jueves, 28 de noviembre de 2013

Los viajes de Henu

       Durante el reinado de Mentuhotep IV se realizaron numerosas expediciones por el mar Rojo hacia el país del Punt (probablemente la costa africana de la actual Somalia). Pero de estas expediciones, la más interesante, fue de la Henu (circa 1970 a.C.), de la cual quedó un minucioso registro escrito en el Valle de Uadi Hammamat cerca de la ciudad de Copto, a 420 millas al sur de El Cairo.

     Allí se encuentra una inscripción en las rocas describiendo la expedición de Henu al legendario País de Punt, siendo esta la primera expedición marítima de ultra mar, en la historia mundial, narrada y escrita por sus propios realizadores. La expedición se remonta al 2500 a.C.; fue enviada por el faraón Sahura, de la dinastía V de Egipto, para traer maderas preciosas, mirra, electrum (una aleación de oro y plata), monos y enanos.


Relieve que describe la llegada de la expedición egipcia al país de Punt en la época de Hatshepsut. Templo de Deir el-Bahari, Egipto. Fuente: Wikipedia

      Henu o Hannu volvió a abrir las rutas comerciales a Punt y Libia, para el Imperio Medio de Egipto. Su viaje tenía doble finalidad, política y comercial, ya que debía comprar incienso y propagar el gran poder del faraón. Tomó un camino poco habitual: en lugar de viajar al este hasta llegar al mar Rojo, partió en dirección sureste, guiado por habitantes del desierto.





Expediciones egipcias al País del Punt. Murales de Deir el-Bahari, Egipto. Fuente: Flickr

    En el octavo año del reinado de Mentuhotep IV, Henu partió de Copto al frente de un poderoso ejército de tres mil hombres, cruzó el desierto oriental a través de Wadi Hammamat y llegó a la costa del Mar Rojo, probablemente al Uadi Gawassis (Gasús), puerto de partida de las navegaciones a Punt o Saba en la XII dinastía, cerca de la actual ciudad de Safaga. La expedición estaba destinada a buscar las especias aromáticas para el faraón, que los príncipes de la tierra roja recogían para él por miedo y temor.


Atravesó el Wadi Hammamat y salió del Wadi Gawassis, punto de partida habitual de las naves egipcias que navegan por el Mar Rojo.


Una aldea del País del Punt, en muro de Deir el-Bahari. Fuente: Mis sitios tan bonitos como Cádiz



Bajorrelieve mostrando un poblado del país de Punt. Expedición egipcia de la época de Hatshepsut. Templo de Deir el-Bahari, Egipto. Fuente: Wikipedia

      Henu dice que navegó por el Mar Rojo y exploró el sudeste de la península Arábiga, enviando una nave a la Tierra de Punt, la cual regresó trayendo  mirra, metales preciosos y maderas para el rey.



     Desde la ciudad de Coptos en el Río Nilo, partía la ruta que atravesando el gran desierto conducía al puerto de El Quseir en el Mar Rojo. Henu escribió:

     “Fui enviado a conducir barcos al País de Punt para traer para el Faraón especias fragantes que los Príncipes del País Rojo recolectan abundantemente puesto que entusiasman a todas las naciones. Y Yo partí de la Ciudad de Coptos y Su Santidad ordenó que los hombres armados que debían acompañarme debían ser del sureño País de los Tebanos” (se refiere a gente de Nubia y Sudan).


Coptos fue la capital del V nomo del Alto Egipto. La ciudad ya existía en el año 4000 a. C., y adquirió desde la antigüedad gran importancia por ser un enclave estratégico en las rutas de caravanas que comunicaban el valle del Nilo con el mar Rojo. Fuente: Wikipedia

    Algunas hipótesis dicen que los egipcios llamaban Príncipes Rojos a los Cananeos que habían conquistado las tierras de Punt y Saba, llamados igualmente rojos por los Griegos que utilizando el término Phoenix del cual deriva “Fenicios”. Por lo tanto, Punt se referiría al país de los Fenicios.


