martes, 21 de agosto de 2012

Leyenda Negra III. Opiniones de los extranjeros

Opiniones de los españoles en el siglo XVI
     
      Hasta el siglo XVIII, los detractores principales del Santo Oficio son extranjeros, herederos y mantenedores de la Leyenda Negra. Estos visitantes repiten hasta la saciedad que los españoles aplaudían los procedimientos de la Inquisición y, además disfrutaban de las ejecuciones. También aluden al carácter excesivamente religioso del español.


Théodore De Bry. Balboa con sus perros despedazando indios


Richard Verstegen, Theatrum Crudelitatum haereticorum nostri temporis, 1587



Richard Rowlands (1550-1640), anglo-holandés anticuario, cuyo verdadero nombre era Verstegen, grabó un libro titulado Theatrum Crudelitatum haereticorum nostri temporis (Teatro  de las crueldades de los herejes de nuestro tiempo) (1587), en los que mostraba las crueldades cometidas por los protestantes -sobre todo ingleses- y los hugonotes contra los católicos.



Richard Verstegen, Theatrum Crudelitatum haereticorum nostri temporis, 1587. Hugonotes arrojando católicos al mar y matándolos a cañonazos


     El embajador inglés en Francia , declaró que estas imágenes eran libelos. Richard Verstegen en Theatrum Crudelitatum haereticorum nostri temporis (1587) trató de registrar en detalle las horripilantes torturas, crueldades y asesinatos e los mártires católicos en Europa, a manos de los herejes protestantes. Tras su publicación en Inglaterra, el autor fue detenido y encarcelado por difamación en contra de la Corona y los libros fueron confiscados y destruidos. Verstegen fue capaz de lograr su liberación y huyó del país, en última instancia, instalándose en Amberes.


      En la España del siglo XVI todo el entramado social y político se apoyaba en la unidad católica y la herejía era considerada por la ley delito tan grave como el de lesa majestad, actitud aplaudida unánimemente por un pueblo cuya religiosidad es incuestionable, como señala el humanista siciliano Lucio Marineo Sículo (De Rehus Hisponiae memorabilihus) que vino a España acompañando al almirante de Castilla don Fadrique Enríquez, en 1486, y aquí encontró su nueva patria, según Arturo Farinelli en Viajes por España y Portugal (Roma, 1942, pág. 150) dijo que los españoles cuidan con la misma diligencia las cosas de Dios y la salud de sus almas que las riquezas y los pasatiempos del mundo; que es un pueblo que honra y acata los dictámenes de Dios y que tiene un clero que cuida sus almas celebrando misas con solemnidad e instruyendo al pueblo con muchos sermones y buen ejemplo.

      Con menos entusiasmo se expresa F. Guicciardini, embajador florentino en la corte de Fernando el Católico (1512/1513), que dice que los españoles, tanto los nobles como el pueblo, son incultos, no saben latín, son pródigos en actos ceremoniosos y en reverencias, con muchos cumplimientos y se besan las manos, pero son poco de fiar (4).


Fracesco Guicciardini

      Francesco Guicciardini fue un conspirador contra el poder de Carlos V, impulsando alianzas entre los estados italianos, bajo el auspicio del rey francés. El acuerdo fue suscrito en Cognac en 1526, pero se demostró bien pronto fallido; en 1527 la Liga sufrió una dolorosa derrota de Roma siendo la ciudad saquead por Lansquenetes, es decir, mercenarios alemanas al servicio de Carlos V. La Wikipedia dice que el saqueo fue realizado por tropas españolas, sí, pero no por españoles.

     Según la Wikipedia, ante el asalto de las murallas romanas por los “despiadados” españoles, los nobles soldados de la Guardia Suiza lograron resistir y con su valentía aseguraron la escapatoria del papa Clemente VII (Hijo natural del Magnífico Juliano de Médici) a través del Passetto, un corredor secreto que todavía une la Ciudad del Vaticano al Castillo Sant'Angelo.



Saqueo de Roma. 6 de mayo de 1527. Grabado diseñado por Martin van Heemskerck y publicado en 1555.

