sábado, 18 de mayo de 2013

Stonehenge fue un gran cementerio

1.  Finalidad y construcción del templo
     Se supone que el término Stonehenge deriva del inglés antiguo “stan” (piedra) y “hen(c)gen” (horca), lo que sugiere que pudo haber sido utilizado como lugar de ejecuciones durante la Edad Media. El monumento Neolítico se halla situado en la Planicie de Salisbury, cerca del río Avon.

   Hay algunas controversias sobre la función que tuvo el monumento cuando se construyó, aunque actualmente, los trabajos arqueológicos han determinado que era un cementerio.  Los que reniegan de la ciencia, pero increíblemente se creen lo que dicen los charlatanes que pululan por Internet, han elucubrado hasta la saciedad con las más disparatadas teorías, aptas para todos los gustos: el monumento era un calendario astronómico, un observatorio, un templo dedicado al Sol… 


      También sucede lo mismo cuando hablamos sobre su construcción, que algunos atribuyen a Merlín, a los romanos, los druidas o a civilizaciones alienígenas. Sin embargo, el último estudio de Mike Parker Pearson ha determinado que el yacimiento prehistórico fue, en sus orígenes, un gran cementerio exclusivo para las clases privilegiadas, construido por gente del Paleolítico. El historiador considera que Stonehenge fue construido como lugar sagrado para los ancestros y forma parte de los enormes complejos religiosos del mundo prehistórico de las islas británicas.

      Las recientes excavaciones arqueológicas (2005) han encontrado a pocos kilómetros de allí un asentamiento de 4.500 años de antigüedad. Se trata de un poblado de más de 300 casas (algunos afirman que hay 1000 casas) que fueron habitadas por los constructores del santuario, constituyéndose como la urbe más poblada de toda Europa durante la Edad de Piedra.




Fuente: documental de National Geographic Stonehenge Decoded
      Parece ser que primeramente fue un gran cementerio y luego se convirtió en un lugar de peregrinación y de grandes celebraciones. El descubrimiento de restos de cremaciones y los recientes análisis de radiocarbono (carbono 14) sugieren que dichos restos datan del 2900 al 2400 a.C., convirtiendo a Stonehenge en el cementerio de cremación más grande de la Bretaña de aquel período. 

     Los sondeos con radar realizados en el subsuelo (2014) dirigidos por el profesor Vincent Gaffney de la Universidad de Birmingham y Wolfang Neubauer del Instituto de Prospección Arqueológica y Arqueología Virtual de Viena, revelaron fosas y 17 monumentos rituales, además de un enorme edificio de madera que se usaba para ceremonias funerales, vienen a reforzar la teoria de uso de monumento como cementerio.



Libros de Mike Parker Pearson



Profesor Mike Parker Pearson



Plano de Salisbury

      El equipo de arqueólogos encontró grandes cantidades de huesos de animales, en torno a 80.000, sacrificados alrededor del 2500 a.C. de lo que dedujeron que en aquel santuario se celebraban grandes fiestas comunales en las que participaron quizá hasta una décima parte de la población británica, con personas procedentes de lugares tan lejanos como los Highland de Escocia para celebrar el solsticio.



Ritos religiosos del solsticio. Fuente: documental de National Geographic Stonehenge Decoded

    Actualmente, también acuden al cementerio toda la caterva de paracientíficos y frikis del mundo a celebrar sus festivales paganos de los equinoccios. Allí no faltan los parapsicólogos, los ufólogos, los astrólogos, arqueoastrónomos, magos, brujos, druidas y todos los discípulos de Dorothy Clutterburck, la maestra en 1939 de Gerald B. Gardner  a quien este llamaba Dafo o la Vieja Dorothy, una supuesta superviviente de la antiguas religiones matriarcales, y Aleister Crowley, Carlos Castaneda y Raymond Buckland, quien abandonó la brujería gardneriana y fundo una nueva tradición llamada Seax-Wica. 


¿Druidas paganos o frikis?



Festival druida de Stonehenge (grabado italiano coloreado, 1820)

     Sin embargo, el esplendor de Stonehenge se redujo transcurridos dos siglos. Durante años, este descenso ha sido un misterio. Pero Mike Parker Pearson cree que se debe a la llegada de la cultura de los vasos campaniformes ("Beaker People” entre 2900-1700 a.C.) a las islas británicas. El testimonio más antiguo de esta cultura se encuentra en el área del Bajo Tajo (2900 a.C.), en Portugal. Su presencia está relacionada con la difusión de la metalurgia del cobre por Europa occidental, hasta el punto de haberse convertido en fósil director de esta expansión. Según Mike Parker Pearson estos invasores tenían una cultura de mayor individualismo y nuevos bienes materiales, incluidos los primeros productos metálicos vistos en Gran Bretaña. Ellos acabaron con la cultura comunitaria para la que originalmente se había creado el monumento. Los invasores enterraban a sus muertos colocándolos dentro de vasos de cerámica y no debajo de piedras  megalíticas.



