viernes, 26 de octubre de 2012

La cultura de los megalitos


      Como habíamos afirmado al principio la Diosa Madre era el foco espiritual de la cultura megalítica de Europa occidental, como lo fue de las culturas neolíticas de la Vieja Europa y de Çatal Hüyük. El hombre arcaico tenía la creencia de que la vida del cosmos y la vida de la humanidad constituían una sola vida. Durante el 5000 a.C. y, posteriormente, pueblos con conocimientos considerables de ingeniería, geometría y astronomía levantaron piedras gigantes para formar círculos, alineaciones y cámaras mortuorias.

      Malta tiene 30 templos, lo que denota la importancia sagrada de esta isla. En Carnal (Bretaña) hay unas 3000 piedras verticales, en filas de casi 4 kilómetros. Es posible que formasen parte de un observatorio lunar o de la vía procesional de un rito estacional desconocido. Las piedras de Avebury (Wiltshire) estuvieron antaño dispuestas de modo que formasen la silueta de una serpiente enorme con dos huevos en el interior de su vientre. La colina de Silbury, parte de ese templo lineal de Avebury, es la colina artificial prehistórica más alta de Europa y puede ser la imagen de la Diosa.


Diagrama de Avebury tal y como lo dibujó sir Thomas Stukeley en 1740

      También Stonehenge formaba parte del complejo de Avebury. Se construyó en tres fases, la primera en 2800 a.C., la última en 1500 a.C. Era un santuario astronómico. Su construcción fue una tarea sacramental para toda la comunidad, como lo fue la catedral de Chartres. “La totalidad del complejo de Avebury es un testamento de la mitología neolítica de la gran diosa: el túmulo funerario adyacente elevado en West Kennet, cuya entrada marcan grandes piedras en forma de cuerno, los montículos de tierra y las alineaciones de piedras, con la colina de Silbury en las proximidades”. (Pág. 124)



Stonehenge , Salisbury, Wiltshire, England. c. 2750 - 1500 a.C.

      La cultura megalítica es obra de las comunidades agrícolas del Neolítico que se establecieron en Francia y en la Península Ibérica en el VI milenio a.C., y en Gran Bretaña al final del V milenio. Luego, en torno al 4500 a.C., comienza a aparecer la práctica de la sepultura colectiva a lo largo de las costas este y oeste de la Península Ibérica, en Gran Bretaña y, 500 años después, en Irlanda.

      ¿De dónde procedían estas comunidades agrícolas del 6000 a.C.? Templos y tumbas podrían haber sido construidos por navegantes orientales que llegaron al Mediterráneo occidental trayendo consigo los conocimientos geométricos y astronómicos aprendidos de otras culturas. ¿Qué conocimientos? ¿De dónde venían esos navegantes?

      También podrían haberlas construido comunidades agrícolas autóctonas evolucionadas del Neolítico ya asentadas en Europa occidental, o unos y otros de forma conjunta. Cabe la posibilidad de que los pueblos megalíticos de Europa occidental fuesen los herederos culturales de sus antepasados paleolíticos. Las cámaras de los dólmenes pueden entenderse como la primera articulación de un templo, que puede entenderse como una forma, realizada en piedra, de la cueva paleolítica. Los propios seres humanos construyen ahora la cámara de piedra como útero de la Diosa donde depositan a sus muertos a modo de simiente de la cual brotará la vida nueva.

      Francia posee más de 5000 tumbas megalíticas desplegadas en una línea que va de Bretaña al Mediterráneo. La más llamativa es el templo tumba de Gravinís (Golfo de Morbihan, Bretaña). Sus paredes están cubiertas de extraños diseños que parecen huellas dactilares de un gigante, o aguas turbulentas, o patrones de energía (fuerza vital de la Diosa y de sus “aguas primordiales”) o quizás también representen un sendero en espiral que conecta este mundo con el de los muertos.




Tumulo de Gravini y sus grabados

      En el interior de las tumbas o en sus entradas aparecen unas imágenes que según Glyn Daniel son “la imagen de la diosa que apareció en los objetos de culto y sepulcros ibéricos y, de forma diferente, en los menhires estatua del sur de Francia” ( “The Megalith Builders of Western Europe” Pág. 100). A continuación veamos una serie de estas figuras del 4000 al 3000 a.C. encontradas en incisiones de las cámaras mortuorias de España y Francia.




