viernes, 22 de abril de 2011

La visión de medusa II

      La fuerza de la Diosa le viene dada porque ella es la fuerza primordial de la naturaleza, ella representa los ciclos del tiempo y los ciclos de la naturaleza: vida, muerte y resurrección. En ella se unen la creatividad y la destrucción universales en eterna transformación, en movimiento perpetuo. En el Paleolítico Superior su poder es representado con laberintos, vaginas, úteros y otras formas femeninas. Durante el Neolítico sus fuerzas fueron simbolizadas como una mujer en posturas de parto  y gestos santos de poderío. De ahí que un ser humano no pueda mirar fijamente a los ojos de este ser de fuerza y poder descomunal.

Pinturas rupestres en Mt Borradaile, Arnhem Land,  en el Parque Nacional Kakadu (Australia)

La diosa azteca representativa del sexo, Tlazotéotl, pariendo

      Ya hemos visto que la Diosa solía ir acompañada de serpientes enredadas en sus brazos y piernas, que susurran en su oído la sabiduría milenaria de la Tierra. La serpiente era considerada un puente de conexión entre nuestro mundo y el inframundo. Era el tótem de los círculos de la naturaleza y las estaciones, y estaba representado con el Ouroboros, serpiente que se muerde su propia cola, lo cual representaba la eternidad y la inmortalidad, que se le adjudicó gracias a su costumbre de mudar de piel, lo que al menos imaginariamente, le confería el poder de vivir para siempre.

Ouroboro

       La figura de la diosa está vincula estrechamente con la mujer debido a las propiedades inmortales adjudicadas a la sangre menstrual, la cual era considerada fuente tanto de vida como de muerte. El folclore primitivo creía que la mirada de una mujer menstruante podía convertir a un hombre en piedra, y así, en el hombre se alimentaba el temor religioso, reforzado por el hecho de que la mujer podía sangrar sin dolor ni fallecimiento.


Diosa serpiente sumeria (Ubaid)

      Esta visión matriarcal sería atacada por los pueblos sumerios y los semitas procedentes del desierto, cuyo paisaje estaba dominado por la bóveda celeste, el sol y algún ser que lanzaba rayos contra los hombres. Otra gente procedente de los desiertos, los arios, alrededor del siglo VII a.C., introdujeron el gobierno patriarcal en Grecia, cuya cosmovisión dictó que el mundo no nacía de una deidad femenina sino de un supremo padre, se denigró a la mujer y se satanizó cualquier aspecto relacionado con ella. La serpiente, símbolo de la Diosa, se convirtió en representación de la perversión y el mal absolutos, como un animal asqueroso y abominable, inductor de la muerte y el pecado.

      La religión patriarcal, según Harrison, invadió completamente los dominios antes asignados a las mujeres, incluyendo el derecho a los hijos. En su libro Prolegomena to the Study of Greek Religion, analizó los festivales más conocidos de la ciudad de Atenas: Targelias, Kallynteria, Plinteria… y especialmente, los celebrados por las mujeres en los que detectó muchas supervivencias de la Dios Madre primitiva: Tesmoforias, Arrophoria, Skirophoria, Stenia y Haloa.

      Debido a su relación con la mujer, esta quedó castigada como introductora de la muerte y del pecado en el mundo, como se observa en el mito de Eva. La mujer fue esclavizada por el hombre, el cual le prohibió que mantuviera relaciones sexuales con otros hombres, para asegurarse la paternidad de sus vástagos y estar seguro de a quién beneficiar con las propiedades o ganados adquiridos en su vida. El origen de la familia, la propiedad privada, la esclavitud de la mujer… todo está relacionado.  

Ángel Zárraga, Adán y Eva (1904 )

Charles Joseph Natoire
The Expulsion from Paradise, 1740

      Si la Medusa estuviese relacionada con el culto de la cabeza cortada, según La medusa en el arte  y la literatura, en Modern American Poetry –fijarse en el fragmento El Espejo y la máscara- , la sangre de la Medusa sería el epítomo del “pharmakon” y, ella misma, sería un “pharmakos” –un chivo expiatorio- como conviene a la función apotropaica de la máscara. Para René Girard, el “pharmakos” es una víctima propiciatoria o sacrificial, cuya muerte establece la naturaleza dual de lo sagrado y refuerza la separación entre el monstruo y el dios. Sobre el tema haremos una disquisición obtenida del blog Horrach.

