viernes, 16 de agosto de 2013

La odisea de los arroceros valencianos III



      La primera escuela del lugar se construyó en unos terrenos cedidos por la Sra. Florentina Bou Casan de Massanassa (Valencia). Los primeros maestros, como Don Juan, que trabajaba en El Puntal, eran valencianos.  





      En un folleto para conmemorar el 15 aniversario del colegio público Florentina Bou, su redactor –desafortunadamente- dice que los valencianos fueron a la marisma sevillana para hacer “Las Américas”. En realidad, los beneficiados fueron los nativos del lugar, con una cultura menos desarrollada,  que aprendieron de los valencianos el cultivo del arroz, les dieron escuelas, panaderías, talleres… etc. Portada de La Marina con el título Valencianos por el mundo: la odisea de las marismas (1973). Fuente: Colegio público Florentina Bou. 25 aniversario. 

    En estos territorios se desarolla la película del director sevillano Alberto Rodríguez, La Isla Mínima, junto al poblado Alfonso XIII -Villanueva del Guadiamar- durante la República. La transformación de aquel paisaje cenagoso llega a pico y pala, con trabajos faraónicos y un ingente ejército de braceros dirigidos por valencianos que afrontan de sol a sol la canalización de un páramo. Eran los primeros colonos del franquismo. Hambre, mosquitos, malaria... Miles de aventureros vitales como Miguel Ferrer Marco y Vicenta Soler Bru , que desde Sueca (Valencia) sembraron sus vidas en la tierra que hoy es el mayor arrozal de España.



Vicenta Soler y Miguel Ferrer.

Miguel Ferrer Marco Vicenta Soler Bru de Sueca (Valencia). Fuente: eldiario.es



Fuente: La Isla del arroz



     Los valencianos llegaron como cultivadores experimentados reclamados por una compañía comercial llamada “Islas del Guadalquivir S.A.”. Su cometido era plantar el arroz y regresar a sus tierras de origen. Uno de los primeros en llegar, a finales de los años 20, fue Ramón Ferrando Allepuz –Ramón el Valenciano-, natural de Benifaió que se estableció en Coria del Rio y fue de los primeros pobladores del poblado Alfonso XIII, donde se construyeron más de un centenar de casas, al lado del canal del Mármol, para los repobladores valencianos. Se convirtió en el capataz y hombre de Confianza de los Beca Mateos, viajando hasta Italia en busca de las semillas de arroz para plantar en Isla Mayor.

  Los intentos de colonización de la zona comenzaron en 1927,  cuando una empresa inglesa con capital suizo y español, la Compañía Islas del Guadalquivir, compra al Marqués de Casa Riera 25.000 hectáreas para "desecación y saneamiento de las marismas y terrenos pantanosos".

     Diseminan poblados como Reina Victoria, Dora o Colinas, Rincón de los Lirios, Alfonso XIII, El Puntal o Veta de la Palma. Construyen 68 kilómetros de carreteras, 54 de ferrocarril de vía estrecha, 60 de línea telefónica y 27 de tendido eléctrico de alta tensión. Por el río se comunicaban muelles enclavados en Mínima, Mármol o Punta de la Lisa. Fracasaron, víctimas de la especulación bursátil internacional, y dejaron la simiente de su futuro uso. Quedan como recuerdo algunas construcciones y una estación de bombeo de agua -en la imagen- que con casi nueve décadas "funciona mejor y más barato, eso sí, no la pares porque si no a ver cómo la arrancas", declara un trabajador "de la casa bomba de los ingleses" (Eldiario.es)

'Casa bomba de los ingleses', en Isla Mayor.

