domingo, 28 de diciembre de 2014

El alma como pájaro o mariposa

     Una de las grandes paradojas que afecta a la humanidad ha sido la renuencia a considerar que los animales tuviesen alma. Sin embargo, los humanos no han encontrado mejor imagen para representarla que la figura frágil y palpitante de un animal alado, pájaro o mariposa.

    Ya hablamos del pájaro posado en un palo, junto al cuerpo tumbado del guerrero con cabeza de pájaro que hay en la cueva de Lascaux. Los egipcios también representaban el Ba, como un alma-pájaro, posada en el pecho del muerto. Estos pájaros con cabeza humana parecen estar despidiéndose del cadáver antes de lanzarse hacia un viaje hacia el más allá.


Papiro de Ani, o libro de los muertos

      También en el arte griego arcaico encontramos a Psique que se escapa por la boca o por la herida del moribundo en forma de pájaro o de figura humana, réplica miniaturizada del cuerpo del fallecido. Las almas no pueden hablar, pero al escaparse de los vivos emiten chillidos como los del murciélago y van revoloteando de aquí para allá. Sófocles, en cambio, dice que los “enjambres” (desfiles) de los muertos producen un extraño  zumbido.



      El símbolo Ѱ (Psi) procede de la palabra “Psigé”, que antes de los presocráticos significaba solamente “mariposa”. De hecho la letra (psi) es el dibujo estilizado de una mariposa. Posteriormente, el término “psigé” se utilizó con significado de “soplo”, “aliento” (alma). Los griegos creían que cuando moría un humano y exhalaba su último aliento, éste abandonaba los despojos corporales volando en forma de mariposa.



William Bouguereau, Psique y Eros 1899


El rapto de Psique (1895), William-Adolphe Bouguereau



Cupido y Psique, William-Adolphe Bouguereau (1889)

      En la Obra de Apuleyo, El asno de Oro, se narra la historia de Eros y Psique, un mito que representa la unión entre lo espiritual y lo físico,  la elevación del alma, para llegar a ser un ser completo. Psique, una joven mortal que se enamora del Dios Eros, pasa por duras pruebas infringidas por su suegra Afrodita, las cuales tienen un claro paralelismo con un proceso iniciático. Puedes leer el relato en mi entrada El mito de Cupido y Psique.

     Ese proceso de transformación tiene mucho sentido si lo comparamos con el proceso de la mariposa, símbolo por excelencia de la transmutación.



Cupid and Psyche - Middleton Jameson (1898)


Psique, Guillaume Seignac  (siglo XIX)

     En las lenguas humanas encontramos palabras relacionadas con la respiración para designar el alma: soplo, viento, exhalación… Se refieren al alma como a una “materia” ligera como el aire o el viento. Expirar significa rendir el alma, morir supone exhalar o lanzar el último suspiro.

      En la práctica popular, se coloca un espejito delante de los labios del agonizante, si el aliento lo empaña significa que la vida persiste en él, cuando deja de hacerlo esto indica que ha muerto.

      Según Edwin Rohde (Psique: la idea del alma y la inmortalidad entre los griegos, 1994) la esencia de la psique es un aliento que escapa por la boca en el instante mismo en que el ser humano se convierte en cadáver. En la frontera entre lo visible y lo invisible, Psyché, el alma-soplo, se manifiesta mediante un ligero batir de alas.

El alma alada

      El ala, el pájaro, la mariposa están permanentemente asociados al alma en la iconografía cristiana, como podemos comprobar en los mosaicos de la Creación de la basílica de San Marcos (Venecia) vemos el “spiraculum vitae”, el aliento de vida que Dios insufla en el primer hombre para animarlo. Vemos como Adán recibe el alma alada entre sus brazos.



Mosaicos de la Creación de la basílica de San Marcos (Venecia)

      De esta manera, la imagen de los pájaros que representaban las almas de los muertos hacia el oscuro Hades, se convierten en el cristianismo en un  símbolo de almas puras que vuelan hacia el cielo.