Ati, la reina del país de Punt mostraba el aspecto que se recoge en el relieve inferior. Algunos piensan que pudiera ester afectada por acondroplasia dada su llamativa hiperlordosis lumbar y el acortamiento de las extremidades inferiores, pero la normalidad de las manos y de la estatura (ver dibujo superior), excluyen este diagnóstico.

    Actualmente se han abandonado las diversas hipótesis sobre su posible ubicación (algunos la situaban en América) y la emplazan en la región de Eritrea, coincidiendo con otras hipótesis sobre el Reino de Saba que señalan que se encontraba en el sur de la península arábiga (actual Yemen), otros creen que estaba en el Cuerno de África (actual Somalia) e incluso también se considera que el reino abarcaba ambas zonas (Cuerno de África y parte de la península arábiga). Por lo tanto, Saba y Punt podrían ser el mismo país.

El resto de los viajes

      Estos viajes continuaron ininterrumpidamente –excepto en los etapa de los hicsos-  apareciendo relatos durante la XII Dinastía con los Reyes Amenemhat I, II, III y Sesostris I, II, III y otros hasta Cleopatra.


Una criada ofrece perfumes a las invitadas en un banquete. Pintura mural de la tumba de Najt (Tebas). Los viajes comerciales también buscaban valiosos perfumes apreciados por la clase dominante.

     Toda esa actividad exploradora alcanza un gran auge durante la dinastía XI y comienzos de la XII hasta que las sublevaciones generales de las tribus negras sudanesas, en época de Senusert III (also, Sesostris III) impidieron durante cierto tiempo aventurarse por esas tierras meridionales.

Egipto es de origen negro-africano

       Los orígenes de esta civilización no hay que buscarlos en civilizadores foráneos, venidos desde el norte o desde Mesopotamia. El pionero del origen egipcio en los pueblos del África negra fue Cheikh Anta Diop.

    Cuando el Sahara se desertizó, su población negra de agricultores  abandonaron la zona en busca de tierras más húmedas, las cuales encontraron en los alrededores de las grandes charcas y de los cursos de agua del sur, así como en el valle del Nilo. Lo mismo hicieron los pobladores del antiguo territorio de Khartum, como lo demuestran una serie de indicadores culturales comunes: los megalitos, la circuncisión, los tatuajes, las tierras asociadas a la serpiente, el carnero, el disco solar, los cráneos deformados por vendas y la momificación mediante inhumación temporal en arena caliente, la divinización del buey y la vaca como divinidades celestes. Si te interesa el tema puedes consultar Tras las huellas de Kuma.


Las razas humanas en la tumba de Ramsés III, hacia el 1.160 a.C. Esta pintura mural los egipcios y sus vecinos del sur son representados con exactamente el mismo aspecto negro-africano.

Los exploradores egipcios visitan los territorios negros

     Entre los grandes exploradores de esa época destaca Hapdjefai, inquieto aventurero que desde Siut dirigió numerosas expediciones en Nubia, así como Pepinekht, Si-Hathor y Amori. Una importante expedición al Punt, dirigida por Khentekthai, fue muy celebrada porque logró regresar a Egipto sin haber sufrido una sola baja, lo cual indirectamente nos indica que, en general, todas esas expediciones ocasionaban gran número de víctimas.

       Además de realizar las exploraciones de Nubia, Sudán y del mar Rojo, los egipcios convirtieron muy pronto el Mediterráneo oriental en un mar egipcio, explorando las costas de Siria, Chipre, Asia Menor y Creta. A partir de la dinastía XVIII, los cretenses adquirirán poco a poco el monopolio de las navegaciones mediterráneas, sustituyendo a los egipcios y ampliando el área de las exploraciones a las Cícladas, la Grecia continental y el Mediterráneo central, donde pronto les sucederán los aqueos y los primitivos griegos, entre los que destacan  Hannon, Himlicon, Kolaikos (620 a.C), Escylax de Caryanda (510 a.C) Piteas de Marsella y Nearcho (320 a.C).


