jueves, 23 de agosto de 2012

La imagen de España dañada

      Como resultado de esta campaña y, sin tener en cuenta el tema sobre los indios de américa, vemos como poco a poco va resultado dañada la imagen española. Sin embargo, Consuelo Maqueda Abreu, afirma que esta imagen la han mantenido los españoles con cierta vergüenza, sin reparar en las criticas que se hicieron de otras instituciones europeas del mismo período y sin querer ver que, en su mayor parte, la Leyenda Negra fue creada por los propios españoles, que en circunstancias especiales podrían temer a la justicia.


Juana de Arco en la hoguera antes de su ejecución en Francia. Obra del artista neoclásico francés Jules-Eugène Lenepveu (1819-1898


Quema de caballeros templarios en Francia. Ilustración anónima de la Crónica Von der Schöpfung der Welt. Bibliothèque Municipale, Besançon, France



Grupo de Viejos creyentes en Rusia quemando gente en la hoguera en 1681. Autor:
Grigoriy Myasoyedov, 1897. Los viejos creyentos son partidarios de la vieja liturgia y no aceptan la reforma de Nikon en 1654, que fundó la Iglesia ortodoxa rusa. Los Viejos creyentes son conservadores de una moral estricta, partidarios de la prohibición tajante del alcohol y del tabaco, y de la prohibición de rasurarse la barba. Su principal método de represión contra los enemigos de su doctrina era la muerte en la hoguera.

      También Ricardo García Cárcel cree que somos los españoles quienes hemos mantenido viva la llama del rencor, porque somos muy susceptibles a las críticas de los extranjeros, según el historiador valenciano:

      “La primera consideración que a nuestro juicio debe hacerse es que esas opiniones negativas sobre España no son el resultado de una conjura internacional irracionalmente dirigida contra España. En plena beligerancia de las criticas contra España en los siglos XVI y XVII, son múltiples las muestras de admiración que suscitó la cultura española» (GARCÍA CÁRCEL. op. cii., pág. 215).


Quema de herejes, Cosmografía Universal (1575) de Andre Thevet. El pueblo español sentía miedo por los herejes, convertidos en villanos por los predicadores. Sólo nombrarlos era referirse al mal, de ahí el pavor que despertaban entre el pueblo.

       Maqueda Abreu dice que para comprender la aceptación de la Inquisición por la mayoría de los españoles, sería necesario entender cuáles eran los principios religiosos en los que creían la sociedad de aquella época, pero sobre ello sabemos muy poco, por lo menos en lo que se refiere a sus sentimientos más profundos: algo más informados estamos de la manifestación externa de esos sentimientos, que tienen un amplio eco literario. La autora citada cree que podrán ser muy ilustrativas las poesías satíricas de la época de Carlos II, de las que siguen algunas:

Bien se llega a conozer
si mi juicio no me engaña
que por las calles de España
la zisma empieza a correr.
Y bien pudieran temer
Jesuitas tan sectarios
si defienden temerarios
condenados desatinos
que sí aora son theatinos
mañanas seran templarios.

      El pueblo tiene miedo al cisma y a los herejes, temiendo que los jesuitas sean sus difusores, aplaudiendo la expulsión de esta orden de otros países europeos: “en aquestos ambiciosos, que por ser mas poderosos, estancaron herejías” (11). Más significativa del sentir de la época, y que toca al Santo Oficio, es la Loa para la fiesta de S. Pedro Mártir, escenificación en la que participan y hablan la paciencia, el entendimiento, el temor, la fe, la fortaleza, la humildad, la sabiduría y la herejía, acompañadas de música, virtudes que acompañan al santo al que se alaba. En estas poesías se hace patente la fe del pueblo español y su lucha contra la herejía, más bien contra el nombre, que a sus oídos representaba todo lo malo y deleznable, aunque no supiesen muy bien porqué. Recogemos algunas estrofas dedicadas a la herejía y a la fe:

Sale la erejía y dize:
Mientes voz, que mi poder
a todo el mundo avasalla
que es su dilatado Imperio
como el del sol, que no para.
a mis pies esta Europa
Africa, America y Asia.