    Hasta el siglo VI los nichos mortuorios (loculi) de las catacumbas cristianas se decoraban con palomas, que a veces llevaban en su pico una rama de olivo. También encontramos palomas escapando de los cuerpos de los mártires en el bajorrelieve en marfil del Victoria & Albert Museum de Londres (800 d.C.) representa las almas en forma de pájaros volando hacia la boca de los resucitados. En la Biblia de Pamplona (Museo de Amiens, siglo XIV), a San Benito se le aparece el alma de su hermana en forma de una paloma.



Orante del cubículo de la “Velatio”, catacumba de Priscila

     Una paloma semejante aparece en la película de ciencia ficción, Blade Runner, tomando el vuelo en el momento de la muerte programada de un androide, el replicante Roy. La paloma de la paz de Picasso, en cierta manera, era hermana de las que se representaban en las catacumbas cristianas.



     El símbolo de la mariposa o del pajarillo aparece en numerosas pinturas del Renacimiento que presentan a la virgen con el Niño Jesús, como La Virgen del jilguero de Giovanni Battista Tiépolo o la mariposa en El descanso en la huida a Egipto, de Lucas Cranach el Viejo. Con Ambroggio Lorenzetti «La Virgen del Niño», nos hallamos ante la forma más habitual de la simbología de las aves. En efecto, el Niño Jesús sostiene en sus manos un pájaro, símbolo de la resurrección. A veces la imagen del alma se confunde con las alas de los ángeles, como el del cuadro de Jan Van Hemessen, en Lille, donde las alas del ángel señalan la calavera que tiene entre sus brazos, recordando que la vida terrenal es vanidad.


La Virgen del jilguero de Giovanni Battista Tiépolo



El descanso en la huida a Egipto, de Lucas Cranach el Viejo


Vanidad (c. 1535), de Jan Van Hemessen 


Madonna del Cardellino, Raphael Sanzio


Madonna y el Niño con un jilguero. Maestro italiano desconocido (alrededor de 1450)


"Nuestra Señora de Gracia", Museo de Cáceres. Obra de un artista portugués anónimo (finales s. XVI, principios s. XVII)


Sagrada Familia del pajarito, de Murillo (hacia 1649-1650), Madrid, Museo del Prado


Virgen con el Niño de alabastro policromado de estilo gótico de la segunda mitad del siglo XV. Monasterio de la Piedad (Casalarreina)


Virgen con el Niño y san Juan, de Francisco de Zurbarán

  La imagen del alma resucitada también aparece n las naturalezas muertas profanas. En la escultura neoclásica de CanovaPsyché, la protagonista deposita una mariposa en la palma de Cupido. 
    


Canova, Psyché

      A principios del siglo XIX, con la obra de Gotthold Ephraim Lessing, Cómo se representaban la muerte los antiguos (1769), la mariposa se convirtió en uno de los temas favoritos de la escultura funeraria, al lado de los símbolos de la vanidad existencial (calaveras, tibias cruzadas, relojes de arena), pues como símbolo de vida, aportaba al luto un atisbo de esperanza en la resurrección.

     Durante el romanticismo la mariposa se transformó en otras formas, como una dulce Psique, con alas de mariposa, en la obra La lección del ruiseñor de Philipp Otto Runge. Jean Paul le pone alas de mariposa a la cara de su amada muerta que se le aparece en sueños.  Incluso Nietzsche, en La gaya ciencia, imagina su “segundo Yo eternizado” en forma de un barco silencioso, parecido a una mariposa.



La lección del ruiseñor de Philipp Otto Runge

      A finales del siglo XIX, la mariposa del alma se mezcla con las representaciones de la nueva ciencia experimental. En el inquietante cuadro del pintor muniqués Gabriel von Max, Der anatom, el insecto alado revolotea cerca del cuerpo que acaba de abandonar y que el anatomista está a punto de diseccionar.  Santiago Ramón y Cajal, relata su descubrimiento de las neuronas acudiendo a la imagen de las alas de mariposa para describir las misteriosas células que se le aparecen trans impregnar los cortes cerebrales con sales de plata.



Gabriel von Max, Der anatom

      Entre nuestros contemporáneos destaca sobre todo el maravilloso cuadro de Bathus La Phalène, que resucita a la mariposa del alma. Esta escena nocturna, que representa a una muchacha y a una polilla volando hacia la luz de una lámpara de petróleo, renueva la imagen de Psique.



Bathus,  La Phalène


Historia natural del alma
(Basada en la obra de L. Bossi y la historia del pensamiento de Arthur O. Lovejoy)

1. ¿Que es el alma?


