miércoles, 7 de noviembre de 2012

Diosa de los animales y de la providencia en el Paleolítico.

      La diferencia más llamativa entre la sensibilidad paleolítica y la contemporánea descansa en el temor pavoroso y en la reverencia que estos pueblos primitivos sentían hacia los animales. Sin embargo la Biblia cambió esta actitud: “Mandad en los peces del mar y en las aves del cielo y en todo animal que repta sobre la tierra” (Gn. 1, 28). Semejante aislamiento de la tierra y del animal, pájaro o mundo marino, hubiese sido considerado sacrílego en el Paleolítico.


Mandad en los peces del mar y en las aves del cielo y en todo animal que repta sobre la tierra

      El animal proporciona carne para mantener la vida, pues en aquellos lugares donde sólo existen capas  de hielo y suelo de tundra congelada no hay vegetales. Además, suministran pieles que proporcionan calor, refugio y vestimenta a los hombres; sus huesos, colmillos, cornamentas… etc., les proveen de herramientas y adornos; su grasa les da aceite. Los animales son la encarnación del don divino, de la Providencia. Las cuevas contenían en su interior, en las paredes de aspecto uterino, las imágenes de la desconcertante variedad de formas que la Diosa Madre había parido.

      La unión entre los animales y el hombre se quebró a lo largo de los últimos 3000 años. La experimentación de la espontaneidad de la vida fue sacrificada con el nacimiento de la conciencia que reflexiona acerca de sí misma y sobre el hombre. Sin embargo, pruebas de esta unión todavía se rememoraban en el arte de las cuevas. No existía evidencia escrita del pasado. La memoria tribal se revisa a medida que avanzan las generaciones: décadas y centurias pasadas se comprimen en mitos y se funden con lo que sucedió una vez en otro tiempo. Contando y bailando las historias que representan el mito primordial, consiguen poner en contacto el “tiempo primordial” (el tiempo onírico) con un presente sacralizado.

      Los anímales viven el momento sin ser conscientes, aparentemente, de un final; responden armónicamente a las estaciones, se adaptan a ritmos invisibles que no puede controlar el hombre. Constantemente surgen por doquier, como si fuesen eternos, por lo cual el hombre primitivo pensó que los animales encarnaban las almas de los antepasados, que vivían en el “tiempo onírico” de la eternidad. Es posible que los animales dibujados sobre las paredes de las cuevas hayan sido personajes de historias que se contaron una y otra vez desde el principio. Los animales protagonistas se transformaron en animales totémicos, esenciales para el sueño de la tribu, pues eran los que se comunicaban y dialogaban con los chamanes. Ese tiempo pasado fue cuando se realizaron las proezas que dieron lugar al nacimiento del tiempo presente. Un gran golpe debilitó los fundamentos de la “religión de las cavernas”. Hace unos 25.000 años desaparecieron el mamut lanudo, el rinoceronte, el oso de las cavernas, el león de las cavernas… Ahora, como sus árboles y animales habían sido destruidos, los ancianos de la tribu no podían soñar más, y sin sus sueños la tribu comenzó a perder su camino, acabó por desorientarse.




Cierva pintada en la cueva de Altamira

      Uno de los cultos más extendidos fue el del oso. Hace unos 75.000 años en unas cuevas de los Alpes suizos, las de Drachenbouch (a 2100 m. de altura), aparecieron cráneos de osos colocados ordenadamente en las paredes.  Todavía no había comenzado la última glaciación, pues cuando esta ocurrió las montañas se cubrieron de glaciares y nadie hubiese podido entrar en estas cuevas. Los cráneos fueron apilados en hondonadas formadas por placas de piedras. ¿Era el oso el animal más antiguo cazado para comer? ¿Acaso el hecho de que este animal pudiera desplazarse sobre dos piernas, como un ser humano, tuvo algo que ver con este culto? Si no ahora, más tarde en este estudio encontraremos una respuesta.

      El culto al oso de los neandertales también está documentado en la Cova Foradà, situada entre los lindes municipales de Pego y Oliva en el Parque Natural. Aquí se encontró una roca con el perfil de la cabeza de un oso, datada entre 30 y 40.000 años, usada en los ritos chamánicos. El yacimiento es uno de los más importantes de Europa por su secuencia de ocupación humana completa desde hace 100.000 años hasta que fue abandonada hace 9.000 años.




El equipo de arqueología observa la roca calcárea hallada en la Cova Foradà de Oliva.
Piedra con forma de cabeza de oso.

      El arqueólogo José Aparicio aclaró que la pieza de piedra no es una escultura, es decir, no fue labrada por los neandertales sino que estos la recogieron porque tenía forma de cabeza de oso. En el interior de la cueva se observan unos  arañazos realizados por los ocupantes de la Cova Foradà empleando garras de osos, animal del que se supone iban disfrazados durante sus rituales de tipo chamánico.