      En otro momento, la herejía declara «esta es la fe mi enemiga». Continúa la fe, contestando, ¿esto es lo que decías? Pues en vez de lince, eres ciega y la deidad que rige el Imperio te dará muerte. La representación sigue hasta que en nombre del santo, la fe triunfa y dice a la herejía: «Ahora eres tu vil despojo». A lo que replica ésta: «Así lo confieso fe y te entrego todas las armas» (Poesías satíricas págs. 65 y ss.).

      Se supone que este final produciría gran regocijo entre el pueblo amante de estas canciones de exaltación divina, cuyos estribillos eran del género de «pues Dios se queja, yo lloro,.., yo muero... yo grito».


El Quijote. No todo el pueblo español pensaba lo mismo de la religión católica, ni del clero. Los había muy críticos con la conducta del clero.

      En estas Poesías satyricas contra el gouierno de España ( B.N.M. Mss. 4050, págs. 195 y ss) encontramos unas muestras públicas de la religiosidad popular española, de defensa de la fe que lleva a las gentes en estos siglos a vitorear y aplaudir al Santo Oficio, a pesar de que la documentación inquisitorial no contenga referencias que reflejen de manera fidedigna la actitud popular ante sus actos.

5. La visión de los visitantes

      No ocurre igual con los extranjeros, que, por regla general, condenan las actuaciones de los tribunales, condenas procedentes tanto de simples viajeros como de los dedicados a alguna actividad intelectual. En Llorente podemos ver una defensa de los españoles ante estas visiones exageradas de los extranjeros:

      Acostumbrados a suponer en los españoles una aprobación y aún una veneración afectuosa del Santo Oficio, han llegado al extremo de imputarnos que los autos de fe en que se destinaban a las llamas muchos hombres y se infamaban las personas y familias de muchos más, eran las delicias de la España (LLORENTE, J. A.: Memoria histórica sobre cuál ha sido la opinión nacional de España acerca del Tribunal de la Inquisición, Madrid, 1812, págs.5 1-52).


Auto de Fe en Lisboa. Ejecución en la plaza pública, obra reproducido en e  libro 'Historia Completa das Inquisições de Italia, Hespanha, e Portugal', de Joseph Lavallée, 1821


  a. Las alabanzas

       Son muchos los viajeros del siglo XVI, generalmente diplomáticos o embajadores, que describen variadas cuestiones y aspectos de la vida española, pero no mencionan a este tribunal, como ocurre con algunos representantes de la diplomacia italiana en la Corte española, Juan de Vandenesse (que dedica sus escritos a los viajes de Carlos y), el conde Baltasar de Castiglione o Andrea Navagiero, embajador veneciano que describe las ciudades españolas con sus peculiaridades; situación semejante se dará en el reinado de Felipe 11 con los embajadores venecianos (12).

      Las opiniones sobre nuestro país al finalizar el siglo xv son variadas. Algunos, como el humanista lombardo Pedro Mártir de Anglería, critican el tratamiento que los extranjeros dan a los españoles; un anónimo veneciano, que se cree debido a Lorenzo Driuli, sostiene «haber debido a la Inquisición la conservación de la fe católica, expuestos como estaban a la invasión de nuevas y falsas opiniones, como sucedió en la mayor parte de Europa, por la mezcla de judíos y moros que aquí había». GARCÍA MERCADAL, op. cit., pág. 115. Más o menos de la misma opinión es el nuncio apostólico de Clemente VIII, Camillo Borghese, enviado por el Papa en 1577, se refiere en su Relación al Consejo de la Inquisición asegurando que su severidad  ha conservado y conserva la verdadera religión en estos reinos (13).