2. El alma en la Antigüedad


3. El alma de los animales


4. El racionalismo y el hombre máquina

5. El Idealismo


6. Transformismo: la escala en movimiento


sábado, 27 de diciembre de 2014

Cuerpos asimétricos

      De todo lo dicho se deduce que para los hombres las características de asimetría en el cuerpo humano contradicen el estereotipo universal que nos formamos sobre su forma. Según esta idea,  los miembros de nuestra especie se identifican con un cuerpo simétrico que, además, es propio de todos los seres vivos. Lo contrario indicaría una anomalía que, normalmente, se identifica con alguien que ha estado en el más allá, o lo que es lo mismo, con alguien que ha muerto y ha regresado con los vivos.



Quien ha estado en el más allá y ha regresado, lo hace presentando anomalías ambulatorias. Fotograma de la película de George Romero, La noche de los muertos vivientes

       Para ilustrar esta afirmación nos sirve un mito recogido en la isla de Ceram (archipiélago de las Molucas) sobre el origen del ser humano: “la piedra quería que los hombres tuvieran solamente un brazo, solamente una pierna, solamente un ojo, y fueran inmortales; el árbol de la banana, por su parte, que tuvieran dos brazos, dos piernas, dos ojos y que fueran capaces de engendrar” (Ginzburg, op. Cit.)

      Vemos como la asimetría va ligada a la inmortalidad (a lo divino) y la simetría a la condición humana de mortal. Los defectos físicos son vistos una señal de algo antinatural, de algo oculto, mistérico, esotérico y de ultratumba.

    Los personajes siniestros, como las Grayas o las Gorgonas (recordemos que representan las tres caras de la Diosa, como las tres fases de la Luna: púber, fértil y anciana. Ver Hacedoras del destino), a menudo son descritas como seres que tienen un solo ojo y un solo diente, que compartían. También, con el paso del tiempo, surgirá la figura del demonio, representado muchas veces como un ser cojo, lo cual nos hace pensar que es el heredero, en la cultura cristiana, de todas estas formas mágicas y obscuras del mundo pagano.


Las Grayas. Pablo J. Porras

     Esta es la tesis que sostiene Toldrà sobre la pervivencia de estas antiguas creencias  en obras  de la literatura, como El diablo Cojuelo de Vélez de Guevara, donde se afirma que la cojera del diablo es la señal de su caída desde el cielo.

       San Gregorio nos cuenta la leyenda de un sacerdote que llama a su mancebo de una forma negligente:

- “Ça vin, diable, descauce’m”.

      A la veu del qual començaren les trebugueres a desnuar fort cuytosament, que manifestament aparec que aquel ho fahia qui era estat nomenat. E cant lo capelan viu ayçò, ac gran espavent, e, ab grans critz, el dix:

- “Partex-t’ic, mesquín, partex-t’ic; que no o deya a tu, que al meu macip o deya!”

    El demoni anà-se’n aytantost, e romàs lo capelan mig descalçat”.

 (Sant Gregori, Diàlegs. Volum I. Editat per J. Bofarull, Barcelona 1968, 217)

      En esta narración vemos como el pie descalzo es resultado del contacto con el maligno o con el más allá.

    El mismo carácter representan las mutilaciones corporales, las que sufren los iniciados (escarificaciones, tatuajes, afilado de dientes), como testimonio de haber muerto y vuelto a renacer en la luz. Ejemplos hay muchos, como la circuncisión de los judíos o innumerables narraciones de la Germania pagana que cuentan como el héroe, al huir de los infiernos, suele quedar mutilado, o con la cabeza cortada, o lo dejan ciego.


Mujer de los Guerrero de Kau (Nubia), también conocidos como de las montañas de Nuba, Sudán (1975). Fuente: wordpress

     Gonzalo de Berceo cuenta en el octavo apartado de Milagros de Nuestra Señora lo que aconteció a un romero que peregrinando hacia Compostela recibió la visita del Diablo que se le presenta como el verdadero Santiago:

Éste es el juicio:
que te cortes los miembros que hacen el fornicio;
así que te degüelles harás a Dios servicio,
que de tu carne misma le harás tu sacrificio.