Constructores de Stonehenge. Fuente: documental de National Geographic Stonehenge Decoded


Ejemplo de un sistema para elevar grandes dinteles de piedra
    
1.     Descripción del monumento funerario

      Stonehenge está formado por grandes bloques de piedra metamórfica distribuidos en cuatro circunferencias concéntricas: en realidad, las tres interiores tienen forma de herradura. Para las mentes abiertas a lo fantasioso está clara la simbología astronómica: la del círculo (el Sol), y de la herradura (el menguante de la Luna). El círculo exterior tiene treinta metros de diámetro, se conoce como el Sarsen Circle formado por grandes piedras rectangulares de arenisca sarsen (la más dura del mundo) que, originalmente, estaban coronadas por dinteles, también de piedra, quedando hoy en día sólo siete en su sitio. Se calcula que la construcción del Sarsen Circle y los trilitos (del griego, tres piedras) tuvo lugar en el 2500 a.C., mil años antes de que la rueda pareciera en Gran Bretaña.
      El círculo Sarsen está compuesto de treinta piedras  erguidas y otras treinta en posición horizontal que pesan en conjunto un total de 1500 toneladas. Las enormes piedras, cada una de las cuales puede pesar 45 toneladas, fueron llevadas hasta Stonehenge desde Marlborough Downs, a unos 40 km de distancia, en los montes de Preseli, al suroeste de Gales. De esta manera, el monumento fue adquiriendo su aspecto actual.
      Las piedras erguidas están rematadas por un dintel que, de haberse completado, formaría un anillo continuo de piedra de 30 metros de diámetro, suspendido a unos 4 metros del suelo. Los dinteles están sujetos a los montantes por medio de una unión de mortaja y espiga y unidos entre sí por machihembrado, ambas técnicas derivan de la carpintería. El borde superior del dintel está nivelado a pesar de que el monumento fue erigido sobre una pendiente suave que mira hacia el norte. Para asegurarse de que así fuera, los ingenieros variaron la profundidad de los hoyos en los que enterraban las piedras.


Técnica de la mortaja y espiga en la construcción del casco de un barco



Técnica del machihembrado para unir tablones de madera

     Entre el Sarsen Circle y los Trilitos se encuentra otro círculo de bloques más pequeños de arenisca azulada conocido como Outer Bluestone Circle. Los Trilitos encierran una estructura con forma de herradura construida con piedras de arenisca del mismo color conocido como Bluestone Circle. Los constructores de este santuario trasportaron un total de 300 toneladas de piedra azul –riolitos- desde Pembrokeshire por tierra y mar, a 240 km de allí. En su interior permanece una losa de arenisca micácea conocida como «el Altar» o Altar Stone.


Bluestone Circle

     La piedra del «Altar» fue traída desde una región cercana a Milford Haven. Se especula actualmente con la posibilidad de que se hubieran movido utilizando bolas de madera o piedra o cojinetes a modo de rodamientos, y no con troncos como se pensó originalmente.



    En la parte exterior de todo este conjunto arquitectónico encontramos dos círculos de piedra, excavados en roca, con treinta agujeros cada uno que se conocen como «agujeros Y» y «Z».
1.     Construcción de Stonehenge. Fuente: National Geographic



     Todo el conjunto está rodeado por un foso circular que mide 104 m de diámetro. Dentro de este espacio se alza un bancal en el que aparecen 56 fosas conocidas como los «agujeros de Aubrey». El bancal y el foso están cortados por «la Avenida», un camino procesional de 23 metros de ancho y 3 kilómetros de longitud, aproximadamente. Cerca se halla la «Piedra del Sacrificio» (Slaughter Stone). Enfrente se encuentra la «Piedra Talón» (Heel Stone). El círculo de arena que rodea los megalitos está considerado la parte más antigua del monumento, habiendo sido datada sobre el 3100 a. C.



      En su comienzo era un monumento circular de carácter ritual rodeado por un talud y un foso, de modo similar a muchos otros situados en el sur de Inglaterra.


1.     Fases de la construcción de Stonehenge: National Geographic



3.000 a.C. Primera fase de la construcción consistente en la excavación de las fosas o henges, fosas, taludes  y los  agujeros Aubrey


2900 a.C. Se erigieron postes de madera que luego fueron desmantelados. Se construyeron distintos puestos de cremación en el monumento



2500 a.C. Se construye el monumento de piedra, comenzando por trasladar unas 80 enormes losas de piedra arenisca desde los montes Preseli (Gales)


Poco después del 2500 a.C comienzan a llegar las enormes piedras sarsen, cada una de las cuales puede pesar 45 toneladas, que procedían de Marlborough Downs, a unos 40 km de distancia.



Hacia el año 2000 a.C. se terminó de construir el monumento funerario. Luego se excavaron los fosos al exterior del Sarsen Circle, pero jamás se colocaron nueva piedras.

1.     Teorías para gente rara    

     Hemos mencionado de pasada algunas teorías fantasiosas cómo la de que el monumento lo construyó el mago Merlín, o que allí iban los druidas para realizar sus ceremonias o, la más extravagante de todas, que fue un monumento construido por extraterrestres.
      Geoffroy de Monmouth (1136) en su Historia Regnun Britanniae, uno de los autores del ciclo arturiano, fue el primero en afirmar que Stonehenge era una creación del druida Merlín, que por obra de magia habría traído las piedras desde Irlanda. Luego habría utilizado las "fuerzas vitales" del lugar para hacer aparecer el dragón, y es ahí también donde todos los nobles de Inglaterra habrían prestado juramento al rey Arturo. La idea de que fue un templo construido por los druidas pertenece a los autores británicos John Aubrey y William Stukeley, a fines del siglo XVII y a principios del XVIII.
     El primero en escarbar entre las piedras de Avebury fue el anticuario William Camden, pero no se dio cuenta de su importancia. Por lo tanto, John Aubrey, es reconocido históricamente como el primer anticuario de reconocer la verdadera importancia de Avebury, cuando se encontró el monumento por casualidad en 1649, mientras cazaba el zorro. Está aceptado como responsable de traer a la atención del mundo en general, incluso la visita que hizo el rey Charles II en 1663. Aubrey hizo dibujos de lo que encontró en Avebury, que ahora son invaluables para los investigadores modernos. Ellos revelan la presencia de piedras que habían desaparecido en el momento en que William Stukeley fue para estudiar los megalitos, lo que confirma que el período entre las visitas de los dos hombres fue uno de gran destrucción de los monumentos. Por ejemplo, Aubrey registra la existencia de 20 piedras en el círculo íntimo del Sur mientras que Stukeley sólo encontró cinco. Su trabajo en Avebury y otros sitios de la antigüedad se tituló en "Monumenta Britannica" (1960) aunque fue publicado en 1980. El círculo de agujeros Aubrey lleva su nombre por ser el primero en descubrirlos.  