      Casi toda la Guardia fue masacrada por las tropas imperiales en las escalinatas de la Basílica de San Pedro. De 189 guardias de servicio sólo 42 sobrevivieron, pero después de la ejecución de unos mil defensores, el pillaje comenzó. Iglesias y monasterios (menos las iglesias nacionales españolas), pero también palacios de prelados y cardenales, fueron destruidos y despojados de todo objeto precioso. Este saqueo fue realizado por “los despiadados soldados”, pero no españoles, sino alemanes.

     Como vemos, todavía hoy en día se pueden ver manipulaciones de la historia y resquicios de odio contra los españoles, por su poder, por el temor que producían a sus enemigos, como los italianos, los cuales deseosos de venganza inventaban atrocidades contra los españoles, aunque el pillaje de roma fue hecho por lansquenetes, la culpa fue de los españoles. El mismo Francesco Guicciardini, en su "Storia d’ItaIia" elogia a los soldados españoles y denomina Gran Capitán a Gonzalo Fernández de Córdoba culpando de las atrocidades del saqueo de Roma a los soldados (lansquenetes) alemanes. Este odio fue el que impulsó escritos como los que estamos tratando, fabulas y mentiras para desprestigiar al enemigo, al que pretendían convertir en tiranos crueles y despiadados criminales que gozaban torturando a inocentes y viendo como el fuego los devoraba en públicas hogueras.

     En el siglo XVII los visitantes suelen hablar con estos términos de los españoles, aún en el elogio —con cierta sorna— del P. Burgeard, guardián de un convento, que resalta entre las «grandes virtudes [de los españoles]… el celo incomparable de llevar la religión católica a donde hubiera minas de oro» (GARCÍA MERCADAL, España vista por los extranjeros, pág. 152)

     Pero en el siglo XVII el número de detractores es mayor y las críticas más agrias, que los halagos. En el caso de Federico Cornaro, al referirse al sentimiento religioso del pueblo español, dice que a pesar de los donativos preciosos, de las lámparas encendidas, en el fondo, la religiosidad de los grandes y príncipes es mera hipocresía, y la de los tontos y el vulgo es mera superstición. Mayor dureza utiliza el mariscal de Gramont:

      La falta de devoción de algunos y su mascarada religiosa resulta difícil de comprender Nada es más risible que verlos en misa, con grandes rosarios colgados del brazo.., y pensando muy poco en Dios y en su sacrificio. Su religión es de las más cómodas y cumplen cuidadosamente aquello que no les cuesta gran trabajo. Castigarán severamente a uno que blasfeme o hable mal de los santos y de los misterios de la fe… pero el concurrir a lugares infames, el cenar carne los viernes, el mantener públicamente a treinta concubinas.., eso no es motivo de escrúpulo para ellos (5).



Condenados con el sambetino y tres de ellos con la coroza, que  es el capirote de cartón o papel que se colocaba sobre la cabeza a los condenados por la Santa Inquisición. Sobre él se solían dibujar figuras relacionadas con el delito cometido.

       Sin embargo, este sentimiento religioso hipócrita, basado en ritos externos, era el más extendido en Europa, como lo demuestra el nacimiento de la Reforma que se opone a esta religión externa y sensible. Por otra parte, si nos metemos en la ideología de la época, veremos como desde el poder establecido, la defensa de la religión católica fue considerada el primer pilar para el buen gobierno de los príncipes, como se puede ver en el Discurso sobre el remedio de la Monarquía de España, 1623 de Jerónimo Ceballos, abogado y regidor de Toledo.