     En la antigua Grecia el pharmakos era un chivo expiatorio al que se sacrificaba con la finalidad de purgar las tensiones y violencias acumuladas durante un espacio de tiempo en la comunidad de turno. La muerte o la expulsión (en épocas más recientes se sustituía el sacrificio por a expulsión) del pharmakos permitía purificar a la polis, devolviéndole la pureza interior perdida supuestamente a manos del contagio exterior, pues como suele ocurrir en todas las culturas, el Mal siempre procede del “otro”. El ritual se celebraba en lugares como Abdera, Tracia, Marsella y, todos los años, en Atenas.

      Autores como James Frazer (en La rama dorada) o Jean Pierre Vernant (Mito y tragedia en la Grecia antigua) se refieren al funcionamiento de este ritual (que también se llevó a cabo de forma improvisada en épocas de crisis social), que consistía básicamente en la elección de dos pharmakoi, uno masculino y otro femenino, que eran exhibidos en procesión por la ciudad. Durante la misma eran sometidos a distintas agresiones, que aumentaban de forma progresiva: se los insultaba, golpeaba en los genitales (con cebollas, higueras y otras plantas) y luego, finalmente, eran sacrificados, mediante lapidación. Posteriormente, su cadáver era quemado y sus cenizas dispersadas. Los pharmakoi eran escogidos entre individuos de las clases bajas, huérfanos o lisiados (las deformaciones físicas siempre han sido uno de los criterios más utilizados a la hora de escoger víctimas). El Mal, el “otro”, aquello que había llegado del exterior para corromper los lazos sociales, era representado por la víctima que era demonizada y destruida por toda la población. Al final, contra la víctima, individualizada y excluida por la fuerza, se unía toda la población, lo que propiciaba una unanimidad que alejaba las tensiones internas que amenazaban con romper el orden social. Ésta es, básicamente, la finalidad de los ritos expiatorios.

           Sin embargo, en estos casos no todas las víctimas eran escogidas entre lo más bajo de la sociedad, sino que en ocasiones los candidatos se seleccionaban en ámbitos más elevados. René Girard, por ejemplo, ha analizado esta cuestión en las monarquías africanas (La violencia y lo sagrado), en las que eran tradicionalmente los reyes los designados para el sacrificio. Esto podría parecer, en un principio, algo extraño, pero tiene su lógica: el rey, como el mendigo o el mutilado, se mantiene en un estatus distinto al de la mayor parte de la comunidad, y es esta diferencia decisiva la que los hace candidatos tan idóneos para propiciar, en su exclusión (ya sea por muerte o expulsión), su contrario: la identidad, la unidad, el orden. El rey excede a la mayoría por arriba, mientras que el mendigo o el lisiado lo hacen por abajo. A este tipo más ‘elevado’ de víctima corresponde el caso de Edipo, analizado brillantemente entre otros por los citados Vernant y Girard.

      Esta mecánica de expulsión se da en dos ámbitos: en el empírico-social y en el inteligible. En el caso del sacrificio del pharmakos se constituye la clausura del sistema, de la propia comunidad que pretende preservar una cierta pureza interna. El orden (que se opone al desorden) y la identidad (opuesto a diferencia), en forma de unanimidad conseguida contra la víctima propiciatoria, retorna a la ciudad después del momento perturbador del caos y de las violencias recíprocas. Todo se (re-)configura alrededor del proceso expiatorio, tanto a nivel cultural como social. En este caso la verdad también se da como clausura y como exclusión de la diferencia. El pharmakos es un purificador (kathársios), gracias al cual la clausura del sistema permite ser blindada con sangre y vísceras. La dinámica ambivalente que lleva primero a demonizar víctimas y luego, tras matarlas, a divinizarlas, se corresponde con la esencia del pharmakos (y con casi toda víctima sacrificial). Aquel a quien se responsabiliza exclusivamente de los males de la población es después también el responsable, con su muerte catártica, de la liberación de los mismos males. Esta capacidad que se les atribuye de provocar lo peor y lo mejor es lo que los acaba convirtiendo en dioses. La ambivalencia y sus poderosos efectos definen básicamente tanto la divinidad del pharmakos como lo mágico del phármakon.