     El infeliz mure y el auténtico Santiago, viendo lo sucedido, discute con el Diablo e invoca a la Virgen María, que ordena que el espíritu del romero vuelva a su cuerpo:

De todo lo otro estaba bien sano y mejorado,
fuera de un hilito que tenía atravesado;
mas lo de la natura, cuanto que fue cortado,
no le volvió a crecer,
y quedó en ese estado.


     También encontramos las pervivencias de las antiguas creencias chamánicas en las marcas de los cuerpos que presentan muchos santos, como signo de alguna visión celestial, o de las brujas como marca de su pacto con el diablo. El mismo Cristo también muestra sus llagas al incrédulo de Tomás para identificarse como aquél que “descendió a los infiernos y al tercer día resucito de entre los muertos”.


Ambito de Domenico Cresti, llamado el Passignano,
La Incredulidad de Sto. Tomás, colección privada

      Finalmente, aparece el personaje de una fábula muy extendida en el continente euroasiático: el de la Cenincienta. Como es de todos sabido, la heroína pierde un zapato. Según Ginzburg, la historia de la narración concuerda con las demás fábulas folklóricas que tratan sobre magia.

      El protagonista (héroe o heroína) tiene que abandonar el hogar porque ha infringido alguna prohibición paterna. Iniciado el viaje, aparecen elementos mágicos que ayudan a la heroína (el vestido y los zapatos, hecho que concuerda con las historias mitológicas como la de Perseo, en la que hace uso de objetos divinos), objetos con los que vence los obstáculos y puede llegar al lugar prohibido (el palacio del príncipe, el Paraíso donde viven nuestros antepasados o el palacio de Hades, el inframundo prohibido a los vivos). Una señal que identifica a la heroína con su estancia allí es el zapato.


Grabado del siglo XIX que ilustra el cuento 'Cenicienta'. La obra fue creada por el artista francés Gustave Doré.

      La ceguera es otra señal propia del contacto con el más allá, recordemos al ciego de Tiresias al que Atenea, tras sorprenderla por accidente tomando un baño, le puso sus manos sobre los ojos y le dejó ciego, pero como compensación le dio el don de la visión interior. San Pablo que se queda ciego tras la revelación de Cristo cuando estaba cerca de Damasco.

     En la copla V de las Coplas de Don Jorge Manrique por la muerte de su padre, leemos “partimos cuando nascemos, / andamos mientras vivimos, / e llegamos / al tiempo que feneçemos”. El camino y la ambulación (como las sandalias que lo representan) son una metáfora universal de la vida.

      El caminar de una forma extraña indica que algo extraño ha ocurrido en la vida de esa persona, que ha resistido una iniciación que lo ha llevado a indagar en las fuerzas divinas y en la ultratumba, sufriendo, como lo prueban sus marcas, la experiencia del contacto con el más allá.

      Aunque se puedan rastrear hasta hoy en día las creencias chamánicas, la realidad es que en el siglo V a. C. ya no se podía entender el origen ritual de estas costumbres, pues había pasado demasiado tiempo. Muchos habían olvidado que el pie descalzo simbolizaba la muerte, la iniciación de los jóvenes en los misterios de la vida y del más allá.

       La iniciación se debe entender como una muerte simbólica. Muchos de los héroes griegos, en su juventud, se dedicaban al hurto de ganado, repitiendo un antiquísimo modelo mítico indoeuropeo: el viaje al más allá para robar el ganado que posee un ser monstruoso. Estos mitos constituirían la reelaboración de los viajes extáticos al mundo de los muertos efectuados por los chamanes para procurar caza a la comunidad. Edipo, Tiresias, Melampo… son los prototipos míticos de los yatrománticos griegos –curanderos, adivinos, magos- que han sido comparados a los chamanes del Asia central y septentrional.



Egeo consulta la Sibila. Fragamento de Kylix (florero acampanado para la degustación de vino) con figuras rojas (Staatliche Museen, Berlín)


Historia natural del alma
(Basada en la obra de L. Bossi y la historia del pensamiento de Arthur O. Lovejoy)

1. ¿Que es el alma?


2. El alma en la Antigüedad


3. El alma de los animales


4. El racionalismo y el hombre máquina

5. El Idealismo


6. Transformismo: la escala en movimiento


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