Aldea de Avebury
      William Stukeley (1687-1765) estudió Medicina, pero por su fascinación por los druidas quiso convertirse en uno.  En 1730 cambió de carrera y se lo nombró Vicario de todos los Santos en Stamford. Desde ahí, incluyó sus ideas de la filosofía druídica en sus sermones, e incluso comenzó a firmar sus cartas con "Chyndonax, Druida del Monte Haemus".



John Aubrey (1626-1697) y William Stukeley (1687-1765)



Historia Regum Britanniae: historias, mitos, leyendas acerca de los primeros reyes ingleses compilado por el monje Geoffrey de Monmouth en 1138. Stonehenge es descrito como un "baile de los gigantes". 



Plano de los henges de Avebury dibujado por John Aubrey



El monumento y las avenidas dibujadas por William Stukeley. Los monumentos megalíticos de esta zona constituían una unidad y se conectaban los unos con los otros a través de anchas avenidas.

      También hay quien afirma que el tamaño de las piedras de Stonehenge son tan grandes que se diría que fueron levantadas por una raza de gigantes desaparecidos después de los primeros tiempos. Según Diodoro de Sicilia (siglo I a.C) "Hay en la isla un recinto de Apolo y un templo ilustre, (...) los encargados son llamados boreales (...). El dios visita la isla cada 19 años, período durante el cual las estrellas vuelven a estar en el mismo lugar en el cielo". Este recinto podría referirse a Stonehenge y el pueblo e gigantes serían los legendarios hiperbóreos, que algunos asocian a los primitivos íberos, pues es en Portugal donde se encuentran las primeras alineaciones megalíticas y, desde allí, se difundió por  media Europa.
     Otros afirman que la mayoría de los emplazamientos megalíticos (túmulos y dólmenes) son sepulturas, como lo atestiguan las cámaras funerarias. Sin embargo, afirman que Carnac y Stonehenge escapan a la regla. Como el monumento no tiene pasillos ni cámaras funerarias se supuso que debió tener otra función. Se olvidan que los habitantes del Paleolítico erigían grandes piedras sobre las tumbas de sus difuntos con la intención de que su espíritu pasara al interior de la piedra para cobijarse allí y durar perpetuamente.
   Los ufólogos afirman que es un puerto espacial para Ovnis o, mejor, una especie de acumulador de energía subterránea, la cual sirve para recargar las naves extraterrestres que lo sobrevuelan.



     Otra teoría, no menos extravagante, fue propuesta por en 1921 por un “destroza yacimientos” arqueológicos, un tal Alfred Watkins que publicó dos libros para desarrollar su febril fantasía: Early British Trackways y The Old Straight Track. Aseguró que en el subsuelo existen las llamadas Líneas Ley, una especie de caminos espirituales que tienen un origen natural y están producidos por corrientes subterráneas. Estas líneas espirituales sirven como acceso y salida para toda clase de manifestaciones paranormales. Estas rayas se cruzan en unos puntos que se llaman vortex, donde suelen edificarse los mejores templos religiosos.


Líneas Ley en el sur de Inglaterra según Alfred Watkins
       Esta teoría también fue defendida en 1969 por el escritor John Frederick Carden Michell (1933-2009) que aseguraba la existencia de una red mística que facilita la peregrinación hacia los lugares espirituales y místicos, además de servir de faro o guía para los platillos volantes y facilitar su aterrizaje. Según el extravagante John Michell la forma de Stonehenge representa un vehículo extraterrestre llegado en la antigüedad. Publicó su teoría en el libro The Flying Saucer Vision (La visión del platillo volante), en la que afirma que contemplado desde arriba, la forma de Stonehenge refleja exactamente la imagen convencional del platillo volante. El círculo de piedra del centro que encierra el trilithon y tiene forma de herradura representa una cúpula o cabina de tripulación de la nave. Las piedras azules más pequeñas que se colocan dentro del círculo y son visibles a través de las aberturas de los trilitos, representan a los dioses o visitantes extraterrestres dentro de su nave.
      Actualmente defienden esta teoría grupos como la Nueva Era, la ufología, el esoterismo o el ocultismo.


John Michell y Alfred Watkins

      Para estos charlatanes, Stonehenge sería un gigantesco generador de energía, un "nemetón" (lugar sagrado celta), como afirman los seguidores de la tradición druídica. Los creyentes forman una cadena humana alrededor del monumento cada solsticio para captar esta energía y cargarse de ella, siguiendo un ritual creado artificialmente en el siglo XIX.


Adoradoras desnudas en Stonehenge de la película The Wicker Man (1973)

      Uno de los templos de mayor espiritualidad estaría en Avebury, construido por los druidas –sigo la cuerda opinión del grupo antes mencionado- quienes creían que la energía espiritual se deslizaba como una serpiente a través del suelo, como las corrientes telúricas. Ellos opinaban que estas energías nacían del tránsito acuífero de los subsuelos o de las grietas de terrenos que entran en fricción, al igual que de los magmas subterráneos del planeta. Otros lugares sagrados son Glastonbury o la catedral de Chartres, erigida sobre un antiguo bosque sagrado de los celtas galos. 