      Según el Diccionario de religiones comparadas, Volumen 1, escrito por S.G.F. Brandon, los celtas rendían culto a la cabeza cortada y era frecuente representar a la divinidad sólo como una cabeza. Esta era la sede del alma y era capaz de ejecutar todo cuanto pudieran desear los celtas: la sabiduría profética, la ciencia divina, la música arrebatadora, la hospitalidad perfecta. Los celtas creían que podía moverse, hablar y cantar por su cuenta.

“Desde otra perspectiva bien distinta, la del viaje del héroe, que nos interesa especialmente, la cabeza de Gorgona representa, en cierto modo, un trofeo; una representación de la meta de todo héroe que, como Perseo, culmina una larga y épica jornada,  jalonada de duras pruebas y peligros, coronándola finalmente con éxito”. (Blog Viajes con mi tía)

Fernand Knopff, Cabeza de Medusa. Pastel sobre papel

Cabeza de Gorgona, (Flickr)

Michelangelo Merissi, Caravaggio, se autorretrata como Medusa


      Las imágenes de la monstruosa gorgona aparecen en el escudo de la Diosa cómo Señora de la Guerra, por ejemplo la griega Atenea, que sostienen un escudo conocido como égida por estar construido con la piel de la cabra. Estas imágenes arcaicas nos muestran a la descendiente directa de la diosa de las serpientes minoica, que con mirada absorta sostenía en sus manos las serpientes de la vida y de la muerte.

Atenea y Medusa. Guardianas del otro mundo.

      En otro apartado del blog estudiamos las “Diosas de Grecias” y al hablar de Atenea, pretendimos demostrar los orígenes serpentiformes de esta diosa, que también se revelan en la leyenda de Medusa, la reina de la gorgonas, cuyo cabello estaba formado por serpientes y la mirada de sus ojos convertía a los hombres en piedra. Originalmente, Medusa era una nieta de Gea (la diosa tierra) y su nombre significaba “señora” o “reina”. Su rostro, más que griego, parece melanesio, con sus ojos abiertos, la lengua hasta la barbilla, los brazos levantados… se asemeja al guardián del otro mundo de los cultos melanesios. El efecto terrorífico de su mirada es el mismo que el de todos los guardianes cuya función es espantar a los no iniciados (leones paleolíticos, monstruos  que guardan las puertas del más allá…) Medusa habitaba en los límites de la vida, en una cueva más allá del borde del día; es guardiana del árbol de las manzanas de oro, llamadas Hespérides, nombre que deriva del oeste, donde el sol se pone.

Cabeza de medusa en una moneda y Relieve con máscara de Gorgona

      Para Campbell, Medusa y las demás diosas griegas de la antigua generación de los titanes (anteriores a Zeus) se establecieron en Grecia y en las islas mucho antes de la llegada de los dorios, teniendo un origen mesolítico, época en la que se detecta un contexto cultural que reúne las imágenes de la luna, de la serpiente y del cerdo. Dicho contexto se representa en los mitos de Melanesia y el Pacífico, y también en los de la Irlanda Celta. Por lo tanto, su difusión indica un origen muy antiguo del culto a la Diosa.

      Es posible que la Medusa fuese originariamente sólo una cabeza cubierta con una máscara colocada a la entrada de los santuarios, como defiende Jane Ellen Harrison.       Ella dice que el objeto ritual viene primero; luego se concibe al monstruo para explicarlo; luego se crea al héroe para explicar la muerte del monstruo. El chamán intoxicado ve fosfenos extraños, que intenta explicar como monstruos, a los que debe vencer para alcanzar el paraíso y convertirse en un héroe.

      En el templo de Ártemis en Éfeso, la señora de los animales tiene cabeza de Gorgona. Dicha cabeza también aparece en los santuarios de Deméter…. Lo que sugiere que la Gorgona tuvo antaño naturaleza de función en relación con todas las diosas, y que sólo más tarde se identificó exclusivamente con Atenea.

Gorgona artemision. Detalle del frontón del templo de Artemisa, CORFO. Gorgona con caduceo en el vientre, siglo VI a.C.