  Mystères de l’Inquisition et autres sociétés secrétes d’Espagne, de M.V  De Féréal, París, 1845. Grabado  L’Orgie de De Moraine-Sernaro

     Los reyes españoles se convierten en defensores a ultranza de la fe católica, buscando las herejías para extirparlas con la ayuda del Santo Oficio. Las actuaciones Inquisitoriales, sin duda, están en la línea de la defensa de una ideología oficial, como lo reflejan los Cronistas, algunos como Andrés Bernáldez, un apasionado de la Inquisición, mientras que otros, como Pulgar y Juan de Mariana, se nos muestran menos entusiastas. Pulgar, cronista oficial de los Reyes Católicos, nos ha dejado el siguiente retrato de Isabel la Católica:

       Aborresçia estrañamente sortilegos y adivinos, a todas personas de semejantes artes y ynvençiones. Plaziale la conversaqión de personas religiosas y de vida honesta, con los quales muchas vezes avia sus consejos particulares; y como quier que oia el pareçer de aquellos y de los otros letrados que terca della eran, pero por la mayor parte seguía las cosas por su arbitrio. Paresçió ser bien afortunada en las cosas que començaua...

      Esta reyna fue la que estirpó e quitó la heregía que ovia en los rreynos de Castilla y Aragón, de algunos cristianos de linaje de los judios que tornauan a judaizar, e hizo que viviesen como buenos cristianos. (PULGAR, H. del: Crónica del reinado de los Reyes Católicos, tomo 1; Madrid.1943, pág. 77).

      En toda su obra, Pulgar, considera al tribunal de la Inquisición como resultado de que «el Rey e la Reyna estavan muy sentidos de la herejía que avía en algunos crístianos del linaje de los judíos, que tornauan a judayçar e no sentían bien de la Fé», razón por la que el rey Fernando «cometió a un religioso de la Orden de Santo Domingo, que era superior del Monasterio de Santa Crus de Segouia, la Inquisición general de todos los reynos e senorios del Rey y de la Reyna». PULGAR. Op. cit, pág. 438.


Mystères de l’Inquisition et autres sociétés secrétes d’Espagne, de M.V  De Féréal, París, 1845. Grabado  Auto-da-fé  de De Moraine-Verdeil


      Con palabras similares analiza la cuestión Andres Bernáldez en Historia de los Reyes Cathólicos, cap. 43, pág. 81v., otro cronista de este reinado, que en sus análisis  dice que del comienzo de la herejía surgió el comienzo de la Inquisición. De la misma opinión es Marineo Siculo, en De Rebus Hispaniae memorabilibus, publicado en Toledo en 1530, nos refiere que la Inquisición surgió para el castigo de los herejes y del escarnio que hacían estos de Dios (6).

     No todos los juicios son tan asépticos. La historiografía se hace eco a veces de ciertos testimonios de los cronistas, como sucede con Llorente:

     Algunos parientes de los presos y condenados reclamaron diciendo que aquella Inquisición y ejecución era rigurosa allende de lo que debía ser, y que en la manera que se tenía de hacer los procesos, y en la ejecución de las sentencias, los ministros y ejecutores mostraban tener odio a aquellas gentes.

       Y añade que Pulgar le comunicó confidencialmente al cardenal Mendoza, amigo suyo, que no le parecían justos los castigos de la Inquisición. Pero, en cambio, Juan de Mariana, afirma que esta insinuación es falsa (PULGAR, Crónica…, t. 1, pág. 79).

       La actuación del Tribunal de la Inquisición recibió duras críticas, muchas veces producidas por roces y litigios con las otras instituciones eclesiásticas, siempre por problemas jurisdiccionales y competenciales e, incluso, por un exceso de celo inquisitorial que se considera abuso de autoridad, lo que en ningún momento es consentido por quienes se sienten perjudicados, muy especialmente en Cataluña y Aragón (virreyes, audiencias y representantes en Cortes), quizás los mas combativos en los primeros tiempos del Santo Oficio.




