lunes, 29 de julio de 2013

La Antigüedad tardía (476-711)

     Algunos utilizan esta calificación para referirse  al periodo de transición entre la Edad Antigua y la Edad Media. Cronológicamente cubriría el periodo que va desde la crisis del siglo III, que marca el comienzo de la descomposición de la Antigüedad clásica, hasta la expansión musulmana y la constitución del Imperio carolingio (finales del siglo VIII), procesos que representaron el asentamiento definitivo del mundo medieval.


     Henri Pirenne (Mahoma y Carlomagno) puede considerarse el creador del concepto de Antigüedad Tardía, según él, la caracterización definitiva de lo medieval se encuentra en la aparición del Imperio de Carlomagno y la llegada del Islam a Europa; y los procesos que acarrearon: la ruptura de la unidad de la cuenca del Mediterráneo (en lo económico y en lo ideológico, una verdadera frontera de civilizaciones) y el cierre en sí misma de Europa Occidental o Cristiandad latina, previamente separada de la Cristiandad oriental del Imperio bizantino.



Henri Pirenne, Mahoma y Carlomagno

       Para los historiadores materialistas (Perry AndersonTransiciones de la Antigüedad al Feudalismo), el periodo de la Antigüedad tardía coincidiría con la transición del modo de producción esclavista al modo de producción feudal.



    La Antigüedad tardía es un amplio periodo de transición en todos los ámbitos: en lo económico para la transición entre el modo de producción esclavista y el modo de producción feudal; en lo social, para la desaparición del concepto de ciudadanía romana y la definición de los estamentos medievales, en lo político para la descomposición de las estructuras centralizadas del Imperio romano que dio paso a una dispersión del poder; y en lo ideológico y cultural para la absorción y sustitución de la cultura clásica por las teocéntricas culturas cristiana o islámica (cada una en su espacio).



Rómulo Augústulo renuncia a su corona ante Odoacro. Grabado de  Charlotte Mary Yonge  (1823-1901)

     De forma convencional se acepta que el inicio de la Edad Media comienza el año 476, con la caída del Imperio romano de Occidente cuando Rómulo Augústulo es depuesto por los hérulos del rey Odoacro en la ciudad de Roma.


Tremisis de Rómulo Augusto (31 de octubre de 475–4 de septiembre de 476)

      Podemos considerar que ese proceso empieza con la crisis del siglo III, vinculada a los problemas de reproducción inherentes al modo de producción esclavista, que necesitaba una expansión imperial continua que ya no se producía tras la fijación del limes romano. Posiblemente también confluyeran factores climáticos para la sucesión de malas cosechas y epidemias; y de un modo mucho más evidente las primeras invasiones germánicas y sublevaciones campesinas (bagaudas), en un periodo en que se suceden muchos breves y trágicos mandatos imperiales.

      Desde Caracalla la ciudadanía romana estaba extendida a todos los hombres libres del Imperio, muestra de que tal condición, antes tan codiciada, había dejado de ser atractiva. El Bajo Imperio adquiere un aspecto cada vez más medieval desde principios del siglo IV con las reformas de Diocleciano que acentuaran las diferencias sociales. Se difumina la diferencia entre los esclavos, cada vez más escasos, y los colonos, campesinos libres, pero sujetos a condiciones cada vez mayores de servidumbre, pierden la libertad de cambiar de domicilio, teniendo que trabajar siempre la misma tierra; herencia obligatoria de cargos públicos -antes disputados en reñidas elecciones- y oficios artesanales, sometidos a colegiación -precedente de los gremios-, todo para evitar la evasión fiscal y la despoblación de las ciudades, cuyo papel de centro de consumo y de comercio y de articulación de las zonas rurales cada vez es menos importante; los poseedores de tierra se  aristocratizan, a la vez que se ruralizan, avanzando hacia el feudalismo, sobre todo en Occidente, que queda desvinculado de Oriente con la partición del Imperio.




Villa romana de Sant Boi. Fuente: Arqueólogos

      Tras los cambios económicos y estructurales se producen los cambios de superestructura. El hombre sufre y tiene la sensación de que ha llegado al final de un ciclo, al final del mundo, sufrimiento que se ve aliviado por religiones providencialistas como el cristianismo, que prometen una vida feliz en al más allá. Implantación del cristianismo como nueva religión oficial por el Edicto de Tesalónica de Teodosio I el Grande (380) precedido por el Edicto de Milán (313) con el que Constantino I el Grande recompensó a los cristianos por su supuesta ayuda en la Batalla del Puente Milvio (312), un puente de piedra que atravesaba el Tíber conectando la Vía Flaminia con la capital imperial.



