innumerables conferencias.



El centro essencial, de Rudolf Steiner
  
       Finalmente, es bien sabido que la asociación del cientificismo y misticismo de Haeckel, su creencia en las leyes inexorables de la evolución y en el determinismo biológico y hereditario, fueron retomados tras su muerte por el nazismo. Su “Liga Monista” (1906) se convirtió en uno de los pilares ideológicos de los nazis (El principio del Haeckel según el cual “la política es la biología aplicada” fue ampliamente desarrollado por la propaganda nazi). Pregonó el evangelio de la evolución y la selección natural en los círculos obreros alemanes. En este contexto, Haeckel también se convirtió en vocero de la eugenesia como clave para una nueva humanidad unificada y biológicamente apta.



Muchas alemanas participaron activamente en los crímenes nazis. Enfermeras y madres de día, nazis y asesinas de noche

      En 1904 se funda la “Sociedad de Higiene Racial”, siendo Haeckel  su presidente honorario, institución que a comienzos del siglo XX ya tenía más de cien filiales en Alemania. Así, después de la primera guerra mundial, muchos eugenistas y biólogos raciales se sumaban al creciente consenso de que el futuro político de Alemania requería un socialismo de Estado. Sostenían que una de las prioridades de ese Estado futuro tendría que ser una política eugenista de “selección controlada” para preservar la raza alemana.


El Dr. Josef Mengele en su “laboratorio” (1944) rodeado de cadáveres de deportados


      En su Historia de la creación de los seres organizados según las leyes naturales, el prestigioso Ernst Haeckel (formaba parte de noventa academias y sociedades científicas, alemanas e internacionales) adapta las tesis darwinistas a la antropología y a la sociología, dando lugar a lo que se conocería como “darwinismo social” o “darwinismo racial”, cuya tesis nuclear es que “el hombre no es sino el animal vertebrado más desarrollado y todos los aspectos de la vida humana tienen su paralelo en el reino animal”. Así, propone clasificar las razas humanas jerarquizándolas en un marco evolucionista, desde los negros, considerados cercanos al mono, hasta lo que, según él, era la forma humana más evolucionada, los Indo-Germanos (es decir, los alemanes, los anglo-sajones y los escandinavos). Como señala André Pichot, este aspecto de la obra de Haeckel lo dejan en silencio quienes se interesan por su figura, ya sea A. Huxley o la Unesco (cf. A. Pichot, La société pure. De Darwin a Hitler, p. 25-26).




Midiendo la nariz de un hombre para determinar si tiene ancestros judíos. Los nazis utilizaron una amplia gama de tácticas y métodos para determinar los ancestros de sus potenciales víctimas.


      Cuesta creer que "Die Welträtsel” (Los enigmas del universo, 1899), el manifiesto materialista “monista” de Haeckel, se convirtiera en uno de los grandes éxitos de la época, reeditado en 19 ocasiones y traducido a 25 idiomas. Releyéndolo hoy en día suscita sentimientos encontrados, como tantas otras figuras del siglo XIX, tan desmesuradas, rebosantes de energía y de confianza en el progreso, convencidas de la capacidad humana para “tomar en sus manos la evolución”, pero aún inconscientes de las trágicas consecuencias que se derivarán, a lo largo del siglo XX, cuando se intente poner en práctica sus teorías.

Laura Bossi, Historia natural del alma.

      La nueva filosofía de Haeckel, “fundada sobre las sólidas bases de la zoología comparada”, ambicionaba sacar a la humanidad “de la barbarie social en la cual aún estamos inmersos, a pesar de la tan vanagloriada civilización de nuestro siglo”. Si toda la historia de la humanidad, así como la del universo entero, podía considerarse “un proceso físico-químico dependiente de la interacción entre Adaptación y Herencia en la lucha por la vida”, era entonces necesario enterrar la moral tradicional e “inventar una nueva moral basada en la biología”.