En el grabado 52, las masas se arrodillan ante un tronco de árbol vestido con algo semejante a un hábito de monje, y al pie encontramos las palabras, "Lo que puede un sastre". Caprichos de Goya en Valdenajerilla

       Ya en 1510 y 1512 asistimos en las Cortes de Monzón al planteamiento de problemas jurisdiccionales sobre delitos de usura, bigamia y usos supersticiosos, solicitando que la Inquisición no interviniera en ellos; petición que cae en vacío y que se repite de nuevo en las Cortes de Lérida de 1515. También sobre este asunto escribió Llorente que los catalanes y aragoneses concibieron esperanzas de aniquilar el poder terrible de la Inquisición, pensando que el príncipe Carlos de Austria y todos sus cortesanos, como extranjeros, condescenderían gustosos en una solicitud conforme a los principios jurídicos de su país… Pidieron al Papa que confiase la Inquisición a los obispos (7).

      Estas y otras cuestiones similares se solicitan con reiteración sin que se las concedan, como comprobamos en las crónicas de Carlos: muchas son las personas que piden que el Tribunal actúe con más imparcialidad, con generosidad de los Jueces, que deben elegirse de la edad requerida y pagados por el rey; que no obtuvieran sus salarios de la condena de los reos y de que los testigos falsos fueran castigados (SANTA CRUZ, A. de: Crónica del Emperador Carlos V, Madrid, 1921, torno II. Pág. 58).



           Las quejas y las demandas contra el Santo Oficio demuestran que no toda la opinión española estaba a su favor y, menos aún los aragoneses, catalanes y valencianos. Los castellanos eran incapaces de comprender quejas como la de los valencianos, surgidas a raíz del Auto de fe celebrado en Valencia en 1561 «particularmente contra los neo-conversos y armó gran alboroto, porque no se observó la justicia en la condenación» (8). Los moriscos dejaron oír sus protestas ante los señores territoriales; situación parecida se repite en 1581, y ya en 1592 el tribunal aragonés vivirá el proceso y la condena de Antonio Pérez, que pone de manifiesto lo fácil que es manejar al pueblo (Consuelo Maqueda Abreu, op. cit), cuando además éste sabe que los fueros del reino son opuestos al Santo Oficio. Al ser detenido el secretario en 1590, acusado de herejía, consiguió que el pueblo se amotinase y lo sacara de la cárcel, dándose a la fuga. Esto fue posible por el poco aprecio del pueblo aragonés hacia un tribunal castellano que se inmiscuía en sus asuntos (9).

      Pese a todo el tribunal de Zaragoza resiste con firmeza hasta la celebración del Auto contra el Secretario real. Pero en el asunto queda de manifiesto cómo la misma concurrencia que alababa a la Inquisición en sus actuaciones, puede manifestarse contraria a ella si es adecuadamente manipulada. La clave interpretativa de estos hechos está, tal vez, en los sentimientos encontrados que despierta la Inquisición, que puede perseguir a los mismos que la vitorean, si sobre ellos recae sospecha de herejía, ante lo que valen poco alabanzas y aplausos anteriores, apostilla Maqueda Abreu.

La influencia primero aragonesa y luego española en la Península Itálica llevó a la opinión pública, incluyendo al papado, a ver a los españoles como una amenaza. Se cultivó una imagen desfavorable de España que naturalmente acabó incluyendo una visión negativa de la Inquisición.
 Hemos podido comprobar más arriba como los embajadores de los gobiernos italianos independientes promovían la imagen de una España pobre y atrasada dominada por una tiránica Inquisición.
 En 1525, Contarini, embajador de Venecia, comenta que todos tiemblan ante la Inquisición. El embajador Tiépolo escribe en 1563 que todos tienen miedo a su autoridad, que tiene poder absoluto sobre la propiedad, la vida, el honor e incluso las almas de los hombres. Además insiste en que el rey la favorece para controlar mejor a la población. El embajador  Soranzo afirma en 1565 que la autoridad de la inquisición trascendía la del rey. Guiciardini, embajador de Florencia en la corte de Carlos I, dice de los españoles en apariencia religiosos, pero no en la realidad, casi las mismas palabras de Tiépolo en 1536. También los hay que piensan bien de la Inquisición, así el embajador veneciano Vendramíno dice que denigran la Inquisición los que están «descontentos del gobierno». Francis Guicciardini dice que la causa de que se establecieran «inquisidores en todos los reinos” fue las infracciones cometidas por los   judíos y moriscos. Gaspar Contarini dice que la Inquisición constituía una verdadera tiranía contra los poderes de los cristianos noveles.




