miércoles, 11 de febrero de 2015

El tomismo

El hombre es un compendio inseparable de cuerpo y alma

1. Fe y razón


     La filosofía de Tomás de Aquino, sistematizada por sus seguidores empeñados en lograr la coordinación entre fe y razón, recibe el nombre de tomismo. En cualquier caso, al final,  siempre suponía una clara subordinación de la razón a la fe, a pesar de que Tomás de Aquino afirmase que el fundamento de la fe debe estar en la razón humana.


Santo Tomás de Aquino,  de Carlo Crivelli (circa 1435–circa 1495)

       Estaban convencidos, al contrario que los escépticos, que las facultades del hombre son suficientes para alcanzar la verdad allí donde se encuentre, sostenían que el mundo se puede comprender por la razón y por la fe, que no son contradictorias entre sí, ya que las dos proceden de Dios.

       La filosofía del tomismo se basa en la disciplina de la sabiduría, en la creencia de que científicamente se pueden dar respuestas a las certezas naturales del razonamiento. Supone la unificación de la verdad revelada y la fe, la razón natural y el sentido común.


Santo Tomás de Aquino, Fra Angélico (1395–1455)

        Para San Agustín la fe está por encima de la razón. A diferencia de San Agustín, Santo Tomás de Aquino llegó a concluir que es por medio de la razón como podemos manifestar nuestra fe. Por ser una obra de la razón, la fe no puede imponerse por la fuerza de ninguna autoridad.



Santo Tomás de Aquino (1482), atribuido a Sandro Boticcelli

2. La división de los seres

       El Ser o Ente es el concepto que utilizamos para definir todas las cosas reales o posibles, pero teniendo en cuenta que hay diferentes géneros de seres. Podemos dividir los seres de la siguiente manera:

      A. La primera gran partición de los seres es la potencia (materia) y el acto (forma). Los seres meramente posibles son entes en potencia; los seres reales son o “sólo y puro acto”, o son “compuestos de potencia y acto”, es decir, por un lado, tenemos seres que aún no son, pero pueden llegar a ser, y de otra, seres que ya son.

     B. Hay otra gran segmentación de los seres reales: la división de los seres en existencia y esencia, cualidades que determinan la sustancia de los entes. Todo ser real o es “pura existencia”, o está “compuesto de esencia y existencia”.

      De ello se deduce que el ser que es pura existencia, que no está limitado por ninguna potencia, es el Ser supremo, la esencia que llamamos Dios. Los otros seres, que no pueden existir por sí mismos, tienen todos una limitación: su esencia no es la existencia o al existir puro y simple, sino algo potencial que sólo consiguen si logran existir, entonces decimos que han alcanzado la perfección.


Santo Tomás de Aquino, de Benozzo Gozzoli

3. Sustancia y accidentes de lo seres.

        Todavía es necesario distinguir entre la realidad existente y sus diversas limitaciones. En todos los seres existentes podemos diferenciar la sustancia (sea esta pura existencia o compuesta de esencia y existencia), y los accidentes, que limitan, determinan y no sobreviven a la sustancia. El ser que es puro acto, puro existir, y que llamamos ser absolutamente supremo o Dios, es también pura sustancia, sin accidentes. Los otros seres, que están compuestos de potencia y acto, de esencia y existencia, lo están también de sustancia y accidentes.



Santo Tomás de Aquino orando, de Sassetta 1430-1432, Budapest



Visión de Santo Tomás de Aquino (Stefano Sasseta, 1430, Museo Vaticano)


        Nueve son los accidentes, que pueden determinar las sustancias compuestas de esencia y existencia, es decir, que afectan a "las cosas que existen" y que junto con la sustancia forman los llamados 10 predicamentos o categorías de los seres reales (todo esto tomado de la filosofía de Aristóteles). El filósofo griego distinguía en todos los seres una sustancia permanente de unos accidentes variables. La sustancia fundamenta la individualidad y unidad del ente, organiza sus accidentes y, además, justifica la permanencia del ente a través del cambio.



Santo Tomas de Aquino,  Bartolomeo Esteban Murillo

          Aristóteles expone su famosa lista de 10 categorías, pero, por desgracia, no dice cómo ha llegado hasta ellas. Se limita a enunciarlas, ilustrando cada una de ellas mediante ejemplos.

Sustancia: hombre, caballo.
Cantidad: de dos codos, de tres codos.
Calidad: blanco, gramatical.
Relación: doble, mitad, mayor.
Dónde: en el Liceo, en el ágora.
Cuando: ayer, el año pasado.
Posición: yacer, estar sentado.
Tener: va calzado, va armado.
Hacer: cortar, quemar.
Sufrir: ser cortado, ser quemado.