Casa de bombas de los ingleses, Fuente; Eldiario.es




José Beca, de Alcalá de Guadaira, fue el auténtico amo del lugar





Los valencianos emplearon como peones a nativos del lugar y andaluces de los alrededores. Fuente: El Cultural
 






Los jornaleros protegían al máximo su cuerpo del sol y de los mosquitos, excepto los pies, que dejaban desnudos para evitar el peso del calzado sobre el fango (Foto: FJML)



Fuente: La Isla del arroz

      Como los valencianos se mostraron reticentes a permanecer en aquel lugar, el avispado empresario Rafael Beca les prometió que podrían comprar sus tierras y convertirse en propietarios. A partir de 1942 llegó un gran número de valencianos atraídos por la posibilidad de convertirse en dueños de sus tierras. Primero unas pocas familias de Massanassa alentadas por el alcalde de Valencia el Sr. Conde de Trénor, emparentado con los Gómez de Trénor y Sala de Pego. La mayor afluencia se produce en 1948 con la llegada de 35 familias de Sueca con los apellidos Navarro, Castelló, García Meseguer, Moscad, Grau, Viel, Fos, Roger, Bisquert... Las cuadrillas de valencianos seguían llegando con la intención de plantar y segar el arroz, para volver después a su tierra.
 
     "Vino Franco aquí en los años 50", dice la valenciana Vicenta Soler, "a ayudar que la cosa triunfara y le cambió el nombre a esto". Recuerda que cuando llegó "en el 63" ya estaban "las casas hechas". "Sí, las de los presos", responde. Las que construyeron presos del régimen franquista, mano de obra esclava. A Vicenta le explicaron dónde aterrizaba de esta manera: "Mi cuñado me dijo: Mira, Vicenta, esto es como Texas pero en pequeñito". Gente acostada en mitad de la calle, miles de braceros andaluces buscando jornal... y quien buscaba ocultarse. "La mujer de uno de Benifayó me lo dijo, que su marido se tuvo que venir a esconderse". Miguel Ferrer, 84 años, llegó "a la isla del arroz" con 26. En España hay más de 300 poblados de colonización pero Isla Mayor creció bajo un peculiar acento. "Más de mil personas llegaron de Valencia, seguro, más del 50% de la gente que había aquí eran valencianos". La familia de Miguel compró, la primera vez, "tierra a 80.000 pesetas la hectárea" (Eldiario.es)





Cuadrillas de segadores valencianos segando el arroz y agrupando los tallos del cereal en garbas.



Abonando el arroz. Fuente: La Isla del arroz, de Antonio Olivares Dominguez



Foto, de Antonio Olivares Domínguez y pertenece a la colección privada de la familia Olivares. Fuente: La Isla del arroz, de Antonio Olivares Dominguez



Preparando las semillas del arroz para sembrarlo. oto, de Antonio Olivares Domínguez y pertenece a la colección privada de la familia Olivares. Fuente: La Isla del arroz, de Antonio Olivares Dominguez

      En 1926, la Sociedad de las Islas del Guadalquivir (de capital inglés y suizo) compra las tierras del marqués de Casa Riera, en la desembocadura del Guadalquivir, e inicia su proceso de transformación con las primeras plantaciones de arroz. A partir de 1937, Rafael Beca Mateos, por encargo del General Queipo de Llano, le da un nuevo impulso al cultivo marismeño. En ese momento, el Poblado de Alfonso XIII va centrando el poblamiento disperso de la Isla. Para completar la colonización de la marisma, se instalan, cinco kilómetros al sudoeste de dicho poblado, un economato y una cantina, que abastecen a los jornaleros de los arrozales. Así nace lo que todavía se conoce popularmente como El Puntal. En 1956 se instala una fábrica de papel en lo que pasa a denominarse Villafranco del Guadalquivir (en honor al dictador Francisco Franco), que se independiza de Puebla del Río en 1994. El nombre fue cambiado por votación popular pasando a denominarse como en la actualidad, Isla Mayor, desde el año 2000.



Bombas, llamada de Zabala (respiraderos). Fuente: La Isla del arroz,


Compuertas de las Bombas, llamada de Zabala (respiraderos). Fuente: La Isla del arroz,


Durante el siglo XXI los valencianos copiamos las estaciones de bombeo y las compuertas de Isla Mayor. Bombeo de Pego (Alacant). Foto Gonçal Vicenç Bordes