Situación de la Cova Foradà

      Es uno de los primeros hallazgos en España que demuestra que los neandertales, entre el 200.000 y el 30.000 antes de Cristo, rindieron culto al oso de las cavernas, al cual llegó a disputarle la propia cueva como habitáculo. Hemos hablado de la cueva Drachenbouch (Suiza), y en Regordou, sur de Francia, se encontraron unas veinte calaveras de oso en una fosa rectangular. La cueva Basua de Savona (Italia) se hizo famosa porque en una estalagmita se creía ver un animal y se rodeó de bolas de arcilla con huesos de oso esparcidos por el suelo.



Se trata de un precioso exvoto de bronce, regalado por una dama de cierta alcurnia, que se encontró en Muri, cerca de Berna (Suiza). Representa a la diosa céltica Artio acompañada de su animal simbólico, el oso. Se conserva en el Historisches Museum de Berna, junto con otros exvotos de dioses romanos aparecidos en el mismo yacimiento.



Restos del antiguo culto al oso. Esta ancestral máscara de oso aparece en los carnavales del Pirineo de Huesca, en el pueblo de Bielsa (Parque Nacional de Ordesa) y se conoce como el "onso" de Bielsa. Ver mis reportajes sobre los carnavales y  el origen de la religión.

      En Les Trois Frères se encontró la imagen tallada de un oso herido que derramaba sangre por su boca. ¿Formaba parte la imagen de un ritual de caza? Desde el punto de vista de la magia se dibujaba al oso con las heridas que se esperaba producirle en la realidad con el fin de asegurar el éxito de la cacería. Esta fue la teoría defendida por al abad Breuil, Bégouën y Reinach, la de la caza mágica. Se trataba de un rito propiciatorio para aplacar la ira del animal y así la tribu poder cazarlo sin tener un castigo por ello. El dibujo tenía un carácter religioso y preparaba a la tribu para la monstruosidad de la matanza del animal, al mismo tiempo, se trataba de pedir permiso honorablemente al animal para que diese su consentimiento para ser matado. El rito se convertía en un acto ético que rendía honor al vínculo establecido entre el humano y el animal y al vínculo de ambos con la totalidad. Era un ritual para expiar el “delito de sangre” que se iba a cometer, pues cuando se mata a un animal lo “Uno” es herido. Los chamanes enviaban el alma del oso al otro mundo (la fuente de la vida), como mensajera, para que pidiese allí que se otorgase al hombre el derecho de poner fin a determinadas vidas durante la caza.



Oso herido, sangrando y tal vez derramando lágrimas. Cavernas de Volp

      También podría haber sido todo lo contrario: el sacrificio del animal aseguraba el buen funcionamiento de la vida. Se mataba un animal siguiendo unos ritos de sacrifico, de desmembramiento de los huesos, separación de la piel…,  para favorecer su renacimiento. Se tenía la creencia de que si el hombre sólo utilizaba la parte del animal que le era necesaria para sobrevivir y, después dejaba sus huesos íntegros, sin romper, en determinados sitios de la estepa, al año siguiente el animal volvería a reencarnarse y lo verían aparecer de nuevo sobre el horizonte. Estudiaremos más adelante los sacrificios rituales y su relación con el Año Nuevo y el ciclo del eterno retorno.

      Otra de las observaciones detalladas de las pinturas rupestres demuestra que de las muchas figuras humanas halladas con animales en el arte del Paleolítico superior ninguna lleva armas, y en cambio muchas visten algún tipo de ropaje ceremonial o llevan objetos simbólicos, ya sea cubiertos con pieles de animales o desnudos. En definitiva, se trata de chamanes que realizan ceremonias de tipo extático para ponerse en contacto con el “más allá” donde residen las almas de nuestros antepasados para implorarles la abundancia de alimentos y la fertilidad. No son cazadores.



Pintura rupestre de la gruta de Trois Frères, sur de Francia, época Magdaleniense (18.000-12.000 AEC). Se ha especulado muchísimo en torno a esta figura. Para unos es un ídolo, para otros representa a un chamán en trance, o ataviado con las pieles y cuernos del ciervo.

      En las cuevas de los Pirineos sólo encontramos treinta grabados o pinturas de leones, frente a miles de bisontes o caballos. Los leones ejercían un papel de guardianes del inframundo o del más allá, guardianes del lugar donde habita la Gran Diosa. Por otra parte, aunque sabemos que los renos fueron cazados junto al mamut lanudo, y que sus huesos han sido profusamente encontrados en las cuevas, apenas aparecen las pinturas rupestres (reflexionan en la página 50 las autoras Anne Baring y Jules Cashford), manifestando su extrañeza por la no correspondencia entre animales culinarios y los representados en las paredes. La mayoría de los animales representados son caballos, el resto está repartido entre bisontes, uros, toros y bueyes salvajes.