      Atenea hereda la cabeza porque la diosa de la conciencia autodisciplinaza es capaz de convertir el terrorífico rostro del instinto en un escudo protector. Perseo es salvado de la petrificación gracias al espejo que le da Atenea, mediante el cual evita mirar directamente a Medusa, aunque puede verla reflejada en el espejo. La forma de dominar y afrontar el objeto que está en el exterior es estudiando su reflejo (la percepción de la imagen en el “ojo” de la mente) y nunca dejarse llevar por un “identificación” instintiva inmediata de lo que vemos. El objeto exterior que produce el miedo es, en último término, un miedo interior.

Perseo da muerte a Medusa, que tiene un caduceo en el vientre, con ayuda de Hermes (cerámica pintada, pintor de Amasis, c. 560-525 a.C.)

Medusa y el caballo

      Poseidón, hermano de Zeus, llamado Hipios (“equino”) tomó la forma de caballo y se apareó con Medusa en forma de yegua (como hizo también con Deméter). Medusa concibió un caballo alado Pegaso y un gemelo humano Crisaor. La antigüedad de este relato debe ser posterior al 2000 a.C. porque el caballo llegó a Grecia entre el 2100 a.C. y el 1800 a.C. de las manos de los invasores indoarios, que lo trajeron de Anatolia. En una “phitos” de Beocia del siglo VII a.C. se ve a Perseo que da muerte a Medusa, que tienen cabeza de gorgona y cuerpo de caballo. Cien años después Medusa ha perdido la parte de caballo y ha adquirido las serpientes que cubren su cabeza y su cuerpo. Tiene grandes alas y pies alados.
Perseo da muerte a Medusa, que tiene cabeza de gorgona y cuerpo de caballo (detalle del cuelllo de un pithos, siglo VII a.C. Beocia)

      La sangre de las venas de su lado derecho e izquierdo le fue dada a Asclepio, dios de la curación. Con la sangre de la izquierda mata y con la de la derecha cura. Se trata de un ejemplo antiguo de la concepción del lado izquierdo como algo siniestro “sinister”. Los dos flujos sanguíneos de la vida y la muerte, unidos a la corona de serpientes de su cabello y a las serpientes que se aparean en su vientre, nos devuelven a las dos serpientes de la vida y la muerte de la diosa minoica.

Diosas de las serpientes. Representan a la Gran Diosa Madre o diosa de la fertilidad.

      Robert Graves afirma que los helenos saquearon los principales templos de la diosa, despojaron a sus sacerdotisas de sus máscaras de gorgonas y se apoderaron de sus caballos sagrados. Ya hemos visto la representación primitiva de la diosa con cabeza de gorgona y cuerpo de yegua que se encontró en Beocia.

-Fuentes y vínculos-

El magnífico blog Viajes con mi tía

Anne Baring y Jules Cashford en El mito de la diosa: evolución de una imagen. Ediciones Siruela, 2005
Ginzburg, Carlo  Historia Nocturna : Las Raices Antropologicas Del Relato, Península, 2003
S.G.F. Brandon Diccionario de religiones comparadas, Madrid, Ediciones Cristiandad, 1975. 2 volúmenes en 4º. I: 750 páginas. II: 3 hojas, 761-1553 páginas.
La medusa en el arte  y la literatura, en Modern American Poetry
The Medusa Complex, visions of the Gorgon, en Grotesque and Beautiful Art
The Medusa Touch, part I y II y III en The Stygian Port, disquisiciones sobre el oscuro simbolismo de la cabeza de la Gorgona.
Wikipedia, Medusa
Sobre el pharmakos o chivo expiatorio ver el blog Horrach
Harrison, Jane Ellen (1991). Prolegomena to the Study of Greek Religion. Princeton University Press. ISBN 0691015147.
Gimbutas, Marija (2001). The Living Goddesses. University of California Press. ISBN 0520229150.
Joseph Campbell Mitología Occidental (Las mascaras de Dios; T3), Alianza Editorial, Madrid, 1989
James Frazer  La rama dorada. Fondo de Cultura Económico, México, 2006
Jean Pierre Vernant Mito y tragedia en la Grecia antigua, Paidós, 2008
La medusa en el arte  y la literatura, en Modern American Poetry. Especial interés el fragmento El Espejo y la máscara.
Arnold Böcklin, cabeza de Medusa.



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