Supuesto templo druida en Avebury. Grabado por McGahey para la edición de 1830 de Youth's Instructor and Guardian (Instructor y Guardián de la Juventud) ilustrando el artículo titulado “templo druídico”. El autor fue Charles Knight en su obra Old England: A Pictorial Museum. Fuente Wikipedia



El anillo de Avebury, a noventa millas al oeste de Londres y a 20 millas al norte de Stonehenge, es el anillo de piedra conocido más grande del mundo.



Colina de Silbury Hill (Wiltshire), la mayor colina artificial construida en Europa, es un túmulo funerario con 40 m de altura y una superficie de 2 hectáreas, que contiene un círculo sarsen en su interior.

     De igual modo creían que esas energías cruzaban los cielos y el interior de la tierra, a modo de cauces energéticos que, en ciertos parajes concretos, daban una condición específicamente benéfica a la acción de las corrientes telúricas del subsuelo, y creaban allí un lugar privilegiado, que los druidas marcaban mediante menhires o dólmenes. Posteriormente estos lugares se convertirán en centros rituales y ceremoniales, donde para acrecentar o favorecer esas manifestaciones energéticas, se cultivaba con danzas e invocaciones. Si quieres ampliar el tema dirígete a Wikipedia y su artículo Líneas Ley.


Dibujo de Stonehenge, en el que se aprecia una Línea Ley apuntando al sol. Fuente:  Nordisk familjebok (1918), vol.27, p.115 

     El Rvdo. Edward Duke (1814-1895) en The Druidical Temples Of The County Of Wilts (1846, Los Templos druidas del condado de Wilt) fue la primera persona en asociar la astronomía con un templo prehistórico -concretamente el túmulo de Aubery-, describiéndolo como un planetario completo de alineaciones astronómicas importantes construido por los druidas, aunque él no nombró ninguna. La mayoría de sus ideas sobre el tema eran bastante extravagantes e imaginativas y muy poco científicas. La teoría de Duke fue que los druidas habían construido un planetario gigante en la tierra que representa a todos los planetas conocidos por el hombre antiguo, en aparente órbita alrededor de la Tierra. 



El libro de Edward Duke y su retrato. Site © Gerald Duke, 2003. All Rights Reserved
      Según él, Silbury Hill en Wiltshire, era el centro místico de los druidas y, por tanto, representaba la Tierra (algunos dicen que el Sol).  Simbolizó los planetas –orbitando en torno a Silbury Hill-  a lo largo de una línea, conocida como línea de Duke, en la que los planetas asociados con lo masculino –como Marte- orbitaban en la parte sur de esta línea (nodo sur) y los que estaban asociados a lo femenino –como Venus- se mostraban en el nodo Norte.


     Sir Norman Lockyer (1836-1920), fundador de la revista Nature, fue el primero en apreciar los alineamientos solares -además de otros alineamientos relacionados con la estrella Sirio- de algunos monumentos antiguos, teoría que fue publicada por Lockyer en  The Dawn of Astronomy (El Amanecer de la Astronomía, 1894). Fue el primero en identificar la razón de la orientación de Stonehenge. Se dio cuenta de que en el solsticio de verano el sol se ponía por el final del eje principal del monumento.



Sir Norman Lockyer (1836-1920), fundador de la revista Nature
       Según Lockyer estas alineaciones fueron establecidas por los constructores de Stonehenge para servir de calendario a los rituales y celebraciones que se celebraban periódicamente. Para Lockyer, Stonehenge no era un calendario megalítico ni una calculadora astronómica en la forma en que había de ser interpretado por Gerald Hawkins. Él creía que Stonehenge era un templo construido para celebrar el antiguo festival celta de Beltayne (Primero de Mayo) o día de los muertos. Sus ideas fueron publicadas en Stonehenge and Other British Monuments Astronomically Considered (Stonehenge y otros monumentos británicos considerados astronómicamente, 1906).


Para los celtas, la noche de beltayne marcaba el comienzo de la temporada de verano pastoral, cuando las manadas de ganado se llevaban hacia los pastos verdes y a las tierras de pasto de las montañas. Fuente: Ritos y Mitos celtas.

1.     La arqueoastronomía
     La creencia de Lockyer en los propósitos astronómicos de Stonehenge y otros círculos de piedra se encuentra detrás de este tipo de investigaciones que tanto abundaron en el siglo XX. Por esta razón se le ha llamado el "padre de la arqueoastronomía".
     Su creencia de que los sitios antiguos como Stonehenge fueron orientados axialmente hacia un lugar en el horizonte donde un cuerpo celeste -el sol, la luna o una estrella- cruza el horizonte en un día en particular, se ha incorporado y desarrollados más tarde por otros escritores como Gerald Hawkins y el ingeniero Alexander Thom.
    Tal vez el principal tema de disertación de la Arqueoastronomía es el estudio de las orientaciones de ciertos monumentos tratando de ver su posible relación con los astros. Su fundador fue Sir Norman Lockyer, astrónomo real de Gran Bretaña a comienzos de siglo XX, se dedicó como entretenimiento entre sus investigaciones del Helio solar, a estudiar las orientaciones de Stonehenge y de los templos egipcios.
     Stonehenge, desde esos días, es el paradigma de monumento prehistórico con orientación astronómica. Lockyer determinó que el eje principal del monumento estaba orientado de manera que desde el centro del círculo de piedras se puede observar la salida del sol en el día más largo del año (el solsticio de verano) en dicho eje. En los años 60, Gerald Hawkins aplicó un complicado algoritmo de cálculo para determinar que el monumento podría ser utilizado a modo de un computador megalítico para determinar eclipses, pero en realidad, esto resultó ser falso y no convenció a ningún científico.
      Según los arqueoastrónomos más “serios” existe el principio llamado “testis unus, testis nullus”, es decir, si tienes una única construcción con una posible orientación o uso astronómico en una zona y cultura, esta puede ser casual y no podemos afirmar que esa cultura utilizara la orientación astronómica para algo interesante, por ejemplo, un calendario agrícola. Siguiendo esta tesis, no podemos inferir que los constructores de Stonehenge lo utilizaran para un uso ritual o cultural de la alineación astronómica...  ya que la misma alineación no se encuentra en ninguna construcción de su cultura ni de su zona.



