martes, 26 de febrero de 2013

Al primer neandertal lo confundieron con un jinete cosaco que murió frunciendo el ceño

     Un artículo publicado en Paleorama en Red se titulaba Al primer neandertal lo confundieron con un jinete que murió frunciendo el ceño. Llamativo título. Lo leí y pensé en la gran imaginación que tenía el científico que cometió el error. Después, he comprobado que muchos son los que siguen por el mismo camino.



Rudolf Virchow 


Primera reconstrucción del Hombre de Neandertal (1888) por Hermann Schaaffhausen

      Así vemos científicos que dicen que los neandertales se extinguieron al ser devorados por los sapiens; otros no lo aceptan y dicen que se extinguieron por culpa de una erupción volcánica; otros que se murieron de frio: unos, porque dicen que hacía mucho frío, y otros, porque no sabían coser bien las costuras de sus abrigos. Los hay que aseguran que se murieron de hambre… Algunos dicen que los humanos y los neandertales convivieron en Europa, otros lo niegan. Bueno, tal vez en esto consista el método científico.



Garganta del río en el valle del Neander (Düsseldorf), vista situándose en el sur-este del valle, en la piedra del Cuervo ( Rabenstein der ), enfrente vemos la gruta Feldgofer ( der Kleinen Feldhofer Grotte ). Fuente: Pensamientos bajo la luna (en ruso Мысли под Луной)


      En 1856 se encontraron en la gruta Feldhofer (Valle del rio Neander) unos huesos que fueron atribuidos al oso de las cavernas, hasta que el naturalista Johann Carl Fuhlrott aseguró que pertenecían a un hombre primitivo del periodo Diluvial o Cuaternario. Esta hipótesis la certifico el anatomista Hermann Schaaffhausen y, más tarde, el anatomista Rudolf Virchow dijo que el espécimen correspondía al cadáver de un hombre afectado de raquitismo, dolencia que le provocó las deformaciones óseas.




Johann Carl Fuhlrott y Hermann Schaaffhausen



El hombre de Neanderthal en un Cómic de Frank Frazetta (1928–2010), vía Amautacuna de Historia.

     La cosa, desde el punto de vista científico, marchaba bien hasta que inspeccionó los huesos el anatomista Franz Josef Karl Mayer. El investigador consideraba que la robustez y curvatura de los huesos de las piernas, se debían a un jinete (no europeo) de un regimiento de cosacos del general ruso Tchernitchev que fue herido gravemente en un brazo durante una escaramuza, persiguiendo los restos de las tropas napoleónicas en 1814. El soldado de raza mongoloide, se metió en la cueva de Feldhofer para morir, pero tardó varios días sufriendo tan fuertes dolores que se le deformaron los rebordes óseos de las cuencas de los ojos de tanto fruncir el ceño.
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