Burro en una pintura egipcia datada entre 1298-1235 a. C. Fuente: Wikipedia

      Las expediciones egipcias al Sudán se realizaban mediante grandes caravanas de asnos porteadores y se organizaban en la propia frontera meridional. Funcionarios reales se hallaban encargados de equipararlas y aprovisionarlas a lo largo del territorio egipcio, y ya más allá de la frontera eran las tribus ribereñas del Nilo las que, con sus tributos, contribuían a la financiación de las expediciones, cuya finalidad era la obtención de oro, marfil, ébano y otras materias desconocidas en el propio Egipto. En muchos casos, el espíritu de aventura o la enemistad de jefes indígenas obligaban a efectuar arriesgadas penetraciones, no previstas, hacia las selvas tropicales. De la información conservada no puede deducirse con exactitud el límite alcanzado por los exploradores egipcios en la frontera meridional, pero indirectamente, gracias a las consecuencias de un intento de entablar comercio, sabemos que la influencia egipcia penetró profundamente en las propias áreas ecuatoriales.


Barcos mercantes del Nilo en el Antiguo Egipto. Acuarelas del pintor valenciano Rafael Monleón en Historia de la navegación. Fuente: Museo Naval de Madrid


      La multiplicación de estos viajes, las grandes riquezas y los productos exóticos aportados por esforzados navegantes y exploradores, llenaron la fértil imaginación egipcia y crearon un clima de aventura y ensueño que se manifiesta en la nutrida literatura novelada de viajes legendarios desde tiempos del Imperio Medio. Tal es el viaje conservado en un papiro famoso de San Petersburgo, titulado La Historia del marinero náufrago, relato de un viaje al Punt escrito alrededor del 2200 a. C., aunque algunos eruditos lo retrasan hasta la época de la dinastía XII (siglo XX a. C.). La historia incluye referencias a las ofrendas a los dioses así como a todo tipo de mercancías: incienso, madera fragante, marfil, grano, fruta, pescado, aves, e incluso a una serpiente gigante. El relato puede ser obra del “escriba de hábiles dedos”, Ameny hijo de Amenaa. Es el primer relato de naufragios, de los que son muy conocidos los de Simbad y Robinson Crusoe. Cuenta la experiencia del náufrago, sus temores, la soledad y el miedo a morir en un país extranjero, un tema recurrente en la historia de la literatura antigua egipcia.

     -Viaje de Hatshepsut

     Hatshepsut volvió a recuperar el comercio del Punt, dejándonos escrita su expedición, tal vez la más conocida, que dejó grabada en el Templo de Dei al-Bahari. La reina era hija de Tutmosis I, la única mujer proclamada faraón. El viaje se realizó el año 1464 a. C., bajo el mando de Nehesi, portador del sello real. La expedición tenía una doble misión: el tradicional comercio de maderas preciosas, oro e incienso y la realización de un estudio sobre el país, tanto sobre las condiciones geográficas como políticas y sociales.


Escultura en caliza de Hatshepsut, datada sobre 1520-1484 a.C.  Museo Egipcio de El Cairo. Fuente: Artehistoria


Templo de Dei el Bahari, tumba de Hatshepsut. Fuente: Wikipedia

     En estos grabados se describe la llegada a una montaña que tenía terrazas con incienso (gomorresina que se obtiene haciendo una incisión en los troncos de los árboles de la Boswellia).

      -Viaje de Unamón

      Relatado en un fragmento que se conserva en la colección del Museo Pushkin de Moscú, titulado oficialmente Papiro Pushkin 120, el viaje demuestra la pérdida de poder e influencia de Egipto a través de los desprecios infringidos a Unamón, sacerdote de Amón, que viajó a Biblos circa 1050 a. C. para comprar madera (probablemente de cedro) para un nuevo barco sagrado.