  

Sto. Domingo, virgen con el Niño y Sto. Tomás de Aquino, de Fra Angélico (1424-1430)

4. sustancias espirituales y compuestas (de materia y espíritu)

       Dentro del mundo de los seres compuestos hay otra gran división: unas sustancias son espirituales (esencialmente simples), y otras son esencialmente compuestas de dos elementos: uno formal o actual (forma o acto) y otro material o potencial. Los dos elementos no son independientes -ni al existir ni en el actuar- y, tanto lo uno como lo otro (el ser y la acción), no son exclusivos de ninguno de ellos, sino del compuesto resultante o supuesto (del ser compuesto creado o surgido de la unión de estos elementos). Estos dos elementos reciben los nombres científicos de forma sustancial y materia prima.

     Esta filosofía deriva de la teoría hilemórfica de Aristóteles, quien aseguraba que todos los seres naturales están compuestos de materia (hile), y forma (morfé), de ahí el nombre de teoría hilemórfica, que a continuación resumimos brevemente.

     La materia es el principio de pasividad, mientras que la forma es el de actividad, de dinamismo. Las sustancias poseen dos formas, la forma sustancial, por la que quedan incluidas en una naturaleza o especie (por ejemplo, los hombres, por la forma sustancial, pertenecemos a la naturaleza o especie humana), y la forma accidental por la que cada sustancia queda individualizada dentro de su especie (por ejemplo, cada persona física, individual, es diferente de otras de su misma especie). Cada ser tienen una única forma sustancial, pero puede tener muchas formas accidentales. La unidad de forma sustancial proporciona a los seres de una especie una naturaleza propia, es decir, la naturaleza (ousía) proporciona a los seres un principio operativo o dinámico, según el cual, cada ser actúa de acuerdo con su naturaleza, el pez como pez, la abeja como abeja etc.



Francisco Zurbaran, La Apoteosis de Santo Tomás de Aquino (1631) 

5. Seres vivos y seres carentes de vida

        Expuesto el hilemorfismo, continuemos con las segmentaciones de Tomás de Aquino, quien dividía las sustancias materiales o corpóreas en dos clases: los seres vivos y otra los seres puramente materiales o carentes de vida. La forma sustancial de los seres vivos es el alma, que es el principio que da unidad a todas las partes y es también el principio interno de su movimiento, dinamismo, de su mantenimiento y de su desarrollo.


Sto. Tomás de Aquino de Fra Filippino Lippi (1489-92)


Triunfo de Santo Tomás sobre los herejes, Fra Filippino Lippi (1489)

       Las sustancias corpóreas o materiales vivas (los seres vivos) se dividen en tres grandes géneros: vegetales, animales y racionales o hombres. Cada uno de estos géneros viene definido por su clase de forma sustancial o de alma, es decir por la virtud y diversidad de movimientos que pueden comunicar a su cuerpo o ser material.

6. La tres almas: vegetativa, sensitiva y racional

        El alma vegetativa es el principio de estos movimientos genéricos antes indicado. El alma animal o sensitiva, además de comunicar estos movimientos, es también el principio de todo conocimiento a través de las diversas clases de sentidos que pueda haber en las más diversas especies de animales. El alma racional o humana, además de conferir estos movimientos vegetales y este conocimiento sensitivo, es el principio del conocimiento intelectual o racional propio del hombre.




Andrea di Cione di Arcangelo.  Sto. Tomás de Aquino, representado por la Virgen Santísima. Retablo Strozzi, 1357, Florencia, Santa Maria Novella, capilla.


        Las almas vegetativas, o de los vegetales, y las sensitivas, o de los animales, no pueden existir más que gracias a su cuerpo o principio material, por lo que se corrompen o desaparecen cuando se daña el compuesto o cuerpo material del que formaban parte.

       El alma racional o inteligente, que conoce los seres inmateriales o espirituales, es también inmaterial y espiritual. Por ello, aunque está dentro del cuerpo y le da vida, no depende plenamente de él, y cuando el cuerpo se corrompe o se desprende del compuesto que forma con el alma, ésta sigue viviendo por sí misma, aunque conserva siempre esta inclinación o poseer su propio cuerpo o un cuerpo hecho a su medida.



Santo Tomás entre San Marcos y San Luís, de Tolouse Vittore Carpaccio, siglo XVI

7. Los principios del conocimiento intelectual

        El alma racional en el hombre es su única forma sustancial y cumple en él todas las funciones del alma vegetativa y sensitiva. Esta alma tiene dos clases de facultades o potencias para desarrollar sus operaciones: unas facultades orgánicas o corporales y otras inorgánicas o espirituales. Las primeras, a las que pertenecen los sentidos, tanto externos (vista, oído, etc.), como internos (imaginación, memoria, etc.) se sustentan en el compuesto; las segundas, o espirituales, se apoyan sólo en el alma, aunque se ayuden del cuerpo para su estímulo en las operaciones.