Compuerta en la tierra de arroz de Pego (Alacant). Foto Gonçal Vicenç Bordes






      Alfonso XIII presenta la típica morfología de los poblados de colonización, con un predominio de las calles de trazado regular. Su artífice fue Rafael Beca Mateos y, por supuesto, los agricultores valencianos. Este señor de ascendencia sevillana e italiana, nacido en 1889, se dedicaba al negocio de aderezar y exportar aceitunas, consevas de pimientos, guisantes… hasta que se ocupó del arroz a partir de 1937 cuando llegó a Isla Mayor. Cuando murió en 1953 había repartido 5.000 Ha de arrozal entre los colonos valencianos. En 1955 la población de Isla Mayor se repartía entre los siguientes núcleos, en su mayoría habitados por valencianos: Villa Franco (1466 h.), Alfonso XIII (941 h.), Rincón de los Lirios (350 h.), Queipo de Lano (400 h.) y otros diseminados, hasta un total de 3441 h. (Fuente: http://islainformacion.files.wordpress.com/2011/02/isla-mayor.pdf).
 






Calle principal de Alfonso XIII en 2013
 



     En 1956, el Gobernador Civil y Jefe Provincial del Movimiento, nombró a José Castro Ramírez, natural de Antequera, como primer alcalde de la Entidad Local Menor, iniciándose así la saga de unos forasteros que intentaron quitar privilegios a los colonizadores valencianos, presionándoles para que renunciasen a sus costumbres y a sus idiomas. Los valencianos debieron sufrir un proceso encubierto de depuración de sangre y se vieron impelidos a abrazar un sevillanismo del que carecían.

     Sin embargo, estos proandaluces, no pudieron prescindir de la mano de obra valenciana y, el mismo José Castro, en 1940 tuvo que trasladarse a Sueca para reclutar valencianos.

     Le sucedió en el cargo José Olivenza quien escribió que no había unión en el pueblo, pues había un distanciamiento entre los andaluces y la colonia de los valencianos. Los valencianos tuvieron su primer alcalde en Arturo Avinó Puerta (1870-1976), natural de Nazaret, que llegó a Isla Mayor en viaje de novios y con la intención de visitar a un familiar. Se quedó con la intención de hacer unos dineros y regresar a Valencia, pero la dura realidad de aquella tierra se impuso. Habitó una humilde choza de paja, caminaba descalzo por senderos repletos de barro. Cultivaba su arrozal perseguido por toros; se trasladaba por los caminos de Isla Mayor con bicicleta, a oscuras, entre los toros sueltos… Desde su humilde choza, sin paredes, con el carburo iluminando la terrible soledad de la Isla, Arturo soportó junto con su mujer los reveses de una soledad adversa. Nunca quiso volver a su tierra con las manos vacías del trabajo.  Fuente: 


     Durante su mandato se construyó el colegio Florentina Bou (1973); la calle Real de Alfonso XIII fue la primera en ser pavimentada en toda la Isla. Eliminó las chozas del Muro de los Pobres, junto al canal de Pacual Rochet; mejoró las carreteras de acceso para que llegasen camiones de gran tonelaje…

     Otro valenciano, descendiente de los primeros colonizadores, Juan Grau Galve le sucedió en la Alcaldía. Fueron los años de esplendor de los colonos valencianos. Juan Grau decía que existían dos grupos de colonos en la marisma: los que procedían del minifundio, como los valencainos, que estaban dotados de un sentido de posesión de la tierra, y los originarios del latifundio, simples peones que buscaban trabajo temporal y siempre pensaban en regresar a sus casas. Afirma que la conciena de la isla surge de los pobladores valencianos, afirmando que Villafranco es un pueblo surgido sin ·conciencia de pueblo”. En esta época los colonos empiezan a construir sus casas, viviendas de asentamiento definitivo, construídas por valencianos que instaurarán en el lugar sus instituciones, como las juntas de riego, los acequieros, las cooperativas… Los valencianos tienen una revista titulada “Nueva Marisma” en la que escriben Modesto Ferri, Mesa, Pepe Orquín…
 







      Estos valencianos fueron los que iniciaron el movimiento segregacionista de la Isla respecto al ayuntamiento de La Puebla del Río. El primer alcalde de la democracia fue un valenciano llegado de Sueca llamado Modesto Ferri García (1979-1982), que vivía en la Zona del Pato, donde su padre era capataz de Rafael Beca. Fue elegido alcalde pedáneo por el Partido Comunista de España. Luchó contra el paro y la miseria, sufriendo por el dolor ajeno y siendo considerado, fundamentalmente, como “un hombre bueno”.