Leonas. Pinturas rupestres en la cueva de Chauvet



Detalle de una pintura rupestre de la cueva de Lascaux (Francia)

      Estos animales son poderosos sexualmente, por lo que representan la fertilidad, y la mayoría tienen cuernos en forma de luna creciente. En la Edad del Bronce se relacionó al toro con la muerte y resurrección cíclica, porque sus cuernos simbolizaban la luna y esta a la Diosa Madre. Recordar que durante el Paleolítico el cuerno (diosa de Laussell) ya había representado a la Diosa.

      Por su parte, el caballo es la voz que guía al héroe a través de las pruebas y peligros que debe superar. La yegua se representa siempre preñada junto a una rama o planta, como podemos ver en Lascaux, y sus figuras estarían relacionadas con rituales de fertilidad. En muchas zonas geográficas el caballo se convirtió en el guía de las almas de los muertos. El caballo transportaba al chamán en el vuelo extático del alma hacia las regiones prohibidas, como nos recuerda Mircea Eliade en su libro “El Chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis”. 



Yegua preñada de Lascaux

        El héroe que debe superar peligros y pruebas iniciáticas es el mismo chamán que luchaba en el interior del túnel contra los monstruos (espíritus malignos) que le querían impedir su llegada al paraíso: la luz blanca del final. Estudiaremos más adelante la relación de los héroes griegos, los príncipes los cuentos de hadas y demás héroes populares  con el chamanismo. El chamán y el artista paleolítico son la misma persona. A través de sus vuelos en trance los chamanes visitaban una dimensión inaccesible para la consciencia tribal ordinaria.



Foto de Chuonnasuan (1927-2000), el último chamán de la tribu Oroqen, estudiada por Richard Noll , en julio de 1994 en Manchuria, cerca de la frontera del río Amur entre la República Popular de China y de Rusia (Siberia). El chamanismo oroqen se ha extinguido.

      El brujo se guiaba por los animales, creyendo que tenían poderes superiores, pues sabían encontrar el camino en la oscuridad  más absoluta, reconocían rápidamente el peligro, tenían gran fuerza, eran veloces y tenían una gran percepción visual y auditiva (Laurens van der PostThe Herat of the Hunter”). Los chamanes se otorgaban para sí los mismos dones y se representaban metamorfoseados en figuras antropomorfas. El hechicero de Les Trois Frères (76x38 cm) es el precursor u origen de la figura del “Señor de las Bestias”. En la escena del chamán, pájaro y bisonte de Les Trois Frères, el brujo está absorbiendo la fuerza del bisonte moribundo al que se le salen las tripas; a su vez, el bisonte moribundo es una metáfora del chamán “moribundo” que se está metamorfoseando en bisonte. Esta pintura es el símbolo de nuestra propia humanidad animal, representa la paradoja de ser humanos y animales al mismo tiempo. 



      El baile sagrado era otra de las vías para evocar el alma animal de la humanidad. Para el hombre primitivo la danza era el vínculo de unión entre el ser humano y los poderes invisibles de la vida encarnados en los animales.



Animal extraño de Lascaux

      En realidad, los animales representados eran extraños porque no eran animales reales, sino la representación de los espíritus. El siglo XX no puede expresar incredulidad ante la posibilidad de que tal animal haya existido en cualquier lugar, pues es producto de la imaginación humana, como todas las pinturas rupestres: su significado es expresar o materializar la existencia de espíritus o fuerzas ocultas e invisibles en la naturaleza, aunque se hayan servido de modelos reales.

      La escena del chamán, pájaro, bisonte y rinoceronte de Lascaux representa a un chamán que acaba de obtener su fuerza de la muerte de una criatura poderosa como el bisonte. El animal de poder proporciona su espíritu (y su fuerza) a los chamanes para que puedan realizar sus viajes al “más allá”, para “morir” y regresar “resucitado” con más poderes y sabiduría. Esto se enmarca dentro del gran mito paleolítico de muerte-resurrección: el mito lunar. En Niaux (Pirineos) hace 12.000 años se pintó un toro con una gran luna creciente sobre los genitales y tres “huevos” redondos de tamaño creciente en alusión a las fases de crecimiento lunar, moviéndose hacia su cabeza, lo que representa un ritual de renacimiento.



Cabezas de toro (Magdaleniense medio y superior y de tipo tardío Magdaleniense y Solutrense temprano)

       ¿Dónde viaja el chaman? Las autoras de El Mito de la Diosa dicen que el chamán entra en contacto con el alma del bisonte en el momento de su muerte para aprender del animal el misterio de la muerte y del renacimiento. Este misterio es el ciclo de la vida: la semilla hundida en el suelo crece y surge un árbol, que producirá frutos y al madurar, estos producirán de nuevo semillas. El vuelo mágico del chamán es para las autoras un símbolo que surge de dos patrones mitológicos prehistóricos: la idea de que las aves guían el alma a través del reino de los muertos, es decir, son animales psicopombos y la imagen del alma en forma de pájaro. Los vuelos extáticos se simbolizan mediante los puentes, las escaleras, espadas, las cuerdas, espirales… y para poder realizarlos es necesario tener una gran preparación, estar iniciado.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...