domingo, 17 de agosto de 2014

¿Los judíos: el pueblo elegido?

Consideraciones sobre el pueblo elegido

       Los historiadores israelitas, Israel Finkelstein y Neil Asher Silberman (La Biblia desenterrada. Ed. Siglo XXI. Madrid, 2003), afirman que el pueblo israelita deriva del cananeo, el pueblo que hacia el 1.000 a.C. habitaban los cerros que van desde la Baja Galilea hasta el desierto del Negev. Los israelitas son los cananeos de las montañas centrales de Canaán (1250-1000 a.C.).

     La historia “oficial” dice que los hebreros eran un pueblo nómada que entró en la Tierra de Canaán por el sureste y se expandió por todo el valle del río Jordán,  desde el mar Muerto hasta el monte Hermón.

    En realidad, los hebreos eran pastores nómadas cananeos que se instalaron en las regiones montañosas en el siglo XII a.C. Allí, unas 250 comunidades muy reducidas vivían de la agricultura, aisladas unas de otras, sin administración ni organización política. Lo mismo sostiene el historiador Philip Davies quien afirma que los judíos no vinieron de fuera de Canaán, sino que fueron los descendientes de los cananeos aborígenes.


Canaán siglo XII a.C.

       Israel Finkelstein matiza: los primeros israelitas eran también originarios de Canaán y, ateniéndonos a los marcadores étnicos clásicos, la lengua, la religión, la indumentaria, los ritos funerarios, los tabúes alimentarios..., la cultura hebrea material no propone ningún indicio revelador en cuanto a dialectos, ritos religiosos, formas de vestirse o de enterrar a los muertos. Hay un detalle muy interesante sobre sus costumbres alimentarias: nunca, en ningún poblado israelita, fueron exhumados huesos de cerdo. En esa época, los primeros israelitas eran el único pueblo de esta región que no comía cerdo.

       Para el historiador Shlomo Sand el concepto de patria es uno de los más destructivos de la era moderna, dice en When and How Was the Land of Israel invented? Según Sand, la tierra de Israel no fue la patria histórica del pueblo judío, sino un invento sionista para usurpar unos territorios a finales del siglo XIX, convirtiéndolos en patria de origen de los judíos.



Shlomo Sand,  La invención del pueblo judío.
AKAL 2011. © La Haine

        En el libro anterior de Shlomo SandLa invención del pueblo judío (Verso, 2009, traducido por Yael Lotan) rechazó la existencia de un pueblo judío que se hubiera exiliado hace 2.000 años y que sobrevivió al exilio. La mayoría de los judíos de Europa del Este, según él, son descendientes de personas que se convirtieron al judaísmo en suelo europeo, es decir, son una mezcla de las diferentes razas europeas. Palestina nunca ha sido la cuna del pueblo judío. Sand sostiene que durante 2.000 años los judíos nunca han constituido un pueblo y que sólo la religión, las creencias y la cultura los unían. ¿Pero hay un pueblo palestino? El historiador dice que no, que los palestinos son árabes que han vivido en esta región durante cientos de años. La colonización sionista fue la que forjó el pueblo palestino.



     Esta tesis está respaldada porque el estudio del ADN demuestra que no hay uno exclusivo judío. Además, no existe ningún puente biológico entre los antiguos habitantes de los reinos de Judea y de Israel y los judíos de nuestro tiempo.

      Los católicos durante mucho tiempo han acusado a los judíos de ser los asesinos de Dios y afirman que su Dios no es el mismo que el de los rabinos enfermos de odio, los cuales defienden un Dios diferente al del amor, un Dios del odio y del extermino, como describieron magistralmente en sus libros Harold Bloom Jesus and Yahwehthe names divine, y el rabino Jacob Neusner, que describe al dios judío como antagónico con el de Jesús, en su libro Jews and ChristiansThe Myth of a Common Tradition, donde nos dice que hablar de una tradición común es una gran mentira (10).