Fragmento del Papiro Pushkin 120, con la historia de Unamón.

     Unamón contó que al llegar al puerto de Dor, gobernado por el príncipe Tyeker Beder, fue desvalijado. Cuando llegó a Biblos, el rey Zakar-Baal se negó a que le entregasen la madera pedida y, además, le exigió a Unamón que pagase para obtener noticias, una práctica contraria a la tradición. Unamón entonces tuvo que pedir a Esmendes más oro, un gesto humillante. Después de un año de espera en Biblos, Unamón se dirigió a Alashiya (Chipre), dónde quisieron matarlo, antes de recibir la protección de la reina Hatbi. La historia se detiene aquí porque falta el resto del papiro.

       Los problemas de Unamón en su viaje se han explicado como emanados de esa situación internacional. En el estudio de  Goedicke (1975) aporta lo que habrá de ser una de las interpretaciones más sugerentes sobre el personaje. Goedicke demuestra que la actitud de Unamón no se corresponde con las esperables de un enviado que intenta realizar una transacción comercial. Los problemas de Unamón proceden, en su visión, no sólo de la pérdida del prestigio de Egipto en el concierto internacional, sino de la falta de adecuación a los usos y costumbres vigentes en el mundo comercial del Mediterráneo de su tiempo. Unamón actúa fuera de las normas de conducta apropiadas (y de cortesía). Vale la pena recordar cuál es la situación de Unamón a su llegada a Biblos con la intención de comerciar y obtener madera de cedro para la barca de Amón. Cuando Unamón se presenta ante el gobernante de Biblos acaba de robar un barco (es un pirata), no tiene credenciales que establezcan su identidad ni su misión, no lleva capital para intercambiar por los bienes deseados, su actitud es profundamente descortés y llega perseguido por su delito. Esto escribe José Ramón Pérez-Accino en Unamón revisado, publicado en Intercambio y comercio preclásico en el Mediterráneo (I Coloquio del Cefyp, descargar aquí).


Descargar aquí

-Viaje a Bactria

      Ramsés II ordenó un viaje con un destino más lejano que Punt: Bactria, de donde procedía el lapislázuli, inexistente en África. En general, los egipcios lo adquirían en Tefrer, una ciudad situada en el canal que unía el Tigris con el Éufrates. En Tefrer, posiblemente Sippar, compraban también otra piedra a la que daban el nombre de la ciudad (tefrer) y que no ha sido identificada.


Una de las esposas de Ramsés II era hija del rey de Bactria, y recibió aviso de que su hermana estaba muy enferma. El faraón envió a uno de sus mejores médicos, pero la princesa no sanaba: tras el inútil viaje de otro médico, se decidió enviar al dios Jonsu, protector de los enfermos, el que ahuyentaba a los malos espíritus y regulador de los destinos. Una flota compuesta por un gran barco y otros cinco pequeños como escolta tardó un año y cinco meses en llegar a su destino tras bordear Arabia y remontar el Indo. Jonsu permaneció en el palacio real casi cuatro años, hasta que el rey lo devolvió junto con grandes regalos. Los egipcios habían realizado en ese tiempo cinco viajes entre Tebas y Bactria.

Bibliografía
    

El Egipto faraónico. Sociedad, economía y política. J. M. Parra (coord.). Marcial Pons, 2009.

Mitos y cuentos egicios de la época faraónica. Gustave Lefebvre. Madrid, Akal, 2003.

Holmes, George C.V. (2006). Ancient and Modern Ships V1: Wooden Sailing Ships. Kessinger Publishing, LLC. Montet, Pierre (1993). La vida cotidiana en Egipto en tiempos de los Ramsés. Temas de hoy.

Galán, José Manuel. «Expedición a Punt (transcripción)».