Quemando a los herejes, Auto de fe  c. 1500. Pedro Berruguete. Museo del Prado
Preside el Auto Santo Domingo de Guzman



Detalle de Quemando a los herejes, Auto de fe  c. 1500. Pedro Berruguete

    Los italianos veían en general a la Inquisición como un mal necesario para los españoles, cuya religiosidad era dudosa, por no decir falsa, tras siglos de mezcla con judíos y moros. De hecho, a partir de 1492 marrano pasó a ser sinónimo de español y al papa Alejandro VI se le llamaba marrano circuncidado. La Inquisición, se decía, aunque bien necesaria para los españoles, no era más que una treta para robar el dinero de los judíos y no tenía nada que buscar en territorio italiano donde no era necesaria. Cuando la Inquisición comenzó a perseguir a luteranos, la explicación fue que los españoles eran por naturaleza más dados a la herejía.

El protestantismo

    En el norte de Europa fue el enfrentamiento religioso y la amenaza del poder imperial español los que dieron nacimiento a la Leyenda Negra, ya que el pequeño número de protestantes que fueron ejecutados por la Inquisición no hubiera justificado una campaña de ese tipo. Los protestantes, que habían empleado la imprenta con éxito para difundir sus ideas, intentaron ganar con propaganda la guerra que no podían ganar por las armas (De The Real Inquisition editado en National Review por Thomas F. Madden, profesor y catedrático del departamento de historia de la Universidad de San Luis en St. Louis, Missouri).

    Por una parte, los teólogos católicos tachaban de advenedizos a los protestantes, que, al contrario que la Iglesia Católica, no podían demostrar su continuidad desde tiempos de Cristo. Por otra, los teólogos protestantes razonaban que esto no era cierto, que la suya era la Iglesia auténtica que había sido oprimida y perseguida por la Iglesia Católica a lo largo de la historia (cf. Madden). Este razonamiento, que sólo fue esbozado por Lutero y Calvino, fue completado por la historiografía protestante posterior, identificándose con Wyclif y los lollards de Inglaterra, los husitas de Hungría y los valdenses de Francia. Esto, a pesar de que los herejes en el siglo XVI no sólo eran perseguidos en países católicos, sino también en los países protestantes (Los luteranos y católicos fueron violentamente perseguidos y torturados en la Inglaterra de Enrique VIII e Isabel I por tribunales civiles. En Europa, Lutero, Calvino, Melanchthon, Zuinglio y otros reformadores perseguían a los anabaptistas, católicos y judíos. Para más información, véase The Protestant Inquisition). A finales del siglo XVI las confesiones protestantes se habían identificado con las herejías de épocas anteriores y se autodefinían como mártires.



Masacre de los valdenses llevada a cabo en el Piamonte en 1655. Grabado proveniente del libro History of the Evangelical Churches of the Valleys of Piedmont, de Samuel Moreland, publicado en Londres en 1658. Tortura de Anna Charboniere.

     Cuando comenzaron las persecuciones de protestantes en España, la hostilidad que había hacia el papismo se extendió inmediatamente al rey de España, del que dependía la Inquisición, y a los dominicos, que la dominaban. Al fin y al cabo, la mayor derrota que habían sufrido los protestantes había sido a manos de Carlos I de España en la batalla de Mühlberg en 1547. Una imagen de España, en parte promovida por la corona española, como adalid del catolicismo se extendió por toda Europa.

      Durante el reinado de Felipe II se inicia la Leyenda Negra, cuyas fuentes clásicas son, en palabras de Ricardo García Cárcel, «los libros de Reginaldo González Montes, “Exposición de algunas mañas de la Inquisición española”, 1567; de John Foxe, “El libro de los Mártires”, 1554; de Guillermo de Orange, “Apología”, 1580; del Padre de las Casas, “Brevísima relación de la destrucción de las Indias”, 1578; y de Antonio Pérez, con el seudónimo de Rafael Pelegrino, “Relaciones”, 1594» (GARCÍA CÁRCEL, R.: La Leyenda Negra. Historia y opinión, Madrid, 1992. Pág. 31).