Constantino presidiendo el Primer Concilio de Nicea (325)

       El sistema de gobierno impuesto por Diocleciano –la Tetrarquía- (forma de gobierno en la que el poder lo ejercen cuatro personas conocidas como tetrarcas) acabó cuando este emperador y Maximiano renunciaron al poder y los administradores provinciales comenzaron a disputarse el control del Imperio, para lo que necesitaban un líder joven y fuerte para restablecer el orden. Gobernaba entonces el débil Constancio Cloro, del que era pariente Constantino. Cuando Constancio murió, el 25 de julio de 306, sus tropas proclamaron Augusto a Constantino en Eboracum (York), mientras que en Roma, el favorito a la sucesión era el heredero de Maximiano, llamado Majencio



Giulio Romano, Battaglia di Ponte Milvio. Fresco de la sala de Constantino, El Vaticano.

      Majencio ordenó levantar su campamento en frente del Puente Milvio, estratégico e inexpugnable camino de acceso a Roma. Allí acudió Constantino y, mientras preparaba la batalla, tuvo una visión nocturna que lo llevó a combatir bajo la protección del Dios cristiano. La descripción de esta visión varía en función de la fuente que la relate. Algunos aseguran que esta visión consistía en la aparición de la señal de la cruz acompañada por una voz que le decía a Constantino «en este signo, conquistarás» en griego. Lactancio afirma que la visión le dijo que debía «delinear la marca celestial en los escudos de sus soldados». El futuro emperador obedeció y marcó los escudos con el símbolo de Cristo; Lactancio describe este signo como un «staurogram», una cruz latina con su extremo superior redondeado en forma de P. A pesar de ello, no existen pruebas de que Constantino utilizara alguna vez el staurogram; de hecho, ciertos historiadores defienden que empleó la famosa chi-rho, letras iniciales griegas X y P (Ji y Ro) del nombre en griego de Cristo (χριστóς).



Fragmento de Giulio Romano, Battaglia di Ponte Milvio. Fresco de la sala de Constantino, El Vaticano.



Cruz chi-rho y la staurgram

      Eusebio en su "Vida de Constantino" cuenta que Constantino y sus hombres se encontraban marchando cuando el emperador levantó la vista y observó que, por encima del Sol, se alzaba una cruz luminosa con estas palabras: «Εν Τούτ Νίκα», cuya traducción al latín es “in hoc signo vinces” - «en este signo, vencerás». En ese momento Constantino no tenía claro cuál era el mensaje que trataba de transmitirle esta revelación, no obstante, esa noche soñó con Cristo, que le decía que debía emplear ese signo contra sus adversarios. En este relato Eusebio describe el lábaro, el estandarte militar que usó Constantino durante el conflicto que le enfrentó a Licinio.



El lábaro de Constantino

      Este símbolo no estaba destinado a representar a Cristo, ya que no existen evidencias que prueben que el chi-rho era considerado una marca cristiana antes del reinado de Constantino. Se cree que los griegos usaron ya un estandarte de una figura parecida al lábaro, el vexillum, un estandarte en forma de cruz que servía para sostener una tela o bandera con inscripciones. El lábaro fue utilizado desde la época del Emperador Adriano, siglo II. Este símbolo lo utilizó Constantino por primera vez en una moneda de oro (c. 315), lo que viene a demostrar que Constantino había empezado a emplearlo por esta época, aunque no de una forma destacada. Sólo hizo un uso extensivo del chi-rho y del lábaro durante el conflicto con Licinio.



Vexillum de una legión romana



Moneda del emperador Constantino I



Centenionalis a nombre del emperador Constante



 Maiorina a nombre de Majencio




Lábaro en el díptico consular de Probo

      También el Sol Invictus -el Sol Invicto- era empleado frecuentemente en el labrado de monedas y monumentos constantinianos años después de esta victoria. La visión de Constantino ha sido interpretada como un fenómeno meteorológico (p. e. un halo) que podría haber sido modificada con el fin de encajar con las creencias de los seguidores cristianos del emperador.



Moneda de Constantino, con una representación del Sol Invictus y la inscripción SOLI INVICTO COMITI, c. 315. Fuente: Wikipedia

     La curia romana también falsificó el documento conocido como Donación de Constantino (Latín: Donatio Constantini) un decreto imperial apócrifo atribuido a Constantino I según el cual, al tiempo que se reconocía como soberano al Papa Silvestre I, se le donaba la ciudad de Roma, las provincias de Italia y todo el resto del Imperio romano de Occidente, creándose así el llamado Patrimonio de San Pedro.