      Stonehenge tiene una orientación solsticial, pero es un monumento único, de lo que se deduce que no podemos verificar si su pretendida orientación solsticial si es casual o premeditada. En cambio, nadie se puede tomar en serio que pueda considerarse un “observatorio” para la predicción de eclipses, entre otras cosas, porque no se puede averiguar que beneficio obtendría una sociedad paleolítica con estas predicciones, que por cierto, nada tienen que ver con la ganadería y la agricultura, que posiblemente no conocieran los creadores del monumento.
     Por lo tanto, de manera segura, podemos afirmar que Stonehenge es un monumento único, y esto en sí es su principal problema. Es decir, no existe un paralelo con el que comparar y verificar si la orientación solsticial es una casualidad en este caso o si es algo que se repite en monumentos similares construidos por la misma cultura.
      Por otra parte, si nos empeñamos en encontrar alineaciones, seguro que encontraremos más de una con cualquier astro o planeta que se ponga a tiro. Sobre la orientación de los templos, evidentemente, están en relación con alguno de los cuatro puntos cardinales. Sin embargo, las explicaciones de los arqueoastrónomos se asemejan bastante a una pérdida de tiempo, un intento vano de tratar de encontrar las tres patas del gato, expresión castellana que se aplica a los que con embustes y engaños tratan de probar lo imposible.
     Los científicos no confían en los arqueoastrónomos que acuden a los monumentos machaconamente hasta que consiguen encontrar cualquier alineación, que con toda probabilidad, será fruto de la casualidad y no de un plan premeditado diseñado por la gente del paleolítico. Además, con el paso del tiempo, la posición de los astros cambia y, por lo tanto, las alineaciones que se observan actualmente no tienen por qué ser las mismas que existieron cuando el monumento se construyó.
            Algunos definen la arqueoastronomía como el estudio del conocimiento astronómico de culturas antiguas: descubrir si una civilización observaba el cielo, cuál era su calendario, si orientaba las tumbas y los templos de una manera determinada. Pues me parece bien, pero para ello ya están los historiadores.
      Los parámetros astronómicos más utilizados por civilizaciones antiguas para la ubicación de yacimientos son los solsticios de verano e invierno y el equinoccio. El solsticio de verano y el de invierno son los dos puntos que señalan los lugares extremos de salida o puesta del Sol a lo largo del año. El Sol ya no sale más al sur ni más al norte.




     Las relaciones astronómicas no se refieren sólo a la orientación de los edificios, sino que también podrían señalar un fenómeno que ocurriera en determinado dia del año en dicho lugar. Por ejemplo, que el Sol entre directamente en el interior de un templo coincidiendo con el solsticio o el equinoccio. Si sólo ocurre este fenómeno en un sitio, podría ser por casualidad, pero, si ocurre en varios pertenecientes a la misma cultura, tiene seguramente una razón de ser.
      En Irlanda, en Newgrange, hay una tumba en la que entra el Sol en el solsticio de invierno a través de un largo corredor, un fenómeno que es muy difícil que sea debido al azar –afirma César Esteban, Investigador del IAC y Profesor Titular de la Universidad de La Laguna- para a continuación, afirmar que ha “encontrado una cueva del Paleolítico, en Valencia, cuyo interior era iluminado por el sol durante el solsticio de invierno… sería la relación astronómica conocida más antigua, de hace unos veinte mil años” (Compruébalo). No sabemos quién “excavó” la cueva, ni el propósito que tenía su “constructor”, pero consiguió que el sol entrara durante el solsticio de invierno: debió ser un gigante o un mago. Y para rematar su faena dice: “Sin embargo, podría ser debida a la casualidad, ya que es el único yacimiento del paleolítico donde se ha observado”. De esta manera, el arqueoastrónomo y su pretendida ciencia se descubren como un engañabobos: cuando uno lo persigue, consigue encontrar alineaciones solares hasta en las cuevas naturales, lo que nos hace pensar que, probablemente, la mayoría de las alineaciones encontradas en templos antiguos no sean más que casualidades. Por otra parte, orientar un edificio hacia el sol naciente no es difícil, ni tampoco la explicación del por qué: así, por ejemplo, se me ocurre que esta orientación sirve para aprovechar mejor el calor durante el invierno, o manifestar una especie de creencia en el renacimiento después de la muerte.  
     En la segunda mitad del siglo XX la astroarqueología o arqueoastronomía intentaba abrirse un pequeño hueco en el mundo de las ciencias, sin acabar de conseguirlo del todo.  Gerald Hawkins, un astrónomo americano, publicó los resultados de su estudio sobre los alineamientos astronómicos de Stonehenge en la revista Nature de 1963. En su libro Stonehenge Decoded (1966) describe cómo los ordenadores demostraron que las alineaciones entre Stonehenge y los 12 principales eventos solares y lunares no son mera coincidencia.  Afirmó que había encontrado alineaciones astronómicas en 165 puntos de Stonehenge asociados exclusivamente con el Sol y la Luna, pero no encontró alineaciones con las estrellas o los cinco planetas visibles a simple vista (Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno). Descubrió que se podían predecir los eclipses lunares a través de un sistema consistente en mover piedras alrededor del círculo de los agujeros de Aubrey