     No deben andar muy sanos –mentalmente, me refiero- los sionistas, para quienes decenas de palestinos(as) deben morir por cada israelí muerto(a). Se pretende que es lo justo. Se nos quiere hacer creer que Israel se está haciendo justicia por su propia mano. Extraña ley del talión: treinta ojos palestinos por un ojo israelí, treinta dientes musulmanes por un diente judío. Si hacemos cuentas, concluimos que alguien de Israel vale treinta veces más que alguien de Palestina. Por más legumbres, armas y dólares que haya en Israel, su gente vale igual que la de Palestina. Sin embargo, si es así, ¿entonces por qué los israelíes han alcanzado un valor tan alto en el mercado? Quizá únicamente por su poder, porque tienen el poder económico, político e ideológico de atribuirse ese valor (11).



Niños palestinos asesinados. Fuente: Non Serviam

     Otro gran invento sionistas es lo de la “tierra prometida”. ¿por quién? Según sus escribas lo fue por Jhwh, su propia deidad, la que ellos eligieron del panteón cananeo, quien era además, una deidad menor y sin ninguna importancia en el mismo. Algunos historiadores la consideraron como “el hijo de El”, la divinidad mayor del panteón cananeo (12).

      Además, que la promesa haya sido hecha es un hecho absolutamente incomprobable, dado que las narraciones religiosas de esa época, como la Biblia, son totalmente ficticias, como demostró ShlomoSand, en sus libros La invención del pueblo judío y La invención de la tierra de Israel. Además ha escrito un tercer libro titulado Comment j’ai cessé d’être juif, explicando porqué renunció a su condición de judío: “Soportando mal que las leyes israelíes me impongan la pertenencia a una etnia ficticia, y soportando aún más mal el aparecer ante el resto del mundo como miembro de un club de elegidos, yo deseo renunciar y cesar de considerarme como judío.” (13)

      Los textos de la Torah, son relatos en gran parte ficticios, redactados por escribas a sueldo, quienes se inventaron una especie de inmobiliaria que poseía Jwhw, una deidad menor en el panteón cananeo, el cual les había otorgado, según sus escribas a sueldo de reyezuelos con voluntad imperial, esa porción del territorio cananeo, del planeta Tierra, en comodato (14).  

      El pensador indio, R. S. Sugirtharajah, en su libro La Biblia y el imperio. Exploraciones poscoloniales (15) señala el uso del Antiguo Testamento como arma de destrucción masiva por cristianos y católicos europeos y de todo el mundo, denunciando que los textos hebreos de esos libros incorporados como antecesores del mensaje de Jesús, fueron y siguen siendo utilizados por sus seguidores europeos y hoy estadounidenses, como fundamento de sus aventuras imperiales.

    Los fanáticos de la religión convirtieron al insignificante dios cananeo Jwhw en ‘Dios’ para el mundo latino y en ‘God’ para el mundo anglosajón.

    Sus textos religiosos, al frente de los cuales se encuentra la Biblia, son textos ficticios, como lo demostró Shlomo Sand y los israelitas Israel Finkelstein y Neil Silberman en su libro titulado La Biblia desenterrada. Una nueva visión arqueológica del antiguo Israel y de los orígenes de sus textos sagrados (16) obra en la que los dos investigadores del Instituto de Arqueología del Estado de Israel, demuestran algunas de las ficciones de la Torá y la Biblia.   


Judío de origen askenazí y judío argelino (1890)


Judíos falashas (Beta Israel, judíos de origen etíope). Foto: Librería mundoarabe

      Sostienen que los israelitas nunca estuvieron en Egipto: carece de cualquier fundamento histórico el interminable viaje de Moisés y de su pueblo rumbo a Tierra Santa y su conquista posterior. Es necesario recordar que el actual territorio de Palestina era entonces parte integrante del Egipto faraónico.