     La autenticidad del documento era puesta en duda ya durante la Edad Media, pero el humanista Lorenzo Valla pudo demostrar fehacientemente en 1440 que se trataba de un fraude de la curia romana, ya que mediante el análisis lingüístico del texto no podía estar fechado alrededor del año 300, como pretendía la Iglesia. El análisis lingüístico del texto incorporaba giros idiomáticos y palabras que no existían en el latín de los años finales del Imperio Romano. Inclusive el texto mostraba la palabra "feudo" que era un concepto desconocido en Europa a inicios del siglo IV, por lo cual la fecha de redacción de la "Donación" debía ser forzosamente posterior. Pocos años antes, el cardenal y humanista Nicolás de Cusa también había planteado que el documento era una falsificación.



Un fresco del siglo XIII. El Papa Silvestre I y Constantino I. Fuente: Wikipedia

       A continuación veremos resumidos la serie de hechos catastróficos que afectaron al Imperio romano. Seguramente su concatenación supusieron un duro golpe para acelerar su caída, sin embargo, la causa última está en las contradicciones internas del modo de producción esclavista.

-Sucesivos saqueos de Roma por los godos de Alarico I en el 410, por los vándalos en el 455, por las propias tropas imperiales de Ricimero en 472 y por los ostrogodos en 546.

-La pavorosa irrupción de los hunos de Atila (450-452), con la Batalla de los Campos Cataláunicos y la extraña entrevista de Atila con el papa León I el Magno que acaeció en el río Mincio, cerca de Mantua, y logró la retirada de los hunos.. No sabemos qué le dijo. Algunos, como Prisco,  cuentan que Atila fue presa de un temor supersticioso: temía sufrir el mismo destino de Alarico, que murió poco después del saqueo de Roma en el 410. Próspero de Aquitania afirma que el papa León con su elocuencia, ayudado por las apariciones de San Pedro y San Pablo, le convenció para que se retirara de la ciudad.



El encuentro de León Magno con Atila. Rafael Sanzio, 1513- 1514. Museos Vaticanos, Roma, Ciudad del Vaticano. San Pedro y San Pablo aparecen flotando en el cielo.

     Para algunos historiadores, puede que las epidemias y hambrunas que coincidieron con la invasión de Atila debilitaran su ejército, o que las tropas que Marciano envió al Danubio le forzaran a regresar, o quizá ambas cosas.

Crisis del siglo III

     La crisis del siglo III hace referencia a un período histórico del Imperio romano, de cincuenta años de duración, comprendido entre la muerte del emperador Alejandro Severo, en el año 235, y el acceso al trono del Imperio por parte de Diocleciano en el año 284.


     Se producen fuertes presiones de los pueblos exteriores al Imperio y una fuerte crisis política, económica y social en el interior del Imperio. Tanto en Italia como en las provincias irán surgiendo poderes efímeros sin fundamento legal, mientras que la vida económica se verá marcada por la incertidumbre de la producción, la dificultad de los transportes, la ruina de la moneda, etc.


Comida extravagante, fresco de Herculano

De este período se han diferenciado dos subperíodos:

1. Anarquía militar (235-268), ausencia de una autoridad, los soldados de los ejércitos fronterizos, de los limes imperiales, designan y eliminan emperadores a su voluntad. El descontrol es tal que varias provincias de occidente y oriente se escinden para formar elImperio Galo y el Imperio de Palmira respectivamente, en un intento de hacer frente con sus propios medios a los peligros exteriores que amenazan el Imperio.



Ruínas de Palmira

2. Emperadores ilirios (268-284). Tras los años anteriores de anarquía militar, en que la seguridad y la unidad del imperio se habían visto gravemente comprometida, diferentes emperadores de origen ilírico y danubiano lograron reunificar el Imperio y sentar las bases para restablecer la situación. Con el nombramiento de Diocleciano y el establecimiento primero de la Diarquía y después de la Tetrarquía, se da por superada la crisis del siglo III.



Ruinas del anfiteatro de Pula (Croacia)

      Los problemas empezaron en el año 235, cuando el emperador Alejandro Severo fue asesinado por sus soldados a la edad de 27 años después de que las legiones romanas fueran derrotadas en la campaña contra la Persia sasánida.