Gerald S. Hawkins (1928-2003)

1.     Elucubraciones astronómicas
      Sobre algunas de estas fantasías hablaremos a continuación y trataremos de exponer lo que han averiguado los arqueostrónomos sobre el monumento de Stonehenge. Muchos historiadores afirman que estos “hallazgos” son producto del empeño por tratar de probar lo imposible.
     Gerald Hawkins –como dijimos en el párrafo anterior- observó que el anillo de hoyos conocido como "agujeros de Aubrey", dentro del foso circular que contiene las piedras, daba un número de 56 hoyos, donde posiblemente, antes habían plantadas estacas de madera. Dado que la Luna tarda 56 años en completar su ciclo eclíptico, Hawkins propuso la idea de que los hoyos habían de ser los restos de un predictor de eclipses. Puede ser cierto, pero cuando consulté por Internet  el ciclo eclíptico lunar, nada encontré sobre que la Luna tarda 56 años en completar su ciclo eclíptico, tan solo estas dos páginas (que se copiaban) lo afirmaban: oocities.org y kronos.org.
     Por mi parte, lo único que he podido averiguar con certeza sobre el ciclo lunar es lo siguiente. El periodo de revolución de la Luna alrededor de la Tierra, llamado mes sidéreo es de 27,32 días, sin embargo el período entre una fase nueva y la siguiente, conocido como período sinódico, lunación, o mes sinódico es de 29,53 días. Esto se debe a que durante cada revolución de la Luna la Tierra avanza unos 27° en su propia órbita alrededor del Sol, por lo que las posiciones relativas de los tres cuerpos no vuelven a ser las mismas hasta entonces.
    Como vemos, las fases lunares dependen de la posición del Sol y la Luna respecto a la Tierra, y es común hablar de la «edad de la Luna» como el número de días pasados desde la última fase nueva.
      A. Los Trilitos
      M.W. Postins escribió un folleto titulado Stonehenge: Sol, Luna, estrellas errantes (Stonehenge: Sun, Moon, Wandering Stars, 1982), en donde se describen los alineamientos astronómicos de Stonehenge que podemos apreciar en la figura de abajo, obtenido de la página Tiverton & Mid Devon, Astronomy Society,  a la que seguimos en la explicación astronómica. También podéis consultar Trilithons and a three-season Solar Calendar at Stonehenge de Raul Perez-Enríquez.



Fig. 1.- Astro-Arqueología de Stonehenge. Fuente: tivas.org



TABLA 1: alineaciones astronómicas de Stonehenge III
Suceso astronómico
Alineaciones entre las piedras
Entre...
...y las piedras sarsens
Nacimiento solsticio verano
Altar Stone
30 + 1
Puesta solsticio verano
Northern Low Trilithon gap (brecha)
23 + 24
Nacimiento solsticio invierno
Eastern Low Trilithon gap
6 + 7
Puesta solsticio invierno
Great Trilithon gap
15 + 16
Solsticio de verano
 Salida de la luna y máxima permanencia
Southern Intermediate Trilithon gap
9 + 10
Solsticio de verano
 Salida de la luna y menor permanencia
Southern Intermediate Trilithon gap
8 + 9
Solsticio de invierno
 Salida de la luna y máxima permanencia
Altar Stone
29 + 30
Solsticio de invierno
 Salida de la luna y menor permanencia
Altar Stone
1 + 2
Solsticio de invierno
 puesta de la luna y máxima permanencia
Western Intermediate Trilithon gap
21 + 22
Solsticio de invierno
 Puesta de la luna y menor permanencia
Western Intermediate Trilithon gap
20 + 21



   Según Postins los cinco trilitos representan los planetas visibles a simple vista. El más oriental y el septentrional representan a Mercurio y Venus, asociados con las alineaciones solares; los trilitos intermedios representan a Marte y Júpiter, asociados con la Luna. El Gran trilito representa a Saturno que se mueve muy lentamente a través del cielo en comparación con los otros cuatro planetas. Este paso majestuoso pudo haber indicado a la gente que construyó Stonehenge que Saturno ocupaba una especie de posición de "mayor" en los cielos, como un dios.

Trilitos de Stonehenge
     Postins afirma que las alineaciones son extremadamente precisas, lo que ilustra el alto grado de conocimiento astronómico que poseían los constructores de Stonehenge. Estos conocimientos se compilaron reuniendo siglos de observaciones del cielo, antes de que la idea de Stonehenge fuera concebido.
      Las cuatro piedras Station (SS) 919293 y 94 (Fig. 2) forman un rectángulo perfecto, su eje más largo mide alrededor de 91’50 m. de longitud. El anillo sarsen forma un círculo de 30 m. Esta precisión geométrica fue investigada en unos trescientos monumentos megalíticos en toda Gran Bretaña por Alexander Thom (1894-1985).  Durante su estudio de estos monumentos se encontró con dos unidades de medida estándar, que él llamó el "Fathom megalítico» (equivalente a 1,6 m o 5,44 pies) y la "yarda megalítica» (equivalente a 0,83 m o 2,72 pies). Según Thom, la yarda megalítica se había utilizado en Stonehenge, determinando el espacio y la colocación de los bloques de piedra del círculo sarsen



Fig. 2



Alexander Thom publicó res libros famosos: Megalithic sites in Britain (Oxford, 1967), Megalithic Lunar Observatories (Oxford, 1970) y  Megalithic remains in Britain and Brittany (Los restos megalíticos en Gran Bretaña y Bretaña, Oxford, 1978).