López, Francisco (2006). «Papiro de Moscú 120». La Tierra de los Faraones.


miércoles, 27 de noviembre de 2013

Las exploraciones de Herkhuf

      Se conocen los nombres de grandes exploradores egipcios y, en algún caso, numerosos detalles de sus respectivas expediciones. Uno de los exploradores más antiguos y famosos es Herkhuf, que durante el reinado de Pepi II, faraón de la VI dinastía menfita, a mediados del III milenio antes de nuestra era, realizó cuatro expediciones al Sudán y al Alto Nilo y alcanzó gran renombre por haber regresado a Egipto con un pigmeo para el faraón en el mismo reinado, otro explorador del Sudán, Pepinekht, pago su audacia con la vida, pues murió durante la expedición. Su hijo Sabni pudo recobrar el cuerpo y conducirlo a tierra egipcia para que recibiera sepultura según el rito tradicional.

     Herkhuf fue un conocido jefe de caravanas que realizó grandes viajes para todos los monarcas de la dinastía VI (2494-2345 a.C.) y los mandó grabar en su tumba de Asuán, en Qubbet el Hawa en la orilla oeste del Nilo cerca de la primera catarata del Nilo.


En rojo, el nombre de las demarcaciones de los territorios nubios durante la VI dinastía.

     Herkhuf era de Elefantina una isla en medio del Nilo. Fue nombrado nomarca o gobernador de la parte sur del Alto Egipto y era responsable de las caravanas del faraón Merenra, tercer rey de la VI dinastía.


     De estos viajes obtuvo productos preciosos como marfil, pieles de leopardo, plumas y huevos de avestruz, ébano…, pero su negocio principal fue el comercio con Nubia, lo que preparó el terreno para una expansión egipcia en Nubia.


Maqueta de un barco egipcio. Museo del Louvre. Foto: Gonçal Vicens

    Durante el primer viaje (2287-2278 a. C.) recorrió  la tierra de Yam, en una exploración que duró siete meses. En el segundo viaje a Yam partió por la ruta de Elefantina y remontó el Nilo por Irtjet, Makher, Terers e Irtjetj, (repiten las webs, por ejemplo: Latidos. Imágenes y palabra, de Antiqva, sin precisar los lugares geográficos, aunque yo entiendo que se trata de reinos de Nubia) en el espacio de ocho meses, trayendo productos de este país en gran cantidad. Exploró estos países y Uauat (territorio nubio, más allá de la primera catarata, del país de Uauat, en Etiopía) con burros cargados de incienso, ébano, aceites… y con barcos cargados de vino de palma, pasteles, pan y cerveza.


Maqueta de un barco egipcio. Museo del Louvre. Foto: Gonçal Vicens

     En su tercer viaje a Yam partió del nomo de Tinis por la ruta de los Oasis y fue a hablar con el príncipe nubio, pero se encontró que había ido hacia el norte, es decir, bajó por el Nilo hacia Egipto para destruir una tribu libia. El viajero  consiguió calmar su belicoso impulso y lo persuadió de que abandonara sus ambiciones. A Egipto no le interesaba que Nubia fuese conquistada por nadie. El rey nubio acompañó al egipcio hacia el sur, donde reunió valiosas mercancías y productos exóticos.


Primer grabado del libro de  Athanasius Kircher, Sphinx Mystagoga (Amstelodami: Ex officina Janssonio-Waerbergiana, MDCLXXVI). Recreación bastante fantástica de Gizeh, pero con elementos reales: visitantes curiosos capaces de encaramarse hasta lo más alto de las pirámides y abigarramiento de caballos, camellos, arqueólogos, saqueadores y gente diversa alrededor.


Pirámides nubias de Meroe. Más imágenes en: Poemas del río Wang

 Las pirámides que imaginó Athanasius Kircher, improbables cucuruchos de helado plantados al revés, en realidad existen, aunque no son estas, ni se encuentran donde Kircher las ubicó. Están en la antigua Nubia, lugar de origen del reino de Napata que en el siglo VIII a.C.  ocupó todo Egipto y lo gobernó como 25ª dinastía hasta la invasión asiria. Estas empinadas pirámides de la región de Napata y Meroe son las tumbas de los faraones nubios.