     Entonces comenzaron los generales a pelearse por el control del Imperio y se descuidaron las fronteras que sufrieron frecuentes incursiones por parte de godos, vándalos y alamanes por el norte, así como de los sasánidas en el este.

     El año 258 el Imperio se dividió en tres estados separados que competían entre sí. Las provincias romanas de Galia, Britania e Hispania, por inspiración de sus guarniciones militares, se separaron para formar el efímero Imperio Galo, y dos años más tarde, en el año 260, las provincias orientales de Siria, Palestina y Egipto se independizaron tomando el nombre de Imperio de Palmira, con respaldo sasánida), dejando en el centro al Imperio romano propiamente dicho que estaba basado en Italia, los Balcanes, Asia Menor y las provincias leales del norte de África.



1. Fraccionamiento del Imperio Romano el año 271.

     El año 268 una gran hueste de godos invadió el Imperio, pero fueron derrotados en la batalla de Naissus en 268. El poder romano cae en manos de una serie de enérgicos y duros emperadores-soldados. Las victorias del emperador Claudio II el Gótico durante los dos años siguientes hicieron retroceder a los alamanes y recuperaron Hispania del Imperio Gálico. Cuando Claudio murió en el año 270 de la peste, el prestigioso general Aureliano, que había comandado la caballería en Naissus, le sucedió como emperador y continuó la restauración del Imperio.



Aureliano, personificación del Sol, derrota al Imperio de Palmira, y celebra en el reverso ORIENS AVG, el Sol Naciente Augusto.

     El reinado de Aureliano (270-275) supuso un período de crisis, con reiterados ataques de vándalos, visigodos, palmirenos (véase Zenobia), persas… derrotándolos a todos.  Al final del año 274 el Imperio romano fue reunificado del todo, y las tropas fronterizas volvieron a sus puestos. Más de un siglo transcurriría antes de que Roma perdiera otra vez el control sobre las amenazas externas.



La reina Zenobia ante el emperador Aureliano, de Giovanni Battista Tiepolo (1696–1770). Museo del Prado, Madrid

     El Imperio se debilitó como consecuencia de las guerras internas y de las invasiones.  Docenas de ciudades antiguamente prósperas, especialmente en el oeste del imperio, resultaron arruinadas tras las guerras, sus poblaciones se dispersaron y, debido al colapso del sistema económico, la mayoría no pudieron ser reconstruidas. Las otras principales ciudades, incluyendo la propia Roma, se encontraron rodeadas de gruesos muros defensivos que no habían necesitado durante muchos siglos.




Murallas de Ávila

     Otro problema fue la cuestión de la herencia del gobierno imperial, pues  el derecho de sucesión nunca había sido definido claramente en el Imperio romano y se había permitido legalmente una gran flexibilidad para que los emperadores pudieran adoptar personas adultas que heredarían supuestamente su poder, lo que condujo a continuas guerras civiles al proponer distintas facciones sus candidatos favoritos a emperador.

      Una dificultad final era el tamaño inmenso del imperio, así como la disminución de una burocracia ágil y eficaz en las provincias, lo que impedía que los gobernantes pudiesen hacer frente a amenazas múltiples.



Reconstrucción de Roma

2. El Dominado (284-305)

        A comienzos del siglo IV el emperador Diocleciano hizo una serie de reformas, en la etapa conocida como el Dominado  (284-305) que permitieron al Imperio sobrevivir durante más de cien años en el oeste (aunque sin recobrar su antiguo esplendor), y más de mil en el este. Diocleciano convirtió al Estado romano en una pesada y costosa maquinaria que contribuyó a la decadencia de las formas de vida urbana, especialmente en Occidente.



Diocleciano (244-311)

      Los puestos de gobierno municipal, que antes eran honores ávidamente buscados, se convirtieron en cargas hereditarias, principio que también se extendió a los oficios artesanales. Las clases altas (nobilissimus, clarissimus, splendissimus) dejaron de encontrar estimulante el ejercicio de la política urbana, cada vez más onerosa, y optaron por retirarse a sus villas rurales, cada vez más convertidas en latifundios autosuficientes cuya conexión con el comercio a larga distancia se fue enrareciendo. Así, pues, se agravaba la tendencia a la feudalización que se fue intensificando durante los siguientes siglos, el periodo denominado Antigüedad Tardía , un período en el que el estado de las comunicaciones y el bandidaje, hizo que cada vez resultaran más incontrolables las jurisdicciones imperiales.

La Velleta Verda història
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...