Grabado de Frans Hogenberg (Siglo XVI). Encuentro entre caminantes moriscos

      Ya finalizando el siglo, en 1595, el embajador veneciano Vendramíno precisa aún más al observar entre los habitantes de España «especies de personas» que no aceptan la situación establecida, son los «descontentos del gobierno»:

      “Hay en, primer lugar, todos los moros que se han visto obligados a convertirse a la religión cristiana, a quienes la fuerza impone vivir dentro de esta religión, y sienten por ello un disgusto increíble, estos moros que se llaman marranos, aumentan continuamente de número y riquezas, porque todos se casan, no van nunca a la guerra y se ocupan sin descanso en el tráfico y el lucro.

      Hay que añadir los descendientes de las personas, que, en una época cualquiera, han sido condenados a la Inquisición; estos viven en España en la mayor desesperación, porque son considerados como Infames hasta la tercera o cuarta generación y en consecuencia inhabilitados para ocupar ningún cargo, dignidad o beneficio.

     Los aragoneses, cuyos privilegios han sido abolidos, después de que se alzaron contra la Corona por instigación de Antonio Pérez, anteriormente secretario de S. M., el cual ha sido castigado por su temeridad y vive ahora como particular en la Corte de Francia.

     Por último los Grandes de España ahora humillados y reducidos... S. M. los emplea poco.” (14).



"Moriscos en Granada", grabado de Joris Hoefnagel, 1564

      Junto a estos extranjeros, otras personalidades que viajan por España o ejercen autoridad en ella exponen objetivamente la existencia del Santo Oficio. El señor de Montigny, Antonio de Lalaing, que viaja a España en el primer viaje de Felipe el Hermoso en 1501, en 1510 escribe su obra en la que destaca cómo fueron convertidos los moros después de la guerra de Granada:

       «Tuvieron largo tiempo sin maldita ley, pero después fueron obligados a tomar nuestra ley... lo que hicieron no tanto por amor a su Creador como por temer perder sus tierras». Continúa denunciando cómo matan a niños cristianos, «y dicen que hacen a menudo cosas semejantes siendo los autores ignorados; tan secretamente hacen sus fechorías». Viajes de extranjeros por España y Portugal. Recopilación y traducción de GARCIA MERCADAL. J., Madrid, 1952, pág. 475.

       A este motivo hay que añadir la existencia de los judíos y la defensa de la fe, factores que para Francis Guicciardini (embajador italiano que visitó España durante el segundo viaje de Felipe el Hermoso en 1506) fueron la causa de que se establecieran «inquisidores en todos los reinos en virtud de autorización apostólica», insistiendo este autor en los efectos de las confiscaciones de los bienes de los judíos y las penas impuestas, sobre todo la quema, que hizo huyeran de España infinitos (GARCÍA MERCADAL. J., op. cit., pág. 617).



Expulsión de los judiós en 1492. Grabado coloreado del siglo XIX. Biblioteca Nacional de España

      Un embajador de Carlos V, Gaspar Contarini, en 1525, en la relación de su estancia en España nos da noticias sobre el Consejo de la Inquisición: «En cuanto Consejo es el de Inquisición contra la perversión herética...  es de tanta autoridad y tanta veneración que todos tiemblan de él. En sus resoluciones procede con la mayor severidad y hay más temor de él que el que en esta excelentísima República solía ser el Consejo de los Diez. Me parece que ejerce una verdadera tiranía contra los poderes de los cristianos noveles» (en este caso se refiere a los protestantes). Viajes traducida por GARCÍA MERCADAL, op. cit, pág. 897.

      Sobre el mismo Consejo, Leonardo Donati, sucesor de Segismundo Cavalli en la Corte de Felipe II, en su relación sobre España, escrita en 1572, dice que era un Consejo autónomo, independiente del Papa y del Rey, formado por hombres de Iglesia y personas de mucha erudición. Donati habla del gran poder del Santo Oficio, de su tremenda autoridad, que cree no hay mayor en España. Habla del secretismo de los inquisidores, de cuyas causas nadie sabe nada excepto cuando se publica la sentencia y termina diciendo: “Pero es tanto el temor que cada uno tiene de ese tribunal que de sus actos se habla poco y se indaga poco para no hacerse de algún modo sospechoso».