      En 1982, el alcalde de La Puebla del Rio, Julio Álvarez Japón (descendiente de japoneses) afirma que el problema segregacionista de Villafranco (excluyendo a Alfonso XIII) es por culpa de “la colonia de valencianos que tienen a menos pertenecer a Puebla”. Se encargó de responder al alcalde un concejal pedáneo, también valenciano, llamado Antonio Moscad Peris que en 1982 publicó una carta en el diario Correo de Andalucía diciendo que La Puebla del Río se aprovechaba del vergel creado por los colonizadores en la Isla Mayor, demostrando que Villafranco superaba a La Puebla del Rio en número de teléfonos, automóviles, motos, bancos, tractores, remolques, cosechadoras, camiones, industrias, cooperativas…  

      La continuidad del Partido Comunista en el gobierno de la Isla Mayor se produjo con la llegada desde Coria del Río de José Barco Herrera (1882-1984). Por aquel entonces la población de los distintos poblados de la Isla había llegado a los 5639 habitantes.
 







Hombres y mujeres del arrozal protegidos de los mosquitos con sus trajes, subidos en un trineo en plena faena de siembra.

      Los habitantes de la Isla pleintéan contra el Ayuntamiento de Sevilla que observa con benevolencia la instalación clandestina de ganados por parte de los ganaderos. Los agricultores se defienden alzando cercas en los sembrados y reduciendo la extensión de los pastos. Durante el siglo XIX las marismas eran coto de los grandes ganaderos que ocupaban sus terrenos gratuítamente, consiguiendo mano de obra barata que les proporcionaba los presos encarcelados, aumentando desmesuradamente sus beneficios sobre los pequeños ganaderos del entorno. La llegada de los ingleses y belgas y sus proyectos de desecación suposieron el inicio del radical cambio que protagonizarían posteriormente los valencianos.
 







Vecinos de Villafranco se desplazan al poblado Alfonso XIII en carro para rendir culto a la Virgen de Sales, en la iglesia de Nuestra Señora del Carmen.

     Acabada la Guerra Civil, los campos de la Isla Mayor se llenaron de hombre, mujeres y niños desnutridos, afectados por el paludismo y sometidos a la explotación de los patronos y al miedo. A la isla llegaron varias expediciones de pobladores canarios y casi todos perecieron. Cuando llegaron los pobladores valencianos se quedaron definitivamente asentados y se convirtieron en propietarios de los arrozales. Después llegaron andaluces como jornaleros.

     En los años cuarenta y cincuenta los valencianos, trabajando en largas jornadas de sol a sol, cultivan los campos siguiendo las técnicas rudimentarias de la tradición levantina. A finales de los años sesenta y setenta se extiende la mecanización, lo cual supone el regreso a sus lugares de origen de la masa jornalera: andaluces, pero también barceloneses y mallorquines. La mecanización beneficia enormemente al agricultor arrocero que se aleja de su finca para vivir en Sevilla o, los más pudientes, en Valencia.

     Los agricultores más modestos se quedaron a vivir a Villafranco del Guadalquivir (el antiguo El Puntal) o Alfonso XIII, los dos únicos poblados que lograron sobrevivir al colonialismo valenciano.
 







Cuando las trilladoras eran las reinas de los campos.
 







Villafranco y la papelera

     En realidad, la mecanización comenzó en 1942 cuando la Sociedad “R. Beca y Cía.” terminó la instalación de la maquinaria de la papelera en el poblado entonces llamado “El Puntal”. Esta maquinaria, traída poco después de la Guerra Civil desde la localidad valenciana de Vinarós, utilizaba las hierbas de los pastizales y la paja del arroz para la elaboración de papel y la cascarilla como combustible. Esto también se hacía en Valencia, de donde procedía la idea. El aprovechamiento de los recursos fue tal, que incluso llegó a comercializarse la ceniza resultante de la quema de la cascarilla para impermeabilizar las azoteas de algunos edificios.

     El papel que se obtenía, no era de una gran calidad, por lo que se utilizaba para envolver los productos que se vendían a granel en los comercios. Se llegó a producir, en 1953, “papel por valor de 7 millones de pesetas al año”. “La Papelera” terminó por cerrar sus puertas en 1983.

 

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