         El principio o causa del conocimiento intelectual es la inmaterialidad. La posibilidad de captar el conocimiento real está relacionada con el grado de inmaterialidad del objeto a conocer. Por ello el objeto adecuado del entendimiento es el ser en sí mismo o el concepto de ser, despojado de sus accidentes materiales.


Santo Tomas de Aquino, Protector de la Universidad de Cuzco  Museo de Arte de Lima, Perú. Siglo XVII

         El entendimiento humano no se puede separar del cuerpo y depende de los sentidos corporales, pero el objeto propio del entendimiento humano es la esencia de las cosas, abstraídas de las condiciones materiales. El conocimiento intelectual humano parte de las cosas sensibles captadas por los sentidos corporales, externos e internos. Como estos objetos materiales no son en sí mismos inteligibles, el entendimiento humano, mediante la función o virtud llamada abstractiva o entendimiento agente, ha de sustraerles las esencias y  crear representaciones o modelos intelectuales de los objetos. Estos objetos que captamos (que no son más que fantasmas de la realidad) son intelectualizados, despojados de sus características materiales, para convertirlos en especies inteligibles, pues como ya habíamos dicho, únicamente pueden serlo las cosas inmateriales o espirituales.



Fra Angélico, La Virgen con el Niñó entre los santos Domingo y Tomás de Aquino, 1424.  Ermitage

             Una vez eliminados los atributos accidentales (materiales) de las cosas, el entendimiento humano puede comprender directamente la esencia de las cosas o los llamados universales. Para conocer los singulares, en los que se dan de hecho estas esencias, el entendimiento dirige de nuevo su mirada hacia las especies o representaciones, también llamadas fantasmas, de esas cosas que encuentran los sentidos, externos o internos.

8. Entendimiento y voluntad

        Para entender o conocer el ser espiritual se sirve de la analogía, que le permite llegar hasta las perfecciones o atributos del ser supremo o Dios. En el hombre hay dos potencias espirituales propias del alma: el entendimiento y la voluntad. Las dos caminan o actúan armónicamente en bien del compuesto o del hombre. El desorden o desequilibrio, inclinándose excesivamente por el cuerpo o por el alma, procede de un error en la representación de un objeto como bueno, no siéndolo en la realidad. Siempre es el entendimiento lo que señala el camino mejor, yendo por delante de la voluntad, ya que esta es una potencia ciega o sin luz, y es atraída por lo que tiene apariencia de bueno o mejor, aunque no lo sea, por error del entendimiento. La voluntad o apetito espiritual elige el bien más atractivo ofrecido por la razón. La razón o entendimiento juzga que este es el bien que le conviene, y la voluntad decide seguirlo.


Santo Tomás de Aquino, por Fra Angelico

       El entendimiento humano no sólo conoce las cosas materiales y compuestas de cuerpo y espíritu en sí mismas, sino también en sus relaciones y dependencias causales, y puede ascender a la causa suprema de todas las causas, de la que dependen todos los seres reales y posibles, es decir, puede llegar al conocimiento de Dios.

9. El conocimiento de Dios: las cinco vías.

        ¿Cómo llega el hombre a conocer la existencia de Dios? Santo Tomás utiliza cinco procesos racionales de orden causal, conocidos conoce como "las cinco vías" para el conocimiento de Dios. Las cinco vías parten de la observación por los sentidos de las cosas particulares. Hay en el inicio un análisis empírico, que genera por inducción un proceso causal; después este método inicial inductivo se completa con el deductivo, llevándonos, causa detrás causa, hasta la causa primera en todos los cinco procesos u órdenes de ascensión o vías, ya que en todos ellos es imposible un proceso hasta el infinito.



La tentación de Santo Tomás, por Velazquez

         A. La primera vía parte del hecho observable del movimiento, hecho este que nos exige la localización de la causa de este movimiento y, a su vez, esta causa por ser también movida exige otra causa, hasta llegar a un ser inmóvil que es el origen del movimiento.

        B. En la segunda vía se observa la existencia de seres que son efectos, que tienen por tanto su causa eficiente, que son a su vez efecto de otra causa, hasta llegar a un ser que es sólo causa eficiente, sin ser efecto de nadie.



Santo Tomás de Aquino (Joos van Gent, c1460)


       C. La tercera vía observa la contingencia de los seres, que ahora son, pero antes no fueron y con el tiempo dejarán de ser. Si todos los seres fueran contingentes, debió existir un tiempo en que ningún ser existía y no pudo ser origen de otro ser y, por lo tanto, ahora tampoco existiría nada. De esto deducimos que hay un ser necesario que ha originado a los sucesivos contingentes.