      Tampoco hubo ningún éxodo desde ese país africano, ni expulsiones en masa de judíos por los Asirios. No hay registro de ellas en fuentes históricas creíbles. Según Shlomo Sand, el gran exilio de Babilonia es tan falso como el de las grandes diásporas. Cuando Nabucodonosor tomó Jerusalén y destruyó el Templo, sólo tomó como rehenes un pequeño grupo de las elites. Sin embargo, en Babilonia vivía una gran comunidad judaica por decisión propia: aquí estuvo el más importante núcleo de rabinos que hablaban arameo e introducían importantes reformas en la religión judía. Cuando el emperador persa Ciro conquistó Jerusalén en el siglo VI de Nuestra Era apenas vivían judíos arameos en Jerusalén. Los centros de cultura judaica de Babilonia se disgregaron al languidecer la ciudad, y los judíos emigraron hacia Bagdad, no para la miserable “Tierra Santa”.

      Para Sand, los “Exilios” no son más que mitos fundacionales de la identidad judía sionista. Las dos "expulsiones" de los judíos en el periodo Romano, la primera por Tito y la segunda por Adriano (132), que habrían sido el motor de la gran diáspora, son cuestionados por los historiadores israelíes.  El mito surge de las fantasías del historiador Flavio Josefo en su alucinante descripción de la revuelta de los zelotas. Según él, los romanos masacraron entonces 1.100.000 judíos y aprendieron a 97.000. Eso en una época que la población total de Galilea era según los demógrafos actuales muy inferior al medio millón.

     Los desmentidos de la arqueología perturbaron a los historiadores. Jericó era apenas poco más que una aldea sin las poderosas murallas que la Biblia cita. Las revelaciones sobre las ciudades de Canaán alarmaron también a los historiadores. Jerusalén –la ciudad monumental del “pueblo de Dios”- en la época dorada de David y Salomón, no tenía ninguna muralla, ni templo, ni nada que pudiese deslumbrar a persona alguna.

     Pero es que, por no existir, no existe ni el rey Salomón, ni su famoso templo.  David, como su hijo Salomón, fueron nada más que dos simples caudillos de ignotas aldeas de Judá, y no fueron ‘reyes’ de un imperio poderoso y extendido. El reino que podría existir en Judea durante el siglo X a.C. era una aldea tribal apenas fortificada. Por supuesto, nada equivalente  a los poderosos reinos de Babilonia y de Persia.


alomón recibiendo a la reina de Saba (1890), de Edward Poynter. Recreaciones como esta carecen de cualquier soporte arqueológico y no son más que mitos del pueblo sionista.

    Estos aldeanos atrasados nunca jamás conquistaron el territorio de Canaán, un territorio del faraón, puesto que no hay ningún testimonio entre los documentos egipcios que lo confirme.

Notas:

10. Carta al Papa Francisco de Papa Francisco de Saad ChedidRebelión.

11. Israel y su ley del talión, por David Pavón-CuéllarPDF.

12. Ver Deuteronomio 32-8/9. René Dussaud. “Yahwéfils de El”, en Revue Syrie, XXXIV, 1957, pp. 232-242. Otto Eissfeldt. “El and Yahweh”, Journal of Semitic Studies. Manchester University Press, 1956, pp. 25-37. Marvin H. PopeEl in the Ugaritic Texts, Leiden, E.J. Brill, 1955. Jesús Luis Cunchillos. Cuando los ángeles eran dioses. Salamanca. Universidad Pontificia. 1976. Saad Chedid y Nur Masalha(eds.) La Biblia leída con los ojos de los cananeos. Editorial Canaán. Buenos Aires, 2011. La Diosa en Israel

13. Shlomo Sand. La invención del pueblo judío. AKAL, Madrid, 2011; La invención de la Tierra de Israel. AKAL, Madrid, 2013; Comment j’ai cessé d’être juifFlammarion, París, 2013, pp. 134 y 15.

14. El Estado de Israel es un Estado terroristaSaad ChedidRebelion.

15. R. S. Sugirtharajah. La Biblia y el imperio. Exploraciones poscoloniales. AKAL, Madrid, 2009, p. 94-103

16. Israel Finkelstein y Neil Silberman, titulado La Biblia desenterrada. Una nueva visión arqueológica del antiguo Israel y de los origines de sus textos sagrados. Siglo XXI, Madrid, 2005

El conflicto judeo-palestino

·   La Intifada

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