Razas Humanas (1955). Editorial Bruguera

      Haeckel concibe la evolución como un proceso lineal, de progreso. Tiene la imagen de una cadena, donde cada especie es un eslabón. Una cadena que va desde lo simple a lo complejo. Es una idea fácil de asimilar, con la que podemos sentirnos cómodos.

      Esta visión de la evolución como una cadena de progreso es antigua, como hemos visto. Pero en esta ilustración del biólogo alemán Ernst Haeckel queda muy bien expuesta:



De la ameba al hombre: E. Haeckel, 1874 (Fuente: commons.wikimedia.org)

      En esta línea, Haeckel criticaba la guerra, no por prurito pacifista, sino porque supone una selección inversa, pues envía a la muerte a los  hombres más sanos y fuertes. Criticaba también la medicina cuando prolonga la vida de los enfermos  y permite la transmisión de numerosas enfermedades hereditarias. Se oponía a la abolición de la pena de muerte, que impediría “arrancar las malas hierbas” de la sociedad. Evocaba con admiración las costumbres de los espartanos y de los indios americanos que mataban a los recién nacidos débiles, enfermos o deformes, permitiendo sobrevivir y “propagar la raza” tan sólo a los individuos más fuertes.

     Lo que no se atrevió a proponer, por temor a la indignación de “nuestra supuesta civilización humana”, se iba a llevar a cabo veinte años después de su muerte, con el consentimiento de gran parte de la comunidad médica alemana, mediante la puesta en marcha de los programas de eugenesia y de eutanasia del nazismo. La lectura de ciertos pasajes de Haeckel sobre el “valor de la vida” y los “pueblos naturales” evoca poderosamente lo que, años más tarde, se convertiría en la fórmula nazi del "Lebensunwertes Leben", “la vida que no vale la pena ser vivida”.



El cartel representa un alemán fuerte y saludable que lleva sobre sus hombros la carga  de dos personas con enfermedades hereditarias. La inscripción dice: "Mantener un Erbkranker (enfermo hereditario) hasta que alcancen la edad de 60 años, en promedio, cuesta 50.000 marcos alemanes"



Cartel del NSDAP con el mismo significado que el anterior

    Pero lo que no se suele contar es que las esterilizaciones masivas en Estados Unidos inspiraron a los nazis. La eugenesia fue una práctica generalizada en cerca de 30 estados de EE.UU. luego de la Primera Guerra Mundial, práctica destina a perfeccionar la especie humana a través de la “mejora” de características genéticas. En 1914 Harry Laughlin de la Oficina de Registro de Eugenesia publicó un modelo de Ley de Esterilización para autorizar este procedimiento forzado para los “socialmente inadecuados”, es decir, los débiles mentales, locos, criminales, epilépticos, alcohólicos, enfermos, ciegos, sordos, deformes y dependientes –incluidos los huérfanos, vagabundos y mendigos, según la lista.

      Esto lo cuenta Edwin Black, escritor y columnista del New York Times, autor de “La guerra contra los débiles”, investigación sobre la eugenesia en EE.UU. Una de las leyes pioneras y más radicales basadas en este modelo fue implementada en Virginia, a partir de 1924. Amparadas bajo el “Acta de Esterilización Forzada de Virginia”, se realizaron entre 7.000 y 8.000 esterilizaciones forzadas en este estado.

     Sin embargo, el asunto ya era un viejo conocido para las mentes americanas. En 1907 Indiana aprobó la primera ley de esterilización obligatoria de los criminales, idiotas, violadores e imbéciles. Decenas de estados seguirán su ejemplo y 60.000 americanos serán esterilizados. “Tres generaciones de imbéciles son suficientes” dirá, en una de sus páginas más negras, el Tribunal Supremo.  



Estos individuos infames son “hombres respetables”

William Howard Taft, Oliver Wendell Holmes, Jr., Willis Van Devanter, James Clark McReynolds, Louis Brandeis, George Sutherland, Pierce Butler, Edward Terry Sanford, Harlan Fiske Stone. Esos son los nombres de esta página de la historia universal de la infamia
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