Los calvinistas y luteranos torturaron a los anabaptistas

      Esto fue así porque Felipe II era el monarca más poderoso del mundo, lo que despertó las iras y las venganzas de sus enemigos, que fabularon historias terroríficas contra él y los españoles, historias surgidas del miedo que les tenían, de la impotencia que sentían de no poder vencerlos por las armas. Como reacción, en España se produjo un desmesurado elogio hacia el monarca, como lo expresa Ricardo de Hinojosa:

      La enconada censura de sus naturales enemigos los protestantes que, alentados por el de Orange, dierónse a inventar y propagar menguadas calumnias contra el hijo del Cesar Carlos V, habían de provocar necesariamente, y provocaron en efecto en nuestra patria, viva protesta, que traspasando también los límites que la justicia y razón aconsejaban, se tradujo en exagerados elogios á la persona del Monarca (Estudios sobre Felipe II, traducidos del alemán por Ricardo de Hinojosa. Madrid, 1887, B.N.M., 7493. Prólogo, pág. V).

      El parecer de este autor es que Felipe II fue cabeza de turco, punto de mira de los criterios ciegos de los que se consideran liberales en algún sentido a finales del siglo XVI, ya se trate de los protestantes (que hicieron de este rey la imagen de la intransigencia religiosa y del absolutismo llevado a sus últimas consecuencias, ejemplo de negación de todo tipo de libertades), ya se trate de los que lo ven sólo como el opresor de los fueros de Aragón y de los Países Bajos. Por el contrario, los grupos más intolerantes de ayer y hoy lo presentan como un Rey santo y sabio y se deshacen en elogios de su vida y su política. Exageraciones en ambos casos que a simple vista es desaconsejable seguir, pero que conviene analizar, aunque sea de forma somera.

Notas

4. Viajes por España de Jorge de Einghen, del Baron Leon de Rosmithal de Blatna,de Francisco Giuicciardini y de Andrés Navajero, traducidos, anotados y con una introducción de D. Antonio María Fabié, Madrid, 1879; vid, Bibliographie des voyages en Espagne et en Portugal por R. FOULCHÉE-DELBOSC, Holland. 1969. Pág. 20. Recogido por GARCÍA MERCADAL, España vista por los extranjeros, pág. 27).

5. (Mémoires du mareschal de Gramont, duc et puir de France se publicaron en las inti. 243-480 del tomo LVI y inti. 1-104 del tomo LVII de la Collection de Mémoires relatifs á I’hístoire de France, por A. PETITOT y MONMERQUE, París, 1826-1827. Vid. FOULCHÉ-DELBOSC, op. cit., pág. 68).

6. Cita procedente de PELLICER DE JOVAR, J.: Epítome de la Historia Universal en Compendio  Hª de Philipe lV y sucesos de 1638, fol. 168

7. LLORENTE, J. A.: Memoria histórica sobre cual ha sido la opinión nacional de España a cerca del Tribunal de la Inquisición, Madrid, 1812, pág. 90.

8. LLAMAS MARTÍNEZ, E.: «Documentos manuscritos sobre Autos públicos de Fe del siglo XVI, existentes en el British Museum”, en Studium Legionense, XII, 1971. Pág. 87

9. El tema ha suscitado interés. Aparte de los fols. 131 y ss. Del Mss. 721 de la B.N.M., puede consultarse MARAÑÓN, G.: Antonio Pérez, el hombre, el drama, la época, 2 vols., Madrid, 1947; PIDAL, Marqués de, Historia de las alteraciones en Aragón en el reinado de Felipe II. Madrid 1862 y, entre otros, el más reciente de COLÁS LATORRE, G., y SALAS AUSENS, J. A.: Aragón en el siglo XVI. Alteraciones locales y conflictos políticos, Zaragoza, 1982.


La Leyenda Negra de España
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