        E. La cuarta vía sigue este mismo proceso con respecto a las perfecciones de los seres, que no son completas, y postula la existencia de un ser que las tenga en su plena totalidad.



Tentación de Santo Tomás de Aquino (Bernardo Daddi, 1338, Staatliche Museen, Berlín)

        F. La quinta vía observa la existencia de un objetivo o finalidad en los movimientos y actos de los seres naturales, lo cual postula la existencia de una inteligencia que los ordene y sea su fuente: el ser inteligentísimo que da a todos los seres su fin y las leyes que lo desarrollan.

        El entendimiento humano no sólo conoce la existencia de Dios, sino también, en cierto modo, su esencia y sus perfecciones. ¿Cómo? Ya hemos indicado que por la analogía de las cosas materiales puede el hombre llegar a entender las cosas espirituales. Dios es, en primer lugar, el único ser subsistente por sí mismo en el que la esencia es su propio existir. Es el ser simplicísimo, puramente espiritual, acto puro, en el que todas las perfecciones que observamos en la naturaleza se encuentran en él en su grado máximo e infinito. Las perfecciones de los otros seres devienen de que participan de las perfecciones del ser supremo que es Dios.



Lámina de Santo Tomás (Vida de Los Santos, Presbítero Alban Butler)

10. La Creación y la Providencia

        Este acto de comunicar Dios su ser y sus perfecciones a las cosas, que antes ni tenían nada ni eran nada, se dice creación. Pero el ser subsistente no sólo comunicó una vez a las cosas todo lo que son por el acto creador, sino que continuamente debe seguir comunicando su ser y sus perfecciones, porque de lo contrario dejarían de existir. Este acto de continua conservación o comunicación del ser por parte de Dios con las cosas se llama providencia o gobernación de la creación o providencia gobernadora.


Fiesta de Santo Tomás de Aquino, 7 de Marzo (Jacques Callot, 1636, Paris)

       El ser creado viene de Dios y a él vuelve después de una efímera existencia. El hombre, por razón de su alma, disfruta de la incorruptibilidad de los seres espirituales y tiene una responsabilidad sobre sus actos, que deben conformarse a las normas que Dios ha establecido en su naturaleza. Según este orden, Dios, que es el principio o causa eficiente de todos nosotros, es también la causa final a la que debemos aspirar, por lo que el hombre ha de asumir como único fin de todo su obrar el bien supremo, que es Dios, el único capaz de saciar plenamente su hambre espiritual, que con nada creado se puede saciar. No puede, pues, el hombre marcarse como el fin de sus actos la posesión de las cosas creadas y en eso el entendimiento no debe engañar a la voluntad, ni la voluntad debe ir contra el bien verdadero propuesto por el entendimiento.


Detalle de Santo Tomás de Aquino
 Santo Domingo rodeado por San Pedro Mártir y Santo Tomás de Aquino (Lippo Vanni, 1360, El Vaticano)

11. El hombre en sociedad


       Para finalizar, expondremos sucintamente la visión tomista del hombre en sociedad. Afirman que el hombre necesita de los demás para conseguir la máxima perfección como hombre. Para conseguir esta finalidad, forma una sociedad común de intereses con los demás, para completarse mutuamente. La primera sociedad es la familia que asegura la supervivencia generacional a través de los hijos.

       La segunda sociedad, necesaria, para que los hombres consigan esta máxima perfección, es la sociedad civil, donde por medio de la convivencia pacífica y la ayuda recíproca logramos progresar en el mundo. La tercera sociedad necesaria es la sociedad universal, formada por los diferentes pueblos, naciones o sociedades civiles.


Santo Tomas de Aquino. Jacopo Landini, sXIV y Francisco de Zurbarán  (Colección privada, Madrid)

      De esta manera se reparten y comparten los bienes, que, por el bien de todos los hombres, y en especial para los más necesitados de ellos, Dios ha puesto en la naturaleza.  Así los pobres y los países pobres son ayudados por los más ricos, y se da la convivencia pacífica y la armonía, venciendo envidias, odios y guerras. Esta es la base del progreso y la manera de conseguir el reinado de la fraternidad de todos los hombres como miembros de la gran familia humana o como partícipes de la misma humanidad o naturaleza humana.

Gonçal Vicens Bordes
La Velleta Verda


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Bibliografía

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Internet:

Webdianoia

Historia natural del alma
(Basada en la obra de L. Bossi y la historia del pensamiento de Arthur O. Lovejoy)

1. ¿Que es el alma?


2. El alma en la Antigüedad


3. El alma de los animales


4. El racionalismo y el hombre máquina

5. El Idealismo


6. Transformismo: la escala en movimiento


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