       Según Alexander Thom las alineaciones lunares y solares forman ángulos correctos para la latitud en la que se construyó Stonehenge. La Figura 2 muestra que un observador mirando desde SS92 (Stone Station 92) sobre SS91 vería el amanecer del solsticio de verano, igual que el que estuviese de pie detrás del altar de piedra (piedra 80) y mirara por encima de las piedras C y B en la avenida.  El rectángulo exacto de alineaciones a través de las piedras Station sólo se puede lograr en (o muy cerca de) los 51º Norte. 
     Alexander Thom afirmó que Stonehenge era un gigantesco y prehistórico ordenador, pero la comunidad arqueológica fue escéptica y sus teorías fueron rechazadas por notables prehistoriadores como Richard Atkinson, que denunció que el libro era “...tendencioso, arrogante, inmaduro e inconvincente” (Wikipedia). No obstante, el libro se vendió bien y fue bastante popular entre miembros de la contracultura de los 60, que seguían una línea de sabiduría ancestral explorada por Alexander Thom. Las teorías de Hawkins son todavía aceptadas con cautela.
TABLA 2 : Stonehenge I, alineaciones astronómicas

Astronomical Event
Alignment Stones
From...
...to...
Summer solstice sunrise
SS 93
SS 94
SS 92
SS 91
Summer solstice sunset
Stone G
SS 94
Winter solstice sunrise
SS 94
Stone G
Winter solstice sunset
SS 91
SS 92
SS 94
SS 93
Summer solstice moonrise, major standstill
SS 93
SS 92
Summer solstice moonrise, minor standstill
SS 93
SS 91
Winter solstice moonset, major standstill
SS 91
SS 94
Winter solstice moonset, minor standstill
SS 91
SS 93
Most southerly moonrise
SS 94
SS 91
Most northerly moonset
SS 92
SS 93
Equinox sunrise
SS 94
Stone C
Equinox moonrise
SS 94
Stone B
[ SS = Station Stone ]

C. Bluestone Horseshoe (Herradura de piedras azules)
     La herradura consta de 19 piedras azules en forma de herradura (justo dentro de los cinco trilitos sarsen) y podría tener un par de posibles usos.


     Pudo ser utilizado para contar el período transcurrido entre la luna llena (en un día particular del año) y la próxima luna llena que cayese en ese mismo día del año, lo cual sucedería 19 años más tarde, según el conocido como el ciclo Metónico (de Metón, astrónomo griego del siglo V a.C.). También podría ser usado para seguir el ciclo nodal de la luna, que tiene un período de 18,61 años. Los extremos de la posición de la Luna en el horizonte están marcados en la Fig. 1, con los dos trilitos intermedios y piedras 8910, y 202122 del círculo sarsen.
      La herradura Bluestone (dentro de los cinco trilitos) también se puede utilizar para predecir los eclipses. Hay 19 de estas piedras, que al parecer se relacionan con el ciclo de 18,61 años, señalando alternativamente los puntos de salida y puesta de la Luna sobre el horizonte y, por tanto, también los eclipses. El número combinado de eclipses totales o parciales de Sol y Luna no puede exceder de 7 o ser menor a 2 en un año dado.
     El sol tarda un poco menos de un año para volver a la misma posición en relación con los nodos orbitales (en nuestro caso, las piedras azules que los señalan). Los nodos de una órbita son dos puntos pertenecientes a dicha órbita inclinada respecto a un plano de referencia, y que se hallan donde dicha orbita cruza al mencionado plano de referencia, al cual debe pertenecer el astro primario de la órbita a la que pertenecen los nodos. 





Toda órbita tiene dos nodos:
      El nodo ascendente (símbolo Ω) es el punto donde el objeto cruza el plano de referencia moviéndose desde el hemisferio sur al hemisferio norte celeste.
      El nodo descendente (símbolo ) es el punto donde el objeto cruza el plano de referencia moviéndose desde el hemisferio norte al hemisferio sur celeste.
      A la intersección del plano de la órbita con el plano de referencia se le llama línea de los nodos, sobre la que se encuentran los nodos y equidistante a estos sobre la misma línea se encuentra el astro mayor de la órbita durante los solsticios y equinocios. Uno de los parámetros que se utiliza para caracterizar una órbita es la longitud del nodo ascendente (ver elementos orbitales). Los nodos orbitales de la Tierra (plano de la órbita: eclíptica respecto al plano de referencia o Ecuador) reciben los siguientes nombres: punto Aries o punto vernal del nodo ascendente  y punto Libra para el nodo descendente.



      Como los eclipses ocurren cuando el Sol está suficientemente cerca de los nodos, los eclipses se repiten aproximadamente cada medio año de eclipse, ya que en ese momento el Sol se encuentra sobre el nodo opuesto (hay dos nodos en una órbita, y el año de eclipse mide el tiempo empleado en volver al nodo inicial, no al opuesto, de ahí que los eclipses se repitan cada medio año de eclipse).