  
     Su rica caravana, de regreso al sur, despertó la codicia de otro de los reyes nubios, como el de Irhat, “cuyos impulsos criminales quedaron apaciguados repentinamente al ver el tamaño de la fuerza defensiva egipcia. Rápido de reflejos, el rey nubio ofreció sus soldados como escolta de la expedición egipcia durante su peligroso retorno por el desierto”, leemos en Oasis de Egipto del National Geographic.



Figuras en madera que representan soldados nubios. Museo egipcio de El Cairo. Fuente: Imágenes de Egipto

     Ante semejante ejército, el nubio ofreció sus soldados como escolta de la expedición egipcia durante su peligroso retorno por el desierto. Cuando alcanzó de nuevo el Nilo a la altura de Abydos, Herkhuf se halló con la agradable sorpresa de una flota de bienvenida enviada por el rey Pepi II –que entonces era un niño–, encantado con el regreso de la expedición y extasiado ante la idea de ver al pigmeo danzarín que los acompañaba (Oasis de Egipto del National Geographic). Dicen que los pigmeos se parecían al dios Bes y por eso eran muy apreciados, además de por su forma de bailar.
  
     Los viajes de suponen para Egipto la culminación del impulso colonizador promovido por Pepi I hacia tierra de Nubia, colonización que completaría su nieto Pepi II. El objetivo de Pepi I era preparar la expansión de Egipto hacia el Sudán.

     Pepi II le encargó a Herkhuf que tomara las rutas del desierto y se encaminara hacia Nubia. Se envió a Iri y a su hijo Herkhuf (su primer viaje) a establecer la ruta comercial y colonizar lugares para que Egipto consolidara sus posiciones y pudiera completar ese deseo de expansión. Las exploraciones de Herkhuf sirvieron para controlar las rutas comerciales hacia el sur, pero también tuvieron el sabor de la aventura y la audacia de los más grandes exploradores de todos los tiempos.


Estas pinturas, creadas por un artista egipcio, provienen de la tumba de Huy (Heje), un funcionario egipcio que vivió durante el reinado de Tutankamón (1336-1327 aC). Tebas, Qurnet Murai. Fuente: wysinger.homestead


Nubios antiguos. Delante  (1) los Príncipes de la Baja UaUat, ( 2 ) y ( 3 ) los “Hijos de los príncipes de todos los países extranjeros". La etiqueta discretamente colocado en frente del pecho (1) informa que es el Príncipe de Miam , Hekanefer. Fuente: Barry J. Kemp. Ancient Egypt: Anatomy Of A Civilization (2005), p. 35.

     Sobre el espíritu aventurero de Herkhuf –o de cualquier otro explorador- tengo mis dudas, como ya he dicho, aunque tengo que reconocer que me desorienta un poco el hecho de que se hiciera grabar en su tumba la narración de sus viajes, hecho que puede denotar que el viajero se sentía orgulloso de sus exploraciones.

      Hacia el final del largo reinado de Pepi II, Egipto había consolidado su posición en Nubia y los viajes de Biblos al país de Punt (se sitúa en la región del Cabo Guardafui al Nord-este de Somalia) se habían convertido en una ruta regular para el intercambio comercial de maderas, incienso, piedras semipreciosas y productos de lujo, un comercio que alcanzó un extraordinario desarrollo, y puso en contacto a Oriente y Europa con África.


Hekanefer (hehk -an- ehf- ur ) es el nombre egipcio que significa "el buen príncipe".  En el antiguo Egipto se dio este nombre a un jefe nubio que fue el Príncipe de Miam, una avanzadilla colonial egipcia en el norte de Nubia (actual norte de Sudán). Fuente: Julia Stewart. African Names (1993), p. 51

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