      En lo dicho, Donati no toma partido ni expresa su opinión personal: expone unos hechos recogidos de lo visto en nuestro país, pero termina elogiando a la Inquisición, basándose en lo que dicen de ella: «Que sus sentencias son en los condenados siempre justísimas y justificadísimas... y su modo de proceder es bueno y no hay oposición alguna», por lo que considera que «grandemente es necesario este tribunal con tanta severidad y autoridad en España» (15).

          b. Las críticas.

      Pero no todo son alabanzas o relatos de hechos, también la crítica la encontramos en este siglo XVI, en boca de Joannes Dantiscus, embajador polaco en la Corte de Carlos V, quien en 1523 llega por tercera vez a España, donde encontró «valladar tan fortísimo contra aquellas heréticas doctrinas» que le hace escribir: “Aquí no se permite ni nombrar a Lutero, porque inmediatamente acude Vulcano (la Inquisición) y tapa la boca. ¡Ojalá pueda extinguirse de nuevo la peste humana que todo lo tiene infestado!”.

      Conviene precisar que este personaje tuvo problemas con el Santo Oficio, teniendo que solicitar un salvo conducto al emperador, porque estuvo hospedado en Madrid en casa de un judío, cuyas hijas trataban con el obispo de Osma, confesor del Emperador, y al final fue denunciado (dice él) ante la Inquisición por luterano (16).

Notas:

11. Poesias satyricas contra el govierno de España, B.N.M. Mss. 4081. Referidas en este caso al reinado de Felipe IV y Carlos II, pág. 37 y ss. Dedicadas a estas cuestiones, se encuentran en la misma Biblioteca Nacional, entre otras «Las Sátiras sobre el gobierno de Felipe IV» (Mss. 11592), «Las Poesías de Don Joseph Peres de Montoro y de otros Authores. Recogidas por D. Juan Isidro Faxardo y Monrroy, cauallero de la orden de Calatrava y oficial de la Secretaría de Estado”, 1712 (B.N.M. Mss. 3916) y de Francesillo de Zúñiga, «La Historia burlesca de Carlos I». (B.N.M. Mss. 1723).

12. VANDENESSE, Diario de Carlos V y Felipe II (1514-1551), en el vol. II de la Collection des voyages de L. P. GACHARD; vid. FARINELLI. A., op. cit., pág. 189; NAVAGIERO, A., Viajes por España de Jorge de Einghen, del Baron Leon de Rosmithal de Blatna,de Francisco Giuicciardini y de Andrés Navajero, traducido., anotados y con una introducción por Don Antonio María Fabié, de la Academia de la Historia, Madrid, 1879; vid. FOULCHÉ-DELBOSC, op. cit.. págs. 22-23

13. BORGHESE, C.: Diario in relatione del viaggio di Mon.sigr. Camilo Borghese en L’Espagne au XVIe et u XVIIe siécle, Documents historiques et littéraires publiés et annotés par Alfred Morel-Fatio, págs. 151-203, Henninger fréres, 1878, vid. R. FOULCHÉ-DELBOSC, op. cit., pág. 38. Recogido en Viajes de Extranjeros por España y portugal, op.cit., pág. 1475.

14. GARCÍA MERCADAL, J, op. cit., pág. 279. Sobre los viajes por España de los diplomáticos y embajadores, véase el cap. “Viaggi”, del libro de A. REUMONT Della diplomazia italiana dal secolo XIII al XVI, Firenze, 1857, págs. 183 y sigs.; vid. FARINELLI. op. cii.. pág. 200.

15. El relato del viaje de Donati se encuentra en un Códice del Museo Correr (Doná delle Rose), que contiene los manuscritos del Viaggio per la Spagna di L. Doné seguendo il re (1570). vid. FARINELLI, op. cit., pág. 279. La cita recogida, en Viajes de extranjeros por GARCÍA MERCADAL, págs. 1475 y 1194.

16. DANTISCU S, J.: Viajes de extranjeros por España y Portugal en los siglos XV, XVI y XVII. Colección de Javier Liske, 1878, traducidos y anotados por E. R., Madrid, 1880, págs. 67-92.


La Leyenda Negra de España
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