      También se han encontrado imágenes de la Diosa en piedras erguidas esculpidas con sus rasgos, marcando un lugar de enterramiento o lugar sagrado. Por su dureza y duración la piedra parece atemporal y ofrece l imagen de una realidad que sobrevive al paso del tiempo. Ahora la llamaos “eternidad”, pero en el Paleolítico esta “realidad” estaba contenida en la imagen de la Diosa. La piedra simbolizaba el ser esencial: el alma o el espíritu de la vida animada no sujeta a la descomposición. Según Mircea Eliade el culto megalítico a los muertos incluía “la confianza en el poder de los ancestros, así como la esperanza de que protegerán y ayudarán a los vivos” (“Historia de las ideas religiosas Vol. 1, p. 170). Se creía que los menhires, o piedras verticales, eran la “morada” o “cuerpo” de los muertos, cuyas almas, al ser invocadas, regresarían a la piedra erigida para recibirlas. La creencia en que las piedras podrían provocar la fertilidad deriva de la creencia de que el espíritu del antepasado habitaba en ellas. Esta creencia se mantiene hasta nuestros días en la costumbre de las mujeres de tocar o frotarse contra la piedra para aumentar la posibilidad de quedarse embarazadas.

      Un eco lejano de esta creencia original perdura en nuestra costumbre de marcar el lugar de la sepultura de los muertos con una lápida o, en el caso de los caídos en combate, con un monumento conmemorativo que se halla a menudo en el centro de los pueblos o aldeas.

      Las tumbas de tipo corredor tienen al final una piedra triangular, en forma de colina o montículo, que representa a la Diosa. Recuerdan al “omphalos” griego. El diseño oval del centro de la piedra triangular es identificado por Gimbutas como una vulva. Los ganchos serían unas serpientes, es decir, la imagen de la “regeneración del tiempo”. Estos “garfios” podrían interpretarse como emanaciones de la energía que emerge de las imágenes de los muertos que han vuelto a la vida, con lo que constituirían la primera representación conocida de un “desfile de muertos”. Las serpientes que se han desprendido de sus pieles serían imágenes de espíritus ancestrales.



Piedra sepulcro La Table des Marchands, Locmariarquer, Bretaña. Abajo “omphalos” de Delfos.





La dama de St. Sernín (c. 3000 a.C., Rodez, Francia). Estas  piedras erguidas esculpidas con los rasgos de una diosa se han hallado en Francia y señalan el lugar de enterramiento o lugar sagrado. 





Menhires de La Jasse du Terral,  Montagnac, Montels  y Frescatis

      El templo sepulcro de New Grange (Irlanda), del 3200 a.C. está construido según los movimientos de la luna, las estrellas y el sol. Por el dintel de la puerta, a comienzos y final del solsticio de invierno, penetra un rayo de sol que discurre por la tumba corredor hasta el extremo final de la cámara, donde iluminaba el borde de un cuenco labrado en piedra blanca. El ritual que se representaba era la acción del sol al fertilizar el “cuerpo” de la tierra, despertándola de su sueño invernal y devolviéndola al ciclo de la vida. También podría representar la regeneración de los muertos.





New Grange y una  espiral en la piedra de la entrada.

      En Gran Bretaña, entre el 2600 y el 1500 a.C. se construyeron casi un millar de círculos de piedra (espacios sepulcrales), siendo el de Averbury el mayor de todos. La colina de Silbury es la parte más antigua (2600 a.C.). Según Michael Dames (“The Silbury Treasure”, Pág. 58), el montículo es el útero preñado de la diosa. Su  cuerpo es el foso de agua que lo rodea.




Silbury. Imagen de la colina como diosa




Huevo cósmico


      Stonehenge es el más espectacular. Lo que vemos hoy son fragmentos del último templo (1500 a.C.). El primer templo (2800 a.C.) se erigió con orientación lunar, siendo reemplazado hacia el 2400 a.C. por un segundo templo con orientación solar.

      Todos estos templos revelan que el cielo constituyó un misterio de incalculable fascinación para los pueblos neolíticos y paleolíticos. Existen suficientes pruebas para confirmar que la sociedad que construyó esos templos vivía inmersa en un universo imaginado como una diosa.



Stonehenge


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