     Concretamente, las épocas separadas por medio año de eclipse se conocen como estaciones de eclipses, y es la época en la que ocurren los eclipses. De hecho, al transcurrir medio año de eclipse el Sol se encuentra justo sobre un nodo, pero en ese momento la Luna no tiene por qué estar nueva o llena, condición esencial para que se produzca el alineamiento de los tres astros y, por lo tanto, ocasione un eclipse. Por eso, las estaciones de eclipses comprenden el tiempo máximo que tardará la Luna (llena o nueva) en llegar a la alineación, cuando seguro que se produce el eclipse.
       Este período es 346,62 días, y está conectado con la repetición de eclipses que se conoce como un "año del eclipse"  o año dracónico o ciclo nodal lunar que dura 19 años; es decir, unos 223 meses lunares [cada uno de 29,53 días] tienen la siguiente relación:
19 x 346,62 = 6.585,78 días
y
223 x 29,53 = 6.585,32 días
      Esto significa que para predecir un eclipse, 223 lunas llenas deben ser contadas antes de que la Tierra, la Luna y el Sol estén de nuevo alineados. Este período de tiempo se llama ciclo Saros y, según los arqueostrónomos, es posible que las personas de Stonehenge lo descubrieran antes de que los asirios y babilonios. El método primitivo para predecir eclipses consiste en anotar las repeticiones cíclicas de estos fenómenos. El ciclo más notable con que se repiten es, sin lugar a dudas, el llamado ciclo Saros. Un Saros contiene 6585,32 días (18 años, 10 u 11 días y unas 8 horas), y tras este período se repiten circunstancias orbitales casi idénticas, por lo que se produce un eclipse muy similar, aunque desplazado unos 120° al oeste (por las 8 horas de diferencia, que hacen que la Tierra haya girado 1/3 de revolución).
     Según la teoría de Gerald Hawkins los agujeros Aubrey sirven para predecir eventos lunares aunque de forma imprecisa. En el círculo de los agujeros Aubrey (AH), a intervalos de 9, 9, 10, 9, 9, 10, se colocaron 6 mojones alternativamente en blanco y negro, los cuales, tomándolos como referencia y moviéndose en el sentido de las agujas del relejo alrededor del anillo, servían para contar los años, sabiendo que de agujero a agujero se contaba un año, en total 56 círculos. En los agujeros 51​​56 y 5 fueron fijados marcadores. Ver la Figura 3 a continuación, que ilustra el concepto.



Fig. 3: Predictor de eclipses de Gerald Hawkins
      Cuando un marcador en blanco llegaba al AH56 la Luna llena se levantaba sobre la Piedra Talón ese año. El próximo evento astronómico ocurrirá cuando un marcador en blanco llegue a AH51. La Luna alcanzará, ese año, su máxima declinación durante el solsticio de invierno, elevándose sobre la alineación del agujero D desde el centro del monumento a lo largo de la alineación de la SS94 a SS91, y se enmarca en el intermedio sur de los trilitos. En el solsticio de verano, la luna se levantará a lo largo de la alineación de la SS93 a SS92, y se enmarca en el trilito intermedio occidental. 



Fuente: el oviparo
     Hawkins demostró con éxito que varias alineaciones lunares importantes ocurrieron el año 1549 a.C., sugiriendo que los astrónomos de Stonehenge sabían que estas alineaciones se llevarían a cabo cuando un marcador en blanco llegase a AH51, cosa que ocurrió en esa fecha.
     Los eclipses de Luna se producen cada 18,61 años. La razón por la que hay 56 agujeros de Aubrey se debe a 18,61 x 3 = 55,83 (o 56 al número entero más cercano). Los eclipses de Luna en verano o en invierno, suceden cuando una piedra marcador llega a AH56 o AH28, es decir, los dos orificios que se encuentran en el eje principal de Stonehenge. Cuando una marca blanca alcanza AH5 o AH51, se producirá un eclipse que ocurre durante un equinoccio.
     El círculo de los “agujeros de Aubrey” se utilizaba como un ábaco astrológico. El círculo contiene 56 agujeros. Si empezamos por el agujero número 56 y cada año desplazamos una piedra de señalización 3 agujeros en el sentido de las agujas del reloj, al cabo de 18 años se llega al agujero número 54 y al año siguiente el ciclo empieza de nuevo en el agujero número 1. Tras 18 años más, la piedra de señalización está situada en el agujero número 55 y el tercer ciclo empieza en el agujero número 2. Finalmente, después de otros 18 años, se llega otra vez de nuevo al agujero número 56, con lo cual el ciclo se cierra. Si quieres ampliar el tema descárgate Astrología del nodo lunar de Bruno y Louise Huber.
      Así pues, mirando desde el centro del círculo hacia el horizonte por encima de la piedra de señalización (en el correspondiente agujero de Aubrey) podía conocerse todos los años la posición del Nodo Lunar (sin verlo físicamente). Como el Nodo Lunar es un punto de corte con la eclíptica, sólo allí se pueden producir eclipses.
     Hay 30 postes en el círculo sarsen. Una luna llena ocurre cada 29,53 días. Un séptimo mojón blanco (un marcador de la Luna, que se muestra en la figura 3) se trasladaba cada día alrededor del círculo sarsen para realizar un seguimiento de las fases de la Luna.
      El estudio del americano Gerald Hawkins sentó mal a muchos arqueólogos británicos de 1960, frustrados porque un astrónomo estadounidense había determinado el enigma que se escondía detrás de la estructura del monumento, sin apenas haber puesto un pie en Stonehenge. Encargaron a Fred Hoyle,  profesor de Astronomía en la Universidad de Cambridge, un estudio sobre  Stonehenge, el cual se convirtió en un modelo de Sistema Solar con la Tierra en el centro. En lugar de siete piedras, Hoyle utilizó tres piedras que representan el Sol, la Luna y un nodo de la órbita de la Luna. Las tres piedras se mueven alrededor del agujero del anillo Aubrey con los valores reales de cada una respecto a las otras. Cuando los tres marcadores coincidían casi uno frente al otro,  ello indicaba que las estaciones de eclipses habían llegado. Los eclipses sólo ocurrían cuando la piedra de la luna se movía cerca de la Piedra del Sol o cuando se oponía diametralmente a la misma (es decir, precisamente en el lado opuesto del agujero